jueves, 10 de enero de 2013

Ibiza y Mallorca, dos islas típicamente mediterráneas


    
     Ibiza cuenta con una extensión de 572 km² y una población que sobrepasa los ciento treinta mil habitantes, su capital, del mismo nombre, la habitan unas cincuenta mil personas, con una actividad económica dominada por la industria turística y el pequeño comercio y acoge la sede del gobierno insular. Cuenta con un puerto ubicado en una bahía natural, que junto con el aeropuerto son los principales accesos a toda la isla. Tiene una gran antigüedad, ya que fue fundada por los fenicios en el año 654 antes de J.C. Destacan la catedral (del siglo XIV) y las murallas renacentistas del siglo XVI, ambas incluidas en el conjunto histórico artístico y declaradas en 1999 patrimonio de la humanidad. La máxima altitud de la isla sólo alcanza los 475 metros. En la actualidad es referente como destino para jóvenes de todo el mundo por su ajetreada vida social y nocturna, aunque también ofrece al visitante espléndidas calas y playas para aquellos que buscan tranquilidad. Otros municipios de interés de la isla son: Santa Eulalia del Río, San José y San Antonio Abad.

     Mallorca es la isla más grande del archipiélago Balear, ya que cuenta con una extensión de más de 3600 km² y cerca de novecientos mil habitantes, su capital Palma es la ciudad más poblada con más de cuatrocientas mil personas, en la que destaca su monumental catedral de estilo gótico. Su punto más elevado es el Puig Major, con más de mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar. La isla en su conjunto es uno de los mayores destinos turísticos de Europa, muy valorado por ciudadanos alemanes y otros vecinos del norte, por su agradable clima mediterráneo. Los restos arqueológicos hallados en esta tierra, se remontan a la etapa neolítica. Ya en la Edad de los Metales (finales del II milenio antes de J.C.) hay constancia de importantes cambios, es ahora, cuando surgen las construcciones más emblemáticas y abundantes de la prehistoria balear: los talayots, que tanto por su forma como por su ubicación parecen torres de vigilancia o defensivas, con forma circular o cuadrada. Además de la capital, destacan los municipios de Calviá y Manacor.
    R.R.C.
Nota: Fotos del autor

miércoles, 9 de enero de 2013

Castillo de Bran en la actual Rumanía


     Situado cerca de la ciudad de Braşov en Transilvania, es un monumento nacional y uno de los enclaves turísticos más importantes de Rumanía, muy conocido por su relación con la famosa novela de Bram Stoker sobre el Conde Drácula, que le sirvió como modelo para describir el castillo de este vampiro, siendo utilizada su imagen en películas que trataban sobre este tema. Pero la realidad es bien diferente, si nos fiamos de la información  histórica que se tiene sobre el personaje real en el que se inspira la famosa novela, que a lo sumo pasó un par de días encerrado en una mazmorra, según la opinión mayoritaria. La estructura actual de la fortaleza se remonta al siglo XIV, en un entorno natural impresionante, en el que destaca por su bella arquitectura de contundentes volúmenes, que cumplía una doble función: comercial y defensiva. La circulación del castillo se ordena alrededor de un patio central, y en su interior, los detalles históricos y artísticos los encontramos por todas partes. Por último, habría que destacar el buen estado de conservación que presenta, con muchas puertas, escaleras, pasadizos, estancias y una terraza ideal para un pequeño descanso.

     En fin, actualmente ha sido convertido en museo de historia y arte feudal. Otro de los lugares de Rumanía que podemos visitar.
     R.R.C.

Nota: fotos del autor

martes, 8 de enero de 2013

Brujas (Bélgica)


     Es la capital de la provincia de Flandes Occidental; situada al norte de Bélgica cuenta con una población de unos 120 000 habitantes. Su mayor atractivo es su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Al igual que otras ciudades norteñas es conocida como la Venecia del norte, por la cantidad y belleza de sus canales. Ha tenido el rango de ciudad desde el siglo XI y formó parte de la Liga Hanseática, convirtiéndose en una de las ciudades más ricas de Europa. El estilo neogótico reinaba en el siglo XIX y gran parte de la urbe fue reconstruida en dicho estilo. Actualmente, dentro de las murallas se puede contemplar una enorme cantidad de monumentos y tesoros artísticos. Las murallas, torres y puertas de acceso a la zona medieval se conservan prácticamente intactas. En el corazón de Brujas se encuentra la Plaza Mayor, circundada por espléndidas fachadas como las del Palacio Provincial, el salón de los tejidos o " De Lakenhalle" y el imponente monumento conocido como Atalaya, símbolo de la libertad y de la autonomía de Brujas.
       R.R.C.
Nota: fotos del autor.

La plaza Dam de Ámsterdam, capital de los Países Bajos

  
    
     Es uno de los lugares más conocidos e importantes de la ciudad, ya que se encuentra en su centro histórico a unos setecientos metros de la Estación Central de Ámsterdam. Su forma es rectangular y en ella convergen las calles más transitadas por los peatones que eligen esta encantadora ciudad recorrida por bellos canales, como destino turístico. En esta plaza se encuentra el Palacio Real de estilo neoclásico que sirvió como ayuntamiento desde mediados del siglo XVII hasta principios del XIX, y una iglesia gótica del siglo XV como edificios más representativos. Cabe destacar el Monumento Nacional, un pilar de piedra blanca construido en 1956 en memoria de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, que domina el lado opuesto de la plaza, diseñado por un arquitecto holandés.
     R.R.C.
Nota: foto del autor

lunes, 7 de enero de 2013

Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela


            La obra cumbre del estilo de transición del románico al gótico es esta portada de la catedral santiaguina, obra del maestro Mateo y sus colaboradores, que según una inscripción coetánea concluye el dintel de la portada en el año 1188. Del Maestro Mateo, como de la mayoría de los artistas medievales, se sabe muy poco.
            El conjunto consta de una gran portada central y otras dos laterales más pequeñas. El arco central, más grande, está dividido por un parteluz que soporta un gran tímpano de excepcional riqueza escultórica. Los arcos laterales, sin tímpano, tienen la decoración escultórica y vegetal extendida por las arquivoltas. El de la izquierda representa la Iglesia de Israel, mientras que en el de la derecha se representa la Iglesia de los Gentiles. Su iconografía se basa en el Apocalipsis de San Juan.
           El arco central está dominado por la gran figura hierática del Pantocrátor sin la mandorla; está sedente y mostrando las llagas; su rostro vago y con expresión de cierta  indiferencia, muestra menor calidad que las figuras que lo rodean; su gran tamaño se debe al afán medieval de destacar la principal. Lo rodean los cuatro evangelistas (tetramorfos) perfectamente identificados por los símbolos sobre los que se apoyan para escribir: águila, toro y león; San Mateo escribe sobre sus rodillas.
          A los lados de la cabeza del Señor, dos pequeños ángeles turiferarios (que portan incensarios). Sobre la base del tímpano, están situados ocho ángeles de pie que portan los instrumentos de la Pasión: la columna, la Cruz, la corona de espinas, los cuatro clavos, la lanza de Longinos, el pergamino de la sentencia con el aguamanil de Pilatos, los azotes y la caña con la esponja junto con el INRI.
         Llenando el fondo del tímpano, aparecen 38 pequeñas figuras, ordenadas en dos filas y en diversas actitudes, que representan a los escogidos. Distribuidos por la arquivolta, están las figuras sedentes de los 24 Ancianos del Apocalipsis coronados y hablando entre sí (dos a dos). Están dispuestos en sentido radial, cosa hasta entonces desusada. Portan instrumentos musicales de cuerda, que unos afinan y otros tañen, formando el "Concierto Celestial". Son éstas figuras de gran realismo y movilidad. El realismo de los instrumentos ha permitido su reconstrucción actual para intentar reproducir lo más fielmente los sonidos de la música de la época. La arquivolta está adornada con motivos vegetales de bellísima factura. Dos ángeles, uno a cada lado del tímpano, alzan una pequeña figura con un cartel, simbolizando las Iglesias judía y pagana.
             El parteluz se apoya en una figura tendida sobre el pecho, que abarca con sus brazos dos leones con las fauces abiertas; su rostro barbado se alza mirando hacia las alturas; podría ser Adán o Noé. El capitel representa las Tentaciones de Cristo. Inmediatamente debajo aparece la figura de Santiago sentado en una silla de tijera y mostrando un pergamino con la inscripción "Misit me Dóminus". Sus cabellos ondulados y sus barbas terminan en formas acaracoladas. Desde su silla parece recibir a los fieles que penetran en la Basílica.
            El soporte de la figura del Apóstol es una columna de ónice donde se desarrolla el árbol de Jessé que nos muestra la Genealogía de Cristo según la profecía de Isaías: en la parte inferior está Jessé recostado, del que brota una rama que un ángel va entrelazando con los ascendientes de María (David, Salomón, etc.) hasta llegar, en la parte superior a la Virgen, que aparece libre de las trabas del ramaje, simbolizando su inmunidad al pecado original, su Inmaculada Concepción. El capitel tiene la representación de la Santísima Trinidad.
              Adosadas a las columnas de las jambas, aparecen cuatro figuras de tamaño natural a cada lado: Moisés con las Tablas de la Ley; Isaías, Daniel, joven y alegre, y Jeremías, a la izquierda. En la derecha, Pedro, con las llaves, Pablo, con un libro, Santiago el Mayor y Juan, sobre un águila, con el libro del Apocalipsis.
            Este conjunto monumental creado como entrada occidental y principal de la catedral es uno de los más grandes monumentos medievales del mundo y paradigma de la evolución que durante la segunda mitad del siglo XII sufre el románico hacia el naturalismo gótico.
       R.R.C.

jueves, 3 de enero de 2013

La historia de los Reyes Magos

    
     De los cuatro evangelios canónicos, es decir, los que forman parte de la Biblia, sólo el de San Mateo narra el episodio de los Magos de una manera muy breve cuando afirma: que de Oriente llegaron a Belén unos magos guiados por una estrella para adorar al rey de los judíos que acababa de nacer. Cuando vieron al niño con María, su madre, abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de no informar a Herodes del paradero del niño, se volvieron a su tierra por otro camino. Por lo tanto, en ningún momento se dice que fueran reyes, ni que fueran tres, y menos aún, que uno de ellos fuera de raza negra.
    
     Los evangelios apócrifos posteriores a los canónicos y de autor desconocido que quedaron fuera del Nuevo Testamento, añaden muy poco a lo ya escrito. El Protoevangelio anónimo atribuido falsamente a Santiago el Menor, con el objeto de dotarlo de más autoridad y que fue escrito como muy tarde en el siglo IV, coincide básicamente con lo expuesto por San Mateo, y también se refiere a los tres regalos mencionados. El evangelio apócrifo del Pseudo Mateo difiere de los anteriores en el momento en el que los magos entregan sus dones al niño, pues éste, ya contaba con dos años de edad, y no habla de pesebre, o cueva, sino de casa, en donde encuentran al niño sentado en el regazo de su madre. Entonces abrieron sus cofres y entregaron a José y María cuantiosos regalos. A continuación fue cada uno ofreciendo al niño una moneda de oro. Y, finalmente, el primero le presentó una ofrenda de oro; el segundo, una de incienso; y el tercero, una de mirra. Después adoraron al niño y se fueron a su tierra por otro camino. En este texto anónimo del siglo VI y atribuido erróneamente al primer evangelista, sí especifica el número de tres, para referirse a los magos. Otro escrito apócrifo como el Libro sobre la infancia del Salvador relacionado con el Protoevangelio anterior, atribuido a San Mateo y según otros a Santiago; son falsas ambas atribuciones, ya que fue compilado por un erudito carolingio del siglo IX, y es la narración más amplia sobre el tema que nos ocupa que también menciona los tres conocidos regalos y, además de colmar de presentes a María y José, se refiere a sus porteadores como magos o adivinos. Para concluir este punto, en el llamado Evangelio árabe de la Infancia datado entre los siglos V al VI y que se basa en otros apócrifos anteriores, como novedad a lo ya apuntado, relaciona  la presencia de los Magos en Jerusalén con una predicción de Zoroastro (profeta fundador del mazdeísmo, que es una religión oriental). También traen los conocidos tres presentes, además de narrar otros acontecimientos inverosímiles. Sólo en la redacción siríaca de este mismo Evangelio se refiere a los Magos como tres reyes, hijos de reyes y procedentes de Persia.

                                
 
     En cuanto a la iconografía de estos personajes, las primeras imágenes se remontan al siglo III en las catacumbas paleocristianas que hay en Roma, aunque su número varía entre dos, tres, o cuatro, y tampoco figuran como reyes, sino como magos de Oriente, con gorros típicos de Frigia (imagen superior) y sin distinción de edad entre ellos. Un salto importante lo encontramos en los mosaicos del siglo VI de la iglesia de San Apolinar in Nuevo en la ciudad italiana de Rávena. Aquí, aparecen por primera vez los famosos tres nombres sobre los personajes, que portan sus presentes al niño Jesús. Melchor se representa imberbe, como el más joven; Gaspar el anciano con barba blanca; y Baltasar con barba color castaña (imagen superior). Pero hay que esperar a pinturas o esculturas del siglo XV, o sea, a finales del gótico, para que Baltasar aparezca con la tez negra, posiblemente de procedencia etíope, como podemos comprobar en la tabla central del tríptico pintado al óleo en 1479 por Memling, conservado en el Museo del Prado, en el que aparece el rey negro a nuestra derecha (imagen inferior), lo que no había ocurrido con anterioridad. Probablemente, es una propuesta que surge en Alemania a principios del S. XV y se difunde por Europa con gran rapidez.
  
     Bien, ya tenemos tres, sus nombres y uno de raza negra. ¿Pero cuándo se convirtieron en reyes? Hay que tener presente que durante el medievo, la magia, y por lo tanto los magos, estaban mal vistos por la Iglesia católica, incluso perseguidos, así que el gorro frigio que llevaban se transformó en corona (la iconografía románica los presenta así, incluso manuscritos prerrománicos) y sus vistosas y coloridas vestimentas orientales en indumentarias más sencillas, acordes con los gustos de la Alta Edad Media. Serán los pintores flamencos de los siglos XV y XVI, Van der Weyden, o el ya mencionado Memling, los que vistieron a los ya tres Reyes Magos con lujosas indumentarias, como les vemos hoy día en las cabalgatas que recorren nuestras calles en vísperas del seis del enero, o en las figuritas que forman parte de nuestros belenes navideños. A partir de aquí, según los gustos y lugares, se les ha representado de muy diversa forma, pero siempre fácil de identificar en cualquier parte.
     Respecto al número de tres regalos se pueden establecer  una larga serie de correspondencias: La Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo); las tres Edades del hombre (infancia, madurez y vejez); los tres continentes conocidos en la Edad Media (Asia, África y Europa); que a su vez se correspondían con las tres razas humanas (blanca, negra y amarilla); descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.
     Decir, por último, qué según una tradición sin base histórica alguna, los Reyes Magos fueron trasladados en 1164 por orden de Federico Barbarroja a la catedral de Colonia en Alemania, en donde reposan en un relicario de oro detrás del altar mayor.
       R.R.C.
APÉNDICE AÑADIDO EL 4-1-2023
                                             La fíbula* de Turuñuelo

     Conservada en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) y hallada en Turuñuelo (Badajoz), es la representación más antigua de los Reyes Magos que tenemos en España, nada menos que datada en siglo VI. Para la realización de este medallón se empleó el oro y, más concretamente, exhibe la Adoración de los Magos al niño Jesús, sentado en el regazo de su madre la Virgen María, aprovecha el momento para bendecir con tres dedos de su mano derecha a los tres personajes. Y, como no, la estrella de Belén aparece en un lugar destacado. Por cierto, los tres reyes son más o menos iguales y una grafila de puntitos rodea toda la escena. Presenta una inscripción en griego que dice: ΒΟΗΘΕΙ ΤΗΙ ΦΟΡΟΥΣΑΙ (SANTA MARÍA AYUDA A LA PORTADORA. AMÉN.) siguiendo tanto el texto griego como la traducción a Inmaculada Pérez Martín. Posiblemente fue elaborada en Asia Menor.
*Es una pieza metálica antigua que se utilizaba para sujetar alguna parte del vestido antes de que aparecieran los botones, y tenían diferentes formas. Por último, el término latino fíbula se traduce al español como hebilla, pero también se utiliza como alfiler, broche, pasador...
      R.R.C.

martes, 1 de enero de 2013

El calendario Gregoriano: nuestro calendario actual

                                        Reloj astronómico de Praga (detalle)

      El término calendario deriva del latino calendas que se empleaba para denominar el día inicial de cada mes. Calendas, a su vez, procede del verbo calare (llamar). A primero de mes los cobradores reclamaban los tributos y, para ello, llamaban a los ciudadanos a gritos. El libro en el que estos cobradores anotaban sus cuentas se denominaba calendarium... Nosotros tenemos un calendario solar, basado en el movimiento de traslación de la Tierra alrededor de este astro y que dura trescientos sesenta y cinco días y casi seis horas, repartidos en doce meses, con un año bisiesto cada cuatro por las horas sobrantes cada año, razón por la que se añade un día más al mes de febrero que tendrá veintinueve en lugar de los veintiocho habituales. Pero hay que hacer una corrección cada cierto tiempo, concretamente cada final de siglo, ya que todos aquellos cuyas dos primeras cifras no sean múltiplos de cuatro, aunque les corresponda ser bisiestos no lo serán, para ajustar el calendario por ser menos de seis horas las sobrantes cada año. Así, por ejemplo, el dos mil cien que le correspondería ser bisiesto no se le añadirá un día, porque veintiuno, que serían las dos primeras cifras, no son divisibles por cuatro.
     Sus orígenes se remontan al antiguo calendario romano que era lunar. En la antigua Roma, varios siglos antes de nuestra era, el año era una sucesión de diez meses: Martius (dedicado a Marte), Aprilis (del latín aperire, abrir, por los brotes vegetales), Maius (por la diosa Maia), Junius (por Juno), Quintilis (el mes quinto), Sextilis (sexto), September (séptimo), October (octavo), November (noveno), y December (décimo). El año comenzaba el primer día (calendas) de Marzo, pues esta era la fecha que marcaba el inicio de las campañas militares con la designación de los cónsules. Numa Pompilio, rey de Roma, trató de acompasar el calendario romano a las estaciones añadiendo dos meses al final: Ianarius (dedicado a Jano, mes 11) y Februarius (de februare, purificación, mes 12). Más adelante Quintilis pasó a denominarse Julius en honor de Julio César y Sextilis Augustus en honor de Octavio Augusto.


     Existen una serie de puntos destacables en la órbita de La Tierra alrededor del Sol. Estos puntos son los solsticios y equinoccios (que marcan el comienzo de las cuatro estaciones), el perihelio (el punto en el que La Tierra está más cercana al Sol) y el afelio (el punto en el que la Tierra está más alejada del Sol). Todos ellos son perfectos candidatos para marcar el comienzo del año, los más lógicos son los que marcan el comienzo de las estaciones. Si el perihelio realmente afecta poco a la vida diaria, los solsticios y los equinoccios en realidad sí que afectan, marcan el inicio y el fin de las estaciones. Sin embargo no es así, ¿por qué?, ¿por qué el año empieza el 1 de enero?
    
     El motivo  fue un pueblo celtíbero en el interior de la Península Ibérica, Segeda, antecedente de lo que hoy es la pequeña localidad zaragozana de Mara, en la comarca de Calatayud.  Roma declaró la guerra a Segeda y, para adaptar organizativamente el mando de las tropas, cambió el calendario que regía hasta entonces en el mundo occidental. Segeda había adquirido fuerza y valor estratégico para que la República romana decidiera declararle la guerra, lo que conllevó la modificación del calendario que se utilizaba hasta entonces, porque hacía falta elegir los cónsules y eso ocurría de ordinario el 15 de marzo, «primer día» del año político-administrativo romano. Pero como corría prisa, se optó por fijar como fecha de elección el 1 de enero, y aquel acontecimiento hizo que, desde entonces, el calendario adelantara el primero del año a ese día. Importante tuvo que ser Segeda como para que el Senado romano tomara decisiones de tanto calibre. Algunas crónicas de la época se refieren a esa ciudad celtíbera como «grande y poderosa». En el año 153 a.C. se fijó el principio del año en el día 1 de Ianarus (en lugar del 1 de Martius), fecha en que se pasó a realizar el nombramiento de los cónsules, esto es, dos meses antes del comienzo de las campañas militares.

     Fue Julio César (100 – 44 a.C.) bien asesorado quien en el 45 a.C. (año 708 de Roma) decidió realizar una reforma definitiva del calendario. Encargó el trabajo al prestigioso astrónomo griego Sosígenes que estaba establecido en Alejandría. Sosígenes ajustó la duración de los meses para fijar la duración total del año en 365,25 días por término medio, es decir, unos 11 minutos más cortos que el año trópico (el de las estaciones, que dura 365,2422 días). Como resultaba conveniente que el año tuviese un número entero de días, se fijó el año ordinario en 365 días  y para que no se acumulase un desvío con las estaciones se decidió intercalar un día extra cada cuatro años. Este calendario, denominado juliano en memoria de Julio César, permaneció válido durante más de dieciséis siglos. Pero durante muchos de estos siglos, los católicos se resistieron a celebrar el principio del año en un mes dedicado a una deidad pagana.

     El inicio del año el 1 de enero se hizo obligatorio en muchos estados europeos a partir del siglo XVI. Se impuso en Alemania mediante un edicto hacia 1500; Carlos IX lo decretó en 1564 en Francia y entró en funcionamiento en 1567; en España se generalizó hacia el siglo XVII (en el XVIII en Cataluña), y en Inglaterra hubo que esperar hasta 1752.
     Del calendario Juliano, se pasó al Gregoriano. Con el transcurso de los siglos, los 11 minutos de diferencia en la duración del año juliano y del trópico, generaron una deriva muy significativa. A finales del siglo XVI, a pesar de la corrección introducida en el concilio de Nicea (año 325 d.C.), el equinoccio de primavera (muy importante para la Iglesia, pues determina la fecha de la Pascua) caía hacia el 11 de Marzo, es decir, 10 días antes de la fecha que la Iglesia le había impuesto en Nicea. Esta situación llevó al papa Gregorio XIII a realizar una importante reforma en 1582, año al que recortó 10 días, pasando del cinco al quince de octubre.

     La fecha del 1 de enero se mantuvo con la llegada del cristianismo porque enlazaba bien con la tradición cristiana, recordar que Jesucristo era judío, y el momento en el que se presenta en sociedad un niño judío es en su circuncisión 8 días después de su nacimiento. Así, Jesucristo, según la tradición,  habría nacido la noche del 24 al 25 de diciembre (el solsticio de invierno) y el 1 de enero se celebraría el comienzo del nuevo año coincidiendo con el día de la circuncisión de Jesús. En tiempos de Julio César el solsticio era el 25 de diciembre, pero en la época del Concilio de Nicea (casi cuatrocientos años después) éste ya se había retrasado tres días, siendo el solsticio de invierno el 21 de diciembre y no coincidiendo con la Navidad. ). ¿Por qué este desfase? porque el calendario Juliano no era exacto y provocaba una pequeña diferencia con el paso de los siglos (en concreto unos tres días cada cuatrocientos años). De esta forma, el Concilio de Nicea, al establecer el solsticio de invierno el 21 de diciembre lo desligó para siempre de la Navidad.

      R.R.C.