viernes, 15 de junio de 2018

EL CÁLIZ DE VALENCIA


     Se han propuesto más de 200 cálices como candidatos al que utilizó Jesús en la Última Cena, pero ¿podría ser uno de ellos el verdadero? Es posible, el que fuera Catedrático de Arqueología de la Univ. de Zaragoza y científico de prestigio Antonio Beltrán, llevó a cabo una concienzuda investigación sobre la copa conservada en la catedral de Valencia. Partiendo del más absoluto escepticismo, llegó a la conclusión de que, si no era posible afirmar con rotundidad de que dicha copa era el Santo Grial, tampoco se podía oponer una prueba científica de que no lo era. Solo la parte superior que consiste en un cuenco de ágata que se puede datar en el siglo I, o II a. de C. de unos 9 cm. de diámetro y 7 de altura sería el verdadero cáliz, ya que el resto de la copa es una añadidura de orfebrería medieval y, por lo tanto, quedaría descartada. Este tipo de tazón era el que se utilizaba en la Pascua judía en Jerusalén allá por el siglo I. Pudo ser elaborada en Egipto, Siria, e incluso, en el propio Israel. A partir de aquí, la historia de esta pieza es muy extensa y sobrepasa esta pequeña reseña. Por otra parte, tenemos que descartar la idea de que el Santo Grial era de cerámica u otro material modesto, como el que encuentra Indiana Jones en su famosa película, con el absurdo argumento de que así sería la copa de un carpintero.
     Por último, recordar, que le ha salido un serio competidor a esta reliquia, y que se conserva en San Isidoro de León, me refiero al Cáliz de Doña Urraca, que cedió sus joyas para embellecerlo, y, de ser auténtico, también sería la parte superior consistente en un cuenco de ónice. Así que, al igual que Indiana Jones tuvo que elegir, las opciones están abiertas.
      R.R.C.

ANILLO DEL FARAÓN PSUSENES I


     Es uno de los 36 anillos que se encontraron en la momia de este faraón que gobernó Egipto entre el 1039 y el 991 a. C. Al hallarse su tumba intacta por el arqueólogo Pierre Montet en 1940 apareció con todas sus joyas. La que vemos en la imagen la portaba en su dedo pulgar, y es una sortija de oro macizo y piedras de adorno como: cornalina, lapislázuli y pasta de vidrio. Destaca el gran cartucho central que lleva grabado en lapislázuli su Nombre de Nacimiento, y que se encuentra flanqueado por dos filas de piedras de adorno. En el resto del anillo se emplean las piedras mencionadas dispuestas de manera geométrica, que lo dotan de una gran vistosidad y colorido. Su estado de conservación es tan admirable que todavía se podría utilizar. Por último, como el resto del tesoro de este soberano se encuentra en el Museo de El Cairo.
        R.R.C

miércoles, 30 de mayo de 2018

BRAZALETE DE CUENTAS DE TUTANKAMÓN


     Nos encontramos ante una de las numerosas joyas que tenía reservadas para la posteridad el lugar de enterramiento del famoso faraón Tutankamón. Una más de las 5200 piezas que contenía la tumba y que conserva el Museo de El Cairo. Cuentas alargadas y de diferentes materiales, formas y colores recorren toda la pulsera, en la que se emplea el oro como base, para completarla con un enorme escarabajo pelotero de lapislázuli que hace de cierre de la misma. Si nos fijamos en el final de sus patas delanteras, podemos comprobar claramente el cartucho con el nombre de este faraón, que el coleóptero lleva en su boca, y pone NEB-JEPERU-RA: “El señor de las manifestaciones es Ra”, el Nombre de Trono de este monarca.
     Quiero recordar que en el antiguo Egipto el nombre personal jugaba un papel muy importante en sus vidas; el nombre y el individuo en concreto eran inseparables. En el caso de objetos valiosos como el presente, esa unión era aún más poderosa si cabe, ya que no solo era un elemento de adorno, pues todas estas joyas tenían un poder mágico-religioso y protector sobre su portador. Por eso, era muy importante que llevaran su nombre grabado; ya que solo a él le servirían los poderes mágicos que pudiese atesorar la joya en cuestión; y no a otra persona. Por tanto, en caso de robo, solo le quedaba su valor material (que ya era mucho), y no aportaría nada más a su ilegítimo nuevo propietario.
        R.R.C.
NOTA: Imagen descargada de Internet.

sábado, 26 de mayo de 2018

Brazalete de oro y piedras de adorno del faraón Psusenes I


     Es uno de los 22 brazaletes que este faraón llevaba en sus brazos, cuando fue descubierta su tumba intacta por el arqueólogo francés Pierre Montet en Tanis, en el delta del Nilo a finales de la década de 1930. Una estupenda obra de los orfebres egipcios del Tercer período intermedio, elaborada con oro y piedras de adorno incrustadas como: turquesa, cornalina, lapislázuli… que dan una gran vistosidad y colorido a esta pieza que se remonta a los siglos XI-X a. de C. Custodiada en el Museo de El Cairo presenta un excelente estado de conservación. En la imagen vemos una serie de signos jeroglíficos que podríamos traducir de izquierda a derecha como sigue: “Señor de brazo fuerte; Señor de las Dos Tierras; Rey del Alto y Bajo Egipto; que sea dotado de vida (La estrella que aparece en la ciudad, amado de Amón)”, es decir, Psusenes I.
     Sin embargo, lo más importante lo encontramos en el lado opuesto que no vemos en la imagen, y del que he podido observar una deficiente fotografía; indica que este monarca también ostentaba el cargo de sumo sacerdote de Amón en el norte de Egipto, ya que había otro en el sur (Tebas). Por lo tanto, ingresaba los impuestos como faraón y como sumo sacerdote, lo que explicaría mejor la consecución de los ingresos necesarios para su ostentoso enterramiento: "Digno de Las mil y una noches", como afirmó Montet el 18 de marzo de 1939 al entrar en la tumba de Psusenes, a pesar de que su influencia real no se extendía por todo el país del Nilo.
          R.R.C.
NOTA: imagen descargada de Internet.

El cofre de Yuya y Tuyu

     De los padres de la esposa del monarca es un precioso cofre de madera localizado en el sepulcro de Yuya y Tuyu en el Valle de los Reyes, en la antigua Tebas (la actual Luxor egipcia), se remonta a la época de la XVIII dinastía. Del siglo XIV a. de J.C. se guarda en el Museo de El Cairo en un excelente estado de conservación. Se encuentra decorado con marfil, ébano, fayenza azul y oro. Se eleva sobre cuatro patas y se remata con una impresionante tapa abovedada. La tumba fue descubierta a principios del XX y, aunque saqueada en la antigüedad, se halló un importante ajuar.
     En cuanto a la inscripción jeroglífica tenemos que recordar que los faraones tenían hasta cinco nombres, y aquí observamos tres de ellos: en la parte frontal y de derecha a izquierda aparecen el Nombre de Horus, El Nombre de Trono, y el Nombre de Nacimiento de Amenofis III, yerno de esta acaudalada e influyente pareja; hasta el punto, que se le permitió enterrarse en el Valle de los Reyes reservado para los monarcas de Egipto, tal y como indica su nombre. Se podría traducir como sigue: “Qué viva Horus [toro poderoso del que aparece la Justicia]; el Dios perfecto (Señor de la justicia de Ra); el hijo de Ra (Amón está satisfecho, gobernador de Tebas) que sea dotado de vida”*. En la parte lateral del cofre aparece repetido el Nombre de Trono del faraón como rey del Alto (el junco) y el Bajo (la abeja) Egipto, a ambos lados de la famosa cruz ansada, símbolo de “la vida”. En la franja inferior nos encontramos con una decoración en galería de dicho símbolo.  Por último, tanto las patas del mueble como los bordes se encuentran adornados con formas rectangulares que van alternando vivos colores, sin olvidar que el azul turquesa y el dorado dominan el conjunto de esta maravillosa obra de arte.
*Nota: entre corchetes el Nombre de Horus y entre paréntesis los dos restantes.
Nota II: Imagen descargada de Internet.
       R.R.C.

viernes, 25 de mayo de 2018

EL CARTUCHO DE SETI I


     Este bello cartucho en bajorrelieve policromado lo vemos en la capilla que tenía reservada el dios Amón en el templo del faraón Seti I en Abidos. Solo podemos contemplar tres signos jeroglíficos envueltos en el típico cartucho con un nudo en su base. Aunque los dioses aparecen en la parte superior por respeto a la divinidad, se lee de abajo hacia arriba. 
     En primer lugar, nos encontramos con un tablero con siete fichas colocadas encima, que hace referencia a un juego muy popular en Egipto, sobre todo de las clases altas (aunque el pueblo llano también lo practicaba) que se denomina: Senet, y es uno de los juegos más antiguos que se conoce. Este signo se lee: men (estable). A continuación, comprobamos que hay una mujer sentada que aparece con una cruz de la vida sobre sus rodillas y una pluma sobre su cabeza sujetada con una cinta. Es la pluma de la verdad, la que se utilizaba en el juicio de Osiris cuando se pesaba el corazón del difunto, situado en el otro platillo de la balanza, la cual debía quedar equilibrada para que este accediera a la vida eterna. Por tanto, este personaje es la diosa de la justicia conocida como Maat. Por último, y en el lugar más importante nos encontramos con el disco solar: Ra, el Sol que todo lo invade y permite la vida en la tierra. Luego ya tenemos el Nombre de Trono de este famoso faraón en jeroglífico: Menmaatra, o sea: “La estable justicia de Ra” en español. Más conocido por su nombre griego Seti I, padre de Ramsés II.
       R.R.C.

jueves, 24 de mayo de 2018

BRAZALETE DE AMOSIS I


     Este poderoso faraón fue el fundador de la XVIII dinastía egipcia allá por el siglo XVI a. de C. No obstante, este brazalete forma parte del tesoro funerario de la reina Ahhotep, madre de este monarca. A diferencia de otras obras de la orfebrería egipcia, esta destaca por su simplicidad y por reducir los materiales empleados a dos: oro, y como no, lapislázuli, prescindiendo de otras piedras o vidrios de colores que frecuentemente empleaban en sus joyas más preciadas. Se utilizan simplemente dos planchas de oro cilíndricas unidas con bisagras, a las que se añaden relieves hechos en este mismo material, con grandes piezas de lapislázuli incrustado como fondo.
     En la parte que podemos observar en la imagen vemos dos personajes representados a gran tamaño; uno sentado que es el dios Geb, personificación de la Tierra, que con ese gesto cariñoso y protector de poner su mano (manaza, diría yo) sobre el hombro de Amosis, que se encuentra de rodillas, le está ofreciendo la realeza. Ambas imágenes aparecen duplicadas, con la variante de que la divinidad se presenta con la corona del Alto Egipto en una ocasión, y con la del bajo Egipto en otra. Una clase de abanico situado en el centro, tiene por objeto separar la repetida escena de coronación de este soberano. También podemos observar en ambos escenarios un ganso y una pierna. Respecto al ganso es el jeroglífico con el que se conocía a este dios y se lee Geb; mientras la pierna se lee: b, o sea, es un complemento fonético que reitera la letra final, algo habitual en la escritura jeroglífica. Por último, próximo a las bisagras de los dos lados se encuentran el Nombre de Trono y el Nombre de Nacimiento de este monarca.
       R.R.C.