Los
Evangelios son los manuscritos más documentados de toda la historia
antigua, tanto por el número de copias
que tenemos de ellos, como por la concordancia que se observa entre los mismos.
No entro en las contradicciones que los propios evangelistas presentan entre
sí, ya que es una cuestión demasiado extensa que sobrepasaría los límites de
este post, así como los Evangelios apócrifos y los gnósticos que son un tema
para tratar aparte. Se copiaban a mano por los amanuenses, se hacía en papiros
(derivado de la planta Cyperus papyrus, que crecía en las orillas del río Nilo)
o pergaminos (pieles de animales: cabras, ovejas, etc.). Cuantos más tengamos,
mejor documentados tendremos los textos originales. Si comparamos con otros relatos
antiguos, nos encontramos que tan solo tenemos 2 o 3 copias del historiador
Tácito: unas 11 de Platón; rondamos las 100 del poeta Virgilio; y de la que más, La Ilíada y La Odisea de Homero, en torno a 600 copias. ¿Qué ocurre
si comparamos estas cifras con los Evangelios? Pues que nos encontramos con más
de 15 000 manuscritos, de los cuales más de 5 300 en griego (cabe recordar que
excepto el de san Mateo que lo escribió en primer lugar en arameo o hebreo,
pero no se ha conservado; asimismo, unos 8 000 manuscritos latinos; y miles a
otras lenguas como el siriaco, armenio o el copto. En fin, las cifras se
comentan solas, pero lo más impresionante del conjunto es que todos concuerdan entre
sí, no se observa variante alguna en la doctrina, aunque pueden haber pequeños
errores que para nada interfieren en lo fundamental, como faltas de ortografía
o confusiones en la transcripción; o como se escribía un nombre propio que era
desconocido para el copista. Fallos puntuales y típicamente humanos. Los
amanuenses hacían su trabajo desde Roma, Damasco, Alejandría… lugares alejados
entre sí, lo cual impediría ponerse de acuerdo para presentar al mundo un gran
y monumental engaño. Pensar semejante cosa es de locos o paranoicos, parece más
razonable que cada copista lo hiciese por su cuenta. Además ¿Qué ganarían con
su mentira?
Respecto a la antigüedad de las primeras
copias, ya que los originales escritos a puño y letra por los evangelistas no
los tenemos, al igual que tampoco conservamos los textos originales de
cualquier personaje, escritor, historiador, o libro antiguo, e incluso algunos
de ellos son muy posteriores a los mismos. Sirva de ejemplo que la biografía de
Alejandro Magno se redacta 300 años después de su muerte.; las doctrinas de
Buda se ponen por escrito 500 años posteriores; la copia más antigua de
Tucídides es de 1300 años después; los textos de Julio César son 850 años
posteriores; los de Heródoto otros 1300 años; los del historiador y biógrafo
romano Suetonio 850 años; y así podríamos hacer una lista interminable. Bien,
hasta ahora se consideraba que la doctrina de Cristo empezó a escribirse, al
menos, 50 años después de su muerte o primera mitad del siglo II. Sin embargo,
en la actualidad ya hay estudiosos que las llevan a la segunda mitad del siglo I inclusive 15 o
20 años tras su crucifixión.
Conclusión: los Evangelios que nosotros
podemos tener en la mano hoy en día son los mismos que los originales, ya se ha
encargado la crítica textual y la crítica histórica de demostrarlo, además de
otras ciencias. Por lo tanto, no hay nada que la Iglesia nos pueda ocultar al
respecto, salvo sus propias vergüenzas (seguro que son muchas), como toda
empresa y organización humana.
NOTA. El cuadro que precede a este texto lo pintó Caravaggio en 1602, en el que vemos a san Mateo escribiendo su
Evangelio con un gran esfuerzo, tal como correspondería a una persona que no es
escritor. Por ello y otras cuestiones indecorosas, según los sacerdotes que
encargaron la obra, la descartaron y pidieron al artista que pintara otro, en
el que la inspiración divina fuese más evidente. El de la imagen fue destruido en
un bombardeo de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial.
Este es el
otro cuadro que pintó a los monjes a finales del mismo año que el anterior, que
transmitía un mensaje más solemne y de santidad, iluminado por el ángel de
Dios. Se conserva en una iglesia de Roma.
R.R.C.
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