domingo, 11 de noviembre de 2012

El Moisés de Miguel Ángel

             «...No hay nada que no pueda expresarse con un bloque de mármol...». Extraer de un montón de piedra un cuerpo humano era la máxima ambición de Miguel Ángel. En 1505, el Papa Julio II le encarga un gran mausoleo para su sepultura. Traza grandes proyectos, para una obra que habría de ocupar el centro de San Pedro, bajo la cúpula que cubriría el crucero. En 1513, muerto Julio II, se ve obligado a reducir su idea original, y al final  el proyecto queda convertido en una sencilla tumba adosada a uno de los muros de San Pietro in Vincoli, pequeña iglesia situada en el centro de Roma, decorada con la estatua del profeta Moisés, y dos estatuas femeninas, alegoría de la vida activa y la contemplativa, Lía y Raquel.
            Moisés, tallado en mármol de carrara alcanza una altura de 2,35 metros, aparece sentado, en una posición que nos recuerda al Laocoonte (descubierto en 1506 y comentado en otra página de este blog), con una pierna firmemente apoyada en el suelo, mientras que la otra se desplaza hacia atrás, proporcionando mayor volumen a  la figura. El contraposto también se da en los brazos, pues mientras el derecho se apoya en las Tablas de la Ley formando un ángulo agudo, el izquierdo reposa en ángulo recto sobre su torso. Las manos son expresivas de su desencanto y se aferran a su espesa y agitada barba, mientras que la poderosa cabeza de la que salen dos cuernos de luz, símbolo de la visión de Dios, mira hacia la izquierda y es la expresión más elocuente de la terribilitá con que Miguel Ángel dota a esta figura: con fiereza en la mirada, con la musculatura en tensión, las venas se inflaman indignado por el descubrimiento de que su pueblo ha traicionado al Altísimo adorando un becerro de oro (ahora que somos más modernos adoraríamos el oro del becerro), mientras que él se encontraba en el monte del Sinaí recibiendo, precisamente, los Diez Mandamientos de Dios.
            Con esta obra, Miguel Ángel rompe con la armonía y el equilibrio del primer Renacimiento, a pesar de que sus ropajes están dispuestos a la manera clásica. Hay una plasmación de una mayor expresividad y movimiento que hace que esta escultura pertenezca ya al alto Renacimiento y anuncie una nueva manera de concebir la obra de arte.
           Hay una bonita anécdota que relata que cuando Miguel Ángel finalizó la estatua de Moisés se colocó delante de esta monumental obra, la golpeó con un martillo en la rodilla y se dirigió al profeta diciéndole: ¡ahora habla!. Lo que indica, como fue capaz de llenar de vida un bloque de mármol.
       R.R.C.
APÉNDICE (13-8-2019)                             
                                              Los cuernos de Moisés

     Posiblemente ha sido la estatua que Miguel Ángel realizó de Moisés para la tumba del papa Julio II en el siglo XVI, y que hoy podemos contemplar en la iglesia de San Pietro in Vincoli de Roma, la que popularizó una imagen del profeta del Antiguo Testamento con cuernos.
     Cuando Moisés desciende del monte Sinaí con las tablas de Los Diez Mandamientos, tenía su rostro desfigurado por haber estado ante la presencia de Dios, según nos dice el libro del Éxodo en el cap. 34, vers. del 29 al 35. Los israelitas quedaron tan asustados que se vio en la necesidad de cubrirse la cara con un velo el resto de sus días, descubriéndose solo cuando volvía a estar en presencia de Dios.
     ¿Qué pudo ocurrir? El meollo de la cuestión se centra en la palabra hebrea “KRN”, lógicamente escrita sin vocales, ya que esta lengua carece de ellas. Cuando el papa Dámaso I encarga a San Jerónimo en el siglo IV que traduzca la Biblia del hebreo y el griego al latín, la famosa Vulgata latina, reconocida como la Biblia oficial de la Iglesia católica, interpreta la palabra consonántica como: karan, que significa cuerno y, de aquí, que a Moisés se le represente con estos “adornos”. Ahora bien, actualmente se ha optado por otra traducción muy diferente del mismo término: keren, que se podría traducir por radiante, e incluso, como rayos de luz. De haber conocido el autor renacentista esta última versión del texto bíblico ¿cómo hubiera representado los rayos de luz a partir de un bloque de mármol? Seguro que hubiera encontrado la forma perfecta de hacerlo.

NOTA: ¿Por qué San Jerónimo optó por karan (cuerno) y no keren (rayo de luz)? Cuando, además, tenía a su disposición la versión griega del Antiguo Testamento (Biblia de los Setenta o Septuaginta), en la que para nada aparecía la palabra cuernos. Parece evidente que el significado que quería dar al término era otro muy distinto al que interpretamos hoy en día, es decir, que hace referencia a la infidelidad, o al que se le dio en la Edad Media, que representaba todo lo demoniaco. Por lo tanto, nos encontramos ante una metáfora que aludía (al igual que en otras culturas antiguas) a la sapiencia, la fuerza, la energía, la experiencia…; y si no a la divinidad misma, al menos a haber estado en contacto con Dios. Obviamente, este último significado no ha llegado hasta hoy.
        R.R.C.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Ruinas celtas del monte de Santa Tecla en Galicia


     El monte de Santa Tecla de 340 metros de altitud se encuentra situado en la localidad de La Guardia, provincia de Pontevedra, en la desembocadura del río Miño que separa este municipio de Portugal. Las vistas que se pueden observar desde aquí son espectaculares, siempre que la niebla no te lo impida. Cuando ascendemos nos encontramos con un castro, nombre con el que se conocen estos pequeños poblados celtas, que solían estar establecidos en lugares estratégicos y de fácil acceso a recursos naturales. Este que nos ocupa se comenzó a excavar a principios del siglo XX, su número de moradores parece escaso, no sobrepasaría los 300 vecinos. Tuvo una ocupación continuada entre los siglos I a. C., al poco de comenzar el proceso de romanización de Galicia, y el siglo I d. C., y a partir de ese momento comenzó un lento proceso de abandono.  Se encontraba amurallado y presenta una forma desordenada y sin apenas espacio entre las viviendas, la mayoría de ellas pequeñas, circulares y cubiertas de brezo o paja, el grosor de sus paredes suele ser bastante uniforme, sobre 40 cm de media. Se asientan directamente sobre la roca madre y sus muros estarían recubiertos con un mortero de cal y arena tintados de distintos colores. En su interior era donde se desarrollaba la vida cotidiana. Algunas presentan bancos adosados y su pavimento podía ser de tierra pisada, o de losa. Fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1931 y también tiene la consideración de Bien de Interés Cultural.
     R.R.C.

Nota: Foto del autor.

Ruinas de Cartago: Termas de Antonino Pio


     Estas termas construidas por los romanos en la antigua capital del Imperio cartaginés fueron uno de los baños más grandes de la época romana, datan del siglo II de nuestra era y, desde luego, fueron las más importantes en suelo africano, de las cuales han llegado hasta nuestros días una gran cantidad de ruinas que fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace ya más de treinta años. Cartago fue una importante ciudad de la antigüedad destruida por los romanos y reedificada por ellos. Se encontraba en la bahía del mismo nombre en la costa mediterránea, en la actual Túnez. Entre sus restos arqueológicos casi todo lo que queda es de origen romano, ningún resto es púnico. En su mayor esplendor las termas contaron con once bóvedas que ascendían a una altura de treinta metros.


     Se edificaron después de que un terrible incendio arrasara la ciudad, pero de lo que no se pudieron librar fue de un gran terremoto que asoló la zona a finales del siglo IV o a principios del V, por lo que tuvieron que ser reconstruidas, para ser abandonadas finalmente en el siglo VII.
     R.R.C.
Nota: fotos del autor.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Gerasa, la Pompeya asiática

   
     Tanto por la calidad de su arquitectura, como por su buen estado de conservación, se conoce a Gerasa (Jerash) como la Pompeya asiática. La mayoría de sus restos son del período romano y bizantino. Situada a unos cuarenta kilómetros al norte de la actual capital de Jordania, sus ruinas representan una de las ciudades romanas más importantes del Próximo Oriente. En el siglo I de nuestra era alcanzó una gran prosperidad e incrementó sus actividades comerciales, gracias a la construcción de calzadas romanas que pasaban por la zona. En el siglo siguiente también mostró un gran desarrollo y su población llegó a alcanzar entre veinte y veinticinco mil personas. Nicómaco, filósofo y matemático neopitagórico, era de aquí y fue considerado una autoridad durante un milenio.

     En cuanto a los edificios más importantes habría que destacar el arco de Adriano, construido en el 130 d. de J.C., un circo, dos enormes templos dedicados a Zeus y a Artemisa, dos teatros, una larga avenida con columnas de ochocientos metros y una maravillosa plaza pública (el foro)  con forma elíptica rodeada de una columnata. Desde mediados del siglo IV vivió en la ciudad una importante comunidad cristiana, llegando a construir una catedral. Más adelante se seguirían levantando iglesias hasta sobrepasar la docena, con suelos elaborados a base de ricos mosaicos.
      R.R.C. 
Nota: Fotos del autor

jueves, 8 de noviembre de 2012

Pompeya, la ciudad sepultada por el Vesubio


     Es una ciudad muy antigua de la península itálica fundada en el siglo VII a. de J.C., situada a unos doscientos kilómetros al sur de Roma y muy próxima a la actual ciudad de Nápoles, que con el paso de los años se convirtió en una urbe rica con un buen número de monumentos y jardines. Su prosperidad se vio truncada cuando en el año 62 sufrió un fuerte terremoto que la dañó seriamente. No se había terminado de reconstruir y volvió a sufrir otra catástrofe mucho peor, la erupción del Vesubio en el verano del año 79 de nuestra era. Las consecuencias fueron catastróficas para la ciudad, pues quedó sepultada bajo sus cenizas hasta mediados del siglo XVIII cuando empezaron las excavaciones para sacarla a la luz de nuevo. Fue el ingeniero militar nacido en Zaragoza Roque Joaquín de Alcubierre el descubridor y primer excavador de esta espectacular ciudad.

      Sorprende el buen estado de conservación actual, como podemos comprobar en la mayoría de sus edificios y la decoración de sus casas, así que, durante su visita se puede experimentar la sensación de que aún sigue habitada. Todavía podemos apreciar algunos templos, la basílica, el foro, las termas, el teatro, el anfiteatro, varias de las casas más lujosas... mientras paseamos por sus empedradas calles. También podemos ver los moldes de figuras de alguno de los cuerpos que fueron encontrados bajo las cenizas; impresiona verlos, con lo cual nos podemos hacer una idea del horror que sintieron estas pobres gentes ante la avalancha de roca y ceniza que se les venía encima. El historiador que fue testigo de los acontecimientos, Plinio el Joven, nos indica que durante los días anteriores ya hubo temblores de tierra, pero nadie podía sospechar la inminente desgracia que provocaría miles de muertos, entre los que se encuentra el ilustre historiador Plinio el Viejo, tío del anterior, que murió al inhalar los gases tóxicos que se desprendían de la erupción. En estos trágicos momentos, se calcula que Pompeya contaba con unas quince mil personas y se piensa que gran parte de ellos pudieron escapar de la tragedia. Sobre el número de víctimas (se han encontrado restos de unos dos mil cadáveres) hay que tener en cuenta que las excavaciones todavía no han finalizado, y cabe esperar que aparezcan más. Resulta impactante el hecho de que los gladiadores encadenados no pudieron abandonar el anfiteatro, allí encontraron su final, y que los perros domésticos muriesen intentando soltarse de las cuerdas que los tenían atados a las casas de sus amos.
     En fin, la visita a la ciudad romana de Pompeya resulta muy didáctica e interesante, para hacernos una idea de cómo era y como se vivía en una localidad del siglo I de nuestra era en la primera potencia de la época: el Imperio romano.
     R.R.C.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Stonehenge

    
      Es el monumento megalítico más famoso del mundo, construido por el hombre prehistórico en el sur de Gran Bretaña, a unos ciento treinta kilómetros al oeste de Londres. Cronológicamente corresponde a la Edad del Bronce, es decir, estamos hablando del tercer milenio antes de J.C. Pero su forma definitiva, tal y como  hoy lo veríamos si estuviese completo, no la alcanzó hasta el 1500 antes de nuestra era. Cuatrocientos años después fue abandonado. Está compuesto por enormes bloques de piedra que forman cuatro circunferencias concéntricas, y un foso circular de poco más de cien metros rodea toda la construcción. La finalidad con la que fue construido no está clara, lo que ha dado lugar a muchos comentarios, pero pudo ser utilizado como un templo religioso para adorar al Sol y a la Luna, tener una función funeraria, o incluso un carácter astronómico, con el objetivo de poder predecir las estaciones.
     La clase de piedra arenisca con la que fue construido se encuentra a unos treinta kilómetros al norte de este lugar, y cada uno de estos menhires que integran la construcción pesan unos veinticinco mil kilos, mientras que los bloques colocados sobre ellos, a modo de dintel, alcanzan los siete mil kilos. El primer círculo de piedras tiene un diámetro de casi treinta metros. Tres metros al interior aparece el segundo círculo del que sólo quedan unos veinte menhires. Más al interior, encontramos una formación en herradura con cinco trilitos enormes y, dentro de ellos, diecinueve menhires de menor altura. Encontramos al final la "piedra del altar", de casi cinco metros de alto.
     Para concluir, actualmente no sé cómo andará el asunto de las visitas, pero cuando yo la realicé hace 32 años no nos dejaron caminar entre las piedras, pudimos ver el crómlech con claridad a cierta distancia, pero al menos, no nos cobraron nada.
        R.R.C.
 Nota: Imagen obtenida de Internet                                                               

martes, 6 de noviembre de 2012

Santa Ana, La Virgen y el Niño de Leonardo da Vinci

      
    Leonardo, en 1510, se decide a hacer un cuadro a partir del cartón de Santa Ana que había ejecutado diez años antes y que había suscitado la admiración de los florentinos. Se trata de un óleo sobre tabla de 168 X 112 cm, hoy en el Museo del Louvre; y que estuvo trabajando en él hasta su muerte en 1519. También se conserva un cartón que representa el mismo tema en la National Gallery de Londres. Recientemente ha “sufrido” una "agresiva" restauración, pues algunos conservadores consideran, que la limpieza ha sido demasiado exhaustiva, pero la luminosidad y colorido que se ha logrado es evidente. Leonardo estudió científicamente hasta la más mínima parcela de su cuadro, posiblemente, es la obra más ambiciosa de toda su carrera, de sutiles transiciones de luz y sombra. Las casi imperceptibles variaciones del color, como podemos comprobar en los labios de sus figuras, que se nos escapan, dan vida a los rostros.
     Representa a la Virgen María, sentada sobre las rodillas de su madre, Santa Ana, y que dobla su cuerpo para sujetar amorosamente al Niño Jesús, que vuelve su mirada hacia su madre, mientras sujeta entre sus manos el cordero del sacrificio, que anuncia su futura muerte violenta. El conjunto, se halla en medio de un paisaje rocoso muy idealizado, los picos montañosos parecen evaporarse en una atmósfera azulada que lo inunda todo, creando efectos de perspectiva aérea.
     La composición del tema es piramidal, siendo la cabeza de Santa Ana la que ocupa el vértice de la pirámide. Hay una especie de movimiento giratorio de las figuras que crea un flujo, una especie de corriente de transmisión del amor de la madre hacia la hija, de la hija hacia el Hijo, y del Hijo hacia el cordero del sacrificio. Esta corriente se acentúa por la línea de unión de las tres miradas. La serena expresión de Santa Ana contrasta con la ansiedad manifiesta de la Virgen por el niño.Y, no falta quién ha visto en ello, un significado simbólico.
      En cuanto al color, el estudio de la luz y de la profundidad, podemos decir que es muy parecido a “La Virgen de las Rocas”. Contraste entre tonos bajos, que ocupan superficies extensas; frente a los altos, con superficies más reducidas (traje de la Virgen); la luz, que ilumina primordialmente los rostros de la Virgen y del Niño; la profundidad conseguida con la disposición del paisaje irreal; el dibujo difuminado; etc.
     La concepción del tema es el de una escena puramente familiar, tierna y doméstica, que adquiere una dimensión sobrenatural gracias al paisaje. El amor terrestre y el amor divino van unidos en este cuadro, que emana una ternura y una espiritualidad raramente igualadas.
     R.R.C.