viernes, 10 de mayo de 2013

La caída de Adán y Eva

    
     Nos dice el capítulo dos del Génesis, que en el mismo momento de la creación del hombre Dios lo situó en un jardín paradisíaco, situado por la tradición entre los ríos Tigris y Éufrates, en donde más tarde surgieron las primeras civilizaciones. En el centro de ese jardín, al que habitualmente se denomina Paraíso. El Creador hizo brotar toda clase de árboles deleitosos y en su centro colocó los dos más importantes, a saber, el árbol de la “vida” que suele pasar más desapercibido, pero no por ello es menos importante, y el árbol de la “ciencia del bien y del mal”. De éste último, el hombre tenía prohibido comer, pues el día que lo hiciese moriría sin remedio. Si seguimos leyendo dicho capítulo, fue más adelante cuando Dios creó a la mujer que, a la postre, fue la responsable de que el hombre le desobedeciera, cuando engañada por la serpiente propuso a su marido comer sus frutos, después de haberlo hecho ella previamente. A partir de aquí, empezaron todas las desgracias para el género humano: el hombre tendrá que ganarse el pan con el sudor de su frente; la mujer parirá con dolor; y perderán definitivamente la posibilidad de ser inmortales, para regresar al barro terrenal del que fueron formados.
     En este relato, la serpiente encarna el principio anti-Dios para muchos exégetas cristianos, que en textos bíblicos posteriores se le identificará con el diablo. Respecto al árbol de “la ciencia del bien y del mal"y siguiendo las opiniones de M. García Cordero en su libro La Biblia y el legado del Antiguo Oriente, parece aludir a la línea divisoria entre lo permitido y lo prohibido, señalada por la misma divinidad, cuya voluntad es fuente de toda moralidad. En la perspectiva teológica de los hagiógrafos del Antiguo Testamento, Dios es omnipotente y totalmente libre en la imposición de sus mandatos, señalando la línea divisoria entre lo bueno y lo malo; de tal forma, que querer apropiarte de esa facultad es atentar contra la misma divinidad. Justo lo que le dice la serpiente a Eva: “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal” si coméis la fruta de ese árbol. El resultado de esta tentativa humana no podía ser otro que el castigo de soportar las penas, el dolor y la muerte.
      Muy anterior al relato bíblico, nos encontramos con una historia bien estructurada, máxime, si tenemos en cuenta su antigüedad, y con paralelismos innegables con lo visto hasta ahora, concretamente en la biblioteca que mandó construir en Nínive el rey asirio Asurbanipal II, en el siglo VII antes de Cristo. Apareció entre sus más de veinticinco mil tabletas, el Poema de Gilgamesh, qué recogiendo tradiciones más primitivas, ya que procedían del tercer milenio antes de nuestra era, narra las hazañas de un curioso personaje que vivió en esa época ancestral. El profesor de Historia Antigua de la Univ. Complutense de Madrid, Lara Peinado, nos ofrece una versión al español del texto acadio compuesto por doce tablillas: las seis primeras centradas, principalmente, en la búsqueda de la gloria por parte del mencionado Gilgamesh, y las seis últimas en su búsqueda de la inmortalidad.
     La que más nos interesa en la cuestión aquí planteada es la tablilla número once, en donde el héroe de esta historia está punto de conseguir la eterna juventud y, en un descuido, una serpiente pone fin a su anhelo mientras tomaba un baño relajante. Precisamente una serpiente. Una vez que, el que podríamos considerar el Noé mesopotámico Utnapishtim, le comunica a Gilgamesh que en el fondo del mar se encuentra una planta que lo hará joven de nuevo, se pone manos a la obra, se sumerge en su búsqueda y la encuentra. Se dirige con ella a su ciudad natal: Uruk, pero en el camino es cuando decide tomar ese imprudente baño, momento que aprovecha la astuta serpiente para comerse la planta, privando así al protagonista de esta historia de su ansiada inmortalidad*, mientras ella conservará para siempre su juventud. Creencia extendida entre los pueblos de este vasto territorio es, que las serpientes renacían de nuevo. El hecho de que el hagiógrafo que escribió estos primeros capítulos del Génesis conocía esta obra resulta evidente, lo cual no impide que el contenido teológico que nos ofrece en su versión la convierta en una narración diferente. Por otra parte, parece ser que la planta no concede la inmortalidad, sino que te hace volver a una juventud perdida.
     Es necesario tener presente, que, en el Museo Británico de Londres, se conserva un famoso cilindro sumerio datado en el tercer milenio antes de Cristo, en el que aparecen dos personajes sentados con dos cuernos (símbolo del poder de la divinidad), como deseando tomar el fruto que cuelga de un árbol y, detrás del personaje de la izquierda, aparece una serpiente erguida. A principios del siglo XX, se encontró otro cilindro similar, procedente de la ciudad sumeria de Ur (casualmente de donde era Abraham). Por último, en otro cilindro descubierto en Nippur en la misma fecha que el anterior, aparecen dos personas desnudas: un hombre y una mujer, entre ambas hay una planta; los dos individuos tienen una hoja en la mano y, junto a la planta, aparecen dos serpientes. Bien, todas estas evidencias le han llevado a pensar al exégeta ya mencionado más arriba, García Cordero, que quizá el relato bíblico haya sido estructurado en función de una antigua leyenda mesopotámica, en la que la serpiente aparece como culpable de que nuestros primeros padres cometieran el pecado original.   
     Resulta harto interesante y, por supuesto, muy bien argumentada, la hipótesis que expone el profesor Frazer (ya mencionado por mí en otras entradas de este blog), en su libro El folklore en el Antiguo Testamento, sobre la cuestión que aquí nos ocupa. Parte de la base, que el relato sobre la caída de nuestros primeros padres y, especialmente, el papel que desempeña la serpiente, nos ha llegado incompleto; y en consecuencia, desdibujado. En primer lugar, el árbol de “la vida” en el relato original no desempeñaría un papel puramente pasivo, como se le atribuye en la versión actual, en donde todo el protagonismo recae en el famoso árbol de la “ciencia del bien y del mal”, que en el fondo, se trataría de un árbol de la muerte y no del conocimiento, como se le ha venido atribuyendo en contraposición al anterior, y estaría cerca de él en el centro del paraíso, al alcance del hombre para que comiese su fruto, del que sí le estaba permitido comer. Si es que no se le conminó a ello por parte de la divinidad, para convertirse en inmortal. Si el uno te condenaba a morir, el otro te brindaba la inmortalidad. Pero el hombre eligió mal engañado por la perversa serpiente, primero seduciendo a Eva, para que después conminase a Adán a hacer lo mismo.
     Respecto a la serpiente, Frazer le otorga un papel de intermediaria entre Dios y el hombre, y eso explicaría que fuese el único animal del Paraíso que estuviese dotado del don de la palabra. También habría que aclarar, qué ganó la serpiente con su engaño, más aún si era tan astuta como se afirma, pues al final, ella fue maldecida por Dios, y condenada a arrastrarse para siempre con su vientre y comer el polvo de la tierra. Frazer nos dice lo siguiente: Viendo que pasaba el tiempo y sus criaturas no comían la fruta que concedía la inmortalidad, Dios envió a la serpiente a comunicarle que lo hiciesen. Pero cambió el mensaje indicándole a Eva el árbol equivocado, mientras tanto, ella comió del árbol que daba la vida eterna. Por eso creían muchas civilizaciones antiguas, que las serpientes eran inmortales y gozaban de una permanente juventud, pues mudaban su piel cada año, sin embargo, el hombre no podía hacerlo, precisamente porque la serpiente le arrebató tal posibilidad. Envejecería y moriría, ese sería su cruel destino.
     La comparación con otros relatos de pueblos primitivos en los que se plantea la historia del mensaje alterado, y el hecho de la muda de la piel, lleva a Frazer a sostener la probabilidad, de que sea esta la historia que estuviese en la forma original del texto, o alguna parecida. No obstante, a mí me resulta un tanto forzada la reconstrucción que hace de la misma. Lógicamente, como autor no creyente descarta cualquier posibilidad de revelación llevada a cabo por la divinidad.
     Para finalizar, el propio lector sacará sus propias conclusiones sobre el significado de este hermoso y, a la vez, dramático relato, que nos transmite, prácticamente, desde el comienzo el texto bíblico. Son muchos los que han querido ver en él, una explicación sobre los motivos por el que el ser humano tiene que soportar el dolor y la muerte, siendo como es el protagonista de la Creación divina. El autor del escrito nos transmitiría con su narración, una respuesta sencilla y clarificadora a estas cuestiones, que tanto han interesado al hombre desde los primeros tiempos de la civilización.

*Es de gran interés la publicación que podemos consultar en Internet:                           
POEMA DE GILGAMESH: UN VIAJE FALLIDO A LA INMORTALIDAD. Federico Lara Peinado. Universidad Complutense de Madrid. 
      R.R.C.
P.D. 1 de junio de 2020                   
                                           LA TABLILLA DE LA DISCORDIA

     Una tablilla de arcilla del año 1500 a. C. escrita en lengua acadia puede emprender en los próximos días viaje de vuelta a Irak desde EEUU, ya que se considera que fue un botín de la guerra del Golfo, y por lo tanto saqueada de su lugar de procedencia. La tablilla se descubrió en un palacio babilónico en el siglo XIX, y se la conoce con el nombre El sueño de Gilgamesh, pues este rey legendario cuenta un sueño a su madre para que lo interprete. Monarca sumerio de la ciudad de Uruk hacia 2750 a. C. buscó la inmortalidad con todas sus fuerzas, hasta que una serpiente se comió una planta que otorgaba este privilegio mientras tomaba un refrescante baño. Nuestro héroe se quedó siendo un simple mortal mientras que la ávida serpiente se convirtió en inmortal, tal y como creían los antiguos habitantes de estas tierras por el hecho de mantenerse siempre joven: consecuencia del cambio de piel que periódicamente llevan a cabo estos animales.
     Algo así debió de ocurrir a nuestros primeros padres Adán y Eva por comer del árbol prohibido, mientras que la astuta serpiente, probablemente, comió del otro árbol de la vida que también se encontraba en el centro del paraíso, cerca del árbol de la “ciencia del bien y del mal” cuyos frutos provocaban la muerte.
        R.R.C.

jueves, 9 de mayo de 2013

LA ESCULTURA ROMANA


     La escultura romana tiene su origen en la griega, y también como en ella, existe un importante capítulo helenístico integrado por los artistas griegos o romanos formados en Grecia y establecidos en Italia, que trabajan en el estilo de su época o que se ciñen a imitar o copiar los modelos de épocas anteriores.

      Sin embargo, no habrá que desdeñar el influjo etrusco sobre la escultura romana. Si Grecia dejó sentir su huella en el sentido de una idealización del retrato, lo que éste tenga de más realista habrá que ponerlo fundamentalmente en el haber de los etruscos.

      Los escultores romanos trabajaron principalmente el mármol, muy abundante en Italia; fundieron muchas esculturas en bronce, de pequeño o gigantesco tamaño, pero puede decirse que todos los materiales fueron tallados por ellos, desde la madera a las piedras más duras y ricas. En técnica escultórica nadie aventajó a los romanos, que se sirvieron del trépano para las labores más profundas (sobre todo el tratamiento del cabello).

      El tema predilecto de la escultura romana es el hombre. El hombre siempre aparece concebido en función de su categoría social. Sin embargo, los escultores romanos no se preocupan por el cuerpo humano embellecido, como los griegos. El artista no es imaginador de formas ideales, ya que su misión es seguir la naturaleza.

      Otra característica muy importante es el anonimato del artista que es considerado un funcionario. Hace estatuas y relieves históricos no para lucir su estilo, sino para honrar a las autoridades. Los romanos admiran las obras, pero desprecian a quienes las realizan, de ahí el anonimato de los artistas y la inutilidad de estudiar la escultura romana por individualidades artísticas.

             EL RETRATO Y EL RELIEVE HISTÓRICO:

      El retrato es, probablemente, el género preferido en Roma. Se origina en el culto familiar a los antepasados, manes, más que en el culto funerario, aunque luego estas imágenes vayan destinadas a la tumba. Respecto a las que van al cementerio, se mantuvo durante mucho tiempo la tradición de figuras genéricas con escasos signos de individualización. Existen numerosos ejemplos de cipos en las necrópolis y vías de enterramiento, siempre partiendo de que la costumbre del retrato sobre la tumba es muy tardía. Las imágenes de los antepasados muertos iban destinadas al larario o armario que se conservaba en la vivienda familiar.

      La mayoría de retratos romanos que han llegado firmados por sus autores -unos cuarenta- lo han sido por artistas griegos y lo están en lengua griega. Pero si los artistas griegos aportaron su técnica y destreza, los romanos impusieron su afición al retrato fisonómico, descriptivo, realista y veraz. Impusieron, como clientes que pagaban, sus gustos a los artistas.

      El ius imaginum pertenecía, según Polibio, sólo a las familias patricias, que usaban el retrato como culto familiar y funerario, pero este derecho se va abriendo paso entre las clases medias y plebeyas, que lo mantendrán durante más tiempo. Mientras los patricios fueron los únicos en ser admitidos a las magistraturas ordinarias, ellos solos poseyeron el ius imaginum; después se extendió el derecho a las familias plebeyas.

     A lo largo del tiempo hay una variación en la forma del retrato. Se cultiva de cuerpo entero, de pie, sedente y ecuestre, o sólo de la parte superior. Hasta tiempos de Octavio el busto sólo comprende hasta el cuello. En el siglo I se va alargando hasta comprender ya parte del pecho y los hombros. A fines de la centuria siguiente se esculpen ya retratos de media figura.

      La corriente idealista será patente en la época de Augusto. Sus retratos testimonian el aspecto que debe tener un gobernante perfecto: a los ojos de los romanos, Augusto tenía que aparecer como un gobernante inteligente, bueno y poderoso. Esto significa unas dotes nada comunes. Pese a su edad, la vejez no puede asomar al rostro, pues sería indicio de decadencia, cuando las energías abandonan al hombre. De ahí esa joven edad madura con que habitualmente se le representa.

      Después de la muerte de Augusto, aparece un nuevo tipo de retrato, en el que se presenta al emperador semidesnudo y coronado de laurel. El último paso en esta marcha ascendente hacia la divinización es figurarle con atributos divinos, tan excelsos como el águila del padre de los dioses. A esta época pertenecen los retratos de  Tiberio y Claudio.

      El retrato con peinado bajo, con pequeños mechones irregularmente dispuestos sobre la frente, perdura hasta Trajano. La barba se generaliza a partir de Adriano. El retrato más importante de tiempos de este emperador es el de Antinoo, el joven de Bitinia que, formando parte de su séquito, para evitar la fatal desgracia que amenaza al emperador, se suicida arrojándose al Nilo. 

      De las emperatrices, aunque sólo algunas tienen actividad pública señalada, existen hermosos retratos, y, como en el caso de los emperadores, sirven de jalones para conocer la evolución del retrato femenino, en el que el peinado es factor aún más valioso. Destacan los de Livia, mujer de Augusto.

     Aunque en la actualidad son monocromos, los retratos romanos se policroman hasta el siglo II. Al imponerse en esa fecha la monocromía y quedar el globo del ojo en blanco, se inicia la costumbre de rehundir la parte de la pupila.

      En cuanto al relieve histórico, su origen hay que buscarlo en la costumbre de conmemorar el triunfo guerrero de un capitán y en el deseo de eternizar en la piedra estos triunfos guerreros. Los romanos van a utilizar el relieve histórico en diversos monumentos: en los altares, en los arcos de triunfo, en las columnas conmemorativas y en los sarcófagos funerarios.

      A lo largo del tiempo, los romanos van a ir perfeccionando esta técnica: al término de la República se generaliza un tipo de relieve de origen helenístico en el que se recurre a efectos pictóricos como la perspectiva y otros efectos de profundidad.

      La obra capital del relieve histórico pictórico es el Ara Pacis de Augusto, en el que se representa la procesión de la familia imperial para hacer la ofrenda para la paz creada por el emperador. Este gran friso alargado nos hace recordar el gran friso de las Panateneas del Partenón ateniense, aunque aquí, las figuras son más realistas y caminan con mayor naturalidad.

      Posteriormente, los relieves del arco de Tito nos ofrecen un tratamiento plástico que da mayor ilusión de profundidad. En la Columna Trajana se avanza en el tratamiento compositivo y en la representación de tipos más realistas y populares, alejados del idealismo helénico.

      En cuanto a los relieves de los sarcófagos, en un principio se solía colocar un medallón al frente con el retrato del difunto, denotando una clara herencia etrusca, pero posteriormente se tendió a la composición continua con temas míticos relacionados con la ultratumba. Más tarde, esta superficie frontal se repartirá en espacios separados mediante columnas, fórmula ésta que será adoptada por los cristianos.

     MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE

NOTA: Imágenes obtenidas de Internet

domingo, 5 de mayo de 2013

Sansón y Dalila

          
     Después de su salida de Egipto y tras un largo peregrinaje por el desierto guiados por Moisés, los israelitas llegaron por fin a la Tierra prometida, que ya se encontraba habitada por grupos de personas que llamaron cananeos, con los cuales la coexistencia fue razonablemente pacífica. Compartieron costumbres y un idioma similar, y fueron otros pueblos vecinos los que plantearon problemas importantes a los hebreos, entre ellos los filisteos, que formaron parte de los llamados “pueblos del mar”. Éstos, una vez derrotados por los egipcios, ocuparon la franja de Gaza en la costa sur de Palestina, que precisamente significa tierra de filisteos, como comprobamos en el historiador griego Herodoto, que en el siglo V antes de Cristo emplea este término por primera vez con este significado. En ese pequeño territorio constituyen una confederación de cinco ciudades, cada una con su príncipe: Gaza, Escalón, Ashod, Ekrón y Gad. No eran de raza semita como los hebreos y cananeos, sino descendientes de los cretenses de la cultura minoica, ya desaparecida por esta época ,como consecuencia del tsunami que provocó la gran erupción volcánica de la isla de Thera (Santorini), unos ciento veinte kilómetros al norte de Creta, centro principal de esta cultura del Egeo. Presentaban un aspecto físico en general agraciado: altos, delgados, algunos atléticos, decoraban sus cabellos… entre otras costumbres.
     Hacia el 1200 antes de Cristo, el pueblo judío no tenía un poder político fuerte y centralizado como ocurría con otros pueblos del Próximo Oriente, en períodos de crisis y, cuando se hacía necesario, el gobierno del pueblo era ejercido por personas a los que se les denominaba Jueces. Este es el período de los Jueces, tal y como aparece en el Antiguo Testamento. Uno de los más conocidos fue Sansón, cuyo mandato se prolongó durante veinte años, nacido de una mujer estéril a la que un ángel le anunció su embarazo, será nazir, es decir, consagrado por Dios desde el mismo vientre materno hasta su muerte. Y este es el origen de su fuerza; con la condición impuesta de que no pasaría navaja por su cabeza, de que no se podría cortar el pelo. Como podemos leer en las anotaciones de la Biblia de Jerusalén: es fuerte como un gigante y a la vez débil como un niño; un gran seductor del género femenino, pero no puede evitar que las mujeres le engañen; aterroriza a sus enemigos los filisteos, los mata y destruye sus propiedades, pero no logra liberar de ellos a su pueblo. En fin, todo el relato expuesto en el libro de los Jueces es una colección de anécdotas desde su nacimiento hasta su muerte provocada por él mismo, dándose la circunstancia, de que mató a más enemigos en el momento de su óbito, unos tres mil, que en toda su vida.
     Su predilección por las mujeres filisteas es manifiesta desde un principio, lo que nos da una idea de su imprudencia. Antes de  tomar a Dalila por esposa, ya había contraído matrimonio con una mujer de este pueblo, pese a la oposición de sus padres que preferían  una judía. Esta unión acabó de una manera desastrosa y con enfrentamientos de Sansón con sus enemigos. Más tarde, entró en la casa de una prostituta, también filistea, y allí le tendieron una emboscada de la que salió airoso, al igual que en otras ocasiones anteriores. Fue después de este episodio, cuando finalmente conoce y se enamora  en Soreq, de “la mujer fatal”, la que a la postre, sería su perdición.
      Su enamoramiento con Dalila fue aprovechado desde un primer momento por los jefes filisteos, con la cual contactaron y ofrecieron una gran suma de dinero, para que obtuviese de su esposo el secreto que lo hacía más fuerte que a los demás hombres. Tarea a la que se puso de inmediato, aprovechando la confianza que Sansón había puesto en ella. No obstante, hasta en tres ocasiones se burló de su esposa cuando intentaba sonsacarle el origen de su fuerza descomunal, contándole historias que resultaron ser falsas. Pero como ella insistía, al final le reveló el secreto de que su fuerza residía en su larga cabellera y, por esa razón, nunca se cortaba el pelo. Tarea a la que se puso ella misma después de dejarlo profundamente dormido. Conseguido su objetivo llamó a los filisteos que inmediatamente lo detuvieron, una vez que su fuerza le abandonó. Lo dejaron ciego y se lo llevaron a la ciudad de Gaza, en donde lo obligaron a dar vueltas a una muela de molino en la cárcel. Este fue su cruel destino, hasta que lo expusieron como objeto de escarnio y diversión entre las columnas maestras del templo, mientras celebraban un gran sacrificio a su dios Dagón, sin haberse percibido de que su cabello había vuelto a crecer; momento que aprovechó Sansón para derribarlo y matar a todos los que allí se encontraban, incluido él mismo. Sus familiares recogieron su cuerpo y lo enterraron en su tierra.
     Más adelante, en otro libro posterior del Antiguo Testamento, nos cuenta la historia de otra mujer, en este caso judía, que recuerda en cierto modo el episodio que acabamos de ver. Se trata de una hazaña llevada a cabo por una hermosa, rica y virtuosa viuda llamada Judit, que en plena guerra de su pueblo contra el ejército babilonio, se da cuenta de que el general enemigo Holofernes se quedó prendado por ella. Desafiando cualquier riesgo y acompañada por una criada, consigue introducirse en la tienda de campaña que utilizaba Holofernes, haciéndole creer que correspondía a su enamoramiento y aprovechando la confianza que depositó en ella, lo emborrachó, y una vez dormido, le cortó la cabeza escapando de allí. Este hecho inesperado sembró la confusión en el ejército babilonio, lo cual fue aprovechado por el ejército de Israel para obtener la victoria y, de esta forma, se liberó del sitio al que fue sometida la ciudad de Betulia. Así que, gracias al coraje y al patriotismo que demostró una bella y refinada mujer, se consiguió una importante victoria militar.
     Pero al contrario de lo que sucede con la protagonista de la historia anterior, Judit es un ejemplo de valor y coraje, pues liberó a su pueblo de una derrota segura utilizando sus artes de mujer. Lo mismo que hizo Dalila, pero en este caso se la presenta como un símbolo de la traición, por llevar a cabo un hecho perverso, aprovechando la confianza que Sansón, enamorado, depositó en ella. Al igual que Judas se propone como ejemplo de la traición masculina, como expresa la frase tantas veces escuchada: “eres más traidor que Judas”; el nombre de Dalila, se utiliza como ejemplo de la traición femenina: “es más traidora que Dalila”.
     Otro asunto que nos podríamos plantear, es el hecho de hacer recaer en el cabello la causa de poseer una enorme fuerza. Según el antropólogo  y catedrático de la Universidad de Cambridge J.G. Frazer, una creencia semejante ha existido en diversas partes del mundo. Además, en su libro El folklore en el Antiguo Testamento hace un estudio sobre relatos  similares en otros pueblos: celtas, eslavos, o de la India,  por ejemplo, y llega a la conclusión, que en su trama, o esquema general, hay coincidencia. La diferencia fundamental estriba, en que en la historia de Sansón, toda la simpatía recae por completo en el traicionado personaje, mientras que en otros lugares se le presenta con los trazos más repulsivos, y se trataría simplemente, de un desalmado que abusaría de su gran poder con fines perversos, con lo cual, nos alegraríamos con su derrota y aplaudiríamos la astucia de la mujer al traicionarle.
     Bien, llegados a este punto podríamos proponer lo siguiente. ¿Qué ocurriría si encontrásemos la misma historia de Sansón y Dalila transmitida por fuentes filisteas, y no sólo por textos judíos como ocurre actualmente? Es evidente que sería completamente distinta, los papeles aparecerían invertidos, sin riesgo a equivocarnos mucho, más o menos contaría algo así:
     “En una etapa anterior a la nuestra vivió una valiente, bella e inteligente mujer llamada Dalila, que puso todas sus virtudes al servicio de las autoridades de su época, para liberar a nuestro pueblo del más importante de sus enemigos, un gigantón, grosero y engreído, que pretendía quedarse con nuestras mujeres, además de incordiar y matar a muchos de nuestros hombres y destruir sus propiedades con la fuerza propia de un animal. Su nombre era Sansón. Despreciando todo riesgo y demostrando un gran valor, utilizando únicamente sus armas femeninas lo sedujo, para que le confesara el secreto sobre el origen de su fuerza. Insistió, a riesgo de ser descubierta, en sus planes hasta que consiguió su objetivo. Una vez que le desveló el secreto, de que su fuerza residía en su larga cabellera, ella misma le rasuró el pelo una vez que lo dejó dormido. A continuación, avisó a las autoridades filisteas para que lo apresaran. Y así ocurrió, ya desprovisto de su gran fuerza. Se le dejó ciego, y el resto de sus días los pasó dando vueltas a una rueda de molino en la cárcel, donde pagó por sus numerosos delitos. Mientras tanto, Dalila, fue generosamente recompensada por liberarnos de semejante monstruo.” En este caso, Dalila sería el ejemplo a imitar, por el patriotismo, la valentía y la lealtad que demostró arriesgando su propia vida.
     Lógicamente, la historia de Sansón no resistiría el más mínimo análisis de crítica histórica, estos relatos fueron creados con la convicción del pueblo judío sobre la obediencia incondicional a Dios, y las terribles consecuencias que implicaban no obedecer sus mandatos. Aparte de otras enseñanzas  y moralejas implícitas que pudiesen contener estas narraciones. Asimismo, en el libro de Judith se exalta la idea del patriotismo y la religiosidad que el pueblo elegido debe a Yahveh, que utiliza a esta mujer como instrumento para liberar, una vez más, a su pueblo. Una heroína del pasado digna de imitar, sobre todo en los momentos en que este libro fue escrito: en época macabea durante el siglo II antes de Cristo, cuando los judíos tenían que hacer frente a sus invasores. Luego lo importante de estas narraciones, no es su historicidad, sino su mensaje. En este caso, sería Dios mismo el que utilizaría a los escritores de estos textos, como sus instrumentos para comunicarse con su pueblo; abrir sus mentes y corazones; y darle pautas de comportamiento a seguir, sobre todo, en aquellos momentos que más lo necesitaban.
     Por último, indicar que la “historia” de Sansón y Dalila ha sido un tema recurrente en la Historia del Arte, tal y como se pone de manifiesto en la multitud de cuadros que se conservan de este asunto. Así como de películas realizadas, entre las que podríamos destacar  “Sansón y Dalila” producida 1949 con Victor Mature y Hedy Lamarr de protagonistas. También la literatura y la música popular se han ocupado ampliamente de este tema y, aunque con menor intensidad, la música clásica, como podemos comprobar en una ópera de Saint-Saëns. E incluso, en dibujos animados, como en el episodio  de los Simpson titulado Simpson y Dalila.    
     R.R.C.

sábado, 4 de mayo de 2013

La joven de la perla

     De pequeño formato, es una de las obras más conocidas del pintor holandés del siglo XVII Vermeer, realizada en 1665 es un óleo sobre tela de estilo barroco de 44X39 cm. que se encuentra expuesta en un museo de La Haya. La identidad de la muchacha no está clara, aunque una novela actual la considera la sirvienta del pintor, otros apuntan a una de sus hijas y tampoco sería descartable que fuese una modelo, o un encargo. Hay que destacar el poco valor que se otorgó a este cuadro en el siglo XIX, como muestra el hecho de que fuese subastado en 1881 y tan solo se pagó por él dos florines y treinta céntimos.
     Lo que más destaca del cuadro es la mirada de la joven con sus acristalados ojos, no hay nada en toda la obra que desvíe la atención del espectador hacia otra cosa. En segundo lugar nuestro interés se dirige a la sensualidad que desprenden sus labios con la boca entreabierta, lo que no resta una pizca de inocencia a su bondadoso rostro, ejecutado con un gran naturalismo. Sin embargo, el autor, lleva el punto focal a la perla que resuelve con un par de pinceladas. Un fondo completamente oscuro contribuye al realce de la chica, así como a la intimidad que desprende todo el cuadro, intimidad que comparte con el espectador. El turbante azul que cubre su cabeza era una prenda típica de la época, del que cae un paño amarillo, el cuello blanco contrasta con su chaqueta amarronada y; en la perla, hay quien ha visto una alusión a la castidad de la protagonista. Por otra parte, el empleo de la luz se diría que es tenebrista, siendo muy importante  el uso que hace de ella el pintor.

Nota: Un estudio reciente pone en entredicho que el colgante que luce la bella muchacha y que da nombre a la obra, sea precisamente una perla, basándose en el brillo y el efecto espejo que produce el adorno que porta, pues no se corresponde con esta gema orgánica, además de su gran tamaño y el elevado precio que conlleva. Propone que se trataría de un objeto de plata, para dar una respuesta satisfactoria a los problemas planteados. 
     R.R.C.

viernes, 3 de mayo de 2013

Arco de Tito

     Situado en la Vía Sacra es de una gran belleza, por la elegancia de sus proporciones e incluso por su misma sencillez y sobria ornamentación, nada que ver con otros más barrocos como el de Constantino ya comentado en este blog. Erigido recién fallecido el Emperador en el 81 d. de C. para conmemorar su triunfo sobre los judíos, es de un solo vano y el arco más antiguo de todos los que se conservan en Roma, tiene una altura próxima a los quince metros, trece y medio de ancho y casi cinco de fondo. Elevado sobre un podio, el primer cuerpo se divide en tres calles por medio de cuatro columnas decorativas que simulan sostener el entablamento y  son de orden compuesto, utilizado aquí por primera vez por los romanos. La separación del primer cuerpo al segundo se realiza por medio de un entablamento, con arquitrabe a tres bandas, friso corrido con decoración historiada y cornisa saliente, decorada con canes. El segundo cuerpo presenta un ático con inscripción epigráfica en donde aparece el nombre del Emperador.
      Las calles laterales apenas se decoran con ventanas rectangulares ciegas, mientras que la central, más ancha que las laterales, se cubre con un amplio vano con arco de medio punto, decorado en las enjutas por las Victorias aladas dispuestas a coronar al emperador victorioso. El intradós del arco presenta bóveda de cañón con casetones.
     Las escenas del desfile nos muestran dos bellos relieves históricos, en los que las legiones triunfadoras portan los objetos del saqueo de Jerusalén, como el Candelabro de los siete brazos. Aunque muy deteriorados, puede muy bien advertirse cómo el escalonamiento de planos de mayor a menor relieve, empleado ya en el Ara Pacis, es mucho más sabio. En uno de los lados se reproduce en bajo relieve el propio arco de Tito, a través del cual los soldados se disponen a pasar. En medio e incluso alto relieve se representan a los personajes, vestidos con túnicas cortas y coronados con laurel; unos tocan las trompetas, mientras el resto portan los objetos sagrados. Hay que recalcar el gran valor artístico que tienen los relieves de esta arquitectura conmemorativa. Por último, es un magnífico ejemplo del arte, al igual que ocurre con otras obras, al servicio del poder imperial.
      
                                   Relieves del arco de Tito con los trofeos sa-
                                   queados a los judíos en el Templo de Jerusalén
    Manuales de Arte. Adaptado por R.R.C.
 
P. D. (Añadida el 30 de junio de 2022)

Ya que el arco de Tito y la temática de sus relieves hacen alusión al triunfo romano en la primera revuelta judía del siglo I, expongo a continuación una moneda emitida por los judíos en su segunda revuelta contra los romanos en el siglo siguiente.

                                 MONEDA JUDÍA DE PLATA 


     Esta moneda judía de plata de poco más de 14 g presenta un estado de conservación magnífico. Fue acuñada en el 133-4 d. C. durante la segunda revuelta judía contra los romanos liderada por Simón Bar Kojba, "el hijo de una estrella", la cual comenzó en el año 132 hasta finales del 135 de nuestra era, en la que fueron masacrados por las tropas enviadas por el emperador Adriano. Hay que tener presente que el hecho de emitir moneda sin autorización estatal, en este caso de Roma, fue considerado un acto de la máxima hostilidad. Además, estas piezas presentan el valor añadido de ser las últimas elaboradas por los judíos en su tierra hasta el establecimiento del Estado de Israel en 1948.

     En el anverso apreciamos de manera esquemática el antiguo Templo de Jerusalén, cuya fachada presenta cuatro columnas con basa y capitel y una techumbre arquitrabada. Sobre él se observa la estrella de Bar Kojba. En su interior se exhibe “la mesa del pan para la proposición” descrita con todo tipo de detalles en el cap. 25 del Éxodo* (con patas cortas y curvada en la parte superior se muestra en la moneda). Sobre ella doce panes colocados en dos filas de seis que representaban a las doce tribus de Israel. Cada semana los sacerdotes comían este pan ante la presencia simbólica de Dios y eran reemplazados por otros recién hechos. También se ha propuesto que esta imagen encarna el Arca de la Alianza, en cuyo interior se encontraban las Tablas de la Ley que Moisés entregó a su pueblo. Además, en hebreo antiguo graban Jerusalén. Mientras que el reverso aparece marcado con símbolos agrícolas que hacen alusión a una tradición judía: “La Fiesta de la Cosecha” acompañados por el texto: “Año dos de la liberación de Israel”.

*Y que podemos complementar con el cap. 24, 5-9 del Levítico.

      R.R.C.

NOTA: Imágenes bajadas de Internet.

jueves, 2 de mayo de 2013

Arco de triunfo de Constantino

     Se trata de un arco de triunfo de tres vanos, levantado entre los años 313 y 315 en la vía triunfal de Roma, junto al Coliseo, conmemora la victoria contra Majencio en la batalla de Puente Milvio en el otoño del 312. Obviamente se encuentra inspirado en otro anterior de Septimio Severo, aunque este de Constantino presenta una mayor decoración. De grandes proporciones pues tiene una altura de veinte y un metros, más de veinticinco de ancho y casi siete y medio de profundidad, consta de tres arcos, el central mucho más alto y ancho que los laterales, que se elevan sobre un podio, que presenta su cuerpo central o dado profusamente decorado con relieves conmemorativos que proceden todos ellos de monumentos diversos. Los vanos aparecen flanqueados por cuatro columnas exentas, de estilo corintio, que sostienen un entablamento con arquitrabe a tres bandas, friso sin decorar y una cornisa muy saliente, con decoración de canes. Sobre este primer cuerpo  se levanta un ático con pilastras adosadas, que continúan en altura la división marcada en la zona inferior por las columnas. Frente a estas pilastras aparecen esculturas  exentas. En los espacios que quedan entre ellas la decoración historiada con relieves procedentes de otros edificios es rica y muy profusa. El ático presenta una inscripción conmemorativa, en la que todavía hoy puede leerse en ambos lados:
             Al Emperador César Flavio Constantino, el más grande, pío y bendito Augusto: porque él, inspirado por la divinidad, y por la grandeza de su mente, ha liberado el estado del tirano y de todos sus seguidores al mismo tiempo, con su ejército y sólo por la fuerza de las armas, el Senado y el Pueblo de Roma le han dedicado este arco, decorado con triunfos.
     En el cuerpo inferior, la decoración escultórica aparece en las enjutas de los arcos, destacando las del vano central en las que dos Victorias aparecen dispuestas a coronar al emperador vencedor. Destaca un friso sobre las claves de los arcos menores, con decoración historiada, única del edificio que fue realizada para la ocasión, sobre el cual hay cuatro medallones de dos metros de diámetro que representan la caza del jabalí, la caza del oso, el sacrificio ante Apolo y el sacrificio a Diana.
      Manuales de Arte. Adaptado por R.R.C.

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA ARQUITECTURA BIZANTINA

La cultura bizantina tuvo una gran trascendencia cultural y artística en Occidente. La fundación de Bizancio en el año 330 aseguró la continuidad de la Antigüedad clásica que, unida a la nueva religión cristiana, formaron durante bastante tiempo los pilares sobre los que se asentó el arte bizantino. La influencia de Oriente en años posteriores contribuyó a modelar unas formas que en algunos países han tenido vigencia hasta fechas muy recientes.
       Dada su larga duración, en el Imperio bizantino se dieron distintas fases arquitectónicas con peculiaridades propias; pero la continuidad temporal también favoreció el mantenimiento de algunas constantes: arquitectura de grandes cúpulas, creación y generalización de capiteles cúbicos, importancia de la iconografía y de la decoración, en particular de la del mosaico.
     La aportación más sobresaliente tiene lugar sin duda en el campo de las realizaciones arquitectónicas, especialmente en la solución que dan al sostenimiento de las bóvedas. Los problemas que planteaba la utilización de cubiertas abovedadas fueron resueltos con definitivo acierto al recoger y superar la tradición y técnicas romanas, aportando una solución válida al difícil obstáculo de los empujes mediante el empleo de la cúpula sobre pechinas, (triángulos esféricos), medias cúpulas y otros elementos de sujeción y contrarresto más divulgados (contrafuertes, muros más gruesos).
     La técnica constructiva señalada está al servicio de una nueva concepción del espacio.  Se trata de un espacio dilatado, dinámico, que no puede quedar limitado por los muros y que expresa con más holgura en los templos de planta central, con cruz griega (de brazos iguales), pero también en las bóvedas de las iglesias de planta basilical. La bóveda se abre y se dilata hacia el espacio celeste y ambos (bóveda y cielo) se convierten en el trono y dominio del Creador que desde allí preside en ademán de bendecir.
     La piedra y el ladrillo usados como materiales constructivos son cubiertos con desigual riqueza según se trate de muros exteriores o recintos interiores. En estos últimos, el mosaico cubre de forma continua las paredes, haciendo perder el interés por la decoración externa. Sin embargo en los siglos finales también los exteriores se embellecerán profusamente.
     El espacio celeste se recubre de mosaicos dorados. Los espacios murales vienen a representar el cielo, la tierra y, en suma, el cosmos. La basílica bizantina mantiene
 diversos elementos constructivos de la paleocristiana, los modifica e introduce alguno nuevo:
-El atrio, que alberga el fial, recipiente del agua bendita, en la últimas etapas queda reducido a un pórtico adosado a la fachada de la Iglesia.
-El nártex, lugar de reunión de los catecúmenos que sólo podían asistir hasta el canos de la misa.
-El iconostasio, especie de cancela perforada por vanos y repleta de iconos (imágenes de santos), separa el espacio destinado a los fieles del presbiterio.
-La tribuna, destinada a las mujeres, en el piso superior, constituye el antecedente de lo que s triforio en las iglesias medievales del occidente europeo.
            Un elemento de gran importancia decorativa es el capitel bizantino, que tiene dos cuerpos. El inferior con decoración vegetal, que ha perdido todo el naturalismo corintio, quedando reducido a tallos revueltos y estilizados, casi geométricos. Sobre este cuerpo descansa otro en forma de pirámide truncada invertida, llamado cimacio, que puede ser liso o decorado con temas bíblicos o simbólicos. Los arcos cargan directamente sobre las columnas y el dintel no tiene el empleo que tuvo en las arquitecturas clásicas.
    
       MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE