viernes, 17 de mayo de 2013

Teatro de Epidauro


     Asclepio es el dios griego de la medicina, el que sana, el que cura. Le hicieron un santuario en el lugar donde nació: en Epidauro. Enfermos de toda la Hélade acudían especialmente a este santuario, pues tenía otros repartidos por distintas ciudades de Grecia, implorando su ayuda para curar sus enfermedades. Se solían encerrar durante toda la noche cerca de una cámara donde se custodiaba la estatua del dios. Luego manifestaban que Asclepio se les había aparecido en sueños y como consecuencia de ello quedaban curados. Una especie de milagro. Como la gente acudía en masa a este lugar, era lógico que apareciesen otros edificios, e incluso otros negocios para aprovechar la avalancha. Entre los primeros apareció un teatro, el más conocido del mundo griego: por su tamaño, por su belleza y en la actualidad por su buena conservación. Enclavado en medio de un paisaje natural espectacular; rodeado de montañas, mar y cielo. Aquí resonaron los grandes trágicos de Grecia: Esquilo, Sófocles y Eurípides entre los más significativos.
            
     Los griegos crean el teatro, tanto en su manifestación literaria como en el edificio destinado a su representación. El teatro griego consta de la escena, la orchestra y el graderío o koilon ultrasemicircular para el público. La escena no tiene aún la importancia que adquiere en su versión romana y suele encontrarse a nivel de tierra. La orchestra, de planta circular, es la parte dedicada al coro, y tiene en su centro el altar de Dionisos, en cuyo honor se celebra la fiesta.
            
     De todos los teatros griegos destaca el teatro de Epidauro, construido a mediados del siglo IV por el arquitecto Policleto el Joven, y con un aforo de unos 15.000 espectadores. Perfectamente integrado en el paisaje, aprovechó la inclinación de la colina para construir su graderío, que forma un enorme semicírculo de 120 metros de diámetro y 24 m de desnivel, dividido en dos zonas, alta y baja, por una galería central.
            
     Desde la orchestra circular que constituye el núcleo del teatro, parten trece escaleras, que dividen como radios la zona inferior en doce sectores. Esta división se duplica teóricamente en la zona alta por medio de 23 escaleras.
           
     Las vías de acceso eran los dos corredores, párodoi, que separaban los extremos del koilon de la escena. La forma de esta última, e incluso su papel, es problemática, pero probablemente era ya en su origen una construcción alta, con un frente de pilastras y columnas jónicas adosadas a ellas y dos alas salientes, los paraskenia, que cerraban sus flancos.   
            
     Aunque el resultado es aparentemente simétrico, para lograr esta perfección visual fueron necesarias sutiles variaciones geométricas y numéricas. Así, se pueden detectar pequeñas diferencias en la anchura de los sectores o en la curvatura de las gradas del semicírculo, que se abren imperceptiblemente en los bordes de la cávea.
            
     El teatro ofrece una acústica inmejorable. Desde la fila más alejada se puede oír perfectamente lo que se dice en el escenario; la vista, además, es magnífica desde cualquier asiento del teatro.
           
     Estuvo desaparecido hasta finales del siglo XIX y fue un viajero inglés el que reveló el plano de las ruinas. Precisamente fue en este mismo lugar donde se proclamó la independencia de Grecia en 1822.
      MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE

Las Materias primas en España

Se considera materia prima al material en bruto de origen mineral, animal o vegetal que será transformado en las industrias para producir un producto elaborado o semielaborado.
1.     Materias primas minerales. La producción de materias primas minerales en España hoy no es muy importante, ya que, en general, los yacimientos son de baja calidad, con discontinuidad en los filones, a mucha profundidad; por lo que hay que importar muchos de ellos, teniendo como consecuencia una balanza comercial deficitaria. Podemos clasificarlos en :
v Minerales energéticos: son el carbón, los hidrocarburos  y el uranio; su producción es insuficiente salvo la de uranio que nos cubre la demanda nacional con importantes yacimientos en Badajoz y Salamanca.
v Minerales metálicos: han sido los minerales más importantes de la explotación minera española tradicional. Destacan el hierro, cobre, cinc, cromo, estaño, bauxita, plomo, mercurio, níquel, titanio, oro, plata...Proceden de las zonas más mineralizadas del zócalo herciniano y de sus rebordes montañosos, y aunque tenemos una producción variada, seguimos importando de la mayoría de ellos (no importamos de mercurio, cinc, plomo)
v Minerales no metálicos: existe una variada producción que normalmente genera excedentes. Entre los más destacados se pueden señalar la arcilla, flúor, feldespato, caolín, sales... (muchos de ellos se emplean para industrias químicas y de  farmacia). Se localizan en el litoral mediterráneo, depresión del Ebro, Cantabria.
v Productos de cantera: son muy variados y podemos incluir aquí los mármoles (son un producto deficitario), calizas, granitos, pizarras, yesos. Se localizan en Andalucía, Galicia, Cataluña, Valencia y Castilla León.
2.     Materias primas de origen vegetal. Son la madera (para la industria papelera y del mueble), algodón y lino (para la industria textil), todas ellas deficitarias por lo que debemos importar un porcentaje elevado de nuestro consumo. También podemos incluir en este grupo de materias primas los productos hortofrutícolas de la industria agroalimentaria.
3.     Materias primas de origen animal. Son la lana (para la industria textil y somos autosuficientes), el cuero, la leche de la que se obtiene la caseína que se utiliza para industrias químicas (de ambas importamos), pescado (industria alimentaria).
MANUAL DE GEOGRAFÍA

Templo de Atenea Nike

             Es otra obra maestra del orden jónico. Dedicado a Atenea Nike, fue trazado por Calícrates, que ya había colaborado en el Partenón y construido  entre el 427 y el 424 a.C., a la entrada de la Acrópolis, inmediatamente después de los propileos o puertas. Vulgarmente se le conocía también con el nombre de templo de la Nike Aptera, o Victoria sin alas, por la estatua de Atenea que en él tenía asilo.  Es de reducidas dimensiones, 8'27 m. de largo por 5'44 m. de ancho y 4 m. de altura. Conmemora la victoria de los atenienses sobre el ejército persa en la trascendental batalla de Salamina a mediados del siglo V antes de Cristo, aunque las obras comenzaron unos treinta años después por orden de Pericles, gobernador de Atenas y una vez iniciadas las guerras del Peloponeso, que enfrentarán a espartanos y atenienses además de otras polis partidarias de uno u otro bando.
            Orientado hacia el este, por donde sale el Sol -símbolo divino-, ocupa un lugar estratégico en la disposición de la Acrópolis. Así, al entrar en el gran recinto por la Via Sacra, este edificio es el primero que se observa si dirigimos nuestra mirada a la derecha, y su presencia inspira solemnidad al visitante. Tetrástilo (cuatro columnas en la fachada), anfipróstilo (columnas en ambas fachadas: principal y posterior) de orden jónico, es decir, columnas con basa, fuste estriado y capitel decorado con volutas que imitan la caída de los cabellos rizados femeninos y que se enrollan suavemente sobre el fuste. El entablamento está compuesto de un arquitrabe con tres franjas que aumentan de tamaño a medida que se superponen la una sobre la otra, un friso con relieves continuos y una cornisa sobre la que se elevaba el frontón, con sus acróteras y el tímpano. El edificio estaba coronado por una cubierta a dos aguas.
            Su interior se reduce a una minúscula cella, con dos pilastras entre las antae y ninguna pared intermedia. El edificio se cerraba, como hoy en día, por medio de una reja de bronce. Este templo se conservó intacto hasta fines del siglo XVII, cuando los turcos lo desmontaron para aprovechar sus materiales en una obra de fortificación. En el siglo pasado y en el presente ha sido reconstruido con mínimos errores. 
            El friso escultórico fue erigido hacia 421 a de C. En la parte oriental figura una asamblea de dioses, Atenea entre ellos, y en las restantes, luchas de griegos contra persas y de griegos contra griegos, todos ellos en violentísimo movimiento. Sus altorrelieves muestran a la diosa Victoria inmersa en acciones tales como llevar un toro al sacrificio o, simplemente, abrochándose las sandalias, aptitud un tanto vulgar al tratarse de una diosa, pero de una especial belleza por el tratamiento de los pliegues, en donde observamos la técnica de los paños mojados introducida por Fidias.
      Manuales de Arte. Adaptado por R.R.C.

jueves, 16 de mayo de 2013

El Acueducto de Segovia

     Una curiosa y vieja leyenda sobre el acueducto de Segovia forma parte del folclore popular. Cuenta: que una niña pobre tenía que subir todos los días a por agua a lo alto de una colina y bajar campo a través con el cántaro lleno, lo que le suponía un gran esfuerzo. En esta situación tan monótona y desesperada solicitó al mismísimo demonio que hiciese algo para ayudarle, a cambio, se pondría inmediatamente a su servicio. Se comprometió con la niña a construir un acueducto en sólo una noche, que hiciese innecesario tan pesado viaje, tenía que estar acabado antes de amanecer un nuevo día. Un ejército de diablillos acompañaron al demonio a construir el acueducto con un gran estruendo durante toda la jornada nocturna, con el ir y venir cargados de material y colocándolo rápidamente en su sitio. Cantó el gallo, señal de que la noche había llegado a su fin y…. quedaba una piedra por poner. Luego, el demonio perdió la apuesta y no poseyó a la niña. En el hueco que quedó se encuentra ahora la estatua de la Virgen de la Fuencisla.
           
     Labrado todo el acueducto en granito, tal vez ninguno le supera en elegancia y grandiosidad, y asombra el pensar que obra tan gigantesca se edificara para proveer de agua a una ciudad seguramente bastante pequeña. Es uno de los monumentos más significativos y mejor conservados que nos legaron los romanos en la Península Ibérica. Mide unos setecientos metros de longitud y unos treinta de altura máxima. Consta que existe en el siglo I, y, al parecer, es de tiempos de Augusto, aunque otros autores, lo datan de época de Nerva o Trajano a principios del siglo II.
     El Acueducto consta de dos arquerías superpuestas, la inferior de 44 arcos y la superior de 119. Son arcos de medio punto con luz variable, aunque aparecen también peraltados ligeramente, apuntados y algunos carpaneles como consecuencia de las reconstrucciones llevadas a cabo, la primera de ellas en tiempos de los Reyes Católicos. No podemos olvidar, por lo sorprendente del hecho, que tanto los arcos inferiores como los superiores se sujetan sin la utilización de ningún tipo de argamasa, ni nada por el estilo, simplemente por el equilibrio entra las fuerzas y los pesos de sus piedras. Increíble, pero cierto  
    
     En el tramo principal del Acueducto, el piso inferior de la arquería se adapta a las variaciones del terreno y los pilares aumentan su grosor de manera escalonada de arriba a abajo. Los arcos tienen una luz aproximada de 4'50 m. y las enjutas se completan con sillares generalmente en cinco hiladas que se coronan con otra más ancha, cuyo vuelo forma una cornisa, que sólo se conserva en la parte central.
    
     El segundo piso consta de 119 arcos con pilares iguales, con una altura de 4 m. hasta la cornisa superior. Los arcos tienen 5'10 m. de luz  y las enjutas aparecen formadas por tres hiladas de sillares. Hay que destacar también el sotabanco formado por tres hiladas de sillares con cornisa y el pilar central que aparece recrecido con nichos para esculturas, que constituyen las únicas variaciones estructurales que aparecen en esta zona, que es la más característica del acueducto segoviano.
    
     El Acueducto de Segovia puede relacionarse con los arcos de triunfo, que repiten este mismo esquema de arcos-pilares coronados por áticos. Así los tres pilares de mayor altura de la parte central presentan la imagen de un arco conmemorativo con todos sus elementos, lo que subraya aún más claramente la idea de monumentalidad y grandiosidad de la construcción.
    
     Supone la realización de una obra ciclópea que se integra en su marco natural, adaptándose al terreno, es decir, una obra urbana que se integra en la naturaleza. Se adapta rítmicamente a las pendientes del terreno, cumpliendo cada arquería su función precisa.
    
     En 1992 se tomó una decisión importante con vistas a su mejor conservación: se prohibió la circulación de vehículos por debajo de los arcos, con la cual, se evitaron accidentes y disminuyó el nivel de contaminación muy perjudicial para la piedra. A día de hoy, continúa siendo el monumento más representativo de la ciudad de Segovia. Sin olvidar la ingente cantidad de construcciones que merecen nuestra atención cuando tenemos el privilegio de pasear por sus calles y contemplar las iglesias románicas de bellísima factura que nos vamos encontrando cada pocos metros.
     Manuales de Arte. Adaptado por R.R.C.

miércoles, 15 de mayo de 2013

La escuela sumeria

     Desde el tercer milenio antes de Jesucristo en las ciudades- estado sumerias existían las edubba, que vendría a significar “casa de las tablillas”, término utilizado para referirse a la escuela, en donde se trataba de enseñar y difundir los conocimientos que entonces se tenían. La enseñanza no era obligatoria, ni mucho menos gratuita, sólo para aquellos niños y jóvenes que pudieran pagársela. Se enseñaba fundamentalmente el arte de la escritura cuneiforme y aritmética, materias muy necesarias para adquirir la prestigiada condición de escriba, que permitía trabajar al interesado al servicio del Estado, de un templo, o de un rico particular que necesitara de su asistencia. El horario escolar era extenso, pues se prolongaba desde la mañana temprano hasta la tarde, y las sesiones de trabajo eran duras y disciplinadas, con severos castigos corporales si al juicio del maestro o de sus ayudantes, los alumnos no seguían sus indicaciones y hacían lo correcto. El período de escolarización duraba unos doce años y, después de los cuales el joven se convertía en un escriba profesional. Los escribas eran los hijos de los ciudadanos más ricos de las comunidades urbanas. No consta ni una sola mujer como escriba, hay que esperar a la época babilónica hacia el 1800 antes de Cristo para encontrarlas.
     En las edduba se enseñaba a manejar el cálamo, que consistía en una caña hueca cortada oblicuamente en uno de sus extremos, y se obtenía del tallo de una planta o de una pluma de ave, y con ella escribían en una tablilla de arcilla húmeda. Con el descubrimiento en la ciudad de Uruk de tablillas que llevan listas de palabras con el posible objetivo de memorizarlas, hay quién deduce que en el año 3000 antes de Cristo ya había escribas que pensaban en términos de enseñanza y de estudio. Pero hubo que esperar unos quinientos años para que apareciesen cierto número de escuelas por toda Sumer, en donde se enseñara la práctica de la escritura. A principios del siglo XX, ya se descubrieron un número importante de “tablillas escolares” en una vieja ciudad sumeria, con una antigüedad de cuatro mil quinientos años aproximadamente. No obstante, la mayoría de las tablillas de barro cocido que aparecen en las excavaciones son de carácter económico y administrativo, lo cual es indicativo de la gran cantidad de escribas que había dedicados a estos a estos menesteres, y la facilidad que tenían los mismos para encontrar trabajo.
     Hasta que no llegamos al segundo milenio antes de Cristo, no encontramos información en los textos que nos han llegado sobre el sistema educativo sumerio, su organización, o los métodos que utilizaban. Sin embargo, en esta época aparecen tablillas escritas por los alumnos, que vendrían a ser los deberes que estaban obligados a realizar y que los especialistas suponen que formaban parte de sus tareas escolares diarias. Estos ejercicios varían desde los típicos garabatos de los más pequeños, hasta los signos mejor escritos. Así que, lo que podríamos considerar estos primigenios cuadernos, nos informan sobre los métodos pedagógicos de las escuelas sumerias y sobre sus programas educativos. Además, los maestros sumerios eran proclives a dejarnos por escrito como se desarrollaba la vida escolar y nos transmiten una valiosa información de cómo era la escuela sumeria, sus tendencias, sus objetivos, sus maestros, sus estudiantes y sus métodos de enseñanza. Algo completamente excepcional y único si tenemos en cuenta el período al que nos estamos remontando, prácticamente cuatro mil años hacia atrás en la historia del hombre.
     Las primeras escuelas sumerias se dedicaban a la formación de escribas, en previsión de sus futuros trabajos como administradores de los templos o funcionarios de Palacio. Pero más tarde, se transformaron en centros de cultura y el saber sumerio, en donde se formaba en las distintas ramas del conocimiento: botánica, zoología, mineralogía, geografía, matemáticas, gramática, etc. Además, con el paso del tiempo fue adquiriendo un carácter más laico, a la vez que se separaba de los templos. Había alumnos que consagraban su vida a la enseñanza y el estudio.
     A la cabeza de la escuela se encontraba el ummia, el profesor, que recibía el título de “padre de la escuela”, que equivalía al cargo de Director. Contaba con la ayuda de un auxiliar que se le denominaba “gran hermano” (nada que ver con el famoso programa televisivo que, dicho sea de paso, no se me ha ocurrido ver en mi vida) y los alumnos, que eran llamados “hijos de la escuela”, quiero pensar que era la forma más habitual de referirse a ellos. Había, además, vigilantes encargados de controlar la asistencia y la disciplina (las amonestaciones que empleaban era el látigo, mucho más convincente que un parte por escrito). Respecto a la cuestión económica, “el padre de la escuela” se encargaría de cobrar el montante del proceso educativo y, éste, de suministrarle el salario a los subalternos (pensando que no era un "chorizo", por supuesto).
     En cuanto al aspecto que tendría una escuela en estos tiempos tan remotos, parece ser, que contaban con una o dos habitaciones, equivalentes a nuestras aulas actuales, y contenían varias filas de bancos fabricados con adobe, en donde podían sentarse entre uno y cuatro alumnos. Debo de advertir que, como el Partido Popular siga con la política de recortes, las escuelas públicas de ahora van a terminar envidiando a las sumerias.
     R.R.C.

lunes, 13 de mayo de 2013

El primer lameculos de la historia del que tenemos noticia


     Contaré unas anécdotas previas antes de meterme de lleno en averiguar quién pudo ser el primer lameculos de la historia. 

      La primera de ellas tuvo lugar en uno de los pasillos de la Universidad, cuando nos encontrábamos allí un grupo de alumnos descansando entre clase y clase. Un profesor  se nos acercó y nos dijo “me sé el nombre de todos menos el tuyo”, refiriéndose a mí, naturalmente. Todavía no me explico cómo me sucedió, pero contesté: “no merezco tan alto honor”, simplemente pensé en voz alta. No quería decirlo, pero se me escapó. Lógicamente, el profesor me pidió explicaciones y siento decir que no recuerdo como salí de ese embrollo. Pero si sé por qué lo dije, pues pensaba que era el único de los allí presentes que no le había hecho la pelota, y es más, ni pensaba hacérsela. Ni a ese, ni a ningún otro profesor. Motivo por el que no sabía mí nombre.   

    Por esa misma época, otro profesor de la Universidad tuvo un hijo, una muy buena noticia para celebrar, sin duda, por él mismo, familiares y allegados. ¡Ah! se me olvidaba, y por los aduladores que, prestos, formaron un comité de recogida de dinero para comprar una medallita de oro para el bebé y celebrar también nosotros el feliz acontecimiento. Tocamos a tres euros cada uno, quinientas pesetas de la época, que eran para mí, una suma considerable, pues era lo único que disponía para pasar la semana con la que entonces era mi novia que con el tiempo se convertiría en mi mujer. Pero esto no fue lo peor, ya que me sentí comprometido a asistir al bochornoso espectáculo de entrega de la medalla, con discurso del lameculos principal incluido. Menos mal que me pude situar en un discreto lugar y pasar lo más desapercibido posible. Poco después, otra profesora, compañera del anterior, tuvo un hijo y nadie dijo de regalarle nada. Por la sencilla razón de que ésta no se dejaba adular y su relación con los alumnos era, en mi opinión, correcta. En honor a ella debo decir que era una brillante profesora donde las haya de la que guardo un grato recuerdo.
      
     Un capítulo aparte* merecerían esos “arrimaos” que se van quedando en la Universidad, porque no saben ir a ninguna otra parte y a base de ejercer como pelotas se hacen un hueco, a la espera de que se convoque una plaza expresamente para ellos y que un tribunal de amiguetes sea el encargado de concederla. Cualquier otra oposición, serían incapaces de aprobarla. Encima, van de intelectuales por la vida. ¡Hay que fastidiarse! Un compañero mío de trabajo me confesó hace ya varios años que se encontraba muy nervioso, porque su mujer llevaba muchos cursos como ayudante en una Facultad de Murcia, se presentaba esa misma mañana para conseguir una plaza fija, y que la calificación se expondría en la puerta del Departamento al que optaba esa misma tarde. Además, me confirmó, que parte del tribunal estaba integrado por compañeros suyos. Le pregunté qué cuantos se presentaban, y me contestó que: “ella sola, pero siempre podría ocurrir algo”. No se preocupen, no ocurrió nada y obtuvo su “merecida” plaza. 
     
      Bien, retomando el título de la entrada, veremos como la historia si no se repite del todo, sí lo hace al menos en parte, como se demuestra en el estudio de un curioso texto que tiene una antigüedad de más de cuatro mil años y cuyos fragmentos escritos en una tablilla, en escritura cuneiforme, han sido traducidos. El sumerólogo y gran erudito en historia de Mesopotamia Samuel Noah Kramer, en su conocido libro: La historia empieza en Sumer, narra la crónica del primer pelotilla oficial del que se tiene noticia. Es un ensayo sumerio, compuesto por un maestro de escuela anónimo, de la vida cotidiana de un estudiante. En él nos informa con palabras sencillas hasta qué punto la naturaleza humana, en opinión de Kramer, ha permanecido inmutable desde hace miles de años.
      
     El estudiante sumerio de quién se habla en el ensayo teme llegar tarde a la escuela y que el maestro lo castigue por esto. Al despertar apremia a su madre para que rápidamente le prepare el desayuno. En la escuela, cada vez que se porta mal, es azotado por el maestro o uno de sus ayudantes (que no se preocupen los padres con niños que eso ahora no pasa, más bien al revés). En cuanto al salario del maestro era tan escaso como lo es hoy en día (ya sé que mucha gente piensa que ganan mucho, no hacen nada y tienen demasiadas vacaciones, el problema es que no es verdad, recuerden que el presidente del Gobierno español Zapatero ya les bajó el sueldo y el Ejecutivo del Partido Popular se lo congeló, le aumentó la jornada laboral y le quitó la paga extra entre aplausos de sus diputados). En esta situación de escasez económica, el maestro aprovechaba cualquier ocasión de mejorar con algún suplemento por parte de los padres.
     
      El texto en cuestión comienza con esta pregunta directa al alumno: ¿Adónde has ido desde tu más tierna infancia? Él responde: he ido a la escuela. El autor insiste: ¿qué has hecho en la escuela? Acto seguido viene la respuesta del alumno, que ocupa más de la mitad del documento y en esencia dice: “he recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado; después me han indicado mi recitación y, por la tarde, me han señalado mi ejercicio de escritura. Al terminar la clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado con mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla, y mi padre se ha quedado muy contento… Al día siguiente, muy temprano me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela”. Mi madre me lo ha dado y me he puesto en camino. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: “¿por qué has llegado tarde?” Asustado y con el corazón que se me salía por la boca, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia.
    
      De nada le sirvió, pues ese día tuvo que aguantar el látigo varias veces, castigado por uno de sus maestros por haberse levantado en la clase, castigado por otro por haber hablado o por haber salido indebidamente por la puerta grande. Y encima el profesor le dice: “tu escritura no es satisfactoria”, por lo que tuvo que sufrir un nuevo castigo. En fin, todo esto fue demasiado para el chico, ¡lo que hubiese ganado si no hubiera ido a la escuela ese día! En consecuencia, insinuó a su padre que tal vez fuera una buena idea invitar al maestro a la casa y suavizarlo con algunos regalos. Lo cual constituye un acto de adulación en toda regla y del que tenemos noticia por primera vez.
    
      El padre dio la razón a su hijo (como tantas veces ocurre hoy en día, la tenga, o no), pero en este caso invitaron al maestro a casa del alumno y nada más entrar lo sentaron en el sitio de honor. El muchacho le sirvió y le rodeó de atenciones y de todo lo que había aprendido sobre escritura hizo ostentación ante su padre. El progenitor no se quedó corto, ofreció vino al maestro y le agasajó, le vistió con un traje nuevo, le ofreció un obsequio y le puso un anillo en el dedo. Conquistado por tanta generosidad, ahora el maestro tomó la palabra y empezó a hacer comentarios elogiosos al alumno, entre otros, deseándole que pudiera conseguir el más alto rango entre los escolares. Afirmaba que cumplió bien sus tareas académicas y que se había transformado en un hombre de saber. Con estas entusiastas palabras por parte del maestro termina el ensayo, redactado en escritura cuneiforme sobre arcilla. De esto hace, más de cuatro mil años.
    
      Por último, hay que decir que esta pequeña obra tuvo que ser muy popular in illo tempore, como prueba el hecho de haber encontrado más de veinte copias de la misma, repartidas por distintas ciudades del mundo. Y pregunto: ¿cuántos lameculos habrá entre los políticos españoles? Incalculable.

*Lógicamente no me refiero a todas aquellas personas valiosas que se quedan en la Universidad, pero sí, a un número considerable de pelotas y pelotillas que habitualmente hay. Esos que para rellenar sus currículums no paran de publicar artículos, articulillos y librillos que a nadie interesan, salvo a sus alumnos a los que obligan a leerlos y comprarlos, según el caso.
Nota: La imagen que encabeza el texto la he obtenido de Internet, aunque no aparece firmada, todo indica que su autor es Forges.
      R.R.C.

sábado, 11 de mayo de 2013

El Diluvio Universal


     Cualquier lector atento de la Biblia habrá podido comprobar cuando llega al capítulo sexto, en donde comienza la narración del conocido Diluvio Universal y que se prolonga dos capítulos más, que en verdad no está leyendo una sola historia del mismo suceso, sino, que en la práctica hay dos versiones entrelazadas y paralelas entre sí, hasta el punto que podríamos separarlas y serían completas en sí mismas, evidentemente escritas por autores distintos y juntadas finalmente por un redactor que ha conservado ambos relatos, respetando lo que dice cada uno y sin molestarse en limar las diferencias, o posibles contradicciones, que se pudiesen encontrar. Una de ellas se identifica con el autor o autores de la fuente J o yahvista, por referirse a Dios como Yahveh; y la otra con la fuente P o sacerdotal, que siempre se refiere a la divinidad llamándola Dios (1). La primera se encuentra más rica de colorido y de vida, mientras que la segunda es más precisa, más pensada y sin adornos, que la hace más distante. También difieren en detalles de lo que se narra, por ejemplo; P dice que el diluvio duró un año de 370 días y J que fueron cuarenta días y cuarenta noches; P dice que Noé envió un cuervo y J dice que fue una paloma, etc.
     Fue una sorpresa general cuando en el siglo XIX se tradujo la tablilla 11, una de las que integran el Poema de Gilganesh descubierto en la biblioteca del rey Asurbanipal, y trasladado al Museo Británico. En la que se narraba un diluvio universal con sorprendentes coincidencias con el ya conocido a través de la Biblia. Parte de los estudiosos, digámoslo así, quedaron descolocados. Después de los primeros momentos se empezó a reconducir la situación planteada, en la que parecía que el pasaje bíblico perdía su originalidad y exclusividad. Sencillamente, se hizo necesario hacer un nuevo replanteamiento del tema a la luz de los nuevos descubrimientos. Hay que decir también, que el asunto del diluvio aparece en el principio de, prácticamente, todas las religiones de la Tierra, al igual que ocurre con la idea sobre la existencia de un paraíso terrenal, lo cual no es incompatible con el hecho de que los narradores bíblicos den a estos temas una dimensión diferente, y que sólo hallamos en la Biblia.
     En excavaciones llevadas a cabo en ciudades de la antigua Mesopotamia durante el siglo XX se han hallado estratos que se corresponden con distintos períodos, y que señalan la presencia de capas de arcilla que indica importantes inundaciones, pero todas ellas tienen un carácter más o menos local y, lógicamente, nunca universal, pero sólo una de ellas, como advierte J. Pleiss, recogido por el profesor Lara Peinado en su libro Poema de Gilgamesh, tuvo que ser de tal magnitud, que diese lugar a la idea de un diluvio (para ellos universal), posiblemente con el desbordamiento de los ríos Tígris y Éufrates, que dio lugar a la formación de una leyenda de carácter mítico o religioso, que se reflejó en los textos mesopotámicos y que más tarde, recogida la creencia por Moisés, fue incorporada al Génesis.
     El arqueólogo francés André Parrot, ya fallecido, centró su labor en lo que se ha venido llamando el “Creciente Fértil”, una amplia zona que abarca desde Egipto y la costa mediterránea de Asia hasta el Golfo Pérsico. Centralizó sus investigaciones en la ciudad sumeria de Mari, y es todo un experto en sumeriología. En una de sus obras señala que el parentesco de los distintos textos aparecidos en la antigua Mesopotamia con el texto bíblico sobre el diluvio es innegable. Y nos indica algunas de las semejanzas más destacadas, vamos a ello:
     Génesis: Yahveh decide destruir la humanidad a Causa de la maldad del hombre.
    Mesopotamia: los dioses deciden destruir la humanidad, a causa de sus faltas.
    Génesis: Yahveh advierte a Noé, y le manda fabricar una nave.
    Mesopotamia: Ea (Enki) advierte a Utnapishtim (Ziusudra) y le manda fabricar una Nave.
    Génesis: este barco se llenará de animales, para que la raza sea conservada sobre la Tierra.
    Mesopotamia: este barco se llenará de animales y de simiente de toda vida.
    Génesis: el diluvio llega. Yahveh ha borrado a todos los seres que se hallaban en la superficie    del suelo.
    Mesopotamia: el diluvio llega. Toda la humanidad es devuelta al barro.
    Génesis: Noé se da cuenta de la baja de las aguas soltando aves (cuervo, paloma).
    Mesopotamia: Utnapishtim se da cuenta de la baja de las aguas soltando aves (paloma, golondrina, cuervo).
    Génesis: Noé edifica un altar y ofrece un sacrificio a Yahveh.
    Mesopotamia: Utnapishtim ofrece un sacrificio a los dioses.
    Génesis: Yahveh aspiró el olor agradable.
    Mesopotamia: los dioses sintieron el buen olor.
    Génesis: Yahveh cesa de maldecir a los hombres (fuente J).
    Mesopotamia: Enlil se reconcilia con Utnapishtim.
    Génesis: Yahveh bendice a Noé y a sus hijos (fuente P).
    Mesopotamia: Enlil bendice a Utnapishtim y a su mujer.
     Las semejanzas no dejan lugar a dudas. Ahora cabría preguntarse: ¿Qué narración sirvió de base a la otra? La respuesta es sencilla: la más antigua, o sea, la sumero-babilónica, ya que la bíblica es bastante posterior, la fuente J fue escrita hacia el siglo VIII y la fuente P, como muy pronto, en el VI, ambas anteriores a Cristo. Mientras que las versiones mesopotámicas más antiguas se remontan al tercer milenio antes de nuestra era. Como dice Parrot, esta cuestión puso nerviosos a ciertos exégetas por si pudiese afectar a la doctrina de la inspiración divina, pero no tiene porqué, pues queda salvaguardada si consideramos que el relato bíblico del diluvio, nos ofrece la versión israelita de una tradición mesopotámica, y que ha sido utilizada por los escritores bíblicos a la luz de su religión monoteísta. Bastaría recordar que los patriarcas, empezando por Abraham, emigraron desde Mesopotamia a Canaán, pudiendo llevar con ellos esta historia del diluvio y otras que aparecen en los primeros once capítulos del Génesis, y que los escritores hebreos nunca ocultaron esta realidad.

(1) En otra entrada de este mismo Blog fechada en abril de 2013 titulada “El Pentateuco”, encontrará el lector, si lo desea, una explicación más detallada sobre el tema de las distintas fuentes que componen los cinco primeros libros de la Biblia.
      R.R.C.