sábado, 8 de junio de 2013

El Coliseo

      Levantado en la capital del Imperio es el más importante de todos los anfiteatros romanos, y por sus proporciones gigantescas ejerce influencia decisiva en este tipo de monumento. Edificado en Roma por Vespasiano el año 80 d. de C., tiene 188 metros de largo por 156 de ancho, y 50 metros de altura, con una capacidad para 50.000 espectadores (cuarenta y cinco mil de ellos sentados). Un total de 80 entradas permitían el acceso directo a todos los pisos y garantizaban un rápido alojamiento y evacuación. Su nombre de Coliseo se debe a una enorme estatua de bronce ubicada junto a él: El Coloso de Nerón que ya no se conserva en la actualidad
     La construcción constituye un alarde técnico que supone amplios conocimientos teóricos: el edificio se sustenta sobre muros de mortero recubiertos de ladrillo capaces de adaptarse a cualquier forma deseada por el arquitecto. Estos muros están reforzados por 560 pilares de travertino bien cimentados. Los pasillos se cubren con bóvedas de medio cañón.
     El exterior del anfiteatro Flavio aparece distribuido en cuatro pisos. Los tres inferiores, inspirados en el teatro Marcello de la época de Augusto, presentan grandes vanos de medio punto en los que originalmente se situaban esculturas para adornar la fachada (hoy desaparecidas). Los pilares que separan estas arcadas son decorados con columnas adosadas en diversos órdenes -de abajo arriba: dórico toscano, jónico y corintio-, en una solución que será profusamente imitada en la arquitectura occidental, pero que el mundo griego jamás llevó a la práctica, de utilizar órdenes distintos en el mismo edificio, salvo alguna rara excepción. Estoy recordando ahora el ruinoso Tholos de Delfos, en donde podemos comprobar dos filas de columnas en círculo; una dórica y otra corintia. El piso superior, de aspecto más macizo, presenta sólo pequeñas ventanas adinteladas entre pilastras corintias. Este cuarto piso parece ser adición de tiempos de Domiciano, y las ménsulas que en él aparecen sirven para los mástiles que, atravesando la cornisa, sostienen el toldo para dar sombra a las cáveas.
     En la época romana, todo el exterior estaba recubierto de estuco; los intercolumnios del segundo y tercer piso contenían estatuas, el baldaquino imperial era espléndido, los corredores internos de la gradería contenían relieves de mármol, etc. Aunque lógicamente edifican a la romana y tienen su propia personalidad, la influencia griega es evidente en la mayoría de sus edificios. Siempre se ha dicho que construyen a la romana y decoran a la griega.
     En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos públicos. Su inauguración se prolongó durante cien días, no es raro si tenemos en cuenta la monumentalidad del edificio, posiblemente el mayor que los romanos habían llevado a cabo. Ni que decir tiene, que en su inauguración murieron una gran cantidad de gladiadores y fieras que dieron sus vidas, no creo que gustosas, por el placer y el espectáculo del pueblo, que disfrutaba con estos juegos violentos, que en la mayoría de los casos terminaba con la muerte del competidor. Auténticas salvajadas se llevaron a cabo en estos anfiteatros para el consumo de la política Imperial y popular. La conocida frase “pan y circo” es mucho más que dos palabras. El Coliseo se siguió utilizando durante quinientos años más. Sus últimos juegos tuvieron lugar en el siglo VI. En la Edad Media se utilizó como refugio, fortaleza y como cantera. De sus ruinas empezaron a extraerse material, para la construcción de otros edificios, entre los que se encuentran iglesias de Roma, hasta que fue convertido en santuario cristiano, en honor de los cristianos que allí mismo fueron martirizados en los primeros años de su existencia. Por lo que al final fue respetado por el mundo cristiano, como un edificio que había que mantener y conservar para la posteridad, por la historia que había tenido para ellos. Lo cual, paralizó su desmantelamiento dando lugar a su conservación. Aún en la actualidad sigue siendo el icono de Roma y el monumento más atractivo por los millones de visitantes que La Ciudad Eterna recibe en sus calles todos los años.
     Por último apuntar que en la actualidad aparece catalogada como una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, según consta en la lista de 7 de Julio de 2007 y desde 1980 es declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Nota: Un cuadro del pintor romántico francés del siglo XIX, Jean Leon Gerome, nos ilustra, como debió de ser una de esas tardes gloriosas de espectáculos circenses que se podían ver en el Coliseo.
      R.R.C.