domingo, 10 de mayo de 2026

LOS EVANGELIOS

 

     Los Evangelios son los manuscritos más documentados de toda la historia antigua,  tanto por el número de copias que tenemos de ellos, como por la concordancia que se observa entre los mismos. No entro en las contradicciones que los propios evangelistas presentan entre sí, ya que es una cuestión demasiado extensa que sobrepasaría los límites de este post, así como los Evangelios apócrifos y los gnósticos que son un tema para tratar aparte. Se copiaban a mano por los amanuenses, se hacía en papiros (derivado de la planta Cyperus papyrus, que crecía en las orillas del río Nilo) o pergaminos (pieles de animales: cabras, ovejas, etc.). Cuantos más tengamos, mejor documentados tendremos los textos originales. Si comparamos con otros relatos antiguos, nos encontramos que tan solo tenemos 2 o 3 copias del historiador Tácito: unas 11 de Platón; rondamos las 100 del poeta Virgilio; y de la que más,  La Ilíada y La Odisea de Homero, en torno a 600 copias. ¿Qué ocurre si comparamos estas cifras con los Evangelios? Pues que nos encontramos con más de 15 000 manuscritos, de los cuales más de 5 300 en griego (cabe recordar que excepto el de san Mateo que lo escribió en primer lugar en arameo o hebreo, pero no se ha conservado; asimismo, unos 8 000 manuscritos latinos; y miles a otras lenguas como el siriaco, armenio o el copto. En fin, las cifras se comentan solas, pero lo más impresionante del conjunto es que todos concuerdan entre sí, no se observa variante alguna en la doctrina, aunque pueden haber pequeños errores que para nada interfieren en lo fundamental, como faltas de ortografía o confusiones en la transcripción; o como se escribía un nombre propio que era desconocido para el copista. Fallos puntuales y típicamente humanos. Los amanuenses hacían su trabajo desde Roma, Damasco, Alejandría… lugares alejados entre sí, lo cual impediría ponerse de acuerdo para presentar al mundo un gran y monumental engaño. Pensar semejante cosa es de locos o paranoicos, parece más razonable que cada copista lo hiciese por su cuenta. Además ¿Qué ganarían con su mentira?

     Respecto a la antigüedad de las primeras copias, ya que los originales escritos a puño y letra por los evangelistas no los tenemos, al igual que tampoco conservamos los textos originales de cualquier personaje, escritor, historiador, o libro antiguo, e incluso algunos de ellos son muy posteriores a los mismos. Sirva de ejemplo que la biografía de Alejandro Magno se redacta 300 años después de su muerte.; las doctrinas de Buda se ponen por escrito 500 años posteriores; la copia más antigua de Tucídides es de 1300 años después; los textos de Julio César son 850 años posteriores; los de Heródoto otros 1300 años; los del historiador y biógrafo romano Suetonio 850 años; y así podríamos hacer una lista interminable. Bien, hasta ahora se consideraba que la doctrina de Cristo empezó a escribirse, al menos, 50 años después de su muerte o primera mitad del siglo II. Sin embargo, en la actualidad ya hay estudiosos que las llevan  a la segunda mitad del siglo I inclusive 15 o 20 años tras su crucifixión.

     Conclusión: los Evangelios que nosotros podemos tener en la mano hoy en día son los mismos que los originales, ya se ha encargado la crítica textual y la crítica histórica de demostrarlo, además de otras ciencias. Por lo tanto, no hay nada que la Iglesia nos pueda ocultar al respecto, salvo sus propias vergüenzas (seguro que son muchas), como toda empresa y organización humana.

NOTA. El cuadro que precede a este texto lo pintó Caravaggio en 1602, en el que vemos a san Mateo escribiendo su Evangelio con un gran esfuerzo, tal como correspondería a una persona que no es escritor. Por ello y otras cuestiones indecorosas, según los sacerdotes que encargaron la obra, la descartaron y pidieron al artista que pintara otro, en el que la inspiración divina fuese más evidente. El de la imagen fue destruido en un bombardeo de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial.

     Este es el otro cuadro que pintó a los monjes a finales del mismo año que el anterior, que transmitía un mensaje más solemne y de santidad, iluminado por el ángel de Dios. Se conserva en una iglesia de Roma. 

      R.R.C.