viernes, 7 de febrero de 2014

Majestad de Batlló

     Presenta unas medidas de 153 centímetros de alto por 119 de ancho y se encuentra expuesto en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Está realizado en madera de ciprés policromada en el siglo XII por un autor desconocido, lo habitual en las imágenes de esta época. De estilo románico, es uno de los crucificados más conocidos y representativos  de este arte. En la parte superior de la cruz lleva escrita en una franja vertical, una vez traducido al castellano: “Jesús de Nazaret Rey de los Judíos”. Por otra parte, en el arte románico la escultura de bulto redondo queda reducida a dos temas: el que nos ocupa; y la Virgen con el niño sentado en su regazo. Tampoco viene mal recordar, que los autores estaban considerados como maestros artesanos y se encontraban al servicio, y por supuesto, a las órdenes del teólogo, que era el que dictaba las reglas a las que debían atenerse.
     Centrándonos en sus características, presenta cuatro clavos, es decir, con los pies separados, al igual que ocurría con los crucificados bizantinos. Se muestra impasible al dolor, el hecho de estar clavado en la cruz no hace mella en Él. El cuerpo lo mantiene firme y los brazos horizontales, la cruz queda reducida a un mero fondo. Es un Cristo que se sobrepone a la pasión y crucifixión que los hombres le han infligido. No emana sangre de sus manos y pies, ni hay restos de ella en todo su cuerpo. No presenta heridas ni corona de espinas, otros de la época llevan una corona de rey, y se encuentra completamente vestido con una larga túnica blaugrana, desde el cuello hasta los pies, brazos incluidos, normal en la escultura románica, que es una escultura de personajes vestidos, salvo alguna excepción muy concreta. Mantiene los ojos abiertos, por lo que podemos deducir que se encuentra vivo, que se ha sobrepuesto a la muerte, que la cruz no ha podido con Él. Nos encontramos pues, ante un Cristo dios y no ante un Cristo hombre, un Cristo en Majestad, el Rey de Reyes. Con ello se trataba de impresionar al fiel que lo contemplaba, más que conmoverlo, como ocurrirá más tarde con los crucificados góticos, llenos de sangre y heridas, y ya fallecidos, con el objetivo de que los fieles se compadeciesen del Mesías por su pasión y muerte.
     Por último, el estilo de las figuras románicas en general, incluida la que nos ocupa, responde a un ideal abstracto. Son anti-naturalistas, se encontrarían en el lado opuesto al realismo. No buscan la belleza formal, como la entendería un griego clásico, o un artista del Renacimiento, tan solo buscan transmitir un mensaje, o de hacer pedagogía con ellas.
      R.R.C.