Desde el año
3500 a. C. se empezaron a utilizar al sur de Mesopotamia, en Sumeria para ser más exacto, estos pequeños objetos cilíndricos de 2 o 3 cm normalmente, y
que llegaron hasta la época persa miles de años después, cuyo cometido era
hacerlos girar sobre arcilla para que dejasen una marca, es decir, un sello que
se conseguía con el huecorrelieve que portaba la pieza al pasar sobre un
material blando, ya que ellos estaban hechos en algún tipo de piedra como
cornalina, lapislázuli, serpentina, obsidiana, amatista, marfil u otros
materiales duros. Podían servir para firmar documentos de ciudadanos
particulares en una transacción, de comerciantes, documentos oficiales… Algunos
lo llevaban colgados del cuello como expresión de prestigio social (digamos que era un hombre con firma), e incluso
como amuleto para ahuyentar a los malos espíritus, para lo cual tenía un
taladro en sentido vertical para poderlo atravesar con algún tipo de cordón. En
cuanto a sus grabados incluían representaciones de la vida cotidiana, reyes,
dioses, escenas mitológicas y, por supuesto, textos escritos. Otra cuestión a
tener en cuenta es que tuvieron un papel importante en los orígenes y posterior
desarrollo de la escritura cuneiforme.
El Museo Británico de Londres posee una
importante colección de estos bonitos objetos, como el que aparece en la parte
superior de esta entrada. A la derecha observamos el cilindro en sí, y a la
izquierda el grabado que produce al rotar por una superficie blanda. En este
caso es de cornalina (un tipo de calcedonia) con vetas rosas o anaranjadas, con
una altura de casi 4.5 cm y una anchura próxima a los 2 cm con una antigüedad
de 3400 años. El dios Shamash con barba
aparece sentado sobre un taburete mirando hacia la izquierda y
levantando su mano derecha doblando el brazo a la altura del codo; mientras con
su brazo izquierdo sujeta la vestimenta; en su cabeza porta un tocado
puntiagudo. Delante de él vemos una cruz (casita) de brazos iguales que hace referencia
a la divinidad del personaje, así como un rosetón con rayos, pues nos
encontramos ante el dios del Sol. Una inscripción cuneiforme en sumerio, que
consta de una oración de siete líneas que hacen referencia al señor del cielo y
de la tierra, soberbio y luminoso, que siempre guía al que lo adora, completa
el contenido de esta pieza casita. Por último, en España venden a muy buen
precio réplicas de este hermoso cilindro-sello, que he tenido la suerte de que
me lo regale mi hija Elena.
R.R.C.





