miércoles, 1 de mayo de 2013

LA ARQUITECTURA BIZANTINA

             La cultura bizantina tuvo una gran trascendencia cultural y artística en Occidente. La fundación de Bizancio en el año 330 aseguró la continuidad de la Antigüedad clásica que, unida a la nueva religión cristiana, formaron durante bastante tiempo los pilares sobre los que se asentó el arte bizantino. La influencia de Oriente en años posteriores contribuyó a modelar unas formas que en algunos países han tenido vigencia hasta fechas muy recientes.
            Dada su larga duración, en el Imperio bizantino se dieron distintas fases arquitectónicas con peculiaridades propias; pero la continuidad temporal también favoreció el mantenimiento de algunas constantes: arquitectura de grandes cúpulas, creación y generalización de capiteles cúbicos, importancia de la iconografía y de la decoración, en particular de la del mosaico.
            La aportación más sobresaliente tiene lugar sin duda en el campo de las realizaciones arquitectónicas, especialmente en la solución que dan al sostenimiento de las bóvedas. Los problemas que planteaba la utilización de cubiertas abovedadas fueron resueltos con definitivo acierto al recoger y superar la tradición y técnicas romanas, aportando una solución válida al difícil obstáculo de los empujes mediante el empleo de la cúpula sobre pechinas, (triángulos esféricos), medias cúpulas y otros elementos de sujeción y contrarresto más divulgados (contrafuertes, muros más gruesos).
            La técnica constructiva señalada está al servicio de una nueva concepción del espacio.  Se trata de un espacio dilatado, dinámico, que no puede quedar limitado por los muros y que expresa con más holgura en los templos de planta central, con cruz griega (de brazos iguales), pero también en las bóvedas de las iglesias de planta basilical. La bóveda se abre y se dilata hacia el espacio celeste y ambos (bóveda y cielo) se convierten en el trono y dominio del Creador que desde allí preside en ademán de bendecir.
            La piedra y el ladrillo usados como materiales constructivos son cubiertos con desigual riqueza según se trate de muros exteriores o recintos interiores. En estos últimos, el mosaico cubre de forma continua las paredes, haciendo perder el interés por la decoración externa. Sin embargo en los siglos finales también los exteriores se embellecerán profusamente.
            El espacio celeste se recubre de mosaicos dorados. Los espacios murales vienen a representar el cielo, la tierra y, en suma, el cosmos. La basílica bizantina mantiene
 diversos elementos constructivos de la paleocristiana, los modifica e introduce alguno nuevo:
-El atrio, que alberga el fial, recipiente del agua bendita, en la últimas etapas queda reducido a un pórtico adosado a la fachada de la Iglesia.
-El nártex, lugar de reunión de los catecúmenos que sólo podían asistir hasta el canos de la misa.
-El iconostasio, especie de cancela perforada por vanos y repleta de iconos (imágenes de santos), separa el espacio destinado a los fieles del presbiterio.
-La tribuna, destinada a las mujeres, en el piso superior, constituye el antecedente de lo que s triforio en las iglesias medievales del occidente europeo.
            Un elemento de gran importancia decorativa es el capitel bizantino, que tiene dos cuerpos. El inferior con decoración vegetal, que ha perdido todo el naturalismo corintio, quedando reducido a tallos revueltos y estilizados, casi geométricos. Sobre este cuerpo descansa otro en forma de pirámide truncada invertida, llamado cimacio, que puede ser liso o decorado con temas bíblicos o simbólicos. Los arcos cargan directamente sobre las columnas y el dintel no tiene el empleo que tuvo en las arquitecturas clásicas.
    
       MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE