domingo, 19 de abril de 2026

EL COLUMPIO DE FRAGONARD

 

     Es una pintura al óleo sobre lienzo, más bien de pequeño tamaño, ya que sus medidas son de poco más de 80 cm de alto por 65 de ancho, y actualmente se conserva en Londres, formando parte de la colección Wallace. Es una obra de estilo rococó surgido en Francia durante el segundo tercio del siglo XVIII, aunque esta fue realizada en 1767 a petición de un rico barón, para homenajear y obsequiar a su amante, convirtiéndose además en una de las pinturas más características y simbólicas de este movimiento artístico, que sucedió la Barroco que se sentía más identificado con el absolutismo, mientras que el Rococó, altamente decorativo y lleno de tonos pastel con horror vacui (el horror a dejar espacios en blanco, es más que evidente), estaba más en consonancia con la mediana y alta burguesía de la época. Digamos, que el Rococó llevó hasta el extremo el refinamiento y los aspectos decorativos, a los que añade la sensualidad, del arte Barroco del siglo XVII y parte del XVIII, que surgió como una reacción al clasicismo renacentista con escasos elementos vistosos y ornamentales.

     A primera vista nos parece un cuadro inocente, e incluso idílico, nada más lejos de la realidad si continuamos observando la pintura al detalle. También vemos una naturaleza desbordante que lo inunda todo, y una sugestiva luz que se abre paso entre ella para que podamos observar lo que está ocurriendo en la mitad inferior de la tela, que es donde se desarrolla el acontecimiento. No soy partidario de seccionar los cuadros, pero en este caso, la parte superior (la mitad del mismo) es perfectamente prescindible, a pesar de la exuberante naturaleza que nos presenta. Estoy completamente seguro que si un grupo de espectadores lo comentan, todos ellos se referirán a lo que ven en la mitad inferior. Vamos a ello:

     Vemos, como escribía antes, lo que sería una inocente y linda escena de una señorita elegantemente vestida que se balancea en un columpio, en medio de un frondoso parque británico, a la que se le escapa un zapato, que sale disparado a una pequeña estatua de Cupido (Eros en la mitología griega), que simboliza, precisamente, el deseo y la pasión, lo cual contribuye a explicarnos mejor lo que está ocurriendo. En la penumbra aparece, para unos el marido y para otros el amante decrépito sentado sobre un banco de piedra, que a través de unas cuerdas mece el columpio con rostro complacido, pues sus fuerzas ya no dan para satisfacer la impetuosidad de la joven. A su derecha comprobamos dos cupidos y un delfín que hacen alusión a Venus, la diosa del amor, el deseo y la sexualidad; y un pequeño perro ladrando delante de él, que en este caso no simboliza la fidelidad, como ocurre en el arte en tantas otras ocasiones. Recordemos, por ejemplo, el matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck. El joven y refinado amante extiende su brazo de tal manera, que algunos lo interpretan como una insinuación a un falo erecto. Asimismo, se encuentra en la mejor posición, ya que desde su sitio disfruta de una especial perspectiva para observar las piernas  y partes íntimas, que la mujer le muestra sin ruborizarse. Mientras ella divisa de una manera cómplice su rostro, ve como el “pillín” dirige la mirada a su sexo.

     Haciendo un ejercicio de imaginación, cabría preguntarse, si el presunto marido era consciente de la situación o no. Si no lo era, estaríamos ante una infidelidad de la joven amante o esposa. Y, si lo estaba, peor todavía, ya que estaríamos ante una cuestión de voyerismo masoquista. Sea como fuere, no es una obra inocente, como nos pudiera parecer en un principio, sino un cuadro cargado de sensualidad, picardía y erotismo. Creo que es el mensaje que Fragonard trata de transmitirnos. Por último, después de estos escarceos y vaivenes, el mundo de la cultura, como se dice ahora en España, exigirá moderación, mirar, hacer una parada y plantearse nuevos retos, lo cual llevará  la creación artística al Neoclasicismo, una vuelta al mundo grecorromano.

       R.R.C.



jueves, 16 de abril de 2026

30 MONEDAS

 

     Según se puede leer en la Biblia de Jerusalén en su versión española (que es la que yo consulto), en el Éxodo, cap. 21,29-31 Más si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer… también su dueño morirá... Si el buey acornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño de ellos… Siguiendo en el Antiguo Testamento, en uno de sus últimos libros que corresponde al profeta Zacarías,* que podemos situar a finales del siglo VI a. C. En el cap. 11,12 de su libro leemos: Yo les dije: Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo. Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata. Lo cual se podría considerar una ofensa por valorar con tan poco dinero a un pastor de Yahveh. El propio Dios le dijo a Zacarías (con cierta sorna, esto lo añado yo), que echara al tesoro del Templo de Jerusalén, la miseria con la que habían valorado su actividad de guía de los prefectos de Dios en la tierra. Cosa que hizo.

     Todo esto viene a colofón de la cantidad económica que se pagó por Jesucristo, y, que tan solo el evangelio de Mateo, nos da la cifra exacta de treinta piezas de plata, mientras los otros sinópticos no nos dicen nada de la cantidad y solo nos hablan de dinero. Luego, estamos ante algo que ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento, concretamente, en el libro de Zacarías, y en Jesús se cumple el vaticinio. Aunque esta cuestión, para algunos, es un arma de doble filo, pues si san Mateo menciona la cantidad de treinta, no es porque fuesen treinta monedas, si no para hacer coincidir la cantidad con la profecía, que, por cierto, el atribuyó al profeta Jeremías. Mientras que en el mundo cristiano se ve en  este asunto una prueba más de que Cristo era el Mesías. Ya que, el traidor, antes de ahorcarse también echó al templo las treinta monedas de plata como hizo el profeta (con muy menor que se le considere a Zacarías). El hecho de que Judas venda a su maestro por esta pequeña cantidad, hace más humillante aún, si cabe, este acontecimiento, es decir, si nos vamos al Éxodo, a Cristo se le dio el valor de un esclavo, y todos sabemos el poco coste que tenían.

     Otro asunto que habría que aclarar es como la Biblia habla de Siclos, es decir, de una moneda que faltaba varios siglos para que existiera. Supongo, que eso se debe a la traducción, que más que aclarar al lector medio, lo confunde. Luego sería un problema achacable al traductor y no al escrito original que no podía conocer la existencia de estas monedas. Para empezar, las primeras monedas como tal, aparecen en Lidia a mediados del siglo VII a. C. y la época de la que trata el Éxodo es muy anterior. Ahora bien, los siclos como unidades de peso de entre 10 y 16 g son muy antiguos, mucho más que el Éxodo, que, evidentemente, es a lo que se refería este libro y no a monedas. Además, shekel (siclo en hebreo) también es una cantidad de peso, que con el paso de los siglos se convirtieron en monedas acuñadas, que muchas de ellas se han conservado hasta nuestros días.

* Uno de los doce profetas menores del Antiguo Testamento, con un libro que contiene 14 capítulos, aunque aquí, lo que más nos interesa son unas palabras proféticas que afectan directamente a Jesucristo, y en concreto a las expuestas en el capítulo 11.

NOTA: El beso de Judas de Giotto ilustra esta entrada

        R.R.C.


domingo, 12 de abril de 2026

LA BELLEZA DE LOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS

 

                                    

     Ya he escrito en más de una ocasión, que la lengua jeroglífica egipcia es la más bonita del mundo puesta por escrito. En cuanto a su sonido, es imposible de averiguar (nadie ha escuchado a un antiguo egipcio cuando hablaba), pero, probablemente, tendría una sonoridad parecida al copto, que todavía se emplea en la liturgia de esta religión. El hecho de saber esta lengua, ayudó mucho a Jean-François Champollion a descifrar esta bella grafía. No obstante, fue el británico Thomas Young quien identificó por primera vez el nombre del rey Ptolomeo en jeroglífico, lo que representó un gran avance, ya que probó que estos signos podían encarnar sonidos fonéticos y no ser solo ideogramas, y justo es reconocérselo. Mientras tanto, Champollion en 1822 leyó correctamente un cartucho de Ramsés II: “r -ms-s”. Para ilustrar lo dicho al comienzo, dejo aquí lo que nos informa esta bella y cromática franja de jeroglíficos, acompañada de los mismos signos a su derecha, y divididos por mí en rectángulos para facilitar su comprensión:

Hor-Behedety (es una forma del dios Horus el Viejo, documentado desde el Reino Antiguo -3ª Dinastía- y asociado a la entronización  y protección del rey, también tuvo un estatus de especial en Edfu –ciudad al sur de luxor-). Es lo que podemos deducir de los signos jeroglíficos del primer rectángulo marcado. Además es el Señor del Cielo. Su nombre significa “El que es originario de Behedet”-nombre egipcio de Edfu que es árabe- El templo, dedicado al dios halcón Horus de Behedet (Hor-Behedety), fue construido durante el periodo helenístico. Gran dios Señor del cielo; lo podemos ver escrito en el segundo rectángulo. Y, por último; león de Iunet, es decir, su nombre original egipcio, pero más conocido por su nombre árabe actual: Dendera, construido El templo de Hathor a unos 60 km río abajo desde la actual Luxor. Y con esto ya tenemos el contenido del tercer rectángulo inferior.

       R.R.C.


    


sábado, 11 de abril de 2026

SESTERCIO DE VITELIO

 

AVITELLIVS GERMANICVS IMP AVG P M TR P podemos leer en la leyenda de la faz con grafila de este sestercio de oricalco, del efímero emperador, ya que tan solo gobernó unos meses, Vitelio, acuñada en el año 69 d. C. En esta cara vemos su efigie de perfil, con cabeza laureada y drapeado. La inscripción desarrollada y traducida queda como sigue: AULUS* VITELLIVS GERMANICVS IMPERATOR AUGUSTUS PONTIFEX MAXIMUS TRIBUNICIA POTESTAS, es decir, AULO VITELIO GERMÁNICO EMPERADOR AUGUSTO PONTÍFICE MÁXIMO TRIBUNICIA POTESTAD.

     En el reverso observamos las siglas SC  (SENATUS CONSULTUM senadoconsulto-) en el exergo de la moneda, o sea, que se imprimió con la autorización del Senado. Los dos personajes de pie que contemplamos son los dioses: HONOS ET VIRTVS. Honos, a nuestra izquierda, con un cetro en su mano derecha y la cornucopia o cuerno de la abundancia, apoyado sobre él, lo sostiene con su mano izquierda. La diosa Virtus aparece con la cabeza cubierta sobre un casco, muy apropiado para su vestimenta militar. Sostiene un cetro con su mano izquierda y un parazonio con la derecha (aunque puntualmente), ya  que según nos informa la RAE: Espada ancha y sin punta, que como señal de distinción llevaban sujeta con una correa en el lado izquierdo de la cintura los jefes de las milicias griegas y sobre todo romanas. Es natural que estas divinidades romanas aparezcan emparejadas, pues representaban el honor y el coraje, por ese orden. Personificaban las cualidades indispensables para ser un buen ciudadano.

     Por último, una moneda similar a la expuesta, sería este sestercio del emperador Galba de casi 28 g de peso y poco más de 3.5 cm de pabellón, acuñada también a martillo con pocos meses de diferencia. Es la que vemos a continuación:

*Aulus en latín, Aulo en español, es el nombre de pila o nombre personal, lo que se conoce como praenomen, el cual era muy habitual en toda la historia de Roma, desde el principio hasta el final del Imperio, en las distintas clases sociales: patricios y  plebeyos. Entre sus significados figura el de “hijo adoptivo”, y se abreviaba con la letra A mayúscula. Precisamente, este emperador se llamaba Aulo Vitelio.

NOTA: Aunque habitualmente se les llama bronces en general a diversas monedas romanas incluidos los sestercios, durante los dos primeros siglos de Imperio, al menos hasta finales del siglo II, realmente eran de este material llamado  oricalco, un compuesto de cobre y zinc que daba un aspecto durado parecido al oro que gustaba mucho a los romanos, según Cicerón,  e incluso lo confundías con el metal precioso. El oricalco estaba compuesto por cerca de un 80% de cobre y un 20% de zinc, además de plomo, estaño y otros en trazas.

      R.R.C.

jueves, 9 de abril de 2026

TORO ALADO EN TRAFALGAR SQUARE

 

     Nos podríamos preguntar: ¿qué hacía  Lamassu en este plinto del centro de Londres? Puesto que es así como se les conocía a estas esculturas en la antigüedad y que, lamentablemente, lo han retirado, ya que era muy admirado, comentado y fotografiado, al menos cuando yo lo visité. Fue elaborado por el artista  Michael Rakowitz, en homenaje a una deidad similar destruido por el fanatismo religioso en el actual Iraq. Cuando corría el año 2015 y empleando para ello más de diez mil latas, por supuesto vacías, de sirope (un líquido dulce, aunque en este caso eran de mermelada de dátiles), alcanzando los seis mil kilogramos de peso y una altura de 4.5 metros.

     Es, por tanto, una réplica a escala 1/1 de una divinidad protectora asiria, pero también fue representada en otras culturas mesopotámicas. Exhibe cabeza humana con una llamativa tiara con tres pares de cuernos, cuerpo de toro y alas de águila; y vistos de frente aparentan estar parados, mientras vistos de perfil parece que están andando. El artista se inspiró en la  Puerta de Nergal en Nínive (antigua capital del Imperio asirio), circa 700 a. C. Estos  Lamassu, también presentaban cuerpos de león y eran guardianes de los palacios y templos asirios; asimismo como de la población en general, pues se instalaban en las entradas de las ciudades. En la actualidad los podemos visitar en exposiciones tan conocidas como las del museo Británico en Londres, el museo del  Louvre en París, el  museo Metropolitano en Nueva York, o el museo de Pérgamo en Berlín. Normalmente eran representados en parejas.

NOTA: Mi entrada nº 700 de este blog  (Geografía, Historia y Arte).

        R.R.C.


martes, 7 de abril de 2026

DENARIO DE GALBA


 

     Tras la caída de Nerón, Servio Sulpicio Galba estuvo en el poder poco más de medio año, desde mediados del 68 a comienzos del 69 d. C.  Esta moneda de plata fue martillada en el año 68 en Roma. Presenta un peso ligeramente superior a 3 g y un pabellón que no alcanzará los 2 cm. En el anverso vemos su esfinge con el rostro raspado, el cabello corto y mirando a la derecha. Un retrato un tanto rudo rodeado por la leyenda abreviada: IMP SER GALBA AVG, que desarrollamos: IMPERATOR SERVIUS GALBA AVGUSTUS (EMPERADOR SERVIO GALBA AUGUSTO). El resto del campo queda limpio destacando su imagen de perfil.

     En el reverso de la pieza vemos una corona de roble, también conocida como “corona cívica”, una prestigiosa corona de la antigua Roma, elaborada con ramas de encina o roble con hojas y bellotas incluidas. Se concedía a un soldado que habría salvado a un compañero en el campo de batalla arriesgando su propia vida, lo que le otorgaba ciertos privilegios vitalicios. En su interior comprobamos lo siguiente: SPQR  OB C S en tres registros, que una vez desarrollados: SENATUS POPULUSQUE ROMANUS OB CIVES SERVATOS, que traducimos al español como “El Senado y el pueblo romano para la protección de los ciudadanos”. Esta leyenda es característica en otras muchas monedas romanas.

      R.R.C.

DENARIO DE NERÓN


      Esta moneda de plata del emperador Nerón, el último de la dinastía Julio-Claudia, que gobernó el Imperio entre los años 54 y 68 d. C. Presenta  un pabellón  de unos 18 mm y un peso de 3.35 g acuñado a martillo en Roma, circa el año 65 de nuestra era. En el anverso vemos la efigie de Nerón mirando hacia la derecha, con la cabeza laureada, buena cabellera, y barba que alcanza el grosor de su cuello. Todo indica que es una imagen bastante realista del personaje. A su alrededor contemplamos la leyenda NERO CAESAR AVGVSTVS (NERÓN CÉSAR AUGUSTO).  En el reverso, advertimos un templo abovedado en el centro del campo de la moneda; circular, hexástilo, es decir, con seis columnas, y dedicado a la diosa Vesta, la cual vemos en el interior del centro de la arquitectura escalonada con un cetro, asimismo  divisamos en la inscripción que aparece sobre el mismo su nombre: VESTA. El resto del campo se mantiene libre, para dejar todo el protagonismo a la edificación.

     Lógicamente esta moneda se dedicó a Nerón, ya que ordenó su reconstrucción en el centro de Roma, pues fue destruido por el incendio que tuvo lugar en el año 64 d- C. (todos conocemos lo aficionado que era Nerón a los incendios). A finales del siglo II sufrió otro incendio, pero ya fue reconstruido de nuevo por Julia Donna, hasta que el emperador de origen español Teodosio lo cerró definitivamente, prohibiendo el culto a esta diosa en el año 394.

       R.R.C.