martes, 20 de octubre de 2026

EL ANTIGUO CILINDRO SELLO Y LA FIRMA DIGITAL

 

     Ya publiqué un post anterior sobre estos pequeños y curiosos artefactos en forma de cilindro, grabados con variados motivos como dioses, objetos simbólicos del poder,  escritura cuneiforme etc. Para ello utilizaban piedras duras para hacerlos rodar sobre una superficie más blanda, normalmente arcilla fresca. Se remontan al IV milenio a. C., al período de Uruk en la antigua Mesopotamia. Entre las diferentes piedras que utilizaban: obsidiana, cornalina, hematites…  la más valorada por su hermoso color azul con incrustaciones doradas eran los elaborados en lapislázuli, el cual se transportaba del actual Afganistán.

     El cilindro que ilustra la imagen se conserva en el Museo Británico. Se le conoce como el sello Adda, uno de los más significativos que se conservan grabado en huecorrelieve sobre ¿jade, diorita?, que le da ese color verdoso. Presenta un diámetro de 2.5 cm, tiene una altura de casi 4 cm y una antigüedad de unos 4300 años, lo que nos llevaría al período acadio. Aparecen divinidades tanto sumerias como acadias, en el cual observamos un dios de la caza, la diosa  Ishtar, también se muestra el dios del sol (Shamash) con rayos, un león camina hacia la derecha rugiendo, etc. La única inscripción cuneiforme que porta se refiere al dueño como Adda, que ejercía como escriba. Aunque la cuestión que nos ocupa en esta ocasión, es que estos cilindros sellos eran únicos y dejaban una huella irrepetible. En la imagen inferior podemos ver el rastro que producían cuando lo hacían rodar sobre arcilla:

     Con lo dicho hasta ahora, no sería una locura (guardando todas las distancias razonables), compararlo con la firma digital actual, ya que en ambos casos sirven para acreditar documentos, al mismo tiempo que avalaría la identidad del autor, y cuyo contenido no ha sido manipulado. Por lo tanto, cumplía a la perfección una función de autentificación que no tenía nada que envidiar a la firma digital de hoy en día, con su huella exclusiva e irrepetible, formalizando el mismo cometido legal y de filiación que la firma electrónica. Asimismo, cada sello estaba asociado a una persona distinta, como podría ser un sacerdote o un funcionario, por ejemplo, lo mismo que los certificados digitales al uso, que se encuentran asociados a un único usuario. Por último, si se rompía o manipulaba la tablilla con el sello impreso en ella quedaba anulada; al igual que la criptografía* en la firma digital. Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos, que los cilindro sello mesopotámicos son el antecedente histórico más evidente y directo de los sistemas de autentificación modernos.

      Los que elaboraban estas obras eran maestros artesanos especializados en hacer grabaciones en “negativo” con piedras duras, para poder obtener un “positivo” final al girar el objeto sobre arcilla, como apunté al principio. Estos operarios contaban con, al menos, cuatro años de formación utilizando cinceles, barrenas, taladros y otras herramientas. En fin, in illo tempore, no estaban desprovistos de sagacidad y erudición.

*Que se ocupa mediante algoritmos matemáticos cambiar los apuntes legibles en una configuración ilegible, para protegerlos de otros terceros no autorizados)

       R.R.C.