sábado, 2 de mayo de 2015

La carga de los mamelucos de Goya

    
     Óleo sobre lienzo (266 X 345 cm.) expuesto en el Museo del Prado de Madrid, pintado en 1814, terminada ya la guerra, también se le conoce con el nombre: “El dos de mayo de 1808”. Antes de que entrara Fernando VII en Madrid, Goya dirigió una instancia "expresando sus ardientes deseos de perpetuar por medio de los pinceles las más notables y heroicas escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa, solicitando ayuda económica, ya que temía posteriores represalias a causa de sus anteriores simpatías hacia el bando francés. La Regencia aceptó, y pintó este cuadro junto a Los fusilamientos. De éste se conserva un apunte en la Casa Ducal de Villahermosa.

     Como se ha dicho muchas veces, Goya realiza en esta obra el primer cuadro moderno de la historia de la pintura, porque el lienzo es lo más opuesto al neoclásico gusto "pompier", donde los asuntos tomados de la Historia de Grecia y Roma dominaban el arte del Imperio, con sus desnudos convencionales y los gestos teatrales de los personajes. Para Goya "es una historia sin héroe"; se trata de la primera vez que el pueblo protagoniza una crónica sangrienta. Es un cuadro expresionista, donde el asunto trágico sirve de perfecto apoyo a su paleta, vivaz y delicada a la vez. El episodio representado es el ataque de un grupo de madrileños contra varios mamelucos (mercenarios egipcios que combaten al lado del ejército francés), y un coracero de la Guardia Imperial francesa, acaecido -según la tradición- en las cercanías de la Puerta del Sol, donde vivía el hijo de Goya, por lo que se ha supuesto, que desde la ventana de la casa, el pintor pudo asistir al choque, reflejándolo después en su obra. No obstante, la mayoría de los historiadores piensan que la pintó de acuerdo a los relatos que oyó sobre el acontecimiento. Su objetivo fue rendir un merecido homenaje a la resistencia española. Todo el cuadro es de un gran dinamismo, en el que colaboran los distintos personajes y los movimientos de los caballos. La arquitectura de fondo difuminada, hace que centremos más nuestra atención en los combates que se estaban desarrollando en primer plano. La escena está tratada con gran realismo, convirtiéndose así, en un testimonio de los trágicos hechos acaecidos en Madrid en 1808, como consecuencia de la ocupación de las tropas napoleónicas.

     R.R.C.