viernes, 7 de junio de 2013

La piedra de Gabriel


     Se trata de un artefacto de piedra caliza gris de un metro de alto bastante insólito, porque presenta un texto escrito en tinta sobre una roca, que, por lo que se puede apreciar en su superficie, permaneció muchos siglos semihundida en la tierra, y no se puede precisar con exactitud el lugar del hallazgo, ya que no fue fruto de una excavación arqueológica organizada. Se cree que se encontraba hace unos diez años en la orilla oriental del mar Muerto en su parte jordana y fue descubierta por unos beduinos. La piedra fue adquirida por un anticuario, que tenía tiendas en Jordania y en el Reino Unido. En este último país la compró un coleccionista ¿suizo?-israelí, que terminó cediéndola actualmente y de una manera temporal, a su país de origen.
      En la piedra, podemos fácilmente distinguir dos columnas perfectamente ordenadas de letras hebreas escritas en tinta, en un total de ochenta y siete líneas. Hay quién ha dicho de ella, que en realidad, se trataría de un rollo del Mar Muerto, pero escrito en piedra y no en papiro, como estaban éstos últimos. Los expertos han fechado la piedra (esperemos que luego no se demuestre que es una falsificación, como ha ocurrido otras veces con descubrimientos llevados a cabo en estas tierras), en la primera mitad del siglo primero antes de J C., o sea, unas décadas antes del nacimiento de Jesucristo. La piedra, por desgracia, está rota y no la podemos ver en una solo pieza, como sería deseable y parte de la tinta está borrada o descolorida, impidiendo su lectura y posterior traducción en gran parte de ella. Sólo unas treinta y cinco líneas son legibles, y de las cuales, la número ochenta, es la que más controversia ha levantado por tres palabras, de las que sólo dos están, la tercera de ellas se encuentra borrada y hay quien se ha aventurado a suponerla, como el profesor Israel Knohl de la Universidad Hebrea de Jerusalén, para desdecirse unos años después, ante la imposibilidad de mantener su traducción original. En el centro del texto, que incluye citas de la Biblia y versos proféticos, además de una imagen del arcángel Gabriel, que aparece mencionado tres veces.

     ¿Qué pone esta línea ochenta? Habla de un plazo de tres días, y contiene una referencia al futuro. En el año 2007 el mencionado profesor Knohl se aventuró, y digo bien, aventuró a avanzar la siguiente traducción: “En tres días vivirás”.
     Como era de esperar provocó una convulsión en el terreno de los estudios bíblicos, ya que se podrían plantear las siguientes preguntas: ¿Existía un texto religioso anterior a la época de Jesucristo que avanzaba el concepto de la resurrección de un mesías?, ¿contaban los primeros cristianos ya con un paradigma previo, que el hijo de Dios en la tierra resucitaría al tercer día?, ¿acaso era el mesías y su regreso al mundo de los vivos parte de la tradición judía y el cristianismo la hizo suya?

     Pero en fin, la respuesta a estas y a otras preguntas que pudiesen plantearse dejarían de tener sentido, o al menos, parte de él, si el mismo profesor que estableció la traducción ya apuntada se desdice unos años después y la cambia por esta otra, dice, más literal: “En tres días el signo será dado”. A pesar de ello, sigue pensando que el texto se refiere a una nueva alianza para el pueblo judío, lo que vendría a ser un nuevo testamento para Israel, pues en la piedra se habla de la liberación de Jerusalén, de tres días, de alguien que asciende al cielo, lo que se podría entender como una fuente para la tradición cristiana, en su opinión.
     No hay que olvidar, que para los cristianos, la premisa de que el Mesías murió y resucitó después de tres días es considerado el fundamento de su fe, que lo diferencia del judaísmo. Esta creencia ha sido el centro del debate entre cristianos y judíos a lo largo de la historia. Y aunque la primera traducción del profesor Knohl, se pudiese establecer algún día, porque otro descubrimiento lo permitiese, no alteraría para nada la postura, que desde la muerte de Jesucristo los cristianos han venido manteniendo siglo tras siglo, de que resucitó de entre los muertos, siendo para ellos una experiencia totalmente nueva y renovadora. Si en el judaísmo existía esta premisa mesiánica como sugiere el profesor Knohl no tuvo ningún desarrollo en el mismo, sólo el cristianismo anunció al mundo la venida del Mesías y su posterior muerte y resurrección. Aunque para él, el texto cambia la forma en la que observamos al Jesús histórico, y proporciona un eslabón perdido que conecta el judaísmo y el cristianismo.
    
      E insiste en identificar como una idea judía, anterior a Cristo, que la sangre del mesías se hacía necesaria para la redención nacional. Siguiendo con sus palabras. “la idea de un torturado mesías que fue resucitado tres días después de su muerte fue adoptada por el judaísmo antes del nacimiento de Jesús” y concluye, que las ideas principales de lo que para él era mito, es decir, Jesús, ya se encontraban en el judaísmo. Por lo tanto, la resurrección de Cristo sería una falacia para Israel Knohl.
      
     A día de hoy, la polémica Piedra del arcángel Gabriel, divide a los expertos sobre la traducción de su texto, entre los que dicen que anuncia la muerte de Jesús y los que no. Hasta el momento ningún estudioso ha cuestionado su autenticidad. Yuval  Goren, por ejemplo, profesor de arqueología de la Universidad de Tel Aviv supone que la piedra es auténtica. Mientras que para algunos eruditos judíos, la Piedra pondría de manifiesto que lo único que hicieron los cristianos fue aprovecharse de una idea, que se encontraba presente en el pueblo judío de aquellos momentos, y por lo tanto, Jesucristo hubiera sido un mesías fraudulento como opina Israel Knohl. O el profesor de cultura talmúdica en Berkeley, Daniel Boyarin que sugiere que Jesús se podría comprender mejor entendido a través de una lectura de cerca de la historia judía de sus días, y que la piedra formaba parte de esa historia.
    
     Por otra parte, algunos cristianos encontrarían un desafío a la singularidad de sus creencias, estas cuestiones, mientras que para otros, sería reconfortante saber, que la idea fundamental de su fe, proviene de la tradición judía.
    
     Ahora bien, cabría hacerse las siguientes preguntas: ¿Sí los judíos del siglo I estaban esperando a un mesías que moriría y resucitaría, por qué los historiadores judíos como Flavio Josefo por ejemplo, no escribieron nada sobre este importante hecho histórico?, ¿por qué los enemigos de Jesús como Celso, u otros, no utilizaron esta creencia en sus escritos, contra la idea de la resurrección que propagaban sus seguidores? Y lo que es mucho más trascendente: ¿por qué los discípulos de Jesús que lo conocieron y compartieron su vida con él, abandonaron sus familias, dejaron sus hogares y trabajos, para terminar martirizados  hasta la muerte, para perpetuar lo que ellos sabían que era un engaño? Y ¿qué tenían que ganar mintiendo? Dejo al lector el esfuerzo de buscar él mismo las respuestas a estas preguntas.    
      R.R.C.
Nota: sobre el tema de la resurrección de Jesús hay otra entrada en este blog  en febrero de 2013.