domingo, 2 de marzo de 2014

Pectoral de Sesostris II

   
 
     Se conserva en el Museo Metropolitan de Nueva York y presenta unas dimensiones de 4,4 cm. de alto por 8,2 cm. de ancho y tiene una antigüedad de casi cuatro mil años, ya que fue un regalo del faraón Sesostris II que gobernó Egipto entre* 1882 y 1878 antes de J.C. a su hija Sithathoriunet, por lo que también podríamos denominar al pectoral con este nombre. Fue localizado por Guy Brunton en las excavaciones llevadas a cabo por Flinders Petrie entre 1813 y 1814 precisamente en la tumba 8 de el-Lahum, que correspondía a la de esta princesa. Parece evidente que se llevó el regalo a su lugar de descanso eterno, hasta que fue interrumpido treinta y nueve siglos después.
     Los ricos materiales empleados para su realización fueron: oro, lapislázuli, cornalina, turquesa y granate. Los artesanos joyeros confeccionaron una base de oro puro sobre la que se ejecutan una serie de celdillas, para poder incrustar posteriormente fragmentos de piedras de adorno, o cristales, de una gran variedad cromática. Todo ello elaborado con una gran meticulosidad y precisión, propios de auténticos profesionales en el arte de la orfebrería. Lógicamente, las piedras han sido talladas expresamente para adaptarse a las diferentes formas y tamaños, milimétricos en algunos casos, de las celdillas a las que van destinadas, hasta un total de 372 piezas que encajan a la perfección.
     Es típica la forma trapezoidal de los pectorales del Imperio Medio egipcio, con el objeto de simbolizar la fachada de los templos, pero no es el caso del que nos ocupa, pues se ve liberado de esta imposición y son las propias aves las que cierran la composición a ambos lados, el propio cartucho real con las cabezas de las cobras en la parte superior y la banda que cierra la pieza por la parte inferior, da unidad a la obra. No obstante, mantiene la apariencia trapezoidal, pero independiente de un enmarque cerrado.
     Cuando observamos el pectoral, lo primero que salta a la vista es la preocupación del autor por la simetría, es decir, si dividimos la pieza en dos mitades nos encontramos lo mismo en cada una de ellas, y por la armonía de la joya en su conjunto. En la parte superior y situado justo en el centro del eje de simetría, nos encontramos con el cartucho que contiene el nombre del faraón. En lo alto del mismo aparece el disco solar en referencia al dios RA, con el borde de oro y con una cornalina redonda incrustada. A continuación muestra un signo jeroglífico bilítero, o sea, que equivale a dos sonidos: JA, y consiste en el disco solar asomando tras una colina. En este caso se podría traducir como: “aparece”. Cornalina y turquesa principalmente ocupan el espacio interior que deja el bisel de oro. Por último, nos encontramos con el famoso escarabajo pelotero egipcio, con su precisa silueta áurea y colmada con una magnífica pieza de lapislázuli elaborada al efecto. Como signo trilítero sonaría JePeR (JPR, introducimos la vocal e para su pronunciación) y se traduce por: “manifestación”. Luego, el cartucho en su conjunto lo leeríamos: Jajeperra (aunque el nombre del dios aparece en primer lugar, por ser un dios, se lee el último). “Aparece la manifestación de Ra” sería su traducción al español y el nombre griego por el que se le conoce a este faraón es: Sesostris II.
     A ambos lados del cartucho real se encuentran dos preciosos halcones que simbolizan al Sol con incrustaciones de lapislázuli y turquesa en su plumaje. Ojos, pico y cabeza de ambas aves se encuentran perfectamente cuidados. No se deja nada desatendido, como también podemos comprobar en sus patas, en las que se intenta reproducir el aspecto rugoso de las mismas, así como la fuerza de sus potentes garras; una sobre un signo circular con una cornalina incrustada, haciendo referencia a la eternidad, mientras que la otra se lanza hacia delante, para encajar perfectamente con sus poderosas uñas, en las ramas que sostiene el dios Heh que se encuentra en el centro de la obra,  bajo el cartucho (Shen, en jeroglífico) ovalado que porta el nombre real. Respecto a este dios, tenemos que tener en cuenta que simboliza la eternidad y el espacio infinito, también lo vemos arrodillado, en otras ocasiones, con los brazos abiertos sosteniendo el cielo  para representar la cifra un millón. Además, era el jeroglífico que significaba infinito en las matemáticas egipcias. Asimismo, se encuentra representado, pese a su pequeño tamaño, con gran minuciosidad y detalle, como podemos comprobar en su rostro de turquesa exquisitamente labrado, barba postiza, ancho collar, faldón y manos cerradas en las que podemos distinguir su dedo pulgar. En las ramas de palmera que sostiene, se realizan una serie larga de muescas, probablemente haciendo alusión a un gran número, e incluso infinito número de años, de hecho, la hoja de palmera era el signo jeroglífico con el que se escribía año. De uno de sus brazos, pende un renacuajo con lapislázuli en su interior. Este signo jeroglífico se empleaba para escribir una gran cantidad: cien mil, lo cual, hace hincapié en lo infinito, en lo difícil de contar, en definitiva, en lo ilimitado, además de poderlo vincular con nociones de fertilidad y regeneración.
     Dos cobras se enroscan para recoger los dos discos realizados de turquesa** que llevan sobre sus cabezas los halcones ya mencionados y que terminan envolviendo el cartucho oval de Sesostris II con sus cuerpos y boca, simbolizando de esta manera, la protección que ofrecen al faraón. De sus finos y alargados cuerpos, pende el signo más conocidos y más repetido en los muros, tanto en pinturas como en relieves del antiguo Egipto: la cruz de asas, importante amuleto y signo trilítero que se pronuncia ANJ y se traduce por: “la vida”, acabada con incrustaciones de turquesa. Situadas ambas cruces entre las aves y el nombre del monarca, enfatizan el carácter divino de las cobras, los halcones y el propio faraón. La banda de oro con una decoración geométrica  elaborada con pedrería dispuesta en zigzag, hace alusión a una superficie líquida, algo que se mueve ¿el rio Nilo quizás, tan importante para la vida en Egipto?
     Todo parece indicar que el significado simbólico de este pectoral se refiere a la eternidad del faraón acompañada del astro solar, sin el cual, sería imposible de conseguir. Los propios signos jeroglíficos que se utilizan para escribir el nombre de este soberano hacen referencia al Sol, pues el escarabajo es una metáfora de la energía que desprende este astro, el signo que le sigue es una colina por la que asoma el disco solar y en la parte superior vemos representado al propio Sol. El espíritu del monarca unido al de Ra son eternos, este es el mensaje que quiere transmitir a sus súbditos a través de esta preciada joya. Su hija se encargó de lucirla en aquella lejana época.

*Las fechas tan antiguas hay que tomarlas con cierta cautela. Dependiendo del investigador puede haber una pequeña variación.

**No es habitual representar al disco solar con el color de esta piedra. Si aquí se prefiere al color rojo, es para destacar más el disco solar que contiene el cartucho y que forma parte del nombre del faraón.
     R.R.C.
 Nota: me ha sido de gran utilidad la página web “Amigos de la Egiptología”