domingo, 2 de agosto de 2015

Nefertari, la reina por la que brilla el Sol

     En esta frase expresa todo su amor por su esposa Nefertari  en el Templo de Hathor de Abu Simbel y en otros lugares, el poderoso faraón Ramsés II. Con la que compartió, al menos, seis hijos de los ciento cincuenta que tuvo con otras esposas y concubinas. Pero, no cabe duda, que Nefertari era su preferida: La Gran Esposa Real, como indican todos los textos y monumentos encontrados hasta ahora. En algunas ocasiones la pone a su misma altura, algo inusual en esta época, lo que demuestra el interés que siempre mostró por esta atractiva y sensual mujer, que dejaba intuir con sutiles transparencias la belleza de su cuerpo en presencia de su esposo, además de ser inteligente y dotada para la política. De origen poco claro y aún discutido, podría estar relacionada con la nobleza, o la realeza, al estar emparentada con el faraón Ay; e incluso, es posible que fuese hermanastra de su propio marido.
     No se le hizo tarde para casarse a ambos, pues se encontraban al comienzo de la adolescencia y tenían una edad de unos quince años. Él ya estaba casado con otra, a la que Nefertari, con toda probabilidad desplazaría y se convertiría en la mujer más importante del reino, a la que elevó al rango de diosa. Con poder y con intervenciones decisivas en el terreno de la política, como prueba el hecho de ser una activa impulsora de la paz entre las dos potencias del momento: el Imperio Hitita y Egipto (en mi opinión, su mayor logro), el contribuir a evitar que dos estados poderosos sigan enzarzados en una guerra que se prolongaba más de quince años y que ninguno de ellos resultó vencedor. Entre los reconocimientos que cosechó con el respaldo de su marido que la colmó de honores en vida destacan: Señora de las Dos Tierras; Señora de todas las tierras; Esposa del dios; Princesa Heredera; y “Por la que brilla el Sol”, el más poético y hermoso de todos, el único del que hay documentación en toda la dilatada historia egipcia sólo referido a esta reina y, que desde luego, es un símbolo inequívoco del amor que le profesaba su marido.
     Su vida se desarrolla en Egipto durante el siglo XIII antes de Cristo y su reinado se corresponde con la XIX dinastía faraónica. No murió mayor. Por supuesto, antes que su esposo, pues contaba con una edad de cuarenta a cincuenta años, pero he leído otras informaciones que la adelantan a los treinta años. Y seguimos sin saber las causas de su muerte, por lo que no hay nada descartado, quiero decir que se pudo deber a muerte natural, accidente, o pensando en lo peor, asesinato. Su marido dispuso que fuera enterrada en el Valle de las Reinas, cerca del más conocido Valle de los Reyes en las afueras de la ciudad de Tebas. Su tumba es la más majestuosa de todas, y de no haber sido asaltada y saqueada, nos brindaría maravillosos tesoros que han desaparecido. Ramsés II no pudo construir una sepultura más bella para aquella que amó tanto. Nos podemos imaginar el profundo pesar que dejó en él su temprana muerte; y más, si tenemos en cuenta que este faraón murió casi centenario, después de un largo reinado de cerca de setenta años.
     Por último, me parece interesante fijarnos en el bonito cartucho real que lleva su nombre y aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos: en primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa con un buitre que se transcribe -Mwt- seguido de una semiesfera  -t- (que en este caso actúa como redundante). La diosa aparece en primer lugar, aunque luego se lea la última, por respeto. Debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, que es un signo trilítero y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), una especie de canal -mr- (1) y por último, otro semicírculo, que ya sabemos que se transcribe como - t - e indica el género femenino, que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mwt n mr t. Traducido al castellano: “La bellísima amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de (en) Mut.

(1) En otros cartuchos, como podemos observar en la otra imagen, en lugar de ese canal con agua que se transcribe como  -mr- aparece un signo con forma de azada o arado, que tiene el mismo significado: amar y se transcribe igual.
     R.R.C.

martes, 21 de julio de 2015

¿Dónde fue bautizado Jesús?


     La UNESCO acaba de declarar Patrimonio de la Humanidad y, por consiguiente, de dar validez a las tesis que afirman que Jesús fue bautizado en Betania (nada que ver con la ciudad de Lázaro), en la ribera oriental del río Jordán, o sea, en la parte jordana, unos diez km antes de su desembocadura en el mar Muerto. De esta forma, podríamos considerar que este lugar es uno de los tres sitios más importantes de peregrinación (algún Papa ya lo ha hecho) para la cristiandad, después del Santo Sepulcro en Jerusalén y la Basílica de la Natividad en Belén.
    
       Por otra parte, no debería de sorprendernos este lugar, pues San Juan ya lo señala en el capítulo primero de su Evangelio cuando afirma: “Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando”.  El arqueólogo y profesor de la Universidad Hachemita Reina Rania de Ammán, Mohammad Waheeb, no tiene dudas de que nos encontramos en el lugar exacto donde tuvo lugar el acontecimiento. Ha habido que esperar hasta finales del siglo pasado para poder probarlo arqueológicamente. Aparecieron cuatro iglesias superpuestas de los siglos IV al VII (cuando una se destruía, levantaban otra encima), prueba que indica la importancia de este lugar para los antiguos cristianos.
     
     También tenemos que tener presente que, en el siglo VI, Santa Elena, la madre del Emperador Constantino, y a la que podríamos considerar como primera arqueóloga, por su búsqueda incansable de los lugares en los que estuvo Jesús, visitó esta zona. Unos monjes que vivían allí desde la primera mitad el siglo I le mostraron este emplazamiento como el sitio de su bautismo. Inmediatamente ordenó que se levantaran iglesias para celebrarlo y no olvidarlo; como así ocurrió, prueba de ello es que la primera en alzarse data, como hemos visto más arriba, del siglo IV.

       R.R.C.

lunes, 13 de julio de 2015

El Valle de los Reyes

     En uno de los lugares más calurosos, áridos e inhóspitos de la tierra, decidieron los faraones del Imperio Nuevo egipcio, hace unos tres mil quinientos años, lejos del mundanal ruido y próximo a la antigua Tebas (la actual Luxor), excavar sus sepulturas con el objetivo de conservar sus cuerpos momificados y guardar lo mejor posible sus innumerables tesoros, para evitar que fueran saqueados por los ladrones de sepulcros. A día de hoy se han encontrado sesenta y dos tumbas, entre ellas las del famoso TutanKamón, por descubrirse intacta tal y como la dejaron los antiguos egipcios con todos sus tesoros por el arqueólogo inglés Howard Cartel en 1922. Todos ellos fueron trasladados al museo arqueológico del Cairo, ocupando prácticamente toda la primera planta. Entre las piezas expuestas se encuentra la famosa máscara funeraria del faraón; de oro y piedras de adorno como turquesas y lapislázuli, muy utilizadas por los egipcios en sus obras de orfebrería. A pesar de ser la tumba más conocida, por la razón ya expuesta, no es la mejor, está sin acabar, recordemos que este monarca murió a penas cumplidos los dieciocho años. Su inesperado fallecimiento provocó la necesidad de aligerar el final de las obras de su sepultura. La mayoría o posiblemente casi la totalidad de los entendidos, opina que la mejor tumba de todas es la del faraón Seti I (de la que se expone un vídeo bajado del YouTube en este blog), no es posible su visita, ya que desde hace años se encuentra cerrada al público, así que tendremos que conformarnos con ver fotos o vídeos de ella, también se muestra en alguna película de cine. Los demás enterramientos se pueden visitar, pero está prohibido fotografiarlos por dentro al público en general. Las únicas fotos que se admiten en este lugar son exteriores. Una lástima.
     El Valle de los Reyes comenzó a ser considerado como gran necrópolis a partir de la dinastía XVIII, tiempo en el que fueron enterrados no solo faraones sino también miembros de la familia real (reinas y príncipes) y grandes personalidades. El primer monarca que fijó allí su sepultura fue Thutmosis I (1506-1494 a.C.). Fue declarado  Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y es uno de los lugares más visitados del Egipto faraónico desde hace décadas. Muy pocos viajeros europeos hicieron aparición en el Valle hasta la llegada de la expedición francesa de Napoleón, cuyo grupo de historiadores exploraría el lugar e incluso identificaría algunas tumbas. Fue Champollion quién denominó valle de los reyes a este lugar. No todas las tumbas están abiertas al público, pero sí las que despiertan mayor interés por sus bellísimas pinturas. Un recorrido por este Valle deja un recuerdo imborrable, una grata experiencia. Las pinturas que se pueden admirar en la mayoría de sus tumbas, son delicadas, polícromas y de una bellísima factura. Inolvidables.
      R.R.C. 
NOTA: Fotos del autor.

jueves, 2 de julio de 2015

Venecia: el Gran Canal

     
     Lo más visitado de Venecia junto con la plaza y basílica de San Marcos, divide la ciudad en dos, mide casi cuatro kilómetros antes de desembocar en el mar Adriático, describiendo una S casi perfecta en su recorrido. Aunque es la principal arteria de la urbe, solo cuenta con cuatro puentes, entre los que destaca por su tamaño, belleza y concurrencia el de Rialto, desde donde se divisa una vista espectacular del  canal y sus majestuosos edificios de ambas orillas.

     Una de las actividades más interesantes que podemos realizar, además de ser una buena idea para conocer la ciudad, es tomar un vaporetto (transporte público) desde la estación de Santa Lucía hasta la dársena de San Marcos, y en este viaje fluvial donde alterna las paradas de una orilla a otra se pueden ir contemplando bastantes edificios nobles de Venecia. Una vez hecho este recorrido, nos hemos introducido en el corazón de la ciudad. El problema es la gran cantidad de turistas que hay paseando por sus calles.
      R.R.C.
Nota: Fotos del autor

miércoles, 1 de julio de 2015

Mikonos


    
 Es una pequeña isla del mar Egeo de 85 kilómetros cuadrados que forma parte del archipiélago de las Cícladas, muy cerca de la sagrada isla de Delos. Sólo cuenta con unos 10 000 habitantes censados, pero esta población es considerablemente mayor debido al enorme número de visitantes que tiene. Hay quién la considera “la Ibiza del Egeo”, ya que es famosa por sus discotecas, salas de fiesta, restaurantes, bares, terrazas, lugares de ocio…  y, por supuesto, sus playas de aguas turquesas y cristalinas.

   

     La ocupación de esta isla se remonta al neolítico y desde entonces se encuentra habitada, pero hay que esperar hasta la década de 1950 para que se convierta, poco a poco, en el atractivo turístico que es en la actualidad. La población más importante se encuentra ordenada en torno a calles estrechas formando una especie de laberinto, casas encaladas de blanco con puertas y ventanas pintadas de azul, y diminutas iglesias ortodoxas muy decoradas en su interior. En lo alto, cinco molinos de viento es la estampa más característica de la isla (son particulares y no es posible visitarlos por dentro). Se puede llegar hasta aquí, tanto en avión desde Atenas, como en barco desde otras islas del Egeo y, cómo no, en crucero, ya que son muchos los que tienen escala prevista en su costa.



     No se nos puede olvidar visitar al pelícano Pedro (Petros), que ya forma parte de la isla y se ha convertido en su mascota. Si nos damos un paseo por el centro, probablemente nos cruzaremos con él. El pelícano, digamos original, murió después de treinta años en la isla, se ha ido sustituyendo por otros. En la actualidad, creo que son tres pelícanos los que recorren sus calles en completa libertad.
        R.R.C.
Nota: Fotos del autor.    

sábado, 27 de junio de 2015

La fecha de la Semana Santa

    
      No sé el motivo que le ha llevado al papa Francisco a declarar hace unos días (espero que no haya sido el calor de este mes de junio), que si no se establecía una fecha fija para la Semana Santa, en cuestión de unos sesenta años terminaríamos celebrándola en el mes de agosto. Supongo, que esta afirmación atribuida al sumo pontífice debe ser cierta, y no una mala interpretación de la prensa, porque la he leído en diferentes medios de comunicación y todos coinciden en la misma frase. Para que esto tuviera lugar, tendría que producirse un cataclismo a escala planetaria, e incluso del sistema solar; algo no previsto por ninguna autoridad científica actual. Por otra parte, desde hace millones de años los solsticios y equinoccios vienen dándose en la misma fecha que todos conocemos, y no hay ningún indicio que nos lleve a pensar que este asunto va a cambiar.
     Entiendo, que Francisco quiera llegar a un acuerdo con las distintas iglesias ortodoxas* para celebrar esta Semana de Pasión y Gloria en las mismas fechas, pero de ahí, a decir lo que ha dicho, hay un largo trecho. Ya que puede resultar curioso, que cuando los católicos celebran la resurrección del Señor, para los ortodoxos, todavía estaba predicando y ni si quiera se había dictado una orden de detención contra Él. La explicación a esta insólita situación se remonta al siglo XVI, cuando el papa Gregorio decidió unilateralmente adelantar el calendario juliano diez días, precisamente para evitar un desfase en las estaciones. Y alguna pequeña modificación más. La Iglesia ortodoxa no aceptó esta reforma y siguió sus ritos litúrgicos celebrándolos de acuerdo al antiguo calendario, por lo que actualmente, el desfase es de once días. Así que, sus principales y más conocidas celebraciones ocurren con once días de retraso con respecto a la Iglesia católica. No obstante, hay que advertir que en todo lo demás los ortodoxos siguen nuestro calendario, que es internacional.
     El hecho de que la Semana Santa cambie de fecha todos los años, se debe a que se elige el primer domingo de luna llena después del equinoccio de primavera (que cae alrededor del 21 de marzo) cómo día de la Resurrección del Señor (Domingo de Pascua). Era la única festividad religiosa que celebraban los cristianos en los tres primeros siglos de su existencia. Fue el Concilio de Nicea en el año 325 el que estableció la fecha en que se debía celebrar la Semana Santa, tomando como referencia la Pascua judía que, como todos sabemos, conmemoró Jesús en la Última Cena, poco antes de ser detenido, martirizado y crucificado en el penúltimo día de la semana hebrea, que concluía en el Sabbat (el sábado), su jornada más señalada. A los primeros cristianos no les hubiese gustado coincidir con dicha celebración, pero les fue inevitable. Luego, el Domingo de Pascua sobreviene en un paréntesis de 35 días, entre el 22 de marzo y el 25 de abril, contados ambos.
     Por último, sin ánimo de llevar la contraria al papa Francisco, estaría bien que todos los cristianos celebraran la semana más importante de su calendario litúrgico al mismo tiempo, pero, que a la vez, conservara la estrecha relación que la vincula a la Pascua judía, en la que festejaban su salida de Egipto y el fin de la esclavitud en ese país. De esta manera, no habría contradicción alguna entre tradición religiosa y rigor histórico.

*No obstante, este año 2025 se ha producido la coincidencia de celebrar el Domingo de Resurrección  el 20 de abril ambas confesiones: la católica y la ortodoxa, y conmemora el 1700 aniversario del Concilio de Nicea.

     R.R.C.

sábado, 20 de junio de 2015

La tumba de Drácula

     
     Acaba de fallecer en Londres el actor británico Christopher Lee, un artista prolífico que filmó unas 250 películas y dio vida a distintos personajes; pero yo, siempre lo recordaré en el papel de Conde Drácula que tanto me impactó en mi infancia y juventud. Sencillamente, me producía terror. Me quitaba el sueño, ya que por la noche era cuando él recobraba la vida que el día le negaba, y cometía todas sus tropelías. Elegantemente vestido con su capa negra, prominentes colmillos y ojos sanguinolentos, inquietaba a cualquiera. Su enorme altura de casi dos metros (1,96 cm) colaboraba a su imagen turbadora. Todos recordamos que como muerto viviente y sin alma, no se reflejaba en los espejos, no podía soportar los ajos y retrocedía ante la presencia de la cruz, su principal enemigo. Tampoco podía soportar la luz del Sol que lo hacía volver a su tumba.
     La famosa novela publicada en 1897 por el escritor irlandés Bram Stoker, lo convirtió en el vampiro más famoso de la historia. Situó al personaje en Transilvania, en la actual Rumanía, concretamente en el precioso castillo de Bran con un entorno natural maravilloso, que sirvió al escritor de inspiración para su novela y del que hay una entrada en este blog.
    Pero el verdadero Drácula, el histórico, el que existió de verdad, se llamaba Vlad Tepes; hijo de Vlad II Dracul (dragón), nacido en 1431, en Sighișoara, Rumania, y murió, no se sabe bien cómo, batallando contra los turcos en Bucarest en 1476. Gobernó con el título de Príncipe de Valaquia Vlad Tepes III (el Empalador) Draculean (el hijo del Dragón). Simplificando: Vlad Tepes Draculean. Declarado héroe de Rumanía por el gobierno comunista de Nicolae Ceaușescu en 1976, al cumplirse el quinto centenario de su muerte.
     Vlad Tepes fue un personaje muy cruel, basó su gobierno en el terror sobre súbditos y extranjeros. El empalamiento y la tortura fue lo que habitualmente empleó para mantener el control dentro de sus dominios y atemorizar a sus adversarios. Lo primero que hizo al llegar al poder, fue eliminar físicamente a los boyardos, nobles que se oponían a él. Lo mismo hizo con ciudades que no quisieron someterse a su autoridad como Brasov o Sibiu, ejecutando por empalamiento a hombres mujeres y niños de estas localidades. Sus enemigos exteriores fueron los turcos musulmanes, aunque también se enfrentó y trató con igual dureza a cristianos ortodoxos, según conviniese a sus intereses. Su reinado, en fin, se caracterizó por la crueldad, la tortura, la guerra y la muerte, que él mismo encontró, probablemente, en el campo de batalla.
     Según la tradición, en el monasterio del lago Snagov cerca de Bucarest hay una tumba con su nombre, sin embargo, sus restos no se han encontrado allí, ya que han aparecido en su lugar restos de animales. No obstante, apareció un cadáver decapitado y con vestimentas propias de su rango al lado de su sepultura, pero se perdieron en la década de 1940.
     Ahora bien, investigadores de la Universidad de Tallín, Estonia, consideran que Vlad Tepes fue hecho prisionero por los turcos en su última batalla. Enviaron a su hija María con la familia gobernante de Nápoles con la que su padre estaba aliado. Y después de ser encarcelado por los turcos, sus parientes napolitanos habrían pagado el rescate, para pasar los últimos días de su vida con su descendiente. Esta hipótesis explicaría que en la iglesia de Santa María la Nova de esta ciudad italiana; Erika Stella, estudiante de doctorado, hallara una lápida con bajos relieves del siglo XV con toda la simbología de Vlad, o sea, su nombre estaría escrito en esta lápida simbólicamente; en donde los dragones hacen referencia a Drácula y las esfinges opuestas a la ciudad de Tebas, también conocida como Tepes. De momento, esta tumba no se ha abierto para comprobar si esta teoría está en lo cierto. Habrá que esperar. Por otra parte, en este mismo lugar, se encuentra la tumba de su hija y su yerno, según aseguran los mismos investigadores.

     R.R.C.