martes, 17 de noviembre de 2015

Templo egipcio de Debod en Madrid

     No hace falta ir a Egipto para visitar un auténtico templo egipcio, ni siquiera salir de España, ya que en el mismo centro de Madrid podemos encontrar un precioso edificio  del año 200 antes de JC, erigido por el faraón Ptolomeo IV Filópator, dedicado al dios Amón en Debod a orillas del rio Nilo próximo a la primera catarata, muy cerca del trópico de Cáncer, que hubiera quedado bajo las aguas de la presa de Asuán de no haber sido rescatado. Fue donado a España por su colaboración en el rescate de templos que iban a quedar sumergidos como consecuencia de la construcción de la gran prensa, entre los que destaca el de Abu Simbel. Desde la explanada del templo de Debod, la construcción más antigua de Madrid, se tienen unas excelentes vistas sobre la Casa de Campo, la catedral de la Almudena y el Palacio Real.
     El núcleo arquitectónico del santuario es la parte más antigua conservada del templo y se encuentra en buen estado. Esta capilla está consagrada, desde su inicio, al dios Amón de Debod. Pilonos o portales de acceso a través de la vía procesional, preceden al templo y, una vez atravesados, estamos ante la fachada principal. Constituida por cuatro muros intercolumnios hasta media fachada, con cuatro columnas de fuste monolítico, dos capiteles papiriformes acabados y otros dos inacabados. Una vez atravesada la puerta de entrada, nos encontramos con un vestíbulo sostenido por columnas, como vimos anteriormente, que da acceso directo a una capilla y, siguiendo la simetría típica de estos santuarios, también se accede a una sala, así como a un corredor y a la escalera de subida a la planta superior, donde se encuentran la capilla Osiriaca y la Terraza. A ambos lados de los pilonos y precediendo a la capilla, se encuentra un estanque que vendría a recordarnos el río Nilo, lugar de su emplazamiento original. Finalmente, y tras dos intensos años de trabajo y esfuerzo en la reconstrucción del monumento, el día 18 de julio de 1972 fue inaugurado el Templo de Debod por el entonces alcalde de Madrid Arias Navarro.
     Afortunadamente, un artista de estilo romántico británico del siglo XIX, David Roberts, visitó Egipto y pintó numerosas construcciones de época faraónica, entre las que se encuentra este maravilloso templo en su estado original, tal y como lo vio él hace más de 170 años, reproducido sobre estas líneas.
     R.R.C.
Nota: Fotos del autor

domingo, 1 de noviembre de 2015

La primera bajada de impuestos que se conoce


     Veinticuatro siglos antes de que naciera Jesucristo, en la ciudad-estado de Lagash, en la antigua región de Mesopotamia, alcanzó el trono real y gobernó durante unos diez años Urukagina. Previamente tuvo que desalojar del poder al anterior rey Lugalanda, que ayudado por su esposa y un gran número de sacerdotes, cometieron toda clase de tropelías y abusos contra el pueblo indefenso, cargándolo de impuestos difíciles de asumir. En esta situación de enormes dificultades y atropellos de los más poderosos contra los más débiles, hace su aparición el nuevo rey, que, trató de dar la vuelta a la situación con todos sus medios, para lo cual elaboró un código legal, prácticamente el más antiguo que se conoce. Lamentablemente, no nos ha llegado su texto, pero se sabe de él gracias a las referencias y citas encontradas en otros documentos cuneiformes (la escritura de la época). En esencia, este código suponía una reforma social en la práctica, en el que se trataba de dotar a la sociedad de un mayor nivel de libertad y sobre todo de igualdad. En definitiva, de favorecer a los más débiles y de protegerlos de la prepotencia de los poderosos.
     
     Samuel Noah Kramer fue una de las principales autoridades en historia de Sumeria. La fama le llegó gracias a su labor de recopilación de historias sencillas, tal y como aparecían en las tablillas cuneiformes, publicadas en su obra de divulgación  La historia empieza en Sumer. Libro muy ameno, claro y entretenido, en el que narra historias de diferentes hechos de los que por primera vez se tiene noticia. Entre estas historias destaca la que lleva por título el mismo que aparece acompañando estas líneas y, como protagonista, el compasivo gobernante.
     
     Siguiendo la mencionada obra de Kramer, a Urukagina pertenece el honor de haber restablecido la justicia y de haber devuelto la libertad a los ciudadanos oprimidos. Bajó todos los impuestos y eliminó los más sangrantes. Destituyó a inspectores y recaudadores de impuestos que ya no hacían falta. Además, puso fin a la explotación y a los malos tratos de que eran objeto los pobres por parte de los ricos, como podemos ver en el siguiente ejemplo: «La casa de un hombre humilde era vecina de la casa de un hombre "importante", y el hombre "importante" le decía: "Quiero comprártela." Si al hombre "importante", que estaba a punto de comprar la casa, el hombre humilde le decía: "Págame el precio que yo considero razonable", y si el hombre "importante" no se la compraba, este hombre "importante" no debía vengarse del hombre humilde.». Limpió, igualmente, toda la ciudad de usureros, de ladrones y de toda clase de criminales. Tampoco permitió que las viudas ni los huérfanos fuesen víctimas fáciles de los «hombres poderosos».
    
       Por desgracia para la ciudad de Lagash, este buen rey sólo estuvo en el poder diez años, hasta que Lugalzagesi, rey de Umma, la tomó por la fuerza y unificó por primera vez toda la región de Sumer. Acabando de esta manera con la etapa de reformas  populares, de las que no sabemos nada sobre la eficacia y utilidad de las mismas. De la gran derrota que le infligió la ciudad rival del norte, Lagash ya no se repondrá jamás. A otros reformadores posteriores también les ocurrió lo mismo, y fueron borrados de la historia  por otros gobernantes con menos escrúpulos, con el único pensamiento de servirse a ellos mismos y a su horda, olvidándose de todos los demás. Sin embargo, las reformas de Urukagina y sus consecuencias sociales, no dejaron de causar una profunda impresión en los antiguos «historiadores».

      R.R.C.

domingo, 25 de octubre de 2015

LOS VASOS CANOPOS

     Elaborados para conservar las vísceras lavadas y momificadas del fallecido en el Antiguo Egipto, estaban colocados en una caja que se transportaba junto con el sarcófago para ser depositados en su tumba el día del entierro. Los primeros de estos recipientes se encuentran ya en el Imperio Antiguo hacia la mitad del tercer milenio antes de J. C. Eran muy sencillos y sin inscripciones; hechos en piedra caliza. Más adelante, ya empiezan a emplearse otros materiales para su fabricación como cerámica o madera, por ejemplo. Además, sus tapas empezaron a relacionarse con los hijos del dios Horus, y tuvieron un gran desarrollo a partir del Imperio Nuevo. Posteriormente cayeron en desuso, para volver a resurgir con fuerza durante la Época Baja a partir del siglo VII antes de J.C.
     Eran cuatro los recipientes en donde se depositaban las vísceras del difunto momificado:
     1º.- El hígado quedaba depositado en una vasija llamada Amset, y la tapa tenía forma de cabeza humana. La diosa Isis se encargaba de su protección y se debía de orientar al sur.
     2º.- Los pulmones quedaban depositados en una vasija denominada Hapy, y la tapa tenía forma de cabeza de simio. La diosa Neftis se encargaba de su seguridad y se tenía que orientar al norte.
     3º.- Los intestinos se guardaban en una vasija designada Kebeshenuef, y su tapa consistía en una cabeza de halcón. La diosa Selkis se encargaba de protegerla y tenía que estar orientada al oeste.
     4º.- El estómago estaba contenido en una vasija cuya tapa representaba la cabeza de un chacal, y se nombra Duamutef. La diosa Neit se encargaba de ampararla y debía estar orientada al punto cardinal que nos falta, o sea, hacia el este.
     No siempre las tapas de los vasos canopos adoptaban estas formas descritas. Sirva de ejemplo, los recipientes que contenían las vísceras de Tutankamón, que representan repetidamente el rostro del famoso faraón. Estaban en el interior de una caja de alabastro de casi 90 cm. de altura, colocada sobre un trineo chapado en oro y decorada con escritura jeroglífica negra. Los cuatro vasos y sus tapas en la que aparece con la cara pintada también de negro, son de un exquisito alabastro que contribuye a aumentar la calidad artística de todo el conjunto.
     En un arcón de madera lujosamente decorado con planchas de oro, fue guardada la caja que contenía los vasos. En los lados de esta especie de templete cuadrado aparecen las cuatro diosas ya mencionadas, con el objeto de reforzar la protección de las vísceras del joven faraón. Un trineo de madera dorado sirve de base a este vistoso templete.
Nota: Imágenes obtenidas de Internet.
    R.R.C.

sábado, 17 de octubre de 2015

La máscara de Psusennes I

     
     Cuando uno presencia en las vitrinas del Museo de El Cairo la máscara funeraria de Psusennes, no puede evitar la comparación con la de Tuntakamón. Es innegable el parecido de ambas; la del primero es magnífica, pero la del segundo es insuperable. Más de 300 años las separan*, además de las necrópolis en donde fueron descubiertas: una en Tanis (en el delta del Nilo); la otra en el Valle de los Reyes (situado en Tebas).
     La máscara de Psusennes está realizada en dos piezas de oro, soldadas y reforzadas con cinco clavos que podemos observar en su parte posterior. El precioso metal es la materia prima predominante en toda la obra, solo interrumpido por el lapislázuli empleado para remarcar sus cejas y grandes ojos almendrados, así como el tirante que usaban los faraones para sujetar la característica barba postiza. Para los ojos se utiliza piedra blanca y negra que llenan el rostro de vida. Una preciosa cobra realizada en oro recorre el nemes (tocado de tela que llevaban los faraones) y sobresale con una gran elegancia por encima de su frente. El amplio pectoral que vemos bajo su cuello, se resuelve con bandas cinceladas que representan motivos geométricos y hojas de loto muy estilizadas. Respecto a la barba postiza está decorada con simples incisiones que producen un efecto de entrelazado, se encuentra incrustada en la parte inferior de la mandíbula. Por último, las bandas que recorren la parte posterior del nemes convergen al final de su recorrido.
     
     Fue descubierta por el arqueólogo francés Pierre Montet en febrero de 1940, cuando estaba empezando la IIª Guerra Mundial, en el sarcófago de este faraón que reinó en el Bajo Egipto entre finales del siglo XI y principios del X antes de J.C. Así que, a pesar de la importancia del hallazgo, quedó un tanto olvidado, ya que el mundo tenía su mirada puesta en la guerra desencadenada por Hitler. Aún hoy, permanecen postergados tanto el descubridor como Psusennes I y, desde luego, su magnífica máscara.

*La de Tutankamón más antigua.

          R.R.C. 

domingo, 11 de octubre de 2015

Respaldo del trono de Tutankamón

    
      Nunca he presenciado tanta ternura y delicadeza en una escena de arte egipcio, sea relieve o pintura, como la que exhibe el respaldo del trono de Tutankamón. Esa mirada de complicidad entre el joven faraón y su delicada esposa desprende una dulzura contagiosa. Ese gesto protector de su mano derecha sobre el hombro izquierdo de su marido, al que está a punto de poner ungüento perfumado del recipiente que sostiene en su mano izquierda, contribuye aún más a transmitir amor, afecto y sensibilidad a la intimidad del momento. Si ahora detenemos nuestro examen en los pies de ambos, observaremos, que mientras Tutankamón solo calza su pie izquierdo, su esposa Anjesenatón hace lo propio en su pie derecho, símbolo inequívoco de que se complementan mutuamente. En fin, no encontramos en toda la etapa faraónica una representación de una pareja real tan enamorada como la que vemos en la imagen.

     Por otra parte, me gustaría hacer hincapié en las siguientes cuestiones técnicas como el gusto más que evidente por el detalle; la elegancia de la vestimenta y la transparencia de las telas, especialmente la de ella; los amplios y lujosos pectorales; sus elaboradas y llamativas pelucas, además de las piezas simbólicas que portan; y destacados brazaletes dignos de la realeza. Todo este conjunto de elementos, muestran el interés del artista egipcio por alcanzar la perfección en su obra. Para su consecución utiliza madera decorada con pan de oro, plata, vidrio y piedras de adorno como lapislázuli, cornalina y turquesa. Y, por último, advertir como el Sol situado en la parte superior inunda toda la composición de luz y energía, y aprovecha dos de sus rayos para introducir en las bocas de la feliz pareja el símbolo de la vida que, al final, no tuvieron. (De R.R.C. para Fina Pagán.)
   
      R.R.C.

viernes, 2 de octubre de 2015

Sargón I de Acad, un nacimiento e infancia mitológica

     Hace ya más de 33 años que cayó en mis manos un pequeño libro del Dr. Otto Rank, discípulo de Freud, aunque más tarde se separó de él. Titulado El mito del nacimiento del héroe, en donde se plantea el por qué coinciden casi a la perfección, las condiciones de nacimiento e infancia de multitud de mitos de culturas distintas y distantes en el espacio y en el tiempo que, en principio, no habían tenido contacto entre sí. El autor hace un breve repaso de cómo fueron estas circunstancias en  una serie de personajes: unos, que sí tuvieron una existencia real; y otros, fruto de la formidable imaginación humana. Sargón o Ciro serían un buen ejemplo de los primeros; Perseo o Edipo, una buena muestra de lo segundo.
     En esta entrada de blog me centraré en cuales fueron las condiciones de nacimiento e infancia del Rey Sargón, primera persona de la historia en fundar un imperio en el siglo XXIII a.C., desde el Elam (suroeste del actual Irán) hasta el Mediterráneo. En lo que parece ser una inscripción inspirada o redactada por él mismo de época asiria, del siglo VII anterior a nuestra era y, por lo tanto, muy posterior al personaje, nos informa de lo siguiente: Sargón, poderoso soberano Rey de Akad, hijo de una vestal y de un padre que desconozco; pero sé que su hermano vivía en las montañas. En Azupirani, ciudad situada a orillas del río Eúfrates, mi madre me dio a luz en un lugar oculto. Acto seguido, me colocó en un cesto hecho a base de juncos, cerrando su tapa con betún para impermeabilizarlo lo dejó flotando en las aguas del mencionado río, en el cual logré sobrevivir. La corriente me desplazó hasta Akki, en donde un aguatero me recogió en la bondad de su corazón y me adoptó como si fuese su propio hijo, para convertirme más tarde en su jardinero. Ejerciendo este oficio, me gané el amor de la diosa Ishtar, me convertí en el rey de los acadios y, como tal, goberné cuarenta y cinco años. Al no ser una traducción literal no he entrecomillado el texto, pero refleja fielmente su contenido.
     Bien, el Dr. Rank recoge una serie de teorías que tratan de explicar las coincidencias que muestra el nacimiento y la infancia de nuestro héroe, con otros personajes reales o ficticios, entre los cuales se encuentran los mencionados anteriormente. Las resume en tres:
     En primer lugar, expone la idea de puebl” propuesta por A. Bastian, la cual supone la existencia de pensamientos elementales, por lo que las coincidencias que observamos en los relatos mitológicos, se podrían explicar por la disposición uniforme de la mente humana, independiente de cualquier tiempo y lugar.
     Una segunda teoría recoge el origen común que tendrían todos estos relatos parecidos y que los encontramos por todo el mundo, es decir, surgirían en un lugar propicio en donde serían aceptados, para pasar después, sin demasiados problemas, a los pueblos más próximos, y así, sucesivamente hasta ser conocidos por toda la tierra, al menos, conservando sus rasgos fundamentales. R. Schubert adoptó por primera vez esta explicación a la hora de exponer la amplia distribución de los mitos de los héroes.
     En tercer lugar, nos encontramos con la teoría de migración o préstamo, la cual afirma que los mitos individuales se originan en pueblos concretos y más tarde son recogidos por otros pueblos a través de la tradición oral, o bien de influencias literarias, como podemos ver en la obra de E. Stucken.
     ¿Cómo interpreta el tema Otto Rank? Para él, los mitos no son elaborados por el héroe mismo, sino que son el producto de un pueblo de personas adultas, y más concretamente, por hacedores individuales del mito. En el fondo, le atribuyen al héroe su propia infancia magnificada y se identifican con él, reclamando para ellos, el mérito de haber sido también héroes en su pasado infantil, especialmente, cuando se enfrentaron con su padre como consecuencia del Complejo de Edipo (su primer acto heroico), descrito por su maestro Sigmund  Freud. En efecto, los mitos en general fueron creados por adultos, tras experimentar un proceso de regresión a sus propias fantasías infantiles, en donde se forjan y nutren las atribuciones que les conceden. Resumiendo, el inventor del mito describe su propia infancia fantaseada.

     R.R.C.   

martes, 1 de septiembre de 2015

El collar de María Antonieta

Reconstrucción del collar
     Conocido como Collar de la Reina, se le relaciona con María Antonieta, archiduquesa austríaca y caprichosa esposa del Rey de Francia Luís XVI, descendiente de Luís XIV, motivo por el cual alcanzó tan alto honor. Ambos fueron víctimas de un gran engaño del que ni siquiera fueron conscientes, que aceleró su caída en desgracia de manera irremediable, como el mismo Gabriel Mirabeau, revolucionario, escritor y Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente llegó a admitir, al considerar este desagradable asunto como el paso preliminar de la Revolución francesa. Aunque no hay que olvidar que el camino hacia la insurrección del pueblo de París ya estaba despejado, y este episodio sólo hizo acelerar el proceso.


 
Diseño del collar del enredo
      La historia se remonta al reinado anterior de su padre Luís XV, que tenía una amante (algo habitual, por lo que se ve, en los gobernantes de Francia) llamada Madame Du Barry, de una gran codicia y ambición sin límites. Dos joyeros que trabajaban para la Corona, pensaron que si elaboraban un enorme collar compuesto de grandes diamantes, hasta un  total de seiscientos cuarenta y siete, algo nunca visto hasta el momento (por las reproducciones que he podido ver de él en la red, me parece horroroso. Tanto diamante me recuerda una lámpara de cristal de roca), el Rey se quedaría sorprendido y se lo regalaría a su avariciosa querida. Pero la mala suerte se cruzó en el camino de estos joyeros. La muerte inesperada del Rey frustró su proyecto. Como vulgarmente se dice, se quedaron compuestos y sin novia, es decir, con un costosísimo collar que los había dejado empeñados hasta las cejas y sin comprador alguno.
Madame Du Barr
     La nueva ocasión, y que no podían desperdiciar, se les presentó con su sucesor en el Trono Luís XVI y su frívola, voluble y superficial esposa María Antonieta. Él estaba dispuesto a regalárselo. Lo sorprendente fue que ella no mostró un gran interés por la joya y la rechazó, pues no estaba en condiciones de pagar un precio tan alto. Ante este nuevo revés, la situación de los dos joyeros los situó al borde de la desesperación más absoluta, e incluso del suicidio. No obstante, continuaron con la búsqueda de un comprador, hasta que en 1875, por fin, recibieron un comunicado de una misteriosa dama que se llamaba Jeanne de La Motte, la cual, afirmaba que un personaje importante estaba animado para adquirir el estrafalario collar, tan solo tenían que esperar noticias suyas. En este momento empieza el monumental engaño, pues la tal Señora, no era más que una joven y bella ladrona, sin principios morales y muy ambiciosa, que trataba de quedarse con la preciada pieza, apoyada por gentucilla y ladronzuelos de poca monta.
María Antonieta
     El personaje poderoso al que se refería Madame de La Motte era, nada menos, que el cardenal de origen principesco Louis René Éduard de Rohan obispo de Estrasburgo y con un gran poder económico, al que había seducido con su belleza y para sacarlo de dudas, compartido su cama, haciéndose pasar por amiga de la reina. A la vez que aseguró, al incauto cardenal, que intercedería por él ante María Antonieta, para recuperar su amistad que tanto deseaba y lograr así, que lo propusiera para ser Primer ministro de Francia. Para conseguir su objetivo, ideó el siguiente plan, que parece sacado del mundo de la ficción: contrató los servicios de una prostituta que encontró en los barrios bajos de París y que poseía un gran parecido con la reina, para que se hiciese pasar por ella. Tuvo que acompañar a La Motte y su marido a un parque de Versalles próximo a palacio, y aguardar allí, con la cara tapada y convenientemente vestida, hasta que llegara el cardenal de Rohan. Mientras tanto, Madame de La Motte le confirmó que María Antonieta, a propuesta suya, había aceptado una cita breve y discreta con él. Después de este fugaz  encuentro con la impostora y tras una enigmática frase, en la que dio a entender que aceptaría el collar a cambio de su amistad, desapareció en la oscuridad de la noche. La trampa surtió su efecto.
Jeanne de La Motte
     Lógicamente, La Motte se ofreció como mediadora para la compra del collar y Rohan cayó en sus redes. El cardenal negoció con los joyeros, dicho sea de paso, consiguiendo un buen trato, ya que logró un buen precio y pagar el primer plazo medio año después. Inmediatamente confió la joya a La Motte para que se la entregase a la reina de su parte. Como era de esperar, hasta aquí llegó el collar. 
Cardenal de Rohan
     Madame La Motte, junto con su marido, desmontaron rápidamente este tesoro y se repartieron las valiosas piedras. Él se marchó a Londres con su parte del botín, pero ella cometió el error de permanecer en París y hacer ostentación de lo robado, efectuando compras desorbitadas e incluso utilizar parte de los diamantes para que le montasen sus propias alhajas para lucirlas. Pero este enredo no podía durar mucho tiempo sin que se descubriese, pues el cardenal veía que María Antonieta no le hacía ni caso, y por otro lado, los joyeros estaban deseosos de recibir el pago prometido. Cuando uno de los vendedores fue a visitar a la reina para ver qué pasaba, la operación urdida por el matrimonio de La Motte se vino abajo.
     
     Se celebró un juicio público, que la falsa Madame utilizó para verter un torrente de mentiras y acusaciones sobre, en este asunto al menos, inocente reina, presentándose como una víctima de ella, aprovechando la mala reputación que tenía entre los parisinos de: frívola, caprichosa, ramera, engreída y un largo etcétera. La gente desengañada del régimen la creyó. El cardenal quedó exonerado de cualquier responsabilidad, pero Jeanne de La Motte no tuvo tanta suerte. La sentenciaron a ser duramente flagelada y marcada con un hierro incandescente, como si de ganado vacuno se tratara, con la letra V (voleuse en francés) de ladrona. Además, estaría de por vida en una cárcel para mujeres. No sé si para mejor, o para peor, al poco tiempo alguien la ayudó a escapar a Londres en donde se encontraba su marido, que no quiso saber nada de ella. Unos años más tarde, en 1791 murió al caer, o la tiraron, aún no está claro, desde un edificio de la capital británica y así acabó sus días.
    
     El propio Alejandro Dumas escribió una novela titulada  El affaire del collar de la reina. El escritor vienés Stefan Zweig calificó este hecho como “una de las farsas más destacadas de la historia”. El cine también ha llevado a la gran pantalla este enredo, con una buena puesta en escena y una brillante interpretación de sus protagonistas, que consigue retrotraernos a ese caldeado período previo a la Revolución francesa.
     
     El Collar de la Reina que nunca fue de la reina y, sin embargo, lo pagó como si de un desmesurado capricho suyo se tratara. Su desprestigio era tal, que nadie la creyó. Cuando los gobernantes viven al margen del pueblo y se comportan como si los problemas que padece no fueran con ellos, pierden toda la credibilidad. Y si además, se aprovechan del poder que le ha sido otorgado para enriquecerse, creerán a cualquiera, por indigno que sea, antes que a sus propias autoridades. La Revolución francesa se hubiera dado de todos modos, pero ¡qué duda cabe! que este asunto, del que no se suele hablar cuando se exponen las causas del acontecimiento que inicia la época contemporánea, trazó su comienzo, encendiendo la mecha de un polvorín a punto de estallar. 
        R.R.C.

APÉNDICE (23-julio-2019)
                                                       Los Pechos de María Antonieta

     ¡Vaya con los pechos de María Antonieta! Que se convirtieron en tazones de porcelana poco antes de la Revolución francesa; cuatro de ellos conservados en el Museo Nacional de Cerámica de Sèvres, en París. Según nos cuenta la tradición y chismorreos de la época, sus tetas sirvieron de modelo para obtener estas maravillosas piezas de artesanía; en las que un trípode, compuesto por tres elegantes cabras con toques de color, servía de base para sostener un fino cuenco, para lo cual se elaboró un molde de cera que se obtuvo del pecho de esta caprichosa reina. Se les denomina jattes tétons, a estas piezas conseguidas de esta curiosa manera. La cerámica de Sèvres se fundó con el apoyo de Luis XV y Madame de Pompadour a mediados del siglo XVIII en Francia.

     Fue su inconsciente marido Luís XVI el que asombró a María Antonieta con este delicado regalo, que, por otra parte, no tiene nada de original, ya que otros personajes históricos utilizaron los pechos de sus esposas o amantes, según los casos, para reproducirlos en copas y beber en estas cautivadoras obras.

         R.R.C.