lunes, 22 de abril de 2013

El altar de Zeus en Pérgamo

     Lo primero que nos encontramos al entrar al Museo de Pérgamo de Berlín es una espectacular arquitectura construida originariamente en  la polis griega homónima  de Asia menor, en la actual Turquía. Fue desmontada y trasladada a su actual ubicación a finales del siglo XIX, después de su compra por veinte mil marcos de oro al Imperio turco. Pero no termina aquí su periplo, ya que después de la ciada de Berlín en manos de las tropas soviéticas tras la Segunda Guerra Mundial, fue desmontado y trasladado a Rusia como botín de guerra, para ser devuelto, por fin, a Alemania en 1959.
     Nos encontramos ante un monumento religioso de época helenística, construido en la primera mitad del siglo II antes de J.C. durante el reinado de Eumenes II. Durante este período se levantaron grandes altares dedicados a una deidad en donde se le rendía culto, comúnmente a Zeus, la más importante de todas.
     El altar era un gigantesco podio macizo de unos 7 m de alto, con una amplia escalera para salvar el desnivel, se levantaba sobre un basamento rectangular de 35'80 m. por 33'20 m., con cinco escalones, a partir de los cuales se generaba su alzado. Éste se origina en una estructura en forma de U. La columnata jónica que bordea toda la plataforma, es de altura reducida -2'67 m- y sostiene un entablamento plano.
     Grandes relieves de 2'30 m. de altura rodeaban por tres de sus lados el gigantesco altar formando un friso de unos 112 metros de longitud. En estos relieves se representa la lucha entre los dioses y los gigantes, hijos de  Gea: Zeus y Atenea combaten a sus respectivos adversarios, formando un concierto de figuras comparable a la furia de los elementos desencadenados: simboliza las fuerzas titánicas, fuerzas cósmicas elementales: las fuentes de la luz, los cielos, las aguas y la tierra. Todo ello forma una fantástica combinación de hombres viejos y jóvenes. El fondo del relieve desaparece tras la maraña de cuerpos humanos, ropajes flotantes, armas, carros y animales. En el friso participaron más de 40 escultores, que unificaron su trabajo de tal manera, que es imposible distinguir individualidades.
     La planta del altar era prácticamente cuadrada, y la fachada que se conserva deba acceso a un patio cerrado, en el interior del cual se encontraba el altar de los sacrificios. Este patio estaba adornado con un friso de dimensiones menores que el del exterior, que relataba la vida del héroe Télefo, hijo de Hércules.
       R.R.C.