miércoles, 30 de mayo de 2018

BRAZALETE DE CUENTAS DE TUTANKAMÓN


     Nos encontramos ante una de las numerosas joyas que tenía reservadas para la posteridad el lugar de enterramiento del famoso faraón Tutankamón. Una más de las 5200 piezas que contenía la tumba y que conserva el Museo de El Cairo. Cuentas alargadas y de diferentes materiales, formas y colores recorren toda la pulsera, en la que se emplea el oro como base, para completarla con un enorme escarabajo pelotero de lapislázuli que hace de cierre de la misma. Si nos fijamos en el final de sus patas delanteras, podemos comprobar claramente el cartucho con el nombre de este faraón, que el coleóptero lleva en su boca, y pone NEB-JEPERU-RA: “El señor de las manifestaciones es Ra”, el Nombre de Trono de este monarca.
     Quiero recordar que en el antiguo Egipto el nombre personal jugaba un papel muy importante en sus vidas; el nombre y el individuo en concreto eran inseparables. En el caso de objetos valiosos como el presente, esa unión era aún más poderosa si cabe, ya que no solo era un elemento de adorno, pues todas estas joyas tenían un poder mágico-religioso y protector sobre su portador. Por eso, era muy importante que llevaran su nombre grabado; ya que solo a él le servirían los poderes mágicos que pudiese atesorar la joya en cuestión; y no a otra persona. Por tanto, en caso de robo, solo le quedaba su valor material (que ya era mucho), y no aportaría nada más a su ilegítimo nuevo propietario.
        R.R.C.
NOTA: Imagen descargada de Internet.

sábado, 26 de mayo de 2018

Brazalete de oro y piedras de adorno del faraón Psusenes I


     Es uno de los 22 brazaletes que este faraón llevaba en sus brazos, cuando fue descubierta su tumba intacta por el arqueólogo francés Pierre Montet en Tanis, en el delta del Nilo a finales de la década de 1930. Una estupenda obra de los orfebres egipcios del Tercer período intermedio, elaborada con oro y piedras de adorno incrustadas como: turquesa, cornalina, lapislázuli… que dan una gran vistosidad y colorido a esta pieza que se remonta a los siglos XI-X a. de C. Custodiada en el Museo de El Cairo presenta un excelente estado de conservación. En la imagen vemos una serie de signos jeroglíficos que podríamos traducir de izquierda a derecha como sigue: “Señor de brazo fuerte; Señor de las Dos Tierras; Rey del Alto y Bajo Egipto; que sea dotado de vida (La estrella que aparece en la ciudad, amado de Amón)”, es decir, Psusenes I.
     Sin embargo, lo más importante lo encontramos en el lado opuesto que no vemos en la imagen, y del que he podido observar una deficiente fotografía; indica que este monarca también ostentaba el cargo de sumo sacerdote de Amón en el norte de Egipto, ya que había otro en el sur (Tebas). Por lo tanto, ingresaba los impuestos como faraón y como sumo sacerdote, lo que explicaría mejor la consecución de los ingresos necesarios para su ostentoso enterramiento: "Digno de Las mil y una noches", como afirmó Montet el 18 de marzo de 1939 al entrar en la tumba de Psusenes, a pesar de que su influencia real no se extendía por todo el país del Nilo.
          R.R.C.
NOTA: Imagen descargada de Internet.

El cofre de Yuya y Tuyu

     De los padres de la esposa del monarca es un precioso cofre de madera localizado en el sepulcro de Yuya y Tuyu en el Valle de los Reyes, en la antigua Tebas (la actual Luxor egipcia), se remonta a la época de la XVIII dinastía. Del siglo XIV a. de J.C. se guarda en el Museo de El Cairo en un excelente estado de conservación. Se encuentra decorado con marfil, ébano, fayenza azul y oro. Se eleva sobre cuatro patas y se remata con una impresionante tapa abovedada. La tumba fue descubierta a principios del XX y, aunque saqueada en la antigüedad, se halló un importante ajuar.
     En cuanto a la inscripción jeroglífica tenemos que recordar que los faraones tenían hasta cinco nombres, y aquí observamos tres de ellos: en la parte frontal y de derecha a izquierda aparecen el Nombre de Horus, El Nombre de Trono, y el Nombre de Nacimiento de Amenofis III, yerno de esta acaudalada e influyente pareja; hasta el punto, que se le permitió enterrarse en el Valle de los Reyes reservado para los monarcas de Egipto, tal y como indica su nombre. Se podría traducir como sigue: “Qué viva Horus [toro poderoso del que aparece la Justicia]; el Dios perfecto (Señor de la justicia de Ra); el hijo de Ra (Amón está satisfecho, gobernador de Tebas) que sea dotado de vida”*. En la parte lateral del cofre aparece repetido el Nombre de Trono del faraón como rey del Alto (el junco) y el Bajo (la abeja) Egipto, a ambos lados de la famosa cruz ansada, símbolo de “la vida”. En la franja inferior nos encontramos con una decoración en galería de dicho símbolo.  Por último, tanto las patas del mueble como los bordes se encuentran adornados con formas rectangulares que van alternando vivos colores, sin olvidar que el azul turquesa y el dorado dominan el conjunto de esta maravillosa obra de arte.
*Entre corchetes el Nombre de Horus y entre paréntesis los dos restantes.
Nota I: Imagen descargada de Internet.
       R.R.C.

viernes, 25 de mayo de 2018

EL CARTUCHO DE SETI I


     Este bello cartucho en bajorrelieve policromado lo vemos en la capilla que tenía reservada el dios Amón en el templo del faraón Seti I en Abidos. Solo podemos contemplar tres signos jeroglíficos envueltos en el típico cartucho con un nudo en su base. Aunque los dioses aparecen en la parte superior por respeto a la divinidad, se lee de abajo hacia arriba. 
     En primer lugar, nos encontramos con un tablero con siete fichas colocadas encima, que hace referencia a un juego muy popular en Egipto, sobre todo de las clases altas (aunque el pueblo llano también lo practicaba) que se denomina: Senet, y es uno de los juegos más antiguos que se conoce. Este signo se lee: men (estable). A continuación, comprobamos que hay una mujer sentada que aparece con una cruz de la vida sobre sus rodillas y una pluma sobre su cabeza sujetada con una cinta. Es la pluma de la verdad, la que se utilizaba en el juicio de Osiris cuando se pesaba el corazón del difunto, situado en el otro platillo de la balanza, la cual debía quedar equilibrada para que este accediera a la vida eterna. Por tanto, este personaje es la diosa de la justicia conocida como Maat. Por último, y en el lugar más importante nos encontramos con el disco solar: Ra, el Sol que todo lo invade y permite la vida en la tierra. Luego ya tenemos el Nombre de Trono de este famoso faraón en jeroglífico: Menmaatra, o sea: “La estable justicia de Ra” en español. Más conocido por su nombre griego Seti I, padre de Ramsés II.
       R.R.C.

jueves, 24 de mayo de 2018

BRAZALETE DE AMOSIS I


     Este poderoso faraón fue el fundador de la XVIII dinastía egipcia allá por el siglo XVI a. de C. No obstante, este brazalete forma parte del tesoro funerario de la reina Ahhotep, madre de este monarca. A diferencia de otras obras de la orfebrería egipcia, esta destaca por su simplicidad y por reducir los materiales empleados a dos: oro, y como no, lapislázuli, prescindiendo de otras piedras o vidrios de colores que frecuentemente empleaban en sus joyas más preciadas. Se utilizan simplemente dos planchas de oro cilíndricas unidas con bisagras, a las que se añaden relieves hechos en este mismo material, con grandes piezas de lapislázuli incrustado como fondo.
     En la parte que podemos observar en la imagen vemos dos personajes representados a gran tamaño; uno sentado que es el dios Geb, personificación de la Tierra, que con ese gesto cariñoso y protector de poner su mano (manaza, diría yo) sobre el hombro de Amosis, que se encuentra de rodillas, le está ofreciendo la realeza. Ambas imágenes aparecen duplicadas, con la variante de que la divinidad se presenta con la corona del Alto Egipto en una ocasión, y con la del bajo Egipto en otra. Una clase de abanico situado en el centro, tiene por objeto separar la repetida escena de coronación de este soberano. También podemos observar en ambos escenarios un ganso y una pierna. Respecto al ganso es el jeroglífico con el que se conocía a este dios y se lee Geb; mientras la pierna se lee: b, o sea, es un complemento fonético que reitera la letra final, algo habitual en la escritura jeroglífica. Por último, próximo a las bisagras de los dos lados se encuentran el Nombre de Trono y el Nombre de Nacimiento de este monarca.
       R.R.C.

miércoles, 23 de mayo de 2018

PECTORAL DE SESOSTRIS II (EN EL MUSEO DE EL CAIRO)


     Con la típica forma trapezoidal que nos recuerda la fachada de un templo egipcio, este magnífico pectoral realizado en oro y piedras de adorno, fue descubierto en la tumba de la princesa Sathathor en Dahshur, por J. De Morgan a finales del siglo XIX. Tiene una altura de casi 5 cm. y se encuentra conservado en la actualidad en el Museo de El Cairo. Presenta un estado de conservación excelente, ya que tiene una antigüedad cercana a 4000 años.
     La técnica empleada para la elaboración de esta sofisticada pieza se conoce con el nombre de cloisonné, en la que se incrustaban piedras de adorno o pasta de vidrio en pequeñas celdillas. Tanto en el friso superior como en la base, se van alternando: lapislázuli, cornalina y turquesa. Prácticamente con estas tres piedras realizan toda la obra. En la parte central de la misma, observamos dos de los nombres de este soberano de la XII dinastía (de los cinco que tenía, como era habitual en los faraones egipcios). El Nombre de Horus de Oro en la parte superior consistente en tres banderines izados al viento, y un altar rectangular en el que posan sus picos los dos halcones, con ofrenda situada en la parte central (en la base del segundo banderín), y que podríamos traducir: “Los dioses están satisfechos”. A continuación, nos encontramos en Nombre de Trono de este monarca encerrado en el típico cartucho, y en el que podemos observar: el disco solar en la parte superior; una colina por la que asoma el Sol, en el centro; y debajo, un precioso escarabajo de lapislázuli, es decir, “Aparece la manifestación de Ra”, en español.
     A ambos lados de esta simétrica joya, se muestran dos preciosos halcones decorados con bandas paralelas de lapislázuli y turquesa, que portan sobre sus cabezas las coronas del Alto y Bajo Egipto, mientras posan sus poderosas garras sobre el signo jeroglífico que los egipcios utilizaban para el oro; una especie de collar con colgantes, que en este caso aparece decorado con distintas piedras y colores. Dos cobras (uraeus, símbolo protector de los faraones), con un anillo en la cola que envuelve una representación del Sol (Ra), y de las que cuelgan en su parte delantera dos cruces egipcias (símbolos la vida), cierran este elegante y espectacular pectoral.
      R.R.C.

BRAZALETE DE SHESHONQ I


     Este brazalete del faraón Sheshonq I se encontró en la tumba de Psusennes I, pero en la momia de Sheshonq II. Su antigüedad se remonta al siglo X a. de C. Actualmente se encuentra en el Museo de El Cairo, y tiene una altura de unos 4 cm. y medio. Para su elaboración se utilizó oro, lapislázuli y cornalina. En su interior aparecen los cartuchos de su propietario original, o sea, el del primer monarca mencionado.
     Destaca el impresionante ojo de Horus, o Udyat, con propiedades mágicas de protección, uno de los símbolos más repetidos en el antiguo Egipto que llega hasta hoy. Se posa sobre una cesta, que es el jeroglífico que utilizaban los egipcios para la palabra “señor”, embellecida con una simple decoración geométrica a base de pequeños rectángulos. Bandas paralelas en la que predomina el dorado metal, y el azul del lapislázuli (aunque en esta ocasión presenta un exceso de calcita blanquecina), completan de ornamentar este hermoso brazalete con bisagras, que debieron de lucir en su día, al menos dos soberanos. En fin, otra obra más que pone de manifiesto la calidad artística y la precisión que alcanzó la orfebrería en el país de los faraones.
        R.R.C.

LA COBRA DEL FARAÓN


     Esta cobra tiene más años de lo que uno podría imaginar. Nada menos que 3900 años, del reinado del faraón Sesostris II de la XII dinastía egipcia. Fue hallada por el arqueólogo Flinders Petrie en 1920 en El-Lahun, entre los escombros de la pirámide de dicho soberano. Su estado de conservación salta a la vista. Inmejorable. Mide tan solo 6,7 cm de altura y presenta una elegancia difícil de describir. Los materiales que se emplearon para elaborar esta bella pieza fueron: oro, lapislázuli, cornalina, feldespato y granate. Representa a la diosa Uadyet, protectora del Bajo Egipto y del monarca; de hecho, solo él podía llevarla en su frente como símbolo protección. La imaginación, la brillantez, el esfuerzo y el buen hacer, estuvo presente en la orfebrería egipcia desde tiempos muy lejanos. Esta obra es una prueba de ello.
         R.R.C.

AMULETO PROTECTOR EGIPCIO


     Qué duda cabe de que en la antigua sociedad egipcia los amuletos gozaron de una gran popularidad, independientemente de la clase social a la que se pertenecía; desde el faraón, hasta el más humilde siervo confiaron en estos objetos para protegerse, o solicitar al destino: suerte, amor, riqueza, salud… en fin, un amplio abanico de opciones eran las que ofrecían a sus confiados portadores.
     Uno de mis preferidos pende de un collar de la princesa Mereret, allá por el siglo XIX a. de C. Parecido al anterior y del mismo significado, aunque no puedo precisar su fecha, es el que pude fotografiar en una vitrina del Museo Metropolitano de Nueva York, y que podemos ver en la imagen. Es un colgante compuesto por tres signos jeroglíficos diferentes que dotaba a la persona que lo llevase de una gran protección, además de la belleza que aportaba como adorno. Como vemos, sobre una base de oro se introducían piedras de distintos colores que lo dotan de una gran vistosidad. En la parte inferior se emplea un jeroglífico con forma de cesta dividido en bandas paralelas, en donde se colocaban los minerales dispuestos en galería, y que podríamos traducir por: “toda”. En la parte superior y en el centro, se coloca la famosa cruz egipcia que se representa como una antigua correa de sandalia, y hace alusión a “la vida”. A ambos lados de la misma, aparece un conocido jeroglífico que se inspira en un salvavidas hecho de papiro, utilizado por los barqueros del Nilo para protegerse de cualquier contingencia inesperada. Al igual que este flotador el signo es un ideograma que se aprovecha para expresar la idea de “protección”. Luego, el colgante completo lo podríamos traducir por: “Toda protección en la vida”. Es poca, añadiría yo.
         R.R.C.
NOTA: IMAGEN DEL AUTOR.

APÉNDICE:
                                         MALLA FUNERARIA EGIPCIA

     Expuesta en una de las salas que el Museo Arqueológico Nacional de Madrid dedica a las antigüedades egipcias, esta malla elaborada en fayenza de color azul, y con unas medidas de 140 cm de alto por 51 de ancho es una de mis piezas preferidas. Data de la Época Baja, es decir, entre los siglos VII y IV a. de C. Formaba parte del equipamiento que la momia debía de tener para sortear la muerte e iniciarse en la vida eterna. Engarzada a base de canutillos de cerámica vidriada conocida con el nombre fayenza, muy apreciada y profusamente empleada por los antiguos egipcios. Está compuesta a base de rombos y rematada en los bordes con pequeñas cuentas policromadas, que dan un toque de minuciosidad y elegancia a la pieza evidente, sin olvidar la bella decoración geométrica que podemos observar en el cuello.
     Por lo tanto, la malla en su conjunto colocada sobre el cuerpo del fallecido tenía un poder mágico, que colaboraba en su resurrección. Además, en la parte superior nos encontramos con el disco solar alado, símbolo de la eternidad del alma; y del que pende una inscripción jeroglífica en la que aparece el nombre del difunto, que incluye al dios Amón y que se refiere al finado como Osiris, término habitual para aludir a los muertos. Bajo el texto vertical nos encontramos con el típico escarabajo alado, un potente amuleto que ayudaba a resucitar en el Más Allá, y que estaba vinculado con el dios Jepri, símbolo de la vida eterna. A su alrededor descubrimos los cuatro hijos de Horus, cuya misión principal era preservar de la descomposición las vísceras que se habían extraído de la momia, y que se habían depositado junto a esta en los cuatro vasos canopos y, de paso, proteger al difunto al hallarse sobre él.
     Por último, debió de pertenecer a una persona poderosa del momento, por el alto costo que tendría un trabajo artesanal tan meticuloso.
        R.R.C.
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APÉNDICE II:
                                                          Joya de la princesa Khnumit
     Presenta una gran belleza y una antigüedad de 3900 años, pende de un sólido collar elaborado a base de pequeñas cuentas cilíndricas, y perteneció a la princesa Khnumit, hija de Amenemhat II, de la XII dinastía egipcia. En la actualidad se conserva en el Museo de El Cairo. Es un colgante compuesto por cuatro signos jeroglíficos diferentes, que dotaba a la persona que lo llevase de una gran protección, además de la lindeza que aportaba como complemento. Similar al amuleto anterior, en el lado izquierdo vemos un precioso ramo de papiros que es un ideograma del Alto Egipto.       

        R.R.C.
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