domingo, 1 de febrero de 2015

El Grito de E. Munch

   
     Pintado por Edvard Munch en 1.893 en París, se encuentra en  la Galería Nacional de Oslo. Es un óleo y temple sobre cartón de 90X73 cm la versión más famosa, ya que pintó otras tres  y una litografía, para que se pudiese reproducir en los medios de la época.
     Él mismo escribió: que caminaba con dos amigos, se puso el sol y de repente el cielo se volvió rojo como la sangre, lo que le llevó a detenerse y apoyarse en la valla, extremadamente cansado. Lenguas de fuego y sangre se extendían sobre el fiordo  negro azulado. Sus amigos siguieron caminando mientras él se quedaba atrás, solo, temblando de angustia, sintió el grito terrible, infinito, de la naturaleza. Es un grito desgarrador, nadie lo escucha, nadie repara en su desesperación, no hay salida, no se espera respuesta, no hay esperanza ni consuelo posible. El hombre desde que nace, está condenado a la muerte y no puede hacer nada frente a los designios de la naturaleza.  El propio autor nos recuerda que pasó una infancia con numerosas enfermedades, lo que  podría explicar la oscuridad y el pesimismo de gran parte de su obra. Más tarde afirmó: "La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron durante toda mi vida". Varias fuentes modernas describen la enfermedad de Munch como un caso probable de  trastorno bipolar. Él consideraba esta personalidad conflictiva y un tanto desequilibrada como la base de su genio. La fuente de inspiración para esta estilizada figura, ni masculina ni femenina, la de un ser humano reducido a su esencia, podría haber sido una momia peruana que el autor contempló en París.
     Munch trata de reflejar su angustia personal, pero también puede esconder una crítica a la nueva organización socioeconómica de la época, es decir, grita también contra las injusticias sociales y desigualdades que acompañaron a la Revolución industrial. Se distorsionan las formas retorciéndolas, tratando de buscar con las líneas transmitir el ritmo de esos sentimientos. Los cuadros expresionistas se caracterizan precisamente por su expresividad y fuerza psicológica a través de sus composiciones agresivas. Gombrich, decía que estos pintores sintieron intensamente el sufrimiento humano, la violencia, la pobreza y la pasión. Ellos querían mostrar su compasión por los desheredados.
     El Grito y toda la obra de este autor, tuvo una gran influencia en el expresionismo alemán. Como anécdota, fue precisamente un crítico de este país, el que desaconsejó a las mujeres embarazadas que no visitaran este cuadro, junto a otras obras de Munch que se exponían, por el impacto tan perturbador que les podría producir.

        R.R.C.