jueves, 13 de marzo de 2014

Artemisia

Batalla de Salamina
     Caria, situada en la costa Egea de la península de Anatolia, fue una región histórica desde el segundo milenio antes de J.C. Su capital fue la antigua Halicarnaso, que había sido una fundación griega y actualmente se corresponde con la ciudad turca de Bodrum. La zona, se incorporó como Satrapía (provincia) al Imperio persa a mediados del siglo V antes de nuestra Era. Artemisia I de Caria, hija de Lígdamis de Halicarnaso y de madre cretense, se convierte en gobernante de esta tierra, una vez fallecido su esposo y con un hijo ya criado. La fuente histórica fundamental para el conocimiento de este personaje es el historiador griego Herodoto, considerado más tarde por Cicerón como: “el padre de la Historia”. Precisamente, también nació en la ciudad de Halicarnaso en el 484 a. de C. y hace referencia a ella en sus escritos, en los cuales basaré esta entrada. El hecho de ser paisanos, puede explicar, aunque solo sea en parte, el buen trato que recibe del historiador, notoriamente posicionado a favor del bando griego en las guerras Médicas, a una combatiente, claramente traidora a su origen heleno, luchando en el bando persa.
     Siguiendo la información que nos transmite Herodoto en sus libros VII y VIII de Historia, nos habla en primer lugar de los generales de la armada persa que participaron en la gran batalla naval de Salamina, en el mes de septiembre del 480 antes de J. C. A continuación, nos refiere a varios de los tripulantes de mayor rango que comandaban las naves entre los que destaca a Artemisia, por la que confiesa sentir la mayor admiración, porque, a pesar de su condición femenina, se integra en una expedición militar para luchar contra La Hélade (Grecia), cuando no hubiese tenido necesidad de hacerlo. Su aportación a la flota persa, fue más simbólica que significativa, pues tan sólo proporcionó las cinco naves que ella misma comandaba, eso sí, y siguiendo a Herodoto, sus naves eran las más famosas, después de las que aportaron los fenicios de Sidón.
     Una vez en la batalla y en plena confusión de la armada persa, una nave ateniense perseguía a la de Artemisia y por una mala maniobra de sus barcos amigos, le cortaron la retirada. Ante lo cual, toma la decisión de embestir con la proa de su barco, a otro persa al que logró hundir, para confundir al enemigo haciéndose pasar por combatiente del bando heleno y así, el capitán de la nave ateniense dejó de perseguirla, pensando que sería un barco aliado, o que desertaba de las filas persas en favor de los griegos. En mi opinión, no parece una acción muy loable atacar de una manera inesperada a una nave compañera para salvarse ella, además, de que el propio Herodoto atribuye a la buena suerte, el hecho de que dicha acción le saliese bien, hasta el punto de que murieron todos los de ese barco y nadie pudiera contar lo que realmente ocurrió. Así, que, Artemisia huyó y no murió en esta batalla (como podemos ver que sucede, a manos de Temístocles, en la famosa película recientemente estrenada de 300: El origen de un Imperio).
     Herodoto, que a pesar de la elevada opinión que tenía de ella, desaprueba esta manera de actuar. Sin embargo, ante el rey persa, queda poco menos que como una heroína, ya que no interpretó correctamente desde el lugar donde contemplaba el combate, a mucha distancia, por cierto, lo que realmente hizo, y pensó que atacaba a una nave enemiga. E incluso cuando Jerjes pregunta a sus asesores, le confirmaron su errónea opinión. Ante lo cual, pronuncia las siguientes palabras: “Mis hombres se han convertido en mujeres, y mis mujeres en hombres”. Como podemos comprobar, muy feminista no parecía.
     La otra faceta que Herodoto nos expone de Artemisia, es su papel como asesora del Gran Rey, pues según nos dice, ella fue la que mejores y acertados consejos dio a Jerjes, hasta el punto, que después de la derrota que los griegos le infligieron en Salamina y el desconcierto que ello le supuso, mandó retirar a todos los consejeros que tenía para quedarse a solas con ella y atender sus opiniones, para conversar de, “hombre a hombre” (Herodoto se refiere al valor de Artemisia con la palabra griega andreía, que traducida literalmente al español significa virilidad). Le aconseja que se retire de Grecia y vuelva a sus tierras de Asia y se ponga a salvo. En su lugar, que se quede el general Mardonio, que era partidario de invadir Grecia, con una gran ejército para ver si lo consigue, y si no es así, y los griegos matan a Mardonio, nada perdería con ello, pues le recuerda a Jerjes, que el objetivo de la invasión, era destruir y prender fuego a Atenas y una vez que lo hiciera, ya se podía retirar. El rey persa acepta el consejo, pues según Herodoto, Artemisia le decía lo que él pensaba, en definitiva, lo que él quería oír. Tuvo elogios hacia ella y la envió a la ciudad de Éfeso en Anatolia, para que se encargara de la educación de los hijos bastardos que el Gran Rey tenía allí.
     Por último, una leyenda cuenta que Artemisia se enamoró de un hombre llamado Dárdano y que, no le correspondió. Un oráculo le dijo que cuando muriese se suicidara saltando desde lo alto de una roca al mar Egeo. Focio, el que recoge esta leyenda, fue un escritor bizantino del siglo IX, y por lo tanto, muy posterior a los hechos. Por otra parte, es muy poco verosímil. Pienso, que las posibilidades de ser cierta, son escasas.

        R.R.C.