jueves, 31 de enero de 2013

Los desposorios de la Virgen


     Se trata de un óleo sobre madera pintado por Rafael en 1504, de 170 X 117 cm., conservado en la Pinacoteca di Brera de Milán. En este cuadro, Rafael se inspira en el fresco “La entrega de las llaves” de su maestro Perugino, pintado en uno de los muros de la Capilla Sixtina en El Vaticano. Pero da un gran paso adelante en la figuración del espacio pictórico, del cual hace partícipe, además de a los personajes representados, al propio observador.

      La escena se compone por José y María a un lado y otro del sacerdote, como núcleo central, el cual acerca sus manos en el momento de formalizar su unión. Detrás de María se disponen las damas  de su corte, y detrás de José, los caballeros, que junto con él, habían acudido con el propósito de contraer matrimonio con la Virgen, tal y como narra el Protoevangelio de Santiago. Destaca en primer plano el personaje que rompe la vara de la castidad con su rodilla, ya no la necesitaba al no resultar escogido. Podemos ver como sus rostros, reflejan el enfado, o la desilusión de no haber sido ellos los afortunados. Siguiendo este evangelio apócrifo, José el carpintero fue el elegido, pues su vara es la única que florece, tras salir de ella una paloma, lo que el sacerdote Zacarías interpreta como un designio de Dios. El conjunto de personajes están dispuestos en un amplio arco de círculo, en parte contenido en el espacio del cuadro, que sale al encuentro de los espectadores; esta circularidad de espacio queda acentuada por la forma misma del templete superior, construida con una planta casi circular, con sus dieciséis lados, situado sobre una alta escalinata que hace de fondo a la perspectiva dibujada del pavimento. El templete viene a ser el centro de la composición del espacio circular y está inspirado en el que poco después Bramante levantó en el patio interior de San Pietro in Montorio en Roma, lo que indica que Rafael conocería el proyecto.

     Otra cuestión interesante son las vestimentas que portan los personajes, exceptuando los tres principales,  o sea, la Virgen, San José y el sacerdote Zacarías que consagra la unión, van vestidos de la época del pintor, de principios del siglo XVI, lo que dota de historicidad a la obra, sin embrago, los primeros los viste como el artista pensaba que irían en el momento del acontecimiento. Un detalle curioso, si nos fijamos en el pie de San José, es que éste tiene seis dedos, lógicamente no es un error del pintor, si no, que hace referencia a un sexto sentido que se le atribuye para interpretar sueños.
    
     El espacio sugerido es un espacio envolvente en el cual se nos invita a entrar, a actuar sobre la perspectiva perfectamente dibujada del enlosado, para unirnos y confundirnos con los protagonistas. La composición destaca la construcción en perspectiva, convergente en el centro de la puerta del edificio. Este centro coincide con el vértice del triángulo perfecto que encierra las figuras principales. En este cuadro, como en otros de Rafael, nos encontramos con todos los logros y avances que la pintura llevó a cabo hasta ese momento. No viene mal recordar, que más que un innovador, el autor es, sobre todo, un técnico del arte pictórico.     
     R.R.C.