sábado, 2 de febrero de 2013

La Madonna del Jilguero de Rafael


          Se trata de un óleo pintado en 1507 sobre madera, de 107 X 77 cm. Se encuentra en la Gallería de los Uffizi de Florencia. Rafael pinta aquí una escena familiar en la que aparece la Virgen María, que mira amorosamente a los dos tiernos niños que juegan con un pequeño jilguero, que Juan el Bautista entrega al niño Jesús como anuncio de su futura pasión y muerte en la cruz. La composición está comprendida, según la iconografía tradicional, en las proporciones de un triángulo sobre cuyo eje se encuentra la figura de la Virgen. Este triángulo encierra a los personajes, no sólo desde el punto de vista de la composición, sino también desde un punto de vista simbólico, en una unidad geométrica y conceptual. Los colores son claros, suaves, transparentes, con dominio de lo cálido.

          La composición piramidal, la atmósfera en la que parecen moverse la Madona con el Hijo y el amigo de éste, el paisaje que envuelve las figuras, parece que es lo que más nos atrae; pero luego la atención se centra en los detalles del "afecto": en el jilguero que al posarse en la rodilla de la Virgen es acariciado por las manos de los pequeños Jesús y Juan; en el librito de plegarias que la Virgen, apenas distraída por los niños, sostiene en su mano izquierda; el juego de las miradas entre los personajes aumenta el humanismo de la escena; y sobre todo, en el gesto extraordinario del pie del Niño que se apoya amorosamente en el de la Madre, en un contacto profundamente humano y conmovedor.

         Toda la obra está llena de influencias leonardescas, especialmente en el espléndido paisaje de fondo, en donde las brumas y la atmósfera restan nitidez a la línea de horizonte, de acuerdo con las reglas de la perspectiva aérea. El esfumato que observamos en los rostros, especialmente de los dos niños, también es típico de las obras de Leonardo, así como la composición piramidal y los toques de claroscuro.

     R.R.C.