miércoles, 20 de febrero de 2019

SELLO DE LA TUMBA DE TUTANKAMÓN


     Harry Burton, egiptólogo y fotógrafo británico, fue el encargado de tomar unas 1400 fotografías para documentar la tumba de Tutankamón, descubierta por H. Carter en 1922 en el Valle de los Reyes. En esta imagen vemos el sello indemne de una de las cuatro cámaras de las que disponía la tumba de este joven faraón. Llama la atención el excelente estado de conservación que muestran las cuerdas, máxime, si tenemos presente que tienen más de 3000 años. La clave podría ser la aridez del aire del desierto, que junto a la falta de oxígeno (recordar que la estancia estaba sellada al exterior), seca y conserva los objetos.
     A la derecha podemos observar el sello con el relieve del dios de los muertos, Anubis, sedente y sobre los enemigos de Egipto que aparecen derrotados, de rodillas y con las manos atadas en la espalda. A la altura de su cabeza comprobamos el cartucho con el Nombre de Trono de este faraón, Neb-Jeperu-Ra, que una vez traducido leeríamos: “El Señor de las manifestaciones es Ra”
     Tan solo recordar que los habitáculos exteriores habían sido abiertos y sufrido saqueos, al menos, en dos ocasiones en la propia antigüedad, pero este que llevaba a la momia el sello lo tenía intacto.
         R.R.C.
 

jueves, 31 de enero de 2019

REPOSACABEZAS DE TUTANKAMÓN


     Reposacabezas (uere, en su idioma) de Tutankamón de la XVIII dinastía egipcia, con una antigüedad superior a los 3300 años. En la actualidad se encuentra en el Museo de El Cairo. Consta de tres partes: base, pilar en el centro y una parte curva para apoyar la cabeza. Con un hermoso color azul cobalto, y decorado con pintura dorada que produce un bello contraste, destaca un texto jeroglífico que recorre en vertical esta maravillosa obra. Dice lo siguiente: "El buen dios viviente Señor de las Dos Tierras (Egipto), Señor de los ritos: -El Señor de las manifestaciones en Ra- (Tutankamón), que sea dotado de vida como Ra eternamente".
     Estos “ueres”, como casi todo en el Antiguo Egipto, estaban dotados de poderes mágicos, que libraban a sus dueños de amenazas invisibles mientras descansaban. Por último, la comodidad de utilizar estos objetos, no la veo por ninguna parte.
       R.R.C.

jueves, 24 de enero de 2019

EL ANILLO DE SA-NEIT


     Este magnífico y robusto anillo de oro con inscripciones jeroglíficas en forma de sello oval procede del país de los faraones. De la XXVI dinastía egipcia y con una antigüedad aproximada de 2600 años, perteneció a un importante sacerdote que, probablemente, vivió en la ciudad de Letópolis (Jem, en egipcio) en el sur del delta del Nilo, que entre otros títulos se refiere a él como Señor de esta localidad, tal y como podemos leer en la inscripción. Miles de años después fue propiedad de un urólogo de la Ciudad Condal, que se pudo permitir el lujo de lucirlo habitualmente en un dedo de su mano y, tras dejarlo a sus herederos, el Museo Egipcio de Barcelona lo adquirió para exponerlo en una de sus vitrinas dedicada a joyas del Antiguo Egipto. Sortijas como esta existen unas seis más.
     El nombre de su antiguo dueño lo podemos ver en la parte inferior derecha: un pato que se transcribe por Sa, y sobre el ave dos arcos atados en un paquete rectangular, o sea, el ideograma de la diosa Neit, o Net, una antigua divinidad egipcia de la guerra y la caza. Entre sus títulos figura el de directivo de las capillas de la nombrada diosa; sacerdote del dios Horus; Señor de la ciudad de Letópolis… En fin, otra pieza más que nos indica el grado de calidad y perfección técnica que alcanzaron los orfebres egipcios de aquella lejana época.
       R.R.C.

MALLA FUNERARIA EGIPCIA


     Expuesta en una de las salas que el Museo Arqueológico Nacional de Madrid dedica a las antigüedades egipcias, esta malla elaborada en fayenza de color azul, y con unas medidas de 140 cm de alto por 51 de ancho es una de mis piezas preferidas. Data de la Época Baja, es decir, entre los siglos VII y IV a. de C. Formaba parte del equipamiento que la momia debía de tener para sortear la muerte e iniciarse en la vida eterna. Engarzada a base de canutillos de cerámica vidriada conocida con el nombre fayenza, muy apreciada y profusamente empleada por los antiguos egipcios. Está compuesta a base de rombos y rematada en los bordes con pequeñas cuentas policromadas, que dan un toque de minuciosidad y elegancia a la pieza evidente, sin olvidar la bella decoración geométrica que podemos observar en el cuello.
     Por lo tanto, la malla en su conjunto colocada sobre el cuerpo del fallecido tenía un poder mágico, que colaboraba en su resurrección. Además, en la parte superior nos encontramos con el disco solar alado, símbolo de la eternidad del alma; y del que pende una inscripción jeroglífica en la que aparece el nombre del difunto, que incluye al dios Amón y que se refiere al finado como Osiris, término habitual para aludir a los muertos. Bajo el texto vertical nos encontramos con el típico escarabajo alado, un potente amuleto que ayudaba a resucitar en el Más Allá, y que estaba vinculado con el dios Jepri, símbolo de la vida eterna. A su alrededor descubrimos los cuatro hijos de Horus, cuya misión principal era preservar de la descomposición las vísceras que se habían extraído de la momia, y que se habían depositado junto a esta en los cuatro vasos canopos y, de paso, proteger al difunto al hallarse sobre él.
     Por último, debió de pertenecer a una persona poderosa del momento, por el alto costo que tendría un trabajo artesanal tan meticuloso.
        R.R.C.

BRAZALETE FLEXIBLE DE TUTANKAMÓN

     Nos encontramos ante una de las joyas que aparecieron en la tumba de este faraón, concretamente en el brazo derecho de la momia cuando fue descubierta en 1922 por H. Carter en el Valle de los Reyes. Un brazalete flexible de cuentas elaborado a base de oro, cornalina, loza y piezas de vidrio, que lo dotan de un gran colorido y vistosidad. Asimismo, un espectacular cierre rojizo con forma de ojo de Horus, el Udyat (el que está completo), símbolo que protege y da estabilidad a su portador. Uno de los amuletos mágicos más potentes y utilizados en el Antiguo Egipto.
     En el reverso del cierre nos encontramos con la frecuente inscripción jeroglífica que suelen llevar estas obras maestras de la orfebrería egipcia; entre la que podemos observar el cartucho de Tutankamón, el cual hace referencia a él como gobernante. Además, también se refiere al faraón como Señor de las dos Tierras (Egipto); imagen de Ra; y que sea dotado de vida eternamente y para siempre. En fin, las habituales dedicatorias que los orfebres y artistas egipcios reservaban a sus monarcas.
NOTA: “eternamente” hace referencia a la eternidad cíclica en la que interviene la tierra; mientras que “para siempre” hace referencia a la “eternidad luminosa” en la que interviene el Sol. De ambas maneras los antiguos egipcios se pronunciaban sobre la eternidad.
        R.R.C. 

martes, 13 de noviembre de 2018

TESTIMONIO FLAVIANO


     El historiador judío del siglo I Flavio Josefo y su crónica “Antigüedades  Judaicas”  escrita hacia el año 93 o 94, en la que narra la historia del pueblo judío. En los párrafos 63 y 64 del capítulo XVIII, que se conocen con el nombre de Testimonio Flaviano habla de Jesús de Nazaret. Dice lo siguiente:
“Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio, si es que hay que llamarlo hombre. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Él era el mesías (cristo). Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. Él, en efecto, se les apareció el tercer día nuevamente vivo, pues los divinos profetas habían ya dicho éstas y otras muchas cosas admirables acerca de él. Y todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (XVIII 63-64).
     Siguiendo al profesor doctor Antonio Piñero experto en cristianismo primitivo y agnóstico declarado, si quitamos a este párrafo lo que parece seguro que fue una interpolación llevada a cabo por copistas cristianos de los primeros siglos, del IV probablemente, el texto quedaría como sigue:
“Por ese tiempo existió Jesús, un hombre sabio. Era, en efecto, hacedor de obras extraordinarias y maestro de hombres que acogen con placer la verdad. Atrajo a sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Aunque Pilato, por denuncias de los hombres principales entre nosotros, lo castigó con la cruz, no lo abandonaron los que desde el principio lo habían amado. En efecto, todavía ahora sigue existiendo la tribu de los que por éste son llamados cristianos” (XVIII 63-64).
     Este último texto encaja perfectamente con el pensamiento y trayectoria del historiador judío.
NOTA: Extracto de la entrada de este mismo blog: “La existencia histórica de Jesús” (publicada el 1 de diciembre de 2014).
         R.R.C.

martes, 16 de octubre de 2018

El primer alumno pelotillero de la historia


     Lo podemos comprobar en la lectura de un curioso texto que tiene una antigüedad superior a los cuatro mil años, y cuyos fragmentos escritos en cuneiforme en una tablilla de arcilla cocida han sido traducidos por el sumerólogo Samuel Noah Kramer, en su conocido libro: La historia empieza en Sumer, que narra la crónica del “primer pelotilla oficial” del que se tiene noticia. Es un ensayo sumerio compuesto por un maestro de escuela anónimo de la vida cotidiana de un estudiante. En él nos informa con palabras sencillas hasta qué punto la naturaleza humana, en opinión de Kramer, ha permanecido inmutable desde hace miles de años.
     El estudiante sumerio de quién se habla en el ensayo teme llegar tarde a la escuela y que el maestro lo castigue por esto. Al despertar apremia a su madre para que rápidamente le prepare el desayuno. En la escuela, cada vez que se porta mal, es azotado por el maestro o uno de sus ayudantes (que no se preocupen los padres con niños que eso ahora no pasa, más bien al revés). En cuanto al salario del maestro era tan escaso como lo es hoy en día (ya sé que mucha gente piensa que ganan mucho, no hacen nada y tienen demasiadas vacaciones, el problema es que no es verdad, recuerden que el presidente del Gobierno español Zapatero ya les bajó el sueldo y el Ejecutivo del Partido Popular se lo congeló, le aumentó la jornada laboral y le quitó la paga extra entre aplausos de sus diputados). En esta situación de escasez económica, el maestro aprovechaba cualquier ocasión de mejorar con algún suplemento por parte de los padres.
     El texto en cuestión comienza con esta pregunta directa al alumno: ¿Adónde has ido desde tu más tierna infancia? Él responde: he ido a la escuela. El autor insiste: ¿qué has hecho en la escuela? Acto seguido viene la respuesta del alumno, que ocupa más de la mitad del documento y en esencia dice: “he recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado; después me han indicado mi recitación y, por la tarde, me han señalado mi ejercicio de escritura. Al terminar la clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado con mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla, y mi padre se ha quedado muy contento… Al día siguiente, muy temprano me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela”. Mi madre me lo ha dado y me he puesto en camino. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: “¿por qué has llegado tarde?” Asustado y con el corazón que se me salía por la boca, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia.
     De nada le sirvió, pues ese día tuvo que aguantar el látigo varias veces, castigado por uno de sus maestros por haberse levantado en la clase, castigado por otro por haber hablado o por haber salido indebidamente por la puerta grande. Y encima el profesor le dice: “tu escritura no es satisfactoria”, por lo que tuvo que sufrir un nuevo castigo. En fin, todo esto fue demasiado para el chico, ¡lo que hubiese ganado si no hubiera ido a la escuela ese día! En consecuencia, insinuó a su padre que tal vez fuera una buena idea invitar al maestro a la casa y suavizarlo con algunos regalos. Lo cual constituye un acto de adulación en toda regla y del que tenemos noticia por primera vez.
     El padre dio la razón a su hijo (como tantas veces ocurre hoy en día, la tenga, o no), pero en este caso invitaron al maestro a casa del alumno y nada más entrar lo sentaron en el sitio de honor. El muchacho le sirvió y le rodeó de atenciones y de todo lo que había aprendido sobre escritura hizo ostentación ante su padre. El progenitor no se quedó corto, ofreció vino al maestro y le agasajó, le vistió con un traje nuevo, le ofreció un obsequio y le puso un anillo en el dedo. Conquistado por tanta generosidad, ahora el maestro tomó la palabra y empezó a hacer comentarios elogiosos al alumno, entre otros, deseándole que pudiera conseguir el más alto rango entre los escolares. Afirmaba que cumplió bien sus tareas académicas y que se había transformado en un hombre de saber. Con estas entusiastas palabras por parte del maestro termina el ensayo, redactado en escritura cuneiforme sobre arcilla. De esto hace, más de cuatro mil años.
     Por último, hay que decir que esta pequeña obra tuvo que ser muy popular in illo tempore, como prueba el hecho de haber encontrado más de veinte copias de la misma, repartidas por distintas ciudades del mundo.
Nota: La imagen que encabeza el texto la he obtenido de Internet, aunque no aparece firmada, todo indica que su autor es Forges.
      R.R.C.