domingo, 11 de noviembre de 2012

El escriba sentado del Louvre


     Nos encontramos ante una de las estatuas más bellas y más antiguas que nos ha legado el Egipto faraónico, pues tiene nada menos que unos cuatro mil quinientos años, cuando gobernaba la V dinastía. Fue localizado en la necrópolis de Sakkara, se encontraba colocado en la capilla de culto de una tumba y se trata de una pieza realizada en piedra caliza policromada de 53 centímetros de altura, en la actualidad se conserva en una de las vitrinas del Museo del Louvre de París. En palabras del experto Vandier hablamos del “ejemplar más hermoso que se conoce, según parecer unánime”. Además, añade el egiptólogo francés, que basta mirarlo para saber que el modelo era inteligente, voluntarioso y poco propicio a la bondad.
     
     Aparece en actitud sedente, con las piernas cruzadas, por cierto, un tanto descuidadas por el escultor, así como su parte trasera. Sobre las mismas, despliega un royo de papiro en el que parece que está a punto de escribir, con un cálamo (caña hueca que debió sostener en su mano derecha), lo que está escuchando con gran atención, con sus labios apretados, ojos bien abiertos y mirando al frente. El cuerpo presenta la flacidez típica de un oficio que no requiere actividad física, con algún pliegue y abultado abdomen, hay que tener en cuenta que es un personaje de mediana edad. Sus brazos, prácticamente son cilíndricos, en los que no vemos indicios de musculatura, en otras palabras, apenas hay estudio anatómico. Sus grandes y almendrados ojos aparecen vidriados para conseguir un mayor realismo, a la vez que dan vida a la escultura.
   

     Respecto a la composición de la obra es evidente una clara disposición piramidal. No hay nada de idealización, ya que se reservaba exclusivamente para los faraones, mientras que el realismo se empleaba para el resto de los mortales. Los escribas, que son indispensables en un Estado fuertemente centralizado son representados muy a menudo, además, gozaban de un gran prestigio social, en una sociedad en la que los “secretos” de la escritura jeroglífica estaban reservados a unos pocos, más aun sabiendo lo complicada que es la es.
     R.R.C.