El título de
este post es una pequeña variante de un dicho español para referirse a un grupo
inoperante de personas, que, a pesar de poder realizar una tarea cualquiera de
ellos, nadie la hace: también nos podemos encontrar frases similares si
sustituimos suelo por “casa” o “habitación”. La imagen, que utilizo para
ilustrar esta entrada, es un mosaico hallado en el barrio del Aventino, que
decoraba una villa, y está firmado por un tal Heraklito, “Eraclito fece” en
latín, y decoraba una villa romana del siglo II d. C. cuando gobernaba el
emperador Adriano. En la actualidad se conserva en el Museo Vaticano.
Es un mosaico del tipo Opus Tessellatum,
que ya explicaré en otro momento junto con los diferentes tipos que se
emplearon, pues utiliza teselas en forma de cubos de tamaño variable, pero que
suelen ser de un cm cuadrado aproximadamente, de distintos colores y
materiales, convirtiéndose en uno de los modelos de mosaico más empleados. Se
colocaban sobre un lecho de mortero, encima de suelos y paredes, e incluso en
el techo. Representaban escenas mitológicas, de caza, gladiadores, de la vida
cotidiana… en las casa de las personas más pudientes, ya que era una forma
decorativa muy cara. No obstante, han llegado muchísimos mosaicos romanos hasta
nuestros días, algunos de ellos de una calidad excelente.
Siguiendo al historiador Plinio el Viejo,
Sosos de Pérgamo fue uno de los primeros artistas en representar los mosaicos
de "Suelo sin barrer" o “la casa sin barrer” (Asarotos oikos en griego antiguo). Aparece en el suelo de una
habitación un mosaico de 4X4 m repleto de
restos de un banquete de lo que se consumió y aparece sin barrer. Lógicamente,
es un trampantojo, un engaño a la vista, ver los restos de comida como si no se
hubiesen barrido, cuando el suelo estaba perfectamente limpio. Nos encontramos
con desechos de cabezas de pescado, cáscaras, espinas, caracoles, frutas…
inclusive, y esto es la nota anecdótica, con un ratón acechando media cáscara
de nuez.
Todos estos mosaicos, además de su valor
artístico y decorativo, nos transmiten una información muy valiosa sobre los
gustos culinarios de los romanos, sobre todo de aquellos que pudieran
permitírselo. Cuando en un banquete caía algo al suelo no lo solían recoger,
pues consideraban que esos restos eran para los que se encontraban en el
inframundo y, por tanto, no era una buena idea por las desgracias que podrían
acarrear a los vivos, puesto que eran muy supersticiosos. Bueno, ya vendrían
los esclavos domésticos con la escoba después del festín.
R.R.C.

