El conocido
refrán de “no vender la piel del oso antes de cazarlo” no puede ser más
oportuno y certero que lo mostrado en esta pieza. Fue mandada a acuñar por el
almirante británico Vernon, en la primera mitad del siglo XVIII con el objetivo
de promocionarse entre la sociedad británica, e incluso de proponerse para
Primer ministro, si se presentara el caso. Sorprende la diferente cantidad que
existen de estos medallones, unos doscientos cincuenta aproximadamente (1),
para transmitir el mismo mensaje de victoria total sobre los españoles en el
Caribe en general, y sobre el almirante Blas de Lezo en particular, que estaba
defendiendo la plaza de Cartagena de Indias en la actual Colombia, por la que
intentarían meterse los ingleses para la conquista de Sudamérica, en donde hoy
se hablaría inglés y no español. Podemos proferir de moneda porque cumple las
características habituales de las mismas: es circular con listel en el borde
para proteger su campo, es decir donde aparecen las figuras y el nombre de Blas
de Lezo un tanto desgastado (está claro que emplearon un material de baja
calidad, aunque algunas se elaboraron en plata); una leyenda (en inglés, por
supuesto) que la rodea; que por cierto, no supieron escribir bien su nombre,
que lleva una sola s y no
dos. En fin, lo que verdaderamente importa es que vemos de pie a Vernon,
mientras don Blas aparece arrodillado y humillado ante él, haciendo entrega de
su espada de mando al británico, cosa que nunca hubiese podido ocurrir si
hubieran sabido que era cojo y llevaba una pata de palo, además de que él
hubiese preferido morir a rendirse y entregar la ciudad que tanto amaba a los
británicos.
La diferencia de tropas entre españoles y
británicos era abismal: lo increíble es que con tan sólo seis barcos y tres mil
hombres, derrotó al almirante británico que disponía de 180 barcos y 25 000
combatientes. A los veinticinco años ya había perdido en diversos combates distintas
partes de su cuerpo (un ojo, un brazo y una pierna), por lo que le llamaban
“Medio-hombre”. La desigualdad de fuerzas era tan grande, que los ingleses ya
habían emitido moneda para conmemorar la victoria de esta batalla antes de que
se produjese. Una nota chocante es que en una de sus monedas puso la conocida
inscripción en inglés de VENI VIDI VICE (vine, vi, vencí) de Julio César, con
la “pequeña” diferencia, de que este último lo escribió después de derrotar a
Farnaces II, rey del Ponto, en la batalla de Zela en el año 47 a. C.
Así que, con
un ojo, un brazo, una pierna y dos cojones, le bastó para infligir la mayor
derrota que la marina británica ha sufrido en toda su historia, en el mes de
abril de 1741. Por cierto, Vernon, en su humillante huida dedicó estas palabras
a su oponente español: ¡Qué Dios te maldiga, Lezo! Bueno, que le vamos a hacer.
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| RÉPLICA ACTUAL |
(1) No solo dedicadas a Cartagena de
Indias, únicamente un máximo de 30 de ellas, mientras que un 70% de las mismas pertenecen a Portobello en
Panamá. Por último, los rostros suelen ser muy caricaturescos.
(2) La imagen superior es una réplica
moderna.
R.R.C.


