domingo, 11 de octubre de 2026

EL CILINDRO-SELLO

 


     Desde el año 3500 a. C. se empezaron a utilizar al sur de Mesopotamia, en Sumeria para ser más exacto, estos pequeños objetos cilíndricos de 2 o 3 cm normalmente, y que llegaron hasta la época persa miles de años después, cuyo cometido era hacerlos girar sobre arcilla para que dejasen una marca, es decir, un sello que se conseguía con el huecorrelieve que portaba la pieza al pasar sobre un material blando, ya que ellos estaban hechos en algún tipo de piedra como cornalina, lapislázuli, serpentina, obsidiana, amatista, marfil u otros materiales duros. Podían servir para firmar documentos de ciudadanos particulares en una transacción, de comerciantes, documentos oficiales… Algunos lo llevaban colgados del cuello como expresión de prestigio social (digamos que era un hombre con firma), e incluso como amuleto para ahuyentar a los malos espíritus, para lo cual tenía un taladro en sentido vertical para poderlo atravesar con algún tipo de cordón. En cuanto a sus grabados incluían representaciones de la vida cotidiana, reyes, dioses, escenas mitológicas y, por supuesto, textos escritos. Otra cuestión a tener en cuenta es que tuvieron un papel importante en los orígenes y posterior desarrollo de la escritura cuneiforme.

     El Museo Británico de Londres posee una importante colección de estos bonitos objetos, como el que aparece en la parte superior de esta entrada. A la derecha observamos el cilindro en sí, y a la izquierda el grabado que produce al rotar por una superficie blanda. En este caso es de cornalina (un tipo de calcedonia) con vetas rosas o anaranjadas, con una altura de casi 4.5 cm y una anchura próxima a los 2 cm con una antigüedad de 3400 años. El dios Shamash con barba  aparece sentado sobre un taburete mirando hacia la izquierda y levantando su mano derecha doblando el brazo a la altura del codo; mientras con su brazo izquierdo sujeta la vestimenta; en su cabeza porta un tocado puntiagudo. Delante de él vemos una cruz (casita) de brazos iguales que hace referencia a la divinidad del personaje, así como un rosetón con rayos, pues nos encontramos ante el dios del Sol. Una inscripción cuneiforme en sumerio, que consta de una oración de siete líneas que hacen referencia al señor del cielo y de la tierra, soberbio y luminoso, que siempre guía al que lo adora, completa el contenido de esta pieza casita. Por último, en España venden a muy buen precio réplicas de este hermoso cilindro-sello, que he tenido la suerte de que me lo regale mi hija Elena.

        R.R.C.

jueves, 8 de octubre de 2026

LA MONEDA DEL ARCA DE NOÉ

 

     En el libro sobre las 100 mejores monedas antiguas: 100 Greatest Ancient Coins, el cual tiene presente tanto su valor histórico como artístico, la que tenemos en la imagen aparece en el número noventa de la lista, a pesar de las pocas que se conservan, una veintena (parece ser), y menos aún en buen estado, así que su precio de mercado puede sobrepasar los cien mil euros, ya que está muy solicitada por los coleccionistas que se dedican a este mundo de la numismática. Un señor que llevó una de estas piezas a “La tienda de empeños” no quiso bajar de los 45 000 $, ya que su experto la valoraba en 50 000. Esta es una pieza de la antigua ciudad de Apamea  (Απάμεια) en Asia Menor, acuñada en bronce en época romana allá por el siglo III d. C.,  convirtiéndose en la única escena de todos los temas que abarca el Antiguo Testamento que tiene una representación numismática, probablemente, por la creencia de que el Arca de Noé se posó por los alrededores de este importante asentamiento comercial.

     El anverso se reservaba para colocar la efigie del emperador, en este momento Filipo el Árabe, como podemos leer en la leyenda en griego que lo rodea, y que vivió durante la primera mitad del siglo III. Fueron varios mandatarios los que gobernaron durante las distintas emisiones. Filipo I porta sobre su cabeza una corona laureada y sobre sus hombros una prenda drapeada, o sea, con tela plegada que añade volumen y un toque de elegancia. En este caso, el reverso es lo más interesante, ya que alude al diluvio bíblico. Además de la leyenda observamos a Noé y a su esposa dentro de la embarcación en forma de cofre sobre las olas, y de tamaño muy reducido en la que podemos leer en griego el nombre de Noé (ΝΩΕ). En la parte superior izquierda observamos una paloma con una rama de olivo seca, que nos indica que la tierra ya vuelve a estar apta para vivir. Parado en el arca en la parte derecha vemos un cuervo, pues en el diluvio bíblico se habla de que Noé soltó a ambos animales para comprobar si había bajado el nivel de las aguas. A la izquierda volvemos a advertir al matrimonio de pie y con los brazos levantados sobre tierra firme dando gracias a Dios.

      R.R.C.