domingo, 1 de noviembre de 2015

La primera bajada de impuestos que se conoce


     Veinticuatro siglos antes de que naciera Jesucristo, en la ciudad-estado de Lagash, en la antigua región de Mesopotamia, alcanzó el trono real y gobernó durante unos diez años Urukagina. Previamente tuvo que desalojar del poder al anterior rey Lugalanda, que ayudado por su esposa y un gran número de sacerdotes, cometieron toda clase de tropelías y abusos contra el pueblo indefenso, cargándolo de impuestos difíciles de asumir. En esta situación de enormes dificultades y atropellos de los más poderosos contra los más débiles, hace su aparición el nuevo rey, que trató de dar la vuelta a la situación con todos sus medios, para lo cual, elaboró un código legal, prácticamente el más antiguo que se conoce. Lamentablemente, no nos ha llegado su texto, pero se sabe de él gracias a las referencias y citas encontradas en otros documentos cuneiformes (la escritura de la época). En esencia, este código suponía una reforma social en la práctica, en el que se trataba de dotar a la sociedad de un mayor nivel de libertad y sobre todo de igualdad. En definitiva, de favorecer a los más débiles y de protegerlos de la prepotencia de los poderosos.
     
     Samuel Noah Kramer fue una de las principales autoridades en historia de Sumeria. La fama le llegó gracias a su labor de recopilación de historias sencillas, tal y como aparecían en las tablillas cuneiformes, publicadas en su obra de divulgación  La historia empieza en Sumer. Libro muy ameno, claro y entretenido, en el que narra historias de diferentes hechos de los que por primera vez se tiene noticia. Entre estas historias destaca la que lleva por título el mismo que aparece acompañando estas líneas y, como protagonista, el compasivo gobernante.
     
     Siguiendo la mencionada obra de Kramer, a Urukagina pertenece el honor de haber restablecido la justicia y de haber devuelto la libertad a los ciudadanos oprimidos. Bajó todos los impuestos y eliminó los más sangrantes. Destituyó a inspectores y recaudadores de impuestos que ya no hacían falta. Además, puso fin a la explotación y a los malos tratos de que eran objeto los pobres por parte de los ricos, como podemos ver en el siguiente ejemplo: «La casa de un hombre humilde era vecina de la casa de un hombre "importante", y el hombre "importante" le decía: "Quiero comprártela." Si al hombre "importante", que estaba a punto de comprar la casa, el hombre humilde le decía: "Págame el precio que yo considero razonable", y si el hombre "importante" no se la compraba, este hombre "importante" no debía vengarse del hombre humilde.». Limpió, igualmente, toda la ciudad de usureros, de ladrones y de toda clase de criminales. Tampoco permitió que las viudas ni los huérfanos fuesen víctimas fáciles de los «hombres poderosos».
    
       Por desgracia para la ciudad de Lagash, este buen rey sólo estuvo en el poder diez años, hasta que Lugalzagesi, rey de Umma, la tomó por la fuerza y unificó por primera vez toda la región de Sumer. Acabando de esta manera con la etapa de reformas  populares, de las que no sabemos nada sobre la eficacia y utilidad de las mismas. De la gran derrota que le infligió la ciudad rival del norte, Lagash ya no se repondrá jamás. A otros reformadores posteriores también les ocurrió lo mismo, y fueron borrados de la historia  por otros gobernantes con menos escrúpulos, con el único pensamiento de servirse a ellos mismos y a su horda, olvidándose de todos los demás. Sin embargo, las reformas de Urukagina y sus consecuencias sociales, no dejaron de causar una profunda impresión en los antiguos «historiadores».

      R.R.C.