Según se
puede leer en la Biblia de Jerusalén en su versión española (que es la que yo consulto), en el Éxodo,
cap. 21,29-31 “Más si el buey acorneaba
ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata
a un hombre o a una mujer… también su dueño morirá... Si el buey acornea a un
siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño de ellos…”
Siguiendo en el Antiguo Testamento, en uno de sus últimos libros que
corresponde al profeta Zacarías,* que podemos situar a finales del siglo VI a.
C. En el cap. 11,12 de su libro leemos: “Yo
les dije: Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo. Ellos pesaron mi
jornal: treinta siclos de plata”. Lo cual se podría considerar una ofensa
por valorar con tan poco dinero a un pastor de Yahveh. El propio Dios le dijo a
Zacarías (con cierta sorna, esto lo añado yo), que echara al tesoro del Templo
de Jerusalén, la miseria con la que habían valorado su actividad de guía de los
prefectos de Dios en la tierra. Cosa que hizo.
Todo esto viene a colofón de la cantidad
económica que se pagó por Jesucristo, y, que tan solo el evangelio de Mateo,
nos da la cifra exacta de treinta piezas de plata, mientras los otros
sinópticos no nos dicen nada de la cantidad y solo nos hablan de dinero. Luego,
estamos ante algo que ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento,
concretamente, en el libro de Zacarías, y en Jesús se cumple el vaticinio.
Aunque esta cuestión, para algunos, es un arma de doble filo, pues si san Mateo
menciona la cantidad de treinta, no es porque fuesen treinta monedas, si no
para hacer coincidir la cantidad con la profecía, que, por cierto, el atribuyó
al profeta Jeremías. Mientras que en el mundo cristiano se ve en este asunto una prueba más de que Cristo era
el Mesías. Ya que, el traidor, antes de ahorcarse también echó al templo las
treinta monedas de plata como hizo el profeta (con muy menor que se le
considere a Zacarías). El hecho de que Judas venda a su maestro por esta
pequeña cantidad, hace más humillante aún, si cabe, este acontecimiento, es
decir, si nos vamos al Éxodo, a Cristo se le dio el valor de un esclavo, y
todos sabemos el poco coste que tenían.
* Uno de los
doce profetas menores del Antiguo Testamento, con un libro que contiene 14
capítulos, aunque aquí, lo que más nos interesa son unas palabras proféticas
que afectan directamente a Jesucristo, y en concreto a las expuestas en el
capítulo 11.
NOTA: El beso de Judas de Giotto ilustra
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R.R.C.

