viernes, 14 de noviembre de 2014

El chiste más antiguo del Mundo

     
     El humor siempre ha estado presente en todas las culturas, por primitivas y atrasadas que éstas nos puedan parecer, está asociado a la condición humana, digamos, que sin su comparecencia la vida hubiera resultado imposible. A pesar de las rigideces, brutalidades, injusticias y faltas de libertad que todos estos pueblos tuvieron que soportar, entre ellos, siempre se hizo un hueco la gracia, el ingenio, la ocurrencia, la ironía, el chiste en fin. Lo podemos comprobar a lo largo de toda su creación literaria; me estoy refiriendo a culturas tan diferentes como la sumeria, la egipcia, o la romana, por ejemplo. Todas ellas violentas y despiadadas con las clases populares de aquellos tiempos, que a pesar de ello, no renunciaron a pequeños momentos de burla y picardía, como pudieron comprobar investigadores británicos que hicieron una lista con los chistes más primitivos de la historia. Llegaron a la conclusión, que el más viejo de todos procede del período neo-sumerio, allá por el año 1900 antes de J.C., originario de lo que actualmente es el sur de Irak. El chiste en cuestión dice como sigue: “Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales: una joven mujer tirándose un pedo sobre las rodillas de su esposo". No sé la gracia que les puede hacer a ustedes ahora, pero hace casi 4000 años era mucha, pues se supone que provocaba grandes carcajadas entre los sumerios. Además, es el primer chiste del que tenemos constancia, por lo se podría considerar con los datos actuales, como el chiste más antiguo del mundo, no necesariamente el mejor.
     Para Paul McDonald, que fue coordinador de la investigación sobre los primeros chascarrillos de la civilización, “Los chistes tienen en común la intención de romper tabúes y un cierto grado de rebeldía". Lo cual es evidente en la chanza ya expuesta, y también lo podemos comprobar en otros chistes de las civilizaciones mencionadas y que refiero a continuación:
     En el Antiguo Egipto de los faraones, hacia el año 1600 antes de J.C., nos encontramos con el que podíamos considerar el segundo chiste más antiguo de la historia, referido al soberano Snefru* dice así: "¿Cómo entretienes a un faraón aburrido? Navegas en un bote cargado con mujeres jóvenes vestidas sólo con redes de pescar y le pides al faraón que vaya a atrapar un pez".
     Por último, muy posterior a la ocurrencia egipcia, nos encontramos con un chiste muy conocido en la Antigua Roma, de tiempos del Emperador Octavio Augusto, en el que él mismo es el protagonista, y parece que tuvo una gran difusión entre los siglos I anterior y posterior a Cristo. Manifiesta lo que sigue: “El Emperador Augusto estaba viajando por su imperio cuando se encontró con un hombre que se parecía mucho a él. Impresionado le preguntó: "¿Quizás tu madre trabajaba de sirviente en el palacio?" "No, su majestad," —respondió éste— "pero quizás mi padre sí..."
     Las culturas pasan, las civilizaciones se acaban, el mundo continúa y el humor (fruto de la propia naturaleza humana) permanece.

*Hay que aclarar que dicho faraón es muy anterior al 1600 a. de J.C., ya que fue el primer monarca de la famosa IV Dinastía, mil años antes de la fecha indicada.
     R.R.C.


sábado, 1 de noviembre de 2014

Cincinato, un político honrado

     En vista de la actual situación de deterioro de la democracia española como consecuencia de la inmensa corrupción de sus dirigentes, me ha parecido oportuno, traer a la primera página del blog a un político honrado, aunque para ello, me haya visto obligado a retroceder hasta el siglo V antes de J.C. ¡Menos mal que no he tenido que remontarme a los fósiles de Atapuerca! Según el Antiguo Testamento, Dios tuvo que destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra, porque Abraham fue incapaz de encontrar a diez personas justas en ellas. No quiero imaginar lo que pasaría ahora, si le planteara la misma exigencia: buscarlos entre la casta política española de hoy.
     Lucio Quincio Cincinato nació en la antigua Roma, cuando todavía estaba regida por una monarquía que daba sus últimos coletazos. Disfrutó de una larga vida, si tenemos en cuenta la época que le tocó vivir, ya que llegó a cumplir los ochenta años de edad; del 519 al 439 antes de J.C. No fue un político al uso y mucho menos aún si lo comparamos con los actuales gobernantes que padecemos en España, pues no sabemos qué tiene que ocurrir para que dejen sus poltronas y privilegios, ya que nuestro personaje, carecía totalmente de ambición personal, pudiendo tener en sus manos todo el poder, renunció a él, prefirió vivir en el campo y labrar la tierra con la ayuda que le prestaban  sus bueyes, a la ostentación de importantes cargos públicos. Durante la República romana se consideró un ejemplo a seguir, un arquetipo al que imitar; por su honradez, su integridad, su patriotismo de verdad y toda una serie de virtudes de las que hacía gala. Si a esto añadimos, su capacidad para resolver los graves problemas a los que tuvo que enfrentarse para salvar a Roma del desastre, ¿Qué más se puede pedir? Probablemente, su figura nos ha llegado un tanto mitificada, algunas cuestiones que nos transmite la tradición no son verificables, pero a pesar de ello, se tienen indicios suficientes para suponer que fue un personaje nada común, con unas cualidades y sobre todo unas actitudes admirables.
     Perteneció a la clase social de los patricios, considerados descendientes de los primeros pobladores de Roma y como tal tenían derecho a utilizar tres nombres: el individual: Lucio (praenomen); el de la gens Quincio (nomen) y el de la familia: Cincinato (cognomen). Los patricios se organizaban en gentes y cada gens agrupaba un número de familias. Fue cónsul, general y dictador romano (en este caso, el puesto de dictador no tiene una carga peyorativa) a propuesta del senado.
     Si seguimos al gran historiador romano Tito Livio, en el año 458 antes de C. mientras tenía lugar una dura guerra con los ecuos y los sabinos, se nombró dictador por un período de seis meses a Cincinato. Los enviados del Senado lo encontraron en su predio (tierra) que explotaba con sus propias manos. Limpiándose el polvo y el sudor, y colocándose la toga de color púrpura que su mujer le había traído, de inmediato se dirigió a Roma, derrotó a los enemigos, y después de dieciséis días, abandonó voluntariamente el cargo de dictador, por el que no tenía ningún apego, para regresar al campo con su pareja de bueyes y seguir con sus labores ordinarias.
     Ya en la vejez, con ochenta años, fue requerido de nuevo por el Senado y nombrado por segunda vez dictador, para solucionar un grave problema al que tuvo que hacer frente la joven República, evitar que un tal Espurio Melio se hiciese con el poder de una manera ilegítima aprovechando sus grandes riquezas, en un momento de profunda crisis y hambre para el pueblo llano, según Tito Livio, e incluso había quién se suicidaba para evitar una situación tan desesperada. Resuelto el problema tras una hábil maniobra, regresó a su casa. No obstante, hay historiadores que ponen en duda este segundo nombramiento y consideran que es fruto de la leyenda engrandecida que circulaba en Roma sobre este personaje.
     En España, cuando se proclamó la I República en 1873, su primer Presidente D. Estanislao Figueras, abandonó el poder sin previo aviso, después de haber presidido una convulsa reunión del Consejo de Ministros, en la que se discutía hasta el aburrimiento sin llegar a ninguna conclusión. En este contexto, Figueras cortó la discusión y les espetó: "Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros". Acto seguido se fue, dejando plantados a todos sus ministros. Al ver que no se presentó a trabajar en su despacho al día siguiente, fueron a buscarle a su residencia, y allí les informaron, que se había marchado a Francia harto de todo y de todos. En esta ocasión, no sólo plantó a su gobierno, sino a toda España. Al igual que Cincinato, dejó el cargo sin necesidad de que lo echaran, pero no resolvió los problemas que tenía sobre la mesa, como sí hacía el gobernante romano.  
     Como curiosidad, la ciudad norteamericana de Cincinnati se llama así por el protagonista de nuestra historia, e  incluso, se ha levantado allí una estatua en su honor, la que podemos ver en la imagen, entregando con una mano los símbolos del poder y agarrando con la otra el arado. ¿Se imaginan a un político español actual haciendo lo mismo?

     R.R.C.

lunes, 20 de octubre de 2014

Historia de un crimen en la España de la posguerra

     Avanzaba el día 11 de mayo de 1952 en un pequeño municipio de la provincia de Murcia. En Molina de Segura empezaba a anochecer después de una tranquila jornada de un domingo cualquiera, cuando, de golpe, y sin que nadie sospechara lo más mínimo, se produjo una tragedia que conmovió las vidas de los habitantes de esta pacífica localidad. Una mano asesina y cobarde surge por detrás de un pequeño grupo de hombres que escuchaban los resultados de los partidos de futbol de aquel día, retransmitidos por una radio que tenía un pequeño quiosco situado en la plaza de Los Caídos de la localidad, entre las 8 y 8,30 de la tarde, clavó, sin mediar palabra alguna, un estilete en el cuello de la víctima que le atravesó la arteria carótida y murió desangrado en unos pocos segundos. Otros mantienen que utilizó su propia navaja de barbero para cometer su horrendo crimen, ocasionándole un profundo corte en dicha parte del cuerpo. Sus últimas palabras fueron: ¡qué pasa!, ¡qué pasa!, antes de caer desplomado y ser recogido por un conocido que se encontraba a su lado. Se llamaba Joaquín Marquina Jiménez, tan solo tenía 33 años y una vida llena de proyectos por delante que le fue arrebatada sin saber el motivo.
     La víctima tuvo una corta vida pero intensa. Era farmacéutico, estudió la carrera en la Universidad de Granada y regentaba una de las tres farmacias que había en esos momentos en el pueblo, en la actual calle Mayor, muy cerca del lugar del crimen. Cuando comenzó la Guerra Civil española, abandonó sus estudios de la carrera que ya tenía iniciada y se marchó voluntario a la Unión Soviética para realizar un curso de formación para ser piloto, que superó con éxito. Intervino a favor del bando republicano en esta guerra que dividió a los españoles y que tuvo su inicio en Julio de 1936, integrado en las fuerzas aéreas en su condición de piloto de combate. Tuvo la mala fortuna de ser alcanzado su aparato en plena batalla por un avión alemán, uno de los enviados por Hitler para ayudar al bando franquista, mientras iba ametrallando la aeronave que llevaba delante, un avión enemigo que no detectó, ametralló al suyo por detrás. Ante la adversidad, llevó a cabo un aterrizaje de emergencia en una zona* controlada por sus oponentes del bando nacional. Años después, contaba a sus amistades que solo recordaba despertar en un hospital de sus adversarios, rodeado de vendas por todas partes y con heridas importantes que, probablemente, le dejaron afectado un ojo y le fracturaron la cadera provocándole la cojeara de una pierna para siempre, que aminoró con una gruesa suela en uno de sus zapatos. Apenas contaba con unos 20 años.
     Una vez que salió del hospital fue encarcelado y juzgado por un Consejo de Guerra** por su intervención en el otro bando, que lo condenó a varios años de prisión. No me han podido precisar su número, pero sí, que al menos cumplió un mínimo de cinco. Una de sus cualidades conocidas era que sabía tocar el acordeón, lo que le ayudó a combatir, en este caso, la monotonía de la cárcel. Parece ser que se le concedió un indulto, por lo que abandonó la prisión antes de cumplir la pena dictada. Salió con la ilusión de concluir sus estudios de una manera brillante en la Facultad que los había iniciado. Como así ocurrió, a pesar de los inconvenientes que tuvo que superar por ser un estudiante que había luchado en el bando perdedor, lo que provocó la animadversión y falta de cooperación del resto de sus compañeros. Hacia la mitad de la década de 1940 decidió alquilar un pequeño local en el centro de un pueblo próximo al suyo para abrir su farmacia.
     Él, era vecino de Santomera, en donde sus padres Antonio y Ángeles regentaban una tienda grande de alimentación, aunque vendían un poco de todo. Tenía tres hermanos, uno de ellos abogado, guardaba un enorme parecido con él, llamado Antonio como su padre; y dos hermanas. Del menor, aunque buena persona, no se sentía orgulloso de sus formas, su actitud no encajaba en la mentalidad de una época llena de prejuicios y sinrazón, lo cual le producía cierto sonrojo cuando lo presentaba a sus amigos, según me cuenta alguno de ellos. Fue su hermano el abogado, casado y sin hijos, el que se hizo cargo del traslado del cadáver a su localidad natal, para celebrar el funeral y el posterior traslado al cementerio de Santomera, al día siguiente de su violenta muerte.
Recordatorio de su fallecimiento

     Por la información que he podido recoger de gente que lo trató, Marquina era una persona muy culta, tenía un saber enciclopédico y era muy aficionado a la botánica. De personalidad inquieta y aventurera, estaba dispuesto a abandonar España para emigrar a Argentina. También escribía poesías, algunos todavía recuerdan la que le dedicó a la novia que tenía en Molina en su 18 cumpleaños. Él era 11, o 12 años mayor que ella. Inteligente, amable, espléndido, valiente, sincero, chistoso, alegre, son algunos de los epítetos, que sus conocidos destacan, de la gran persona que debió de ser el infortunado farmacéutico. Una prueba de su valentía es que no ocultaba su ideología comunista, lo que le podía acarrear más de un disgusto y ninguna ventaja, en aquella España de la posguerra. Está claro, que su estancia en la Rusia de Stalin, no le sirvió para conocer el verdadero rostro del comunismo, o bien, de cómo el marxismo se estaba llevando a la práctica en aquel país. No obstante, asistía a misa en los domingos y fiestas de guardar, probablemente, para congraciarse con sus vecinos, dicho con la máxima cautela, pues desconozco sus creencias religiosas, nadie me las ha podido aclarar con certeza.
     Su novia Antoñita tenía una hermana y dos hermanos, tan guapa y hermosa como poco letrada, sus aspiraciones se limitaban, como la mayoría de las jóvenes del momento, a echarse un buen novio para casarse. Vivía al otro lado del río Segura, conocido como El Paraje, sus habitantes se consideraban de Molina, aunque pertenece al municipio de Alguazas. Allí vivía con su familia, entre los que se encontraba su padre, que gozaba de gran desahogo económico, a pesar de su carencia de estudios, algo habitual en la España de la posguerra. La novia se dejó al novio que tenía de una conocida familia de Molina apodada los “Zambombos”, para salir con Marquina con el consentimiento de su padre, pues creía que así alcanzaba una posición social superior. En principio, la pareja pensaba casarse, a pesar de las diferencias tan grandes, no solo de edad, que sus vecinos y amigos veían, y, que no presagiaban un futuro feliz y duradero como hubiera sido deseable.
     Un tiempo después, Joaquín Marquina tuvo un grave problema en un ojo, probablemente afectado desde la caída de su avión, un glaucoma (hipertensión en el globo ocular), que le produjo un fuerte dolor y le obligó a hospitalizarse en la capital de la provincia. Ingresado varios días, al final, perdió el ojo, que le fue sustituido por uno de cristal. A partir de ahora llevaría gafas de sol. Ni la novia, ni ningún familiar de ella se dejó caer por allí, hecho que sentó muy mal al enfermo, hasta el punto, que dejó plantada a Antoñita y a toda su familia de manera definitiva. El padre, según me dicen, lo tomó como una afrenta personal. Lo que casi nadie sabía es que a Marquina le quedaba un as en la manga, una antigua novia que se había marchado a Argentina y que todavía se escribía con ella. Era el momento para tratar de recuperarla. Se puso en contacto con la misma a través del correo, aunque realmente nunca dejó de escribirle, incluso, cuando tenía la novia de aquí. Ya consideraba los preparativos muy avanzados para reencontrarse con ella en Argentina. El crimen truncó en seco sus planes. Antoñita, por su parte, no se vino abajo, pronto se echó un nuevo novio de Cieza.

     Ahora toca hablar del personaje más siniestro y desagradable de esta historia: su asesino Andrés Meseguer. Trabajaba en una barbería del centro de Molina, de cortas luces y personalidad oscura. Estaba completamente enamorado de Antoñita, en su interior pensaba que podría entenderse perfectamente con ella y, por supuesto, se quedó prendado con su belleza. He escuchado distintos testimonios de gente que le conoció; y sobre los motivos que llevaron a este hombre a cometer un acto tan horroroso. Un crimen premeditado y cobarde. Huyó para esconderse en la huerta de alrededor del municipio, en donde fue detenido por la Guardia Civil unos días después. Unos apuntan que lo hizo por celos. Es una posibilidad, pero ya la había dejado. Otros que fue un crimen político por ser comunista y el asesino ser de derechas, animado incluso por otros derechistas violentos que había en la villa. A mí, esta posibilidad no me parece suficiente. Hay quién dice, que se le fue la cabeza, pues tendría algún tipo de locura y no se explican cómo lo pudo hacer. Por último, se apunta que todo obedece a una venganza de alguien que no se puede precisar, pero que lo utilizó llegando a decirle: “que no tenía cojones si no lo mataba” dándole a entender, que la novia que tanto le gustaba sería para él, y en sus cortas luces se lo creyó. Bien, esta última opción parece la más razonable de las expuestas, aunque no podamos descartar otras, u otras causas añadidas, o un conjunto de todas.
     El hecho que no ofrece lugar a dudas fue, que la tarde-noche  de ese fatídico domingo de mayo, frente al quiosco que regentaban los hermanos “Meollo”, como se les conocía en la localidad, le clavó un estilete o su navaja de barbero en el cuello, con la esperanza de que nadie lo percibiese aprovechando el jaleo que había, pero le vio un tal Jeromo que se encontraba al lado de la víctima llenándolo completamente de sangre, hasta el punto de que parecía él quién había cometido el crimen. Los gritos de éste fueron los que lo delataron. Como pudo, cogió el moribundo cuerpo de Joaquín para llevarlo a Don Ernesto, médico de la localidad que se encontraba en la misma calle a unos 250 metros más arriba, prácticamente en la acera de enfrente donde la víctima tenía la farmacia. Cuando llegó hasta aquí, ya no tenía pulso y había dejado de respirar. Nada se pudo hacer por salvar su vida. Ni que decir tiene, que este hecho conmocionó a todo un pueblo, pues la personalidad y bondad del fallecido suscitaba admiración en una parte importante del vecindario, al menos, en todos aquellos que le conocían.
     El juicio que se celebró contra el asesino dictaminó que no se encontraba bien de la cabeza, y se le confinó en un manicomio de Murcia hasta el día de su muerte en la década de 1970. Su familia lo enterró en el cementerio de Molina con la mayor discreción posible. Me cuentan, que la hermana monja que tenía, debió de tener alguna influencia en la benévola sentencia del tribunal, que sustituyó el sanatorio psiquiátrico por la cárcel, e incluso se libró de una posible condena de ejecución.
     Las fuentes utilizadas para escribir esta historia no han sido documentos escritos, pues ignoro si existen y, en su caso, donde se encuentran. La información la he obtenido de distintas personas que le conocieron y le trataron en su momento, unas más que otras, pero todas ellas vinieron a coincidir en lo esencial de esta descripción, tanto de hechos como de intenciones. Son ya mayores, pero mantienen una gran claridad de ideas y recuerdos, por lo tanto merecen toda la credibilidad, no menos que un texto escrito. Por otra parte, es necesario reconocer que tenían lagunas y eran muy inconcretos en cuestiones cronológicas, las horquillas temporales que me apuntaban eran muy amplias, lo cual me ha impedido ser más preciso en el relato y no poder ofrecer fechas exactas, salvo la del crimen. Si algún asunto se ha quedado un tanto vago o confuso es por el mismo motivo, he preferido dejarlo así, antes que suponer algo que no se corresponda con la realidad de los hechos.
     Por último, esta historia ha merecido la atención del escritor de Molina de Segura, que ha publicado una novela basada en ella. En Santomera, localidad de origen de la víctima, una calle lleva el nombre de Joaquín Marquina Jiménez. Por mi parte, quiero recordarlo en esta entrada del blog con respeto y afecto, con el deseo de que alguien la lea y sepa de su existencia para que no caiga en el olvido lo que pasó. Que descanse en paz.

*Probablemente en la provincia de Teruel.
**Ubicado en San Javier (Murcia) para juzgar a personal del ejército del aire. Lo condenó a 12 años y un día de reclusión mayor. Tras cuatro años de prisión fue indultado quedando en libertad. Toda esta información no la he podido contrastar.

Nota: Fotografía del finado en la puerta de su farmacia pocos días antes de su asesinato.

      R.R.C.

viernes, 3 de octubre de 2014

La patena de Cástulo

     El miércoles 1 de octubre de 2014 en el Museo Arqueológico de Linares (Jaén), ha sido presentado un magnífico hallazgo descubierto en la cercana ciudad iberorromana de Cástulo, aunque el asentamiento es mucho más antiguo, ya que se remonta al final del Neolítico. Cuando los arqueólogos excavaban los restos que quedaban del interior de un edificio religioso pagano de la segunda mitad del siglo IV, encontraron una patena de vidrio verdoso de 22 centímetros de diámetro por unos 4 de altura y dos milímetros de espesor, fragmentada en pequeños pedazos maravillosamente conservados y posteriormente pegados con una resina de restauración, con el resultado final que podemos ver en la imagen que acompaña esta entrada. Se ha conservado poco más del 80% de la misma y tan solo pesa 175 gramos. Por las características que presenta y siguiendo a los expertos en este tipo de piezas de vidrio, fue elaborada en uno de los talleres del puerto de Ostia, en Roma, y no en esta zona.
      La importancia del descubrimiento radica en las imágenes realizadas con incisiones (técnica denominada esgrafiado), que aparecen en el fondo de la patena, pues en ella podemos ver con total claridad una representación de Cristo en Majestad acompañado, probablemente, por los apóstoles Pedro y Pablo. Un Jesús imberbe, con cabello corto y rizado, con apariencia de filósofo griego, como observamos en otras imágenes suyas de esta época y de las que ya teníamos constancia en otros lugares del Imperio romano. Así que, por el modo de representar a Cristo y por el estrato en el que apareció, indica que nos encontramos con una de las primeras imágenes de Jesús, con una antigüedad de más de 1600 años, momento en el que la iglesia cristiana ya ha salido de las catacumbas y podía celebrar el culto a plena luz del día.
     Cristo destaca sobre los presentes por su tamaño y posición, ataviado, al igual que los otros dos personajes, con una dalmática (túnica característica de los miembros de la iglesia), aureola, y haciendo entrega de las Sagradas Escrituras al apóstol de su izquierda, mientras sostiene con su mano derecha una gran cruz símbolo de su resurrección. San Pedro y San Pablo que todavía no aparecen con sus atributos característicos, llevan sendos rollos de papiro, habituales en esa época y también lucen la aureola como corresponde a su santidad. La escena aparece enmarcada entre dos palmeras, que en la iconografía cristiana hacen alusión a la inmortalidad y a la vida futura. En la parte superior derecha podemos comprobar el anagrama de Cristo, el crismón (una combinación de dos letras que representan una abreviatura de su nombre), acompañado por las famosas letras del alfabeto griego: alfa y omega, simbolizando que en Él se encuentra el principio y el final de todo.
     La patena junto con el cáliz eran los utensilios más importantes que se utilizaban en la celebración de la eucaristía. En ella se colocaba el pan, que se convertiría en el cuerpo de Cristo tras su consagración, para después repartirlo entre los asistentes al oficio religioso.
     Por último, la imagen de Jesús me recuerda mucho a la que aparece representada en un mosaico de la primera mitad del siglo V en la ciudad italiana de Rávena, en el mausoleo de Gala Placidia, en el que aparece como el buen Pastor, con una dalmática dorada y una cruz similar a la de aquí, imberbe, cabellera rizada y con una apariencia de filósofo clásico. En el blog hay una entrada dedicada a esta obra de arte.

     R.R.C.

miércoles, 1 de octubre de 2014

El descubrimiento del faraón perdido: Senebkay

 
      En el mes de enero de este año, se dio la noticia del descubrimiento de una tumba en el cementerio de la ciudad Abydos, situada a 550 kilómetros al sur de El Cairo, por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Pensilvania, de un faraón desconocido hasta ahora, aunque aparece mencionado en el famoso papiro de Turín, y que habría gobernado durante poco más de cuatro años a mediados del siglo XVII antes de J.C. en esta zona, pues el país se encontraba fracturado en otros reinos menores, en lo que se viene denominando Segundo Período Intermedio, es decir, el comprendido entre el Imperio Medio y el Imperio Nuevo faraónico. Además, como en tantos otros descubrimientos de tumbas reales, ya había sido saqueado el enterramiento en la propia antigüedad, no hallándose ningún objeto en el mismo. De la momia, sacada del sarcófago y tirada por el suelo (puestos a robar, le robaron hasta los vendajes ¿para qué los querrían?), sólo quedaban sus restos óseos.
     El propio Joseph Wenger, jefe de la expedición, nos confirma, que el modesto tamaño de la tumba en la que se reutilizaron bloques de piedra procedentes de otras construcciones, para realizar cuatro estancias de pequeño tamaño y con escasa decoración, aunque aparecen las imágenes de las diosas Nut, Neftis, Selket e Isis, nos indica el declive de la riqueza del reino en este período. A pesar de la violación de la sepultura, el esqueleto se encontró prácticamente entero en su cámara mortuoria y parece que murió a una edad próxima a los cincuenta años. Tenía una elevada estatura para esa época, según las informaciones que he consultado, podría medir hasta 1,85 metros. Por otra parte, se trataría de un faraón de poca importancia, al igual que ocurre con Tutankamon, si no hubiese sido por su fabulosa tumba, prácticamente intacta, descubierta en 1922 por H. Carter.
     Parece ser que se enfrentó a la invasión de los hicsos, que aprovecharon el desorden que en estos momentos imperaba en el país del Nilo para instalarse en su zona norte, mientras en Tebas reinaba la XVI dinastía y, entre ambos poderes, se encontraba la efímera dinastía de Abydos, a la que pertenecía nuestro protagonista. Después de un minucioso estudio forense realizado a sus restos, se ha descubierto que murió de una forma violentísima, probablemente en un enfrentamiento con sus adversarios del norte. Todo parece indicar, que se encontraba en una posición elevada, posiblemente a lomos de un caballo, cuando sus enemigos lo derribaron y lo mataron tirado en el suelo y sin posibilidad de defensa. Su cuerpo presenta 18 heridas significativas, además de otros cortes en diferentes partes. Al final, los egipcios consiguieron expulsar a los hicsos del país, pero la tarea no fue fácil.
     Respecto al nombre, aparece pintado en las paredes del sepulcro en el habitual cartucho ovalado que se reservaba exclusivamente para los soberanos. En él, podemos leer el nombre de Senebkay, precedido por el disco solar (Ra) y la figura del famoso pato egipcio (que se lee sa) y se traduce como hijo. Luego el faraón, es el hijo de Ra (el Sol). Seneb, significa saludable en español y el Ka para los egipcios, era el espíritu. La y final la podríamos interpretar como él de… Si unimos todo lo anterior, concluimos que el nombre de Senebkay significa: “El de espíritu saludable”. Hijo de Ra.
       R.R.C.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Graffiti artístico

     
     Cuando el graffiti se convierte en una obra de arte es digno de admirar y de proteger, como es el caso que nos ocupa en esta entrada. La imagen que contemplamos se encuentra en las paredes laterales de un edificio que avisté en Praga, capital de la República Checa. Lamentablemente, desconozco el autor o autores del mismo, también la fecha en la que fue ejecutado, pero por su buen estado de conservación no debe de hacer mucho*. Sobre la famosa banda de Moebius vemos que se desplazan una serie de excavadoras (buldózer) de diferentes clases, que se intercalan con otros tantos carros de combate como persiguiéndose unos a otros, de un fuerte color verde oliva que contrasta con amarillo de las primeras (colores habituales en esta maquinaria pesada), en la que el hierro es su componente principal.
     Evidentemente, estos vehículos no están escogidos al azar, pues mientras que unos sirven para construir, sobre todo infraestructuras, como carreteras, puentes, túneles, trasvases, etc., los otros sirven para destruir lo que ya han hecho los anteriores. Por lo tanto, se van alternando sobre una banda infinita los vehículos que simbolizan la construcción para el bienestar de la sociedad, con aquellos que simbolizan todo lo contrario: la destrucción de lo ya construido y de la propia sociedad. Y esta es la historia interminable; todo lo construido será destruido por una nueva guerra, y volver a empezar. Al menos así ha venido siendo hasta ahora y las esperanzas de que esto cambie son remotas.
     Por otra parte, la conocida cinta de Moebius es una construcción físico-matemática que se ha empleado en la literatura, el arte, la música y en otras disciplinas. Presenta numerosas y curiosas propiedades que no vienen al caso en este comentario, salvo su infinitud, pues nunca se termina lo que transcurre por ella, es decir, el hombre nunca dejará de construir y destruir lo construido. Una pena infinita.

* Después de tener escrito este comentario, la única información que he podido encontrar en Internet, es de que la obra fue pintada por un artista italiano con el pseudónimo de Blu en 2008 con el título: “Franja de Gaza”. Al final, he optado por dejar el texto tal y como lo tenía redactado, y añadir esta posdata. 
Nota: Esta banda es el signo que utiliza las matemáticas para referirse a infinito, y no un 8 acostado como piensa mucha gente.
      R.R.C.  

viernes, 5 de septiembre de 2014

“En busca del arca perdida” y su base histórica

 La imagen es una reproducción del Arca de la Alianza
     Hace unos pocos años, un pequeño grupo de alumnos de bachillerato se dirigió a mí después de salir de clase, para preguntarme qué había de cierto en la famosa saga de películas de aventuras del conocido arqueólogo Indiana Jones. Personalmente, era una cuestión que no me preocupaba demasiado, pues simplemente me había limitado a ver los filmes y a pasar un buen rato en el cine. Me gustaron mucho,  aunque unas más que otras, pero nada más. En mi opinión, la última de ellas se la podían haber ahorrado. Sin embargo, en esos momentos me sentía obligado a darles una contestación; sin hacerles esperar demasiado.
     Aunque el protagonista es un personaje inventado, en todas ellas se ha buscado un motivo histórico que sostenga las fantásticas y arriesgadas aventuras, que desarrolla de una manera incansable el héroe de la andanza. De las cuatro en cuestión, la que más me interesó fue la primera de ellas: “En busca del arca perdida”, creo que es la mejor, y mi respuesta se limitó a ésta. Las dos siguientes me gustaron menos, y la base histórica en la que se apoyaron tiene poca consistencia, si es que tienen alguna. La segunda entrega titulada “El templo maldito”, considero que es fantasía pura, pero en este tema me falta información. No obstante, he leído que intenta apoyarse en rituales y sacrificios dedicados a la diosa Kali, por una secta secreta que se dio en la India cuando todavía era una colonia. En “La última cruzada” Indiana Jones junto a su padre intentan descubrir el lugar donde se guardaba la copa que utilizó Cristo en la Santa Cena, para lo cual los creadores de esta historia se apoyaron en la obsesión que mostraron los nazis por encontrar reliquias arqueológicas de carácter religioso. La cuarta entrega titulada “El reino de la calavera de cristal”, me parece la más fantástica de todas, ya que se ampara en un ovni que visitó la Tierra no se sabe cuándo.
     Respecto a la película que encabeza la entrada es la mejor documentada de las cuatro, pues el hecho en el que se basa, al menos en parte, es histórico, ya que se muestra documentado no solamente en la Biblia, sino que además se representa grabado en uno de los muros del templo de Amón en la antigua Karnak, aunque la ciudad concreta de Jerusalén no aparece mencionada en dicho grabado. El asunto lo expone el propio Dr. Jones ayudado por un colega amigo suyo, cuando dos representantes del gobierno norteamericano lo visitan, inquietos por un correo que su servicio de espionaje había captado a los nazis. El hecho en cuestión consiste en el saqueo que un faraón llevó a cabo en Jerusalén, sustrayendo de su Templo el Arca de la Alianza para trasladarla a Tanis, capital de Egipto en este momento, y enterrarla en esta ciudad próxima a su tumba. El nombre de este soberano es Sheshonq I, citado en la Biblia como Sisac (pueden variar algo sus denominaciones dependiendo de la traducción). Hay que advertir que no todos los investigadores están de acuerdo con identificar ambos nombres con el mismo personaje, pero según he podido comprobar, un número importante de ellos sí lo está con dicha unificación.
     En el capítulo 12 del Libro Segundo de las Crónicas del Antiguo Testamento, se expone como un castigo divino al rey de Israel Roboam por abandonar la Ley de Yahveh junto con todo su pueblo, que en el quinto año de su reinado allá por el 925 antes de J.C., que el faraón Sisac en una campaña contra la capital de su reino con: 1200 carros, 60 000 caballos y un incontable número de libios, sukíes y etíopes (cifras evidentemente exageradas) se apoderó de los tesoros, tanto de la Casa de Yhaveh, es decir, del Templo de Jerusalén, como de la casa del rey. Este suceso también aparece descrito menos detalladamente en el cap. 14 del Libro Primero de Reyes.
     Sheshonq I es el primer faraón de la XXII dinastía y gobernó entre el 945 y el 924 a. de J.C., o sea, durante 21 años, por lo tanto fue en el año 20 de su reinado, cuando llevó a cabo la expedición contra el pueblo elegido, que para algunos historiadores se correspondería con el quinto año de reinado de Jeroboam, hijo y heredero del gran rey Salomón. Luego, en el 925 antes de nuestra era tuvo lugar el saqueo de Jerusalén por parte de las tropas del soberano egipcio, por cierto, la película lo sitúa 55 años antes de J.C. Por orden suya esta campaña en la que llega a conquistar 150 localidades hebreas fue grabada, como ya indiqué más arriba, en los muros del templo dedicado al dios Amón en la ciudad de Karnak, concretamente en el Portal de Bubastite (imagen inferior). Así pues, tenemos constatación de un hecho narrado en el Antiguo Testamento por una fuente ajena al mismo, validando este suceso como un evento histórico. Además, el Dr. José Lull García experto en egiptología expone en su escrito “En torno a la campaña Palestina de Sheshonq I” que: son varios los relieves e inscripciones egipcias que aportan información sobre la intervención de este faraón en Palestina, y mantiene el 925 antes de J.C. como el año que tuvo lugar este acontecimiento.

     En cuanto al Arca de la Alianza no se dice nada en ninguna de las fuentes. Si los egipcios se la hubiesen arrebatado al pueblo judío, ya que se custodiaba en el Templo de Jerusalén en estos momentos, según nos informan los escritos bíblicos, y, siendo además su objeto de culto más sagrado la hubiesen mencionado en primer lugar, y no ocurre así. Por otra parte, después de realizar diversas expediciones arqueológicas en Tanis, no se ha encontrado. Especialmente las llevadas a cabo por el egiptólogo francés Pierre Montet, que halló varias tumbas reales entre las que se encontraba la de Sheshonq II, tercer faraón de la XXII dinastía. Yo no podría decir si, entre sus ideas, tenía cabida la ilusión de localizar el Arca perdida en alguna de estas tumbas, pero son muchos los que afirman que ese era su verdadero objetivo.
     A día de hoy, no sabemos qué ha sido del Arca de la Alianza, ni cuándo desapareció exactamente, e incluso, hay quien ha puesto en duda su existencia. Se han propuesto numerosas teorías y lugares para una posible ubicación, pero sin resultado alguno. El pueblo judío espera dar con su paradero alguna vez y recuperar esta parte de su historia. Indiana Jones en la ficción ya lo ha hecho.

NOTA:


     El arqueólogo estadounidense en el que se inspiraron Steven Spielberg  y George Lucas para la película de Indiana Jones “En busca del arca perdida” se llamaba Sylvanus Morley, experto en la cultura maya. Además, trabajó de espía para su país mientras buscaba ruinas de esta civilización por la península de Yucatán.
   R.R.C.

APÉNDICE:

                                         BRAZALETE DE SHESHONQ I
     Este brazalete del faraón Sheshonq I se encontró en la tumba de Psusennes I, pero en la momia de Sheshonq II. Su antigüedad se remonta al siglo X a. de C. Actualmente se encuentra en el Museo de El Cairo, y tiene una altura de unos 4 cm. y medio. Para su elaboración se utilizó oro, lapislázuli y cornalina. En su interior aparecen los cartuchos de su propietario original, o sea, el del primer monarca mencionado.

     Destaca el impresionante ojo de Horus, o Udyat, con propiedades mágicas de protección, uno de los símbolos más repetidos en el antiguo Egipto que llega hasta hoy. Se posa sobre una cesta, que es el jeroglífico que utilizaban los egipcios para la palabra “señor”, embellecida con una simple decoración geométrica a base de pequeños rectángulos. Bandas paralelas en la que predomina el dorado metal, y el azul del lapislázuli (aunque en esta ocasión presenta un exceso de calcita blanquecina), completan de ornamentar este hermoso brazalete con bisagras, que debieron de lucir en su día, al menos dos soberanos. En fin, otra obra más que pone de manifiesto la calidad artística y la precisión que alcanzó la orfebrería en el país de los faraones.
        R.R.C.

APÉNDICE II
                                                EL CÁLIZ DE VALENCIA

     Se han propuesto más de 200 cálices como candidatos al que utilizó Jesús en la Última Cena, pero ¿podría ser uno de ellos el verdadero? Es posible, el que fuera Catedrático de Arqueología de la Univ. de Zaragoza y científico de prestigio Antonio Beltrán, llevó a cabo una concienzuda investigación sobre la copa conservada en la catedral de Valencia. Partiendo del más absoluto escepticismo, llegó a la conclusión de que, si no era posible afirmar con rotundidad de que dicha copa era el Santo Grial, tampoco se podía oponer una prueba científica de que no lo era. Solo la parte superior que consiste en un cuenco de ágata que se puede datar en el siglo I, o II a. de C. de unos 9 cm. de diámetro y 7 de altura sería el verdadero cáliz, ya que el resto de la copa es una añadidura de orfebrería medieval y, por lo tanto, quedaría descartada. Este tipo de tazón era el que se utilizaba en la Pascua judía en Jerusalén allá por el siglo I. Pudo ser elaborada en Egipto, Siria, e incluso, en el propio Israel. A partir de aquí, la historia de esta pieza es muy extensa y sobrepasa esta pequeña reseña. Por otra parte, tenemos que descartar la idea de que el Santo Grial era de cerámica u otro material modesto, como el que encuentra Indiana Jones en su famosa película, con el absurdo argumento de que así sería la copa de un carpintero.

     Por último, recordar, que le ha salido un serio competidor a esta reliquia, y que se conserva en San Isidoro de León, me refiero al Cáliz de Doña Urraca, que cedió sus joyas para embellecerlo, y, de ser auténtico, también sería la parte superior consistente en un cuenco de ónice. Así que, al igual que Indiana Jones tuvo que elegir, las opciones están abiertas.
      R.R.C.