domingo, 25 de enero de 2015

Gladiadores

     Los juegos públicos eran una práctica habitual en las antiguas ciudades romanas, y protagonistas fundamentales de estos “juegos” eran los llamados gladiadores. Eran hombres que empuñando su espada u otros instrumentos de lucha, se enfrentaban a otros gladiadores, e incluso a peligrosas bestias, en la arena de los numerosos anfiteatros repartidos por todo el Imperio, en presencia del considerable público que había aficionado a estos espectáculos sangrientos. Se les conocía con diversos nombres, dependiendo de los utensilios que portaran: cascos, escudos, redes, etc. El ganador del combate era obsequiado con el aplauso del público, o algún tipo de corona, y en época imperial con diferentes cantidades de dinero.
     Se sabe, que se construyeron más de cien escuelas para la formación de gladiadores a lo largo y ancho del Imperio, pero prácticamente no quedan restos de ellas, salvo en la propia Roma, Carnuntum en la actual Austria y en Pompeya al sur de la península Itálica. En la ciudad romana de Éfeso en Asia Menor, se descubrió un cementerio de gladiadores, y en un análisis forense de sus restos, se pudo averiguar que se alimentaban a base de legumbres y cereales, lo que les proporcionaba una gran corpulencia, tan necesaria para su labor combativa. Por otra parte, los textos antiguos de los que se dispone confirman el estudio anterior, pues nos transmiten que se alimentaban muy bien y seguían dietas para conseguir el peso necesario para la lucha. A lo que habría que sumar masajes y cuidados médicos, que estaban sólo al alcance de unos pocos en aquella época. En fin, llevaban una vida de comodidades que no se correspondía con la baja extracción social de la que procedían la mayoría de ellos. Los gladiadores eran esclavos o prisioneros de guerra, a veces, también ciudadanos romanos que habían caído en desgracia por deudas o cualquier otro motivo.
     A cambio, los entrenamientos que llevaban a cabo casi todos los días, eran muy duros, llevaban una vida solitaria y la arriesgaban en la arena del anfiteatro. No gozaban de libertad y normalmente estaban sometidos a una dura rutina diaria en sus centros de entrenamiento. Se conocía como “lanistas” a los propietarios de estas escuelas de formación de gladiadores y normalmente tenían mucho dinero. También, ostentaban un poder absoluto sobre la vida de ellos y de los que iban reclutando.
     Centrándonos en una escuela concreta de gladiadores, situada a unos cuarenta kilómetros de Viena y ubicada en la antigua ciudad romana de Carnuntum, capital de la provincia de Panonia, un equipo arqueológico de la capital austriaca, nos confirma que su hallazgo tiene unos 1800 años de antigüedad y que se encuentra en un complejo fortificado de 11000 metros cuadrados; muy cerca de un anfiteatro para una capacidad de 13000 personas: “El espacio para los guerreros está organizado alrededor de una arena circular en la que entrenaban, rodeado de galerías con celdas de entre tres a siete metros cuadrados y con capacidad para hasta cuatro personas, aunque los gladiadores solían estar solos”, en palabras del responsable del equipo. La escuela contaba con baños, cocina, comedor, sala de curas y un sistema de calefacción. Se encontraba habitada por unos setenta y cinco gladiadores de forma permanente en una de sus alas, mientras que en la otra, vivían los mejores luchadores y los entrenadores.
     Según Neubauer, director de la excavación, los espectáculos se realizaban en el anfiteatro ya mencionado, que sólo se encontraba a 80 metros de donde ellos vivían y nos aclara que: “algunos gladiadores morían en el primer combate, otros sobrevivían 50 o incluso más, y entonces tenían la posibilidad de ser de nuevo libres”. En última instancia, las oportunidades de sobrevivir eran bajas y algunos alcanzaron la libertad.
     No me gustaría acabar esta entrada, sin la opinión contraria a la actividad que ejercían estos hombres en la arena de los anfiteatros y que tanto agradaba a sus conciudadanos, del gran pensador romano del siglo I Lucio Anneo Séneca, como podemos comprobar en este texto:“Por casualidad, a mediodía asistí a una exhibición, esperando un poco de diversión, unos chistes, relajarme... Pero salió todo lo contrario... Estos peleadores de mediodía salen sin ningún tipo de armadura, se exponen sin defensa a los golpes, y ninguno golpea en vano... Por la mañana echan los hombres a los leones; al mediodía se los echan a los espectadores. La multitud exige que el victorioso que ha matado a sus contrincantes se encare al hombre que, a su vez, lo matará, y el último victorioso lo reservan para otra masacre. Esta clase de evento toma lugar estando casi vacías las gradas... Al hombre, sagrado para el hombre, lo matan por diversión y risas.” Creo que no necesita aclaración. La mentalidad que demuestra Séneca en este comentario, es la de un hombre que se adelantó varios siglos a la época que le tocó vivir. Por cierto, el 1 de enero del año 404 d. de J.C. en la ciudad de Roma tiene lugar la última competición entre gladiadores. Bueno, de la que tenemos noticia.

Nota. La imagen que ilustra la entrada es un cuadro de 1872 de Jean-Léon Gérôme, titulado "Pollice Verso", que significa: "con el pulgar hacia arriba".

       R.R.C.