sábado, 2 de enero de 2016

"La Villa Saboya" de Le Corbusier

     Construida en Poissy entre 1929 y 1931, muy cerca de la capital francesa, por el gran urbanista y arquitecto de origen suizo, hijo de un relojero (del que parece heredar su gusto por la precisión y la matemática), Charles- Édouard Jeanneret, más conocido con el nombre de Le Corbusier. Como gran humanista que es, rescata al hombre de la deshumanización al que lo estaba llevando el rápido proceso industrial que se estaba desarrollando en el siglo XX. Esta construcción nos muestra este espíritu preocupado por los problemas humanos, olvidados en gran medida por el progreso tecnológico.
     Estamos presenciando uno de los mejores ejemplos de la arquitectura racionalista, e incluso del cubismo, como podemos comprobar en la simplicidad de sus formas, la vuelta a los volúmenes elementales, en este caso: al cubo, y a la claridad de líneas constructivas frente al decorativismo del momento. Además, esta casa es la que mejor representa los cinco principios básicos que resumen toda su obra, a saber:
     1º. Los pilares. Con ellos la casa queda libre y aislada del suelo. Así se eliminan la humedad y los sitios oscuros, o escasos de luz.
     2º. Los techos jardín. De esta forma a la parte superior de la edificación, se le puede dar otros usos, tales como: solárium, pista de tenis, piscina, jardín, etc.
     3º. Ventana longitudinal. Con la utilización del hierro y el hormigón, los muros pierden su antigua función de sostener el edificio y se pueden hacer ventanas alargadas que iluminan mucho más el interior de la construcción.
     4º. La planta libre. La existencia de pilares, permite que cada piso pueda ser distribuido de distinta manera. El inferior puede presentar una distribución diferente al superior.
     5º. Fachada libre. Ahora, la fachada se puede diseñar en función de las necesidades de cada piso.
     Lógicamente, estos enunciados nos valdrían tanto para una casa, como para un bloque de pisos, por ejemplo, los que construyó en Marsella a mediados del siglo XX conocidos como “Unidad de habitación”.
     Un pudiente hombre de negocios francés, Pierre Savoye, fue quién realizó el encargo al estudio de Le Corbusier, dándole libertad total para la elaboración del plano y la ejecución de la obra. En palabras del arquitecto, fue construida en la máxima simplicidad, para unos clientes desprovistos de ideas preconcebidas. En su interior, podemos observar un auténtico despliegue de formas. Rampas comunican las plantas baja y primera. Por otra parte, en el color blanco de la fachada buscaba la claridad del espíritu. El color “blanco moral”, como él mismo lo describía, representaba la negación de lo innecesario, de lo trivial, de lo inútil en definitiva.
     El arquitecto estadounidense y representante de la arquitectura organicista Frank  Lloyd Wright*, describió la Villa Saboya como una caja con zancos. Otros autores, la han equiparado con un objeto volador posado en medio de un paraje, e incluso hay quién la ha llegado a considerar un templo griego modernizado.
     A la postre, le podemos poner algún que otro inconveniente. La casa no fue nunca lo habitable que se hubiese esperado de ella, pues la calidad de la construcción se mostró del todo insuficiente. En 1936, la esposa de Pierre Saboye le escribe al arquitecto confirmándole que: “Llueve en la entrada”, “llueve en la rampa. El muro del garaje está absolutamente empapado. En mi baño llueve todos los días, el agua se filtra por la ventana del techo”. En fin, la delgadez de los muros, es todavía hoy un problema sin resolver. En 1958 la casa pasó a ser propiedad del Estado francés y fue declarada monumento histórico en 1965, cuando el arquitecto aún estaba vivo.
*Autor de “La casa de la cascada” de estilo orgánico construida en 1937 en Pensilvania. También comentada en otra entrada de este blog.

       R.R.C.