Esta figura de mármol de Carrara de gran
belleza y unos dos metros de altura, después de varios siglos olvidada, ya que
el mismo Miguel Ángel la rechazó por un pequeño defecto no atribuible al
escultor, resplandece en toda su majestuosidad en un blanco lleno de luz, y la
perfección habitual en este gran genio del Renacimiento. Actualmente, se halla
expuesto en Palermo de manera provisional en un ambiente oscuro que resalta aún
más su alba y luminosidad. También nos llama la atención sus genitales al
descubierto, aunque con la Contrarreforma fueron cubiertos. Miguel Ángel a ese
asunto nunca prestó demasiada atención, basta recordar, que los personajes de
la capilla Sixtina estaban desnudos hasta que Daniele da Volterra vistió los
genitales del Juicio Final.
Hubo que esperar hasta el año 2000, que
se llevó a cabo una restauración de la estatua, en la que se percibió una veta
negra del mármol que recorre parte de rostro de Jesús, un sitio demasiado
vistoso para que se pudiese ocultar, motivo por el que fue rechazada por el
propio artista, muy perfeccionista y exigente consigo mismo, lo cual le llevó a
abandonar su tarea. Fueron otros autores barrocos posteriores los que
finalizaron el trabajo.
Realizada
entre 1514-16, en toda la figura de Cristo portando una impactante cruz, se
observa el estilo del maestro: su gusto por la belleza, la perfección y la
espiritualidad de su creación. Emplea la técnica del contrapposto, que tomó del
mundo griego clásico para darle un mayor dinamismo, rompiendo así la
frontalidad y la rigidez de la escultura; además de un dominio absoluto de su
estudio anatómico y expresividad del rostro, con pequeños toques de claroscuro
sobre su barba y cabellos.
R.R.C.


