sábado, 25 de abril de 2026

Ciudad Rey Felipe

 

     En la saga de películas de Indiana Jones, en la tercera de ellas en la que busca el Santo Grial, los dos filmes que le siguieron son perfectamente prescindibles, el protagonista afirma en una de sus clases que una X nunca marca el lugar de un hallazgo arqueológico. Bien, en este caso no es una X sino  una moneda de plata, concretamente un pequeño "real de a ocho" de la época de Felipe II, el dólar de la época, ya que era aceptado desde España hasta América, China o Filipinas, con un peso de unos 27 gramos. En una de sus caras vemos una cruz de Jerusalén, y en la otra el escudo de la Monarquía Hispánica, con lo cual se solicita la protección de la Iglesia y la corona. Lo más extraordinario es que se halló fielmente en la superficie de una piedra tal y como había descrito Sarmiento, y que podemos ver todavía el círculo de la moneda en la imagen inferior. Lo cual permite poder reconstruir con cierta aproximación el resto de la “ciudad”, en donde historia y arqueología vuelven a abrazarse de nuevo. Ahora, sería interesante averiguar la ceca donde fue acuñada la moneda localizada el pasado mes de marzo de este año 2026. Este hallazgo no fue fruto de la casualidad, sino de un proyecto con tecnología de geolocalización y excavaciones muy precisas. Así que, este ritual de fundación de un nuevo asentamiento con su iglesia Nuestra Señora de la Encarnación ha sido determinante para su descubrimiento y pone fin a la leyenda: cambió un mito en un hecho histórico documentado.

     El marino Pedro Sarmiento de Gamboa, en sus escritos afirmó haber situado la pieza de plata en la primera piedra para levantar una iglesia, en el poblamiento más septentrional de la conquista española; en la parte norte del estrecho de Magallanes (a unos 50 km de la actual ciudad chilena de Punta Arenas), con el objetivo de controlar ese paso, principalmente,  de los barcos ingleses. Asimismo, le cambió el nombre por el de Estrecho de la Madre de Dios. La población total que allí instaló (él se marchó y murió en 1592 en las costas de Lisboa), fue de 337 personas, entre las que se encontraban: dos frailes franciscanos, 58 pobladores, 13 mujeres, 10 niños, 22 de distintos oficios y el resto soldados y marineros. Todo ello ocurrió el 25 de marzo de 1584. El poblamiento fue abandonado a su suerte, y la combinación de una serie de circunstancias en esta inhóspita región aislada del resto del mundo, como problemas de abastecimiento, temperaturas extremas, mala e improvisada planificación… dieron lugar al colapso de sus habitantes. Tres años después, en 1587 pasó por allí el corsario inglés Thomas Cavendish, se encontró el sitio lleno de cadáveres, todos habían muerto por inanición, el paisaje debió ser desolador, hasta el punto que le cambió el nombre por Puerto del Hambre, más acorde con lo que sucedió en ese breve período de tiempo. Luego, podemos concluir recordando a Julio César, pero con sabor a derrota, con la siguiente frase: Una moneda, una historia, una advertencia.

        R.R.C.