martes, 16 de diciembre de 2014

Estela funeraria de Hegeso

     Mira por última vez las joyas que no se podrá llevar con ella a la otra vida, un collar que sostiene con su mano derecha capta su atención, un profundo sentimiento de melancolía recorre todo su cuerpo, pero no por la alhaja en sí, sino por los recuerdos que ésta le evoca. En esta escena las joyas no tienen un valor material, como en tantas otras ocasiones en la vida de una mujer, son momentos del pasado, rememoraciones, vivencias, sentimientos encontrados en multitud de circunstancias, en fin, la vida misma. En una de las salas, por cierto, no de las más concurridas del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, se encuentra expuesta entre otras muchas estelas funerarias, esta lápida monumental de la bella Hegeso, fechada hacia finales del siglo V antes de J.C. en pleno clasicismo griego. Las otras losas de piedra que le acompañan también muestran relieves de gente joven, bien porque morían a edades tempranas, bien porque preferían la juventud del personaje para que le acompañara en su última morada.
     La escena representa el momento en el que una esclava de pie, en su función de doncella, le muestra el joyero a su dueña que aparece sentada en una elegante silla. El relieve es de tal belleza, que en un primer momento nos pasa casi desapercibida la diferencia de tamaño entre las dos mujeres, piensen por un momento que si la señora se parase, la diferencia de altura entre ellas sería desmesurada, máxime, si tenemos en cuenta que en el arte griego, el hombre aparece representado con los mismos cánones independientemente de su importancia social, e incluso a los dioses se les representa con mediadas humanas, es decir, un rey o un dios no necesita aparecer como un superhombre. La sofrosine, así es como llamaban los griegos a la plasmación de la belleza física y el equilibrio espiritual, aparece muy bien reflejada en ambos personajes, complementada por la unidad psicológica que transmiten las dos. Otra cuestión a tener en cuenta en esta hermosa escena es el tratamiento que el artista concede a las telas y cómo se adhieren a los cuerpos, especialmente al de la señora sentada, que al unirse a su figura dibujan su anatomía, pues el mármol se vuelve transparente y podemos ver sus contornos. Esta técnica se le conoce con el nombre de “paños mojados”, ya que recuerda a un tejido húmedo pegado al cuerpo, desarrollada por el gran escultor Fidias en este mismo siglo.
     De autor desconocido, emplea el mármol para la realización de este bello relieve de  un metro y medio de altura, para representar una escena de la vida cotidiana, con una elegancia y destreza técnica insuperables. El momento lo sitúa dentro de un espacio arquitectónico. También cuida al máximo el detalle, como podemos comprobar en la ya mencionada silla en la que aparece sentada el personaje principal y en el escabel donde reposan sus pies. Hay que recordar, que durante la segunda mitad del siglo V antes de J.C., Atenas se convirtió en el centro de producción de lápidas como la que estamos describiendo, para la gente que tenía el poder adquisitivo suficiente que le permitiese adquirir alguna de ellas.
      R.R.C.