domingo, 24 de junio de 2012

Grupo de Laocoonte y sus hijos

     Se trata de una escultura realizada en bronce por Agesandro, Polidoro y Atenadoro de Rodas entre el siglo III y el II a de C. Su altura es de 2'42 m. El original se encontraba en el Palacio del emperador Tito, en Roma, pero se perdió. La copia, del siglo I a. C, fue realizada en mármol y se encuentra en el Museo Vaticano de Roma. El grupo nos conduce al pathos scopásico, que predominaba en la escuela de Pérgamo, en donde los sentimientos, pasiones, emociones y otros estados del alma se manifiestan en todo su esplendor. Este grupo expresa uno de los dramas más espeluznantes de la mitología griega. Representa el momento en que dos serpientes se enroscan al cuerpo de Laocoonte y de sus hijos. Es el castigo que enviaba Poseidón a este sacerdote troyano de Apolo por permitirse recelar del caballo de Troya, que los aqueos querían introducir en la ciudad.
     El grupo está realizado con una clara concepción bidimensional: se acentúa la visión frontal. Las formas de las serpientes y los cuerpos escorzados (retorcidos) de las figuras respecto del plano,  aportan sentido volumétrico a la escultura.
     La composición del Laocoonte y sus hijos se define a partir de una pirámide y de una diagonal que atraviesa toda la escultura. Por un lado, la pirámide que forman las tres figuras, con la cabeza de Laocoonte en el vértice superior, y, por otro, la diagonal resultante de unir con una línea el brazo derecho y la pierna izquierda de éste.
     La figura central, masculina, desnuda y de medidas gigantescas, lucha agónicamente por liberarse a sí mismo y a sus hijos de las dos enormes serpientes que los atenazan. La representación anatómica de los cuerpos no hace distinciones entre el padre y sus descendientes, a los cuales caracteriza con una musculatura exagerada para su edad. No obstante, el estudio anatómico es extraordinario, como podemos ver en músculos, vertebras, costillas, tendones… El efecto de claroscuro (contrastes de luces y sombras) es evidente en el rostro del padre.
     Laocoonte y el muchacho de su derecha se apoyan en una peana, mientras que el otro se eleva sobre una base distinta y más baja. El padre se encuentra en actitud semisedente; del supuesto asiento en que se apoya cuelgan unos rígidos opajes; dobla la pierna derecha y retrasa levemente la izquierda, lo cual acentúa la sensación de tensión; lucha con una de las serpientes, cogiéndola con ambas manos para evitar, por un lado, su mordedura, y por otro, su abrazo mortal. La inclinación de la cabeza barbada hacia la izquierda potencia la sensación de sufrimiento, así como la boca abierta y las marcadas arrugas de dolor. El rostro de Laoconte, no sólo expresa el intenso dolor físico que le producen las serpientes, también psicológico, porque sabe que su pueblo va a sucumbir por el ataque de los aqueos y no puede evitarlo, al igual que la segura muerte de sus hijos. Aquí se encuentra representado el dolor, tanto del cuerpo, como del alma.
     El mayor de los muchachos parece suplicar ayuda a su padre, mientras el otro está a punto de sucumbir.  Las serpientes sirven de nexo de unión entre las tres figuras. La contorsión de los cuerpos en su esfuerzo por huir de las serpientes que les aprisionan realza la sensación de movimiento. El volumen de los músculos y detalles como los ojos hundidos crean efectos de claroscuro que aumentan la emotividad de la escena.
     El grupo fue descubierto en 1506 en el mismo palacio de Tito y ejerció una influencia extraordinaria en Miguel Ángel, como podemos observar en la escultura de Moisés que preside la tumba de su mecenas el Papa Julio II, el mismo que se hizo con esta estatua para el Vaticano. Por cierto, cuando fue descubierta, le faltaba su brazo derecho y fue el único que sugirió que se encontraba doblado, como así fue cuando se descubrió cuatro siglos y medio más  tarde en el siglo XX.
      R.R.C.