jueves, 16 de abril de 2026

30 MONEDAS

 

     Según se puede leer en la Biblia de Jerusalén en su versión española (que es la que yo consulto), en el Éxodo, cap. 21,29-31 “Más si el buey acorneaba ya desde tiempo atrás, y su dueño, aun advertido, no le vigiló, y ese buey mata a un hombre o a una mujer… también su dueño morirá... Si el buey acornea a un siervo o a una sierva, se pagarán treinta siclos de plata al dueño de ellos…” Siguiendo en el Antiguo Testamento, en uno de sus últimos libros que corresponde al profeta Zacarías,* que podemos situar a finales del siglo VI a. C. En el cap. 11,12 de su libro leemos: “Yo les dije: Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo. Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata”. Lo cual se podría considerar una ofensa por valorar con tan poco dinero a un pastor de Yahveh. El propio Dios le dijo a Zacarías (con cierta sorna, esto lo añado yo), que echara al tesoro del Templo de Jerusalén, la miseria con la que habían valorado su actividad de guía de los prefectos de Dios en la tierra. Cosa que hizo.

     Todo esto viene a colofón de la cantidad económica que se pagó por Jesucristo, y, que tan solo el evangelio de Mateo, nos da la cifra exacta de treinta piezas de plata, mientras los otros sinópticos no nos dicen nada de la cantidad y solo nos hablan de dinero. Luego, estamos ante algo que ya estaba profetizado en el Antiguo Testamento, concretamente, en el libro de Zacarías, y en Jesús se cumple el vaticinio. Aunque esta cuestión, para algunos, es un arma de doble filo, pues si san Mateo menciona la cantidad de treinta, no es porque fuesen treinta monedas, si no para hacer coincidir la cantidad con la profecía, que, por cierto, el atribuyó al profeta Jeremías. Mientras que en el mundo cristiano se ve en  este asunto una prueba más de que Cristo era el Mesías. Ya que, el traidor, antes de ahorcarse también echó al templo las treinta monedas de plata como hizo el profeta (con muy menor que se le considere a Zacarías). El hecho de que Judas venda a su maestro por esta pequeña cantidad, hace más humillante aún, si cabe, este acontecimiento, es decir, si nos vamos al Éxodo, a Cristo se le dio el valor de un esclavo, y todos sabemos el poco coste que tenían.

     Otro asunto que habría que aclarar es como la Biblia habla de Siclos, es decir, de una moneda que faltaba varios siglos para que existiera. Supongo, que eso se debe a la traducción, que más que aclarar al lector medio, lo confunde. Luego sería un problema achacable al traductor y no al escrito original que no podía conocer la existencia de estas monedas. Para empezar, las primeras monedas como tal, aparecen en Lidia a mediados del siglo VII a. C. y la época de la que trata el Éxodo es muy anterior. Ahora bien, los siclos como unidades de peso de entre 10 y 16 g son muy antiguos, mucho más que el Éxodo, que, evidentemente, es a lo que se refería este libro y no a monedas. Además, shekel (siclo en hebreo) también es una cantidad de peso, que con el paso de los siglos se convirtieron en monedas acuñadas, que muchas de ellas se han conservado hasta nuestros días.

* Uno de los doce profetas menores del Antiguo Testamento, con un libro que contiene 14 capítulos, aunque aquí, lo que más nos interesa son unas palabras proféticas que afectan directamente a Jesucristo, y en concreto a las expuestas en el capítulo 11.

NOTA: El beso de Judas de Giotto ilustra esta entrada

        R.R.C.