sábado, 16 de febrero de 2013

El Estandarte Real de Ur

    

     
      Fue descubierto por el arqueólogo británico L. Woolley, en la década de 1920 en la necrópolis Real de la antigua ciudad sumeria de Ur, al sur de Bagdad, capital actual de Iraq. La preciada pieza se expone en una de las vitrinas del Museo Británico en Londres y tiene una antigüedad de unos 4500 años. Es una caja de madera con forma trapezoidal, cuyos paneles anterior y posterior miden 21,5 cm de alto por 49,5 cm de largo. En cada uno de ellos, se encuentra un mosaico formado con piezas de marfil, conchas y cornalina, que destacan sobre el fondo azul intenso de piedras de lapislázuli, todas ellas sujetas con betún. Cuando se encontró estaba totalmente destruido por el paso del tiempo, las piezas se habían desprendido por la presión de la tierra en la que estaba sepultado, y la madera se había descompuesto. Lo que vemos en la actualidad es fruto de una reconstrucción posterior, tal y como se creía que estaría en su momento. No está clara su función, se han apuntado distintas opciones, pero su descubridor pensó que se exhibiría como un estandarte en el extremo de un mástil, lo que explicaría el agujero que presenta en la base, y el hecho de que las representaciones de ambos paneles se visionan desde la franja inferior a la superior. Si hubiese estado situado a la altura de nuestras cabezas, lo normal hubiese sido que su contemplación se realizara al contrario. Por otra parte, las dos caras de la vida: la guerra y la paz, tal y como se le conocen, nos transmiten una valiosa información de la sociedad de estas primeras ciudades de la Antigua Mesopotamia.

     Empezando por la cara de la guerra, podemos ver al rey representado a mayor tamaño, como corresponde al principio de jerarquía, acompañado de su escudero, subidos en un carro de macizas y pesadas  ruedas de madera (la rueda de radios, más ligera, todavía no se había descubierto), pasando por encima de los cuerpos abatidos de sus enemigos y representado en cuatro posiciones: cada vez  más deprisa, desde un movimiento lento, hasta llegar al galope, digamos, que estamos ante el primer dibujo animado de la historia. En la franja intermedia, los vencedores de la batalla con casco y manto militar conducen a los prisioneros ante la presencia del rey, que como vemos en el registro superior, ya ha descendido del carro y le presentan a los prisioneros atados por parejas, mientras, el escudero sujeta las riendas de los cuatro caballos, que aparecen perfectamente indicados con líneas desdobladas que repiten las colas, patas y cabezas.

     La cara de la paz también aparece dividida en tres franjas. En las dos inferiores vemos como los criados acompañados de animales transportan al palacio real todo lo necesario para celebrar la victoria anterior, mientras que en la franja más alta comprobamos como se celebra la fiesta, amenizada con la música de una cantante y un músico que toca una especie de arpa, a la vez, que el rey y los nobles que le acompañan levantan sus copas, servidos por unos criados que aparecen de pie. En este registro superior podemos observar claramente el principio de representar a mayor tamaño según la importancia de los personajes. El rey, es la figura más grande, le siguen los nobles que aparecen sentados como él y, por último, los músicos y criados. Respecto a sus vestimentas, llevan un espeso faldón, mientras permanecen desnudos de cintura para arriba.
     Para terminar, podemos observar los convencionalismos típicos del arte sumerio: cuerpo de frente; cara, brazos y piernas de perfil; cabeza rapada; y aspecto rechoncho, con un canon de unas cuatro, o cinco cabezas. Así como, narices, ojos y orejas prominentes.
     R.R.C.