miércoles, 1 de abril de 2015

¿Jesús, o Barrabás?

     


     Según los cálculos de multitud de expertos, el viernes 7 de abril del año 30*, hace ya casi dos mil años, en Jerusalén, tuvo lugar el juicio más famoso y a la vez más injusto que se recuerda. La sentencia, que todos conocemos, fue la condena a morir en la cruz de Jesús de Nazaret, ejecutada por las autoridades romanas de la provincia de Judea, a propuesta de las más altas instancias religiosas y políticas judías de la época. Con matices, esta cuestión es, más o menos admitida, por la crítica contemporánea. El problema radica en el asunto de la propuesta que el gobernador romano Poncio Pilato hace a la muchedumbre sobre si querían, como un acto de gracia, que se liberara a Jesús, o a un preso acusado de sedición y asesinato llamado Barrabás. Todos sabemos lo que esta muchedumbre respondió. Por cierto, ¿dónde estaba la gente que recibió a Jesús el domingo anterior con júbilo y ramas de olivo en su entrada triunfal en Jerusalén? Lógicamente, la muchedumbre, en esta ocasión, debió de ser un público seleccionado a tal efecto por las autoridades judías, para que exigiesen la crucifixión del que ellos consideraban un impostor, un falso mesías. Los cuatro evangelios hablan de Barrabás y su liberación por Poncio Pilato, pero sólo los atribuidos a Mateo y Juan, dicen que esta liberación tuvo lugar en el marco de una costumbre, de liberar a un preso por la Pascua a petición del pueblo. Mientras tanto, las fuentes judías que recogen este periodo, especialmente Flavio Josefo, tan interesado como siempre en poner de manifiesto cualquier favoritismo que las autoridades romanas tuviesen con su pueblo, no dicen nada sobre  esta norma de liberar a un preso por Pascua y, menos aún, aquel que el pueblo solicitase, por muy peligroso que éste fuera. Parece inverosímil tanta generosidad por parte de un Imperio, que tenía sometido por la fuerza a este levantisco territorio. Marcos y Lucas, sin embargo, no presentan el acontecimiento como una costumbre.
     En cuanto a la opinión de los evangelistas respecto a Barrabás, no era nada favorable, pues mientras Marcos y Lucas lo relacionan con un homicidio, cometido como consecuencia de un motín, Juan se refiere a él como un bandolero y el más suave, Mateo, nos habla de un preso famoso ¿se refiere a un zelote y por lo tanto a un luchador para liberar Palestina del yugo de Roma, lo cual, le haría popular? Maccoby, investigador  judío y especialista en la tradición judía y cristiana ya fallecido, ha propuesto la teoría de que Bar Abba era el apodo que daban a Jesús, que comenzaba siempre sus oraciones con la palabra Abba, "Padre", mientras que el uso de "Bar-abbas" no parece haber sido un nombre común en dicha época. Según esta hipótesis, cuando la multitud exigió a Pilato que diera libertad a "Bar Abba" (Barrabás) era la libertad del mismo Jesús la que pedían. Hay que tener en cuenta, que algunos manuscritos antiguos llaman a Cristo Jesús Barrabás, es decir, hijo del Padre, pues Jesús iniciaba todas sus oraciones haciendo referencia al Padre. Por lo tanto, lo que en un principio fue una duplicidad de nombres, se convirtió más adelante en una duplicidad de personas; Jesús Barrabás era el mismo, y se transformó en dos: Jesús y Barrabás. ¿Cómo ocurrió?, hay varias hipótesis al respecto. Desde que fue simplemente un error de interpretación, cuando el hecho fue traducido a otros idiomas, ante la falta de dominio del arameo por parte de los traductores, en vez de recoger la negativa de Pilatos a soltar a Jesús Barrabás (el hijo del Padre), por las exigencias del pueblo, se pensó en dos personas diferentes, liberó a Barrabás mientras crucificó a Jesús. Otra hipótesis que se ha mantenido, es la de hacer caer la responsabilidad de la injusta muerte de Jesucristo en el pueblo judío, y liberar así de esta ignominia al Imperio romano, lo que facilitaría la introducción del cristianismo entre sus ciudadanos.
     Siguiendo al también fallecido crítico neotestamentario Herranz Marco, el original arameo, ya perdido del evangelio de Marcos, no hablaba de costumbre, sino de un caso aislado de amnistía, que iba a tener lugar durante la Pascua. Si imaginamos dicho en arameo lo que leemos en el griego de Marcos, el texto traducido que obtendríamos diría así: “Y la multitud, subiendo, comenzó a pedir, como acostumbraba”. Por tanto, el texto en arameo hablaba de costumbre, pero no del procurador romano, sino de la población. Y de esta costumbre si se tienen noticias de fuentes judías, por ejemplo, de F. Josefo. Dos testimonios de muestra:
     Cuando muere Herodes del Grande, su hijo Arquelao se encuentra en una situación delicada, su padre lo había nombrado heredero junto con Antipas y Filipo, pero tenía que ser ratificado por el emperador Augusto. Además, necesitaba que el pueblo y sus dirigentes, no obstaculizasen el nombramiento. Prometió pagar bien a los soldados y a los ciudadanos que le habían demostrado su buena predisposición y, Josefo, en su obra La guerra de los judíos escrita en el siglo I continúa: “Entusiasmada la multitud con estas palabras, procedió a probar al punto la sinceridad de sus intenciones haciéndole importantes peticiones. Unos pedían la reducción de los impuestos, otros la abolición de los derechos en las ventas, otros la libertad de los presos. En su deseo de congraciarse con el pueblo, Arquelao accedió fácilmente a todas estas peticiones”. Todo esto ocurría en la gran explanada del Templo, que facilitaba el diálogo entre gobernantes y pueblo.
     Pilatos provocó más de un incidente por su intransigencia hacia el sentimiento religioso de los judíos, a los que nunca comprendió bien, e infravaloró como pueblo. Utilizó dinero del Templo para la construcción de un acueducto, lo que provocó un incidente con la población, probablemente en el mismo sitio que tuvo lugar el acontecimiento de la liberación de Barrabás. Dice Josefo “Algún tiempo después, Pilato provocó un nuevo alboroto por utilizar el dinero del tesoro del Templo para la construcción de un acueducto... Indignada por este hecho, la multitud rodeó el tribunal de Pilato, que había acudido a Jerusalén y comenzó a gritar”. Refiriéndose a este mismo tema en su obra “Antigüedades Judaicas”, leemos: “Comenzaron a gritar… Como acostumbra hacer la multitud”.
     Siguiendo con la opinión que Herranz Marco expone en su libro Los evangelios y la crítica histórica, el relato escrito en arameo de Marcos, no habla de una amnistía sometida a costumbre, que vendría a ser un privilegio que tenía el pueblo judío cada celebración de la Pascua, sino de una amnistía concreta solicitada por una parte del pueblo. Si ocurrió así, ya es posible encontrar en los documentos históricos judíos, no relacionados con las fuentes cristianas, casos semejantes de amnistía, especialmente, de presos políticos. Josefo es una buena muestra de ello, pues habla con frecuencia de amnistías relacionadas con cambios, o por interés político. ¿Pero cómo este procurador romano tan intransigente accedió a la liberación de Barrabás? Según Herranz, Pilato pudo verse en una situación apurada, tanto por los desmanes que llevó a cabo en Judea, como por acontecimientos que estaban ocurriendo fuera de ella, por ejemplo, la muerte violenta de Sejano, jefe de la guardia Pretoriana, la que daba protección al Emperador y segunda persona más influyente de Roma después Tiberio, tras caer en desgracia ante la máxima autoridad, acusado de conspiración y masacrado por las turbas en Roma. Todos sabían que Pilato era un hombre de Sejano y éste un enemigo mortal de los judíos, así que, ya no le convenía que lo relacionasen con él. En este contexto, se podría explicar, que para congraciarse con los judíos y no ser acusado de amigo suyo, liberase presos a petición del pueblo, aunque de poco le sirvió, pues Pilato fue destituido de su cargo por las protestas de judíos y samaritanos por la dura represión que ejercía sobre ellos, sería relegado al exilio de Roma y murió poco después en el olvido.
     La dificultad de tipo histórico que plantea el relato de la liberación de Barrabás, la podemos resolver, en opinión de Herranz Marco, con la reconstrucción en su lengua original en arameo, del primer evangelio que se escribió, el atribuido a San Marcos. Con lo cual, la propuesta del procurador romano Poncio Pilato de otorgar al pueblo la oportunidad de decidir si preferían la libertad de Jesús, o la de Barrabás, quedaría aclarada. Así pues, no sería una tradición institucionalizada por la autoridad romana, sino una costumbre del pueblo de reclamar en diversas ocasiones.

*Otros proponen el viernes 3 de abril del año 33

     R.R.C.