lunes, 8 de octubre de 2012

Saturno devorando a sus hijos

     
      Es un óleo sobre lienzo de 146X 83 cm. ubicado en el museo del Prado y realizado por Francisco de Goya durante el trienio liberal del Rey Fernando VII. Es una de las pinturas negras más desgarradoras y trágicas.  El dios del tiempo devora a su hijo para que nadie pueda destronarle (se comía a todos los hijos recién nacidos de su mujer  Rea). Pero Júpiter escapó y logró acabar con su tiranía. Hay que destacar la deformidad del antropófago. Es una representación de cómo el tiempo acaba con todo, una obsesión del pintor. Esta obra fue pasada de un muro a un lienzo, por lo que sufrió desperfectos, ya que se encontraba en las paredes (a pesar de emplear óleo en su ejecución) de la Quinta del Sordo, la casa de Goya. Por último, también se ha querido ver en ella a Fernando VII aniquilando a su pueblo.
     R.R.C.

La Venus de Willendorf

      
     En 1908 en un valle del Danubio, en el yacimiento paleolítico de Willendorf ( Austria), el arqueólogo Josef Szombathy descubrió una pequeña estatuilla femenina de 11 cm. de altura y 15 cm. de circunferencia, que resultó ser el primer hallazgo de una pieza escultórica de época prehistórica. Fechada en el Paleolítico superior y conservada en Viena, es la más conocida de todas las venus encontradas en este período, su antigüedad se remontaría entre 22000 y 25000 años. Está realizada en piedra caliza y pintada en tonos de ocre rojo. Desde un primer momento, las características de la pieza, que evidentemente representa a una mujer embarazada, en la que la volumetría del abdomen y la de sus atributos sexuales son muy exagerados, hicieron pensar en una obra con un claro carácter de culto a la fertilidad femenina, mientras su cabeza y rostro no interesan al autor, pues se limita a una especie de trenzado. Sus brazos y manos, apenas perceptibles, aparecen representados sobre sus enormes pechos.
     Por otra parte, hay quien piensa que puede tratarse de la representación de una deidad vinculada al culto a la Madre Tierra. En cuanto a su utilización, se barajan también diversas posibilidades: desde que fuera una estatuilla votiva para ser venerada; a que se utilizara como un amuleto que facilitara la fecundidad de su portadora, dada su pequeña talla.
     Hay que tener presente a la hora de comprender estas pequeñas estatuillas del Paleolítico superior: que todas son femeninas; de mujeres embarazadas; y que destacan las partes sexuales diferenciadoras del hombre y la mujer. Todo ello, nos debe poner en el camino de su correcta interpretación.
       R.R.C.

domingo, 7 de octubre de 2012

Cuatro islas Canarias: La Gomera, Gran Canaria, Tenerife y Lanzarote

      La Gomera, con una superficie de 370 km², fue el último lugar de avituallamiento de Cristóbal Colón antes de partir al Nuevo Mundo en 1492. Su altitud máxima es el pico de Garajonay de casi mil quinientos metros que pertenece al parque Nacional del mismo nombre, considerado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Éste alberga una joya natural propia del periodo terciario: el bosque de laurisilva. Su población actual es de unos veintitrés  mil habitantes, siendo su capital San Sebastián de La Gomera, su municipio más poblado con más de nueve mil personas.

      Gran Canaria tiene una superficie de 1560 km² y una población en 2011 de ochocientos cincuenta mil habitantes. Su capital Las Palmas es la ciudad más poblada con casi cuatrocientas mil personas. La ciudad cuenta con uno de los puertos más importantes de España y de Europa. Tiene un gran patrimonio histórico, cultural y artístico, entre los que destacan el Museo Casa de Colón, que rememora el paso del almirante por la isla antes de su primer viaje en el Descubrimiento de América, o la Catedral de Canarias, considerado el monumento más importante de la arquitectura canaria. El puerto de Mogán, al sur de la isla, cuenta con un pequeño submarino turístico, en el que se puede realizar una interesante inmersión de unos tres cuartos de hora, en la que se puede observar un pecio hundido. Otras islas también cuentan con este medio. 


      Tenerife es la isla más grande del archipiélago con poco más de dos mil km² y una población de novecientos mil habitantes, lo que la convierte también en la isla más grande. Su municipio más poblado es su capital Santa Cruz con más de doscientas mil personas. Aquí se encuentra el pico más alto de Canarias y de España con más de tres mil setecientos metros de altitud. En la capital, se levanta un magnífico edificio de estilo tardomoderno a orillas del océano Atlántico, se comenzó a construir en 1997 y se concluyó en 2003, obra del arquitecto Santiago Calatrava. Se compone de sucesivas plataformas de las que sobresale un gran volumen curvo, todo envuelto por la impresionante ala volada, que, suspendida a unos 50 metros de altura, proporciona sensación de movimiento y flexibilidad, como si de un ser animado se tratase.  Su color blanco impactante le proporciona un gran atractivo visual.

     Lanzarote tiene una superficie de 846 km² y una población de ciento cuarenta y cinco mil habitantes. Consta de siete municipios, de los cuales Arrecife es el más poblado y la capital insular, pues cuenta con unas sesenta mil personas. Cabe destacar el Charco de San Ginés, es una laguna de agua marina que penetra hacia el interior de la ciudad, precisamente  es el área fundacional de Arrecife, y en sus inmediaciones se hallan algunos de los lugares de mayor interés de la población, como la parroquia de San Ginés Obispo, el Castillo de San Gabriel o la zona comercial de la Calle Real.

      R.R.C.
 Nota: fotos del autor en La Gomera y Tenerife   

sábado, 6 de octubre de 2012

"Cuadrado negro" de Malevich

        
     Es un óleo sobre lienzo 106,2 x 106,5 cm. fechado en 1913 del pintor ruso Kasimir Severinovitc  Malévitch, conservado en El Museo Estatal de Rusia, en San Petersburgo. Su estilo artístico se denomina  Suprematismo, que fue un movimiento artístico enfocado en formas geométricas fundamentales (en particular, el cuadrado y el círculo), que se inició en Rusia, promovía la abstracción geométrica y el arte no figurativo, en búsqueda de la nada como logro máximo. Para el autor, significaba la supremacía del sentimiento puro en el arte, con el objetivo de "liberar al arte del lastre del mundo de las cosas", según sus propias palabras. Sus composiciones suprematistas fueron realizadas todas ellas entre 1913 y 1922,  llegando  a reducir las formas a un solo cuadrado, triángulo, cruz, o círculo (negro, rojo, verde, azul, o blanco) de gran tamaño sobre el fondo; aunque otras veces sus cuadros presentaban policromías y una mayor complejidad formal. Es una tendencia a lo más básico: la línea, el plano, en busca de formas puras, simples, que no podía encontrar en la naturaleza. Todo ello con un gran misticismo de fondo, que explicara el Universo en su pureza. Por otra parte, es el mundo de la no representación, en donde el arte se libera de tener un fin estético.
    
     El cuadro en cuestión, supuso una bofetada  inesperada a espectadores acomodados y sin interés en las innovaciones artísticas y, que buscaran una nueva forma de ver y entender el arte diferente a la que hasta ahora habían tenido. Les ayudó a abrir sus mentes e incentivar las ansias revolucionarias del momento.  La obra es de una gran sencillez y sobriedad, en la que se ha prescindido absolutamente del color, pero no por ello ausente de complejidad, pues  la serenidad de la forma geométrica  parece retarnos con su quietud. Nos encontramos frente a la abstracción pura. Por otro lado, la elección de la forma cuadrada no es fruto del azar ya que, por tradición, junto con el círculo, esta es la representación  de la perfección matemática, la forma cero. El paralelogramo es lo primero que se presenta al pintor en el momento de comenzar una obra. El equivalente del silencio en la música.
     
     Este cuadro no es una gran obra de arte, Malevich lo sabía, no es una obra que sirva para decorar nada, tampoco lo pretende, ni siquiera es una pintura en el sentido amplio de la palabra. En mi opinión, sólo es una propuesta para la reflexión, en un momento de búsqueda de nuevas fórmulas de expresión artística y, en este sentido, hay que verla y respetarla.
       R.R.C. 

"El beso" de Constantin Brancusi

       Es una pequeña escultura de estilo abstracto de 58.4 cm de alto de piedra calcárea, de principios del siglo XX, está expuesta en el Museo de arte de Filadelfia en E.E.U.U. Su autor nació en Rumania en 1876 y estudió escultura en la Escuela de Bellas Artes de Bucarest. En 1904 se instaló definitivamente en París, donde conoció a Auguste Rodin y a Amadeo Modigliani, con quien mantuvo una profunda amistad. A partir de 1907-1908 evoluciona hacia un estilo mucho más personal. Inicia un proceso en el que sus figuras se simplifican y tienden hacia la abstracción. Se interesa por el arte primitivo; por la escultura prehistórica y africana. Es en este momento cuando inicia "El beso".
      Son dos figuras abrazadas, que se besan, en  las que se deja entrever los sexos, simples líneas dividen sus cuerpos. La unión entre ambas es completa, a lo que contribuye el hecho, de ser una estatua bloque como las que se hacían en el antiguo Egipto o en la Grecia arcaica. Su textura es tosca, evita el pulido para evidenciar la talla directa. En El beso, no hay elementos anecdóticos o narrativos, ni tampoco hay sentimiento, son dos personas que se besan y nada más, por el simple placer de hacerlo, no hay amor, ni pasión, ni romanticismo, no son dos personas enamoradas. En esta obra se ponen de manifiesto los fundamentos del arte de la escultura, pues lo que importa es: la masa, el volumen, la textura de la piedra y la composición simplificada. Sin florituras, sólo lo necesario para transmitir el mensaje. Se busca lo esencial con la máxima sencillez: la boca y el ojo es compartido por ambos personajes, y el cabello se limita a indicarlo con unos toscos y largos rizos paralelos. La escultura es una muestra para hacer pensar y emocionar al espectador con la propia esencia de un beso. El equilibrio es perfecto entre fondo y forma. Tan solo nos faltan los brazos, que se prolongan por el bloque de piedra hasta rodear ambos cuerpos y unirlos, aún más si cabe, en un fuerte abrazo, que destaca tanto como el propio beso. Si tuviéramos que ponerle un segundo título a la obra; la podríamos denominar: “El abrazo”.
         R.R.C.

La Puerta de Brandeburgo y La Catedral de Berlín (Alemania)



     Es una de las antiguas puertas de entrada a Berlín, además del símbolo más importantes de la ciudad. Se inauguró a finales del siglo XVIII y simboliza el triunfo de la paz sobre las armas, y muy poco después, en 1795 el monumento fue coronado con una cuadriga de cobre que representa a la Diosa de la Victoria en un carro tirado por cuatro caballos. Destruida durante la Segunda Guerra Mundial, la que existe hoy es una copia realizada en 1969, la cual sufrió graves daños, pero fue reconstruida en la década siguiente. El conjunto es una construcción de piedra arenisca, simétrica, con dos pórticos que avanzan, y tiene la simplicidad del orden dórico. Con una altura de veintiséis metros y de estilo neoclásico, está inspirada en el arte griego antiguo; recuerda mucho el Propileos de la Acrópolis de Atenas, que era la puerta de entrada a la misma.  Situada en el centro de la actual ciudad de Berlín, es uno de los puntos más importantes y cercanos a otros lugares de interés.

     La Catedral es una iglesia evangélica de estilo neobarroco. Situada frente a un imponente jardín, en el mismo centro de la capital alemana, fue construida en tan solo una década entre 1895 y 1905 y es el edificio religioso más representativo de la ciudad. Fue seriamente dañada por los bombardeos de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, se empezó a reconstruir en 1975 y dieciocho años más tarde concluyeron las obras, con un nuevo diseño de la parte superior, más simple y de menor altura que el original. Mide 114 m de largo, 73 de ancho y 116 de alto; siendo mucho más grande que las construcciones que previamente habían existido en ese lugar. Se pensó como un gran templo protestante que contrarrestara la influencia de la Basílica de San Pedro del Vaticano.  Coronada por una gran cúpula de cobre de color verdoso desde donde se pueden observar unas preciosas vistas del centro urbano.
      R.R.C.
Nota: fotos del autor.

viernes, 5 de octubre de 2012

El carnaval del arlequín de Joan Miró

     
      Es un óleo sobre tela de 66 x 93 cm. de 1925, que se conserva en la galería Albright-Knox de Buffalo, Nueva York. Su autor, destaca entre los máximos exponentes del surrealismo abstracto, aunque previamente sus obras discurrieron entre el Fauvismo, el Cubismo y el Dadaísmo. Aportó una visión del inconsciente, mágica y lírica, todo ello con una gran fantasía. Con una gama de colores brillantes, creaba en un espacio real una gran cantidad de signos fácilmente reconocibles como: estrellas, soles, gatos, peces, escaleras, insectos, etc. con fuerte contenido simbólico.
     El propio pintor catalán hace la siguiente descripción de su obra: “ Lo pinté en mi taller de La Rue Blomet. Mis amigos de aquel entonces eran los surrealistas. Intenté plasmar las alucinaciones que producía el hambre que pasaba. No es que pintara lo que veía en sueños, como decían entonces Breton y los suyos, sino que el hambre me provocaba una manera de tránsito parecido al que experimentaban los orientales. Entonces realizaba dibujos preparatorios del plan general de la obra, para saber en qué sitio debía colocar cada cosa. Después de haber meditado mucho lo que me proponía hacer, comencé a pintar y sobre la marcha introducía todos los cambios que creía convenientes. Reconozco que El Bosco me interesaba mucho, pero no pensaba en él cuando trabajaba en El Carnaval". En este cuadro, reelabora elementos figurativos aparecidos en obras de Bruegel y de El Bosco, en donde se asiste también a esta invasión de criaturas simbólicas.
     En la tela aparecen ya elementos que se repetirán después en otras obras: la escalera que es la huida y la evasión, pero también la de la elevación; los animales y; sobre todo, los insectos, que siempre me han interesado mucho. La esfera oscura que aparece a la derecha es una representación del globo terráqueo, pues entonces me obsesionaba ya una idea: ¡tengo que conquistar el mundo!. El gato, que lo tenía siempre junto a mí cuando pintaba. El triángulo negro que aparece en la ventana representa la Torre Eiffel. Trataba de profundizar el lado mágico de las cosas. Por ejemplo, la coliflor tiene una vida secreta y eso era lo que a mí me interesaba y no su aspecto exterior. Durante ese año frecuenté mucho la compañía de poetas porque pensaba que era necesario ir más allá del “hecho plástico” para alcanzar la poesía.
     Ante esta perfecta descripción del autor poco podemos añadir, y siempre con el temor de contradecir sus palabras. Si observamos el cuadro detenidamente podemos comprobar: que un autómata que toca la guitarra junto con un arlequín con grandes bigotes, son los personajes principales de la composición pictórica, en donde hay una mezcla de objetos reales con otros inventados, imaginarios; aparecen gatos; pájaros que ponen huevos de donde salen mariposas; peces voladores; así, como una escalera que tiene una oreja humana enorme proyecta un ojo minúsculo entre los barrotes. El ojo, adoptado como emblema para señalar la presencia del hombre, como podemos comprobar en otras obras suyas, e incluso, incorpora signos de la notación musical. Respecto a esto último, Kandinsky, por esta misma época, ya trataba de relacionar los colores y las formas en la pintura con las notas musicales, como expone en su libro “De lo espiritual en el arte”. 
     Una sinfonía de colores y formas en movimiento recorren todo el espacio real, realizado con las normas de la perspectiva tradicional, en donde vemos un suelo y una pared de fondo, en la cual, se abre una ventana que nos permite ver el exterior, en la que aparece una forma cónica  oscura (que ya sabemos lo que representa, en palabras del propio pintor) sobre un cielo azul intenso, un Sol y una llama roja aparecen a su lado. 
     Es una obra detallista que exige una lectura detenida. Los colores, sobre todo los primarios, obedecen también a esta lectura detallada, y participan igualmente de la unidad armónica del cuadro, aportando más dinamismo a la obra. Por otra parte, los múltiples objetos parecen flotar en el espacio, como si la gravedad hubiera desaparecido en esta fantástica y onírica habitación. La escena es un carnaval, donde las apariencias pueden transformarse para ver otras que hay debajo. La realidad queda disfrazada y la apariencia es engañosa, debajo de la máscara se esconde otra forma. 
Por último, esta obra supuso la plena aceptación del artista en el grupo surrealista de París, dirigido por André Bretón, que incluso llegó a afirmar, que Joan Miró, con su gran imaginación, era el más surrealista de todos ellos.
       R.R.C.