jueves, 20 de febrero de 2025

DENARIO DE CASCA LONGUS


      Es una  moneda romana del político del siglo I a. C. Publio Servilio Casca Longus, uno de los conjurados contra Julio César el día de su asesinato, que según el historiador Apiano fue el primero en apuñalarle, aunque solo consiguió herirlo y César le arrebató el cuchillo. Es un denario que no alcanza los 4 g de peso y de unos 20 mm de diámetro. Acuñado en Grecia en el año 43 o 42 antes de nuestra era en una ceca móvil.

     En el anverso vemos la esfinge del dios Neptuno sobre un tridente: de perfil, con pomposa barba y como única inscripción el nombre del cesaricida. En estos momentos, todavía no estaba bien visto que en las acuñaciones monetarias apareciese el rostro de personajes vivos, como hizo César o Bruto, pero, sí de dioses o fallecidos.  Además, comprobamos parte de una grafila perlada `por ambas caras al no estar bien centrada la pieza. Mientras tanto, en el reverso observamos una Victoria, con una palma en su mano izquierda y una diadema, caminando sobre un cetro roto* y el nombre del más conocido de los asesinos del Dictador, Bruto, con el título de emperador (IMP) que hacía referencia a un general victorioso. Ambos personajes murieron en el año 42 a. C. en la batalla de Filipos, en la que se enfrentaron a los cesarianos Augusto y Marco Antonio.

*El cetro, símbolo de mando, que aparece roto y pisoteado por la Victoria, debe hacer alusión al poder absoluto que le fue arrebatado con su asesinato a Julio César.

            R.R.C.

miércoles, 19 de febrero de 2025

Adieu! De Alfred Guillou


      Alfred Guillou fue un pintor realista francés que vivió desde 1844 hasta 1926 procurando permanecer cerca del mar, que fue siempre su inspiración, como podemos comprobar en este óleo sobre lienzo de un tamaño mediano (170X245 cm) de finales del siglo XIX.

     Aquí, asistimos a una escena muy emotiva, cargada de un gran dramatismo cuando vemos a un padre despedirse de su hijo con un beso, mientras lo sujeta con sus manos por última vez, ante esa vorágine del mar enfurecido, en el que las fuerzas humanas nada pueden hacer. El hijo ya es un cadáver al que su padre entrega al mar. Algunos, todavía tienen la esperanza de que el padre hace a su hijo el boca-boca, pero no tiene sentido si atendemos a como titula el cuadro: ¡Adiós! La barca en la que iban ya está medio hundida, y el padre no tiene salida, no hay salida, ya que el mar lo abarca todo y ni siquiera nos deja ver el horizonte. Son los últimos momentos de ambos personajes, ante la fuerza del agua espumosa de la mar, pintada con gran maestría, al igual que el movimiento de sus enormes olas. Lo podemos ver en el Museo de Bellas Artes de Quimper,  Francia.

  

         R.R.C.

SERPIENTE AZTECA BICÉFALA

 

     Probablemente, el emperador de los aztecas Moctezuma II se la regaló, entre otros objetos de los mexicas, a su conquistador español, cuando todavía se llevaba bien con Hernán Cortés. Al que parece ser que no le hizo mucha gracia, y la envió a Europa junto con otras piezas que no fueron valoradas en el Viejo Continente del siglo XVI, salvo alguna rara excepción, como el alemán Alberto Durero que fue consciente de su mérito artístico y metafórico. No obstante, se cerró un trato por el que Christy Fund la compró en Italia en 1894 por la baja cantidad de 100 libras esterlinas, para acabar, como no, en una vitrina del Museo Británico y convertirse en la pieza más admirada de esta cultura mesoamericana. Una vitrina que, por cierto, está escasamente iluminada y delante de un fondo negro, que aumenta su efecto inquietante y terrorífico, con esa actitud amenazante de la serpiente. A pesar de ello, cuando visitaba el museo con mi nieto Michael de 5 años siempre me pedía que lo llevara a verla (perdonen la licencia).

     Esta culebra ondulada con dos cabezas de poco más de 43 cm de largo por 20.5 de alto, compuesta principalmente por un mosaico de piezas de turquesa que recorren su ondulado cuerpo. Colocadas sobre una base de madera de cedro que fue vaciada parte de ella para disminuir su peso. Se utilizaron unas dos mil teselas de distintas formas pero muy bien acopladas entre ellas, pegadas con resina. Los ojos de ambas cabezas que aparecen vacíos, acaso en su tiempo, estarían ocupados por esferas de pirita negruzca, mientras que para los dientes se emplearon conchas de caracol pala, que contrastan con el color rojo ejecutado con concha de ostra.

     También es probable que este reptil no se lo debamos a los aztecas, ya que este tipo de trabajos lo pudieron llevar a cabo los mixtecas, pues tenían más habilidad para este tipo de representaciones, y como tenían que pagar tributo a los aztecas, a los cuales estaban sometidos, esta obra pudo ser uno de esos tributos.

     La interpretación de la misma resulta harto difícil. Para empezar, sabemos que las serpientes, en general, no pasaron inadvertidas en las tribus  primitivas de muchos lugares de la tierra, y en una gran cantidad de culturas antiguas más avanzadas como las que nos encontramos en Oriente Medio, en Mesopotamia, por ejemplo. De la serpiente que estamos tratando hay quien opina que la podemos explicar cómo  una alegoría del renacimiento, por el hecho de renovar su piel vieja por una nueva. Aunque esta interpretación nos valdría para muchas civilizaciones que no tuvieron relación entre sí. También con una función que pone en contacto el cielo y la tierra con cada una de sus cabezas. Asimismo, como en otras muchas culturas, a modo de imagen de la fertilidad. En el Relato de Adán y Eva que narra el Génesis, la serpiente desempeña un papel principal cuando engaña a la pareja que gozaban de la inmortalidad, para que comiesen del árbol que Dios les había prohibido, y así, que se convirtieran en seres mortales. En la leyenda de Gilgamesh, en la tablilla número once, en donde el héroe de esta historia está a punto de conseguir la eterna juventud y en un descuido una serpiente pone fin a su anhelo mientras tomaba un baño relajante. Utnapishtim, le comunica a Gilgamesh, que en el fondo del mar se encuentra una planta que lo hará joven de nuevo, se pone manos a la obra, se sumerge en su búsqueda y la encuentra. Se dirige con ella a su ciudad natal: Uruk, pero en el camino es cuando decide tomar ese imprudente baño, momento que aprovecha la astuta serpiente para comerse la planta, privando así al protagonista de esta aventura de su ansiada inmortalidad, mientras ella conservará para siempre su juventud.  

     Por último, esta escultura que debe tener entre 500 y 600 años, formó parte de “Una historia del mundo en cien objetos” que el Museo Británico tuvo a bien presentar hace unos pocos años.

     R.R.C.               


martes, 18 de febrero de 2025

MONEDA MÁS ANTIGUA CON REFERENCIA A ESPAÑA


      Esta moneda de bronce de poco más de 6 g de peso y unos 2 cm de diámetro expuesta en Vigo, fue acuñada en Sicilia, concretamente en Morgantina, según afirman expertos en Numismática. Tiene unos 2300 años de antigüedad, en tiempos del rey Hierón II, y posee el honor de hacer referencia a Hispania por primera vez en una moneda, y más concretamente a los españoles, puesto que en el reverso aparece bajo el relieve la inscripción latina en genitivo plural HISPANORUM (DE LOS ESPAÑOLES).  Un militar con lanza al ristre y casco monta un caballo al galope en el campo de la moneda de manera muy realista, rodeada toda ella por una grafila de puntos.

     En su faz vemos un rostro femenino de perfil mirando a la izquierda de gran belleza, con larga cabellera, con ojo, nariz y labios bien marcados, que ocupa casi la totalidad del anverso anepígrafo, que al igual que la otra cara se remata con grafila de puntos.

    Según el investigador numismático, Jaime Paz: "Procede de mercenarios hispanos que querían reconocer su origen hispano". Es probable que en Sicilia, en esa época, hubiera existencia de mercenarios procedentes de Iberia, y preferían el pago en esa moneda que recordaba su origen hispano, lo que demuestra que en aquellos tiempos tan lejanos, al menos una parte de los habitantes de la península así se reconocían.

      R.R.C.

MONEDA DE HIERÓN II

     Mandada a acuñar por el rey Hierón II de Siracusa en la isla de Sicilia, alrededor del 218 a. C utilizando el oro como metal precioso, lo cual le da más relevancia y prestigio a su reinado frente a otros dignatarios extranjeros. La pieza muestra en su anverso a la diosa Perséfone (Περσεφόνη), en alto relieve de una gran calidad técnica y artística, con un complicado peinado, de perfil mirando hacia la izquierda, con corona de espigas en el cabello y collar en la parte inferior del cuello, con la cornucopia tras ella. La faz es anepígrafa y presenta parte de la grafila, a pesar de estar bien centrada por ambas caras.

     En el reverso, observamos una diga, es decir, un carro tirado por dos maravillosos jinetes al galope, conducidos por un auriga que lleva las riendas con su mano izquierda y una vara en su mano derecha. En el exergo vemos la inscripción en letras griegas del soberano: IEPΩNOΣ  (HIERÓN).

     Por último, tan solo pesa poco más de 4 g y cuarto y presenta unos 16.5 mm de diámetro, en un estado de conservación excelente.

       R.R.C. 

TETRADRACMA DE AKRAGAS


      Esta bella moneda de finales del siglo V a. C de la Magna Grecia, más concretamente de la polis de Akragas (Agrigento), en la isla de Sicilia, es una muestra de la calidad de las piezas que las ciudades griegas acuñaban en aquellos lejanos tiempos. Con monedas así incrementaban su prestigio, poder económico e influencia política en el mundo antiguo mediterráneo. El tetradracma de plata de unos 17 g de peso y un diámetro de unos 23 mm, nos indica la ciudad de Akragas en el anverso, aunque traducida la leyenda completa dice: de los akragantinos. Fue impresa en su ceca, una de las más productivas de su época.

     La belleza de la moneda no admite discusión tanto en su anverso, con esa águila atrapando con sus fuertes y poderosas garras a una liebre, que ya nada puede hacer por escapar. Esta ave de presa era un emblema de la ciudad, con la que mostraba su poder y determinación. Mientras en su reverso observamos un realista y detallado cangrejo de río con sus portentosas pinzas, que también era una  insignia de la ciudad, y, bajo él, un impresionante mero. Una pareja de pequeños moluscos acompañan a los dos protagonistas principales.

     Otra prueba del gran dominio técnico que mostraban estos, me atrevería a decir, verdaderos artistas, lo comprobamos en la centralidad de la moneda, como podemos advertir en la grafila de su faz.

     R.R.C.

lunes, 17 de febrero de 2025

El ojo del tiempo de Dalí


      Salvador Dalí es uno de los artistas más geniales del siglo XX. Lo podríamos considerar como un auténtico hombre del Renacimiento, IV siglos después del mismo; ya que no solo destacó en pintura, sino que abarcó otras artes con gran maestría como escultura, cine, poesía, teatro o joyería, por ejemplo. Todo ello para expresar sus ideas no siempre bien comprendidas. En total diseñó 39 obras de joyería durante 30 años, desde principios de los 40 hasta 1970 del siglo pasado, entre las que cuenta este extraordinario broche pensado como un regalo para su mujer Gala. Concebido en 1949, unos 10 años antes de que se llevara a cabo.

     No resulta extraño a cualquier estudioso de la obra del Genio de Figueras, de su preocupación por los relojes y los ojos. Una prueba de ello es el caso que nos ocupa, en donde vemos el contorno del ojo realizado en platino, incrustado de pequeños diamantes en dos tallas diferentes: brillante (redondos) y baguette (alargados), del que pende una lágrima. Un único rubí rojo lo reserva para su esquina derecha. Impresiona la esfera del ojo (pupila, iris y esclerótica) coloreada de tres tonos diferentes de esmalte azul zafiro, la cual guarda un reloj del que podemos ver sus agujas, las horas y la firma del propio artista.

     El ojo que observa el imparable paso del tiempo, que no se puede detener. “El tiempo que consume todo”, una meditación sobre la brevedad de la vida, nos ofrece la clave de la lectura más sencilla de la capilla de los Médici, recordado al gran Miguel Ángel. El broche presenta una longitud de unos 7 cm, y mandó a elaborar a grandes maestros sus piezas de joyería, entre la que destaca la que estamos viendo a aquí, con un número muy limitado de obras. En total hay tres ejemplos conocidos de “El ojo del tiempo”

      R.R.C.