martes, 24 de septiembre de 2013
martes, 3 de septiembre de 2013
La baraja española
Siempre me han
gustado las cartas que integran la baraja española. Ya de niño me llamaban la
atención, al igual que le ocurría a otros amigos míos de la misma edad,
prácticamente era lo único que teníamos para entretenernos y pasar el rato lo
mejor posible. Actualmente, considero que estos naipes (cartas) que forman
parte de esta baraja, son una auténtica obra de arte, si se prefiere, en
pequeño. Por otra parte, el diseño de las cajetillas de cigarrillos merecería una
entrada separada, pero baste decir, que veo en ellas tanto arte como en estas
cartas, si no fuera por el horrible texto que cada vez ha ido ocupando más
espacio, hasta dejar casi irreconocible la imagen original recordándonos los
peligros del tabaco, que las autoridades le obligan a llevar, y que considero
necesario. ¿A quién no le atrae el bonito dibujo de un dromedario situado en el
desierto, con pirámides y palmeras de fondo, de una conocida marca de tabaco, si no fuese por la advertencia
sanitaria? Además, el juego de las cartas y la actividad de fumar, frecuentemente
van de la mano, no digo que sea deseable, me limito a poner sobre el tapete, y
nunca mejor dicho, una constatación. Si centramos nuestra atención en el tamaño
habitual de las barajas y de los paquetes de tabaco, advertimos de que son muy
similares, en ambos casos rectangulares, y no un rectángulo cualquiera, sino
uno muy concreto, el que se considera en arte el “rectángulo prefecto”, aquel
que se obtiene con el número Fi: 1,618, es decir, un rectángulo que cumpla la
siguiente proporción: 1,618 de largo por 1 de ancho. En el caso de la cajetilla
de tabaco es así, cuyo objetivo, qué duda cabe, es hacerla más atractiva a la
vista del consumidor. En el caso de las cartas, se aproximan mucho a esta
proporción: 1.583 de largo por 1 de ancho.
La baraja
española es singular, sus cartas, como veremos más adelante, presentan unas peculiaridades
que la hacen diferente del resto de barajas del mundo. Para empezar, hay que
dejar claro que no es un invento español. Al igual que ocurre con muchos otros
juegos, es de invención china y fueron los europeos los que la trajeron a
Europa a finales del siglo XIV. Lógicamente, la baraja que vemos hoy en día, no
tiene nada que ver con esta, pues cada pueblo europeo adaptó las cartas a sus
costumbres, gustos y tradiciones, siendo, precisamente la española, la que más
destaca por la variedad, colorido y riqueza de sus diseños. En primer lugar se
adoptó en Nápoles, cuando este reino estaba bajo soberanía aragonesa y pronto
pasó a tierras españolas, en donde la baraja experimentó una evolución
independiente y distinta a la napolitana, hasta llegar a la que conocemos en la
actualidad, que debemos a un impresor burgalés de origen francés y residente en
la ciudad de Vitoria, H. Fournier, el cual presentó una baraja litografiada en
1868, (un año antes de la Revolución de la Gloriosa llevada en España contra
Isabel II), y que fue premiada en la
Exposición Universal de París. No obstante, el diseño que podemos ver hoy se lo debemos a Augusto Rius,
realizado para el propio Fournier.
Las figuras que
aparecen en estos naipes son, claramente, de inspiración medieval y sus cuatro
palos: oros, copas, espadas y bastos, simbolizan los cuatro estamentos por los
que estaba formada la sociedad de la época: la burguesía dedicada al comercio y
gente de dinero (oros); clero y otros religiosos (copas); nobleza y ejército
(espadas); por último, agricultores, siervos y demás laboratores (bastos). Por
lo tanto, a la sociedad en su conjunto se le hace partícipe del juego.
Podemos destacar
algunas curiosidades: los reyes se representan como hombres mayores y barbudos,
pero no todos de la misma edad, pues el de copas y el de oros, parecen más
jóvenes que los de espadas y bastos; mientras que los caballos de estos dos
últimos palos miran hacia la derecha, los otros dos lo hacen hacia la
izquierda, y ya viene ocurriendo así desde el siglo XVIII. Otro hecho que llama
nuestra la atención es, que posiblemente, sea la única baraja del mundo en la
que no aparezca una figura femenina. Sería oportuno hacer una apreciación
respecto a este último punto, pues hay quién ha sugerido que los pajes, que
posiblemente simbolizan a un criado o mensajero, que aparecen en la carta
número diez conocidos popularmente como sotas, se representan ligeramente
afeminados (espero que nadie vea en esta afirmación ningún tipo menosprecio a
otras opciones sexuales, desde luego no está en mi intención, me limito a
recoger la sugerencia).
Se remonta al
siglo XVI otra característica que hace aún más única, si cabe, a la baraja
española. Es el hecho de que el rectángulo que enmarca a las figuras, en sus
lados superior e inferior, deja unas discontinuidades denominadas pintas, que
nos sirven para saber a qué palo corresponde la carta, sin necesidad de
desplegarla. Mientras que las de oros no tienen ninguna discontinuidad, las de
copas tienen una, las de espadas dos y las de bastos tres pintas. Como el
número correspondiente aparece en las esquinas, podemos saber la carta de que
se trata solo con ver una pequeña parte de la misma, con lo que evitaremos
posibles mirones que nos fastidien la partida.
Una baraja
completa tiene, al menos, cuarenta cartas: del uno al siete y sota, caballo y
rey. También puede tener las cartas correspondientes al ocho y al nueve, en
este caso contará con cuarenta y ocho cartas, e incluso dos que popularmente se
denominan monos, en total cincuenta. Todas ellas son completas, pues el hecho
de variar el número depende del juego que queramos emprender. Personalmente,
no se encuentra entre mis intereses el juego de cartas, a conocidos míos les
entretiene más que a mí, saben pasar un buen rato con ellas, siempre que no se
convierta en un vicio ¿por qué no? Yo, prefiero quedarme con la estética de
estos naipes.
Desde 1986 existe
en la ciudad de Vitoria un museo de la baraja española, que cuenta, según tengo
entendido, con más de tres mil ejemplares, aportados por los herederos del
fabricante H. Fournier.
R.R.C.
Apéndice:
Apéndice:
LA CAJETILLA DE TABACO
El diseño de las cajetillas de cigarrillos
merecería un comentario, si no tan extenso como los naipes de la baraja
española, puede haber en ellas tanto arte como en esas cartas que los jugadores
empedernidos manejan con tanta destreza, si no fuera por el horrible texto que
cada vez ha ido ocupando más espacio, hasta dejar casi irreconocible la imagen
original, recordándonos los peligros del tabaco que las autoridades le obligan
a llevar y en el que yo, no voy a entrar. ¿A quién no le atrae el bonito dibujo
de un dromedario situado en el desierto, con pirámides y palmeras de fondo,
dibujados en colores cálidos, en un lugar exótico y que muchos quisieran
visitar de una conocida marca de tabaco, si no fuese por la advertencia
sanitaria? Hay que recordar que, a pesar del nombre que aparece en el paquete
no es un camello, ya que estos presentan dos jorobas. Además, el juego de las
cartas y la actividad de fumar frecuentemente van de la mano, no digo que sea
deseable, me limito a poner sobre el tapete, y nunca mejor dicho, una
constatación.
Si centramos nuestra atención en el tamaño
de los paquetes de tabaco, advertimos de que son muy similares a los naipes, en
ambos casos rectangulares, y no un rectángulo cualquiera, sino uno muy
concreto, el que se considera en arte el “rectángulo prefecto”, aquel que se
obtiene con el número Fi: 1,618, es decir, un rectángulo que cumpla la
siguiente proporción: 1,618 de largo por 1 de ancho. En el caso de la cajetilla
de tabaco es así, cuyo objetivo, qué duda cabe, es hacerla más atractiva a la
vista del consumidor. En el caso de las cartas, se aproximan mucho a esta
proporción: 1.583 de largo por 1 de ancho. Para concluir, recuerdo una anécdota
de un amigo de juventud que afirmaba, que las pirámides que más le gustaban no
eran las de Egipto, sino las que veía en la cajetilla de tabaco que llevaba en
el bolsillo. Sobre gustos…
NOTA: La marca de tabaco norteamericana
CAMEL tiene ya más de un siglo. Se empleó una mezcla de tabaco nacional de
Virginia con tabaco turco, y de ahí esa portada tan exótica del famoso dromedario
convertido en camello, al que le añadieron un fondo con pirámides egipcias, que
nada tenían que ver con Turquía. Un error clamoroso que se mantuvo en el tiempo
por un estudio de márquetin, al relacionar la cajetilla de tabaco con
interesantes y misteriosos lugares lejanos.
R.R.C.
NOTA II: Imágenes descargadas de Internet.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Fredegunda
Neustria fue
un reino de la época merovingia que comprendía la región noroeste de la actual
Francia y su capital era Soissons. La protagonista de nuestra historia fue una
bella joven franca de origen humilde que vivió en el siglo VI de nuestra era, y
llegó a ser reina de este estado después de cometer una serie de asesinatos con tal de alcanzar el poder y dejar a su hijo de heredero. La conocida frase
de Maquiavelo “el fin justifica los medios” alcanza su máximo exponente en esta
terrible biografía, que bien se podría convertir en una película de cine negro.
Su lugar de nacimiento parece ser que fue Montdidier
al norte de Francia hacia el año 545. En sus comienzos fue una empleada de
palacio al servicio de la que entonces era la reina y primera esposa de Chilperico I de Neustria,
pero pronto se le metió en la cama convirtiéndose en su amante, aprovechando
con gran habilidad su belleza para empezar su carrera política: de alcanzar el
trono en primer lugar; y dejar a un hijo suyo de heredero cuando tuviera ocasión.
Ambas cosas consiguió utilizando con gran maestría el engaño, la traición y el
asesinato, sin ningún tipo de escrúpulo ni remordimiento, pues el sentimiento
de culpa no iba con ella, simplemente le era ajeno a su personalidad fría y
calculadora, típica de una psicópata desarmada. De esta mujer de baja
extracción se apoderó una gran ambición, que le hizo no detenerse ante nada y
sobre todo ante nadie. Consigue al fin, que en el año 567 el rey repudie a su
esposa Audovera de la que ella era su criada, aunque en esta actuación real también pesaron otras razones de tipo político. Pero Fredegunda tuvo que
esperar, todavía no había llegado su momento.
Chilperico se casa con una hija del rey
visigodo de España llamada Galswinta, ¡vaya nombres! Lógicamente, este nuevo
matrimonio no gustó para nada a Fredegunda, pero continuó de concubina real y
siguió influyendo en el monarca para que esta unión no llegara muy lejos. Con
sus continuas injerencias consiguió acabar con la paciencia de la nueva reina,
que le pide a su marido romper el matrimonio y regresar a España. No hizo
falta, a los pocos meses apareció estrangulada en su cama. Gregorio de
Tours, un obispo del siglo VI y por lo
tanto contemporáneo a los hechos que aquí se exponen escribió: “el rey lloró
amargamente su muerte y a los pocos días se casó con Fredegunda”. La pregunta
que cabría hacerse ante esta muerte es la siguiente: ¿quién fue la persona que
más se benefició de ella? En fin, todas las sospechas recayeron en el rey y su
concubina.
Conseguido su primer objetivo de
convertirse en la esposa del rey de Neustria empieza a ejercer como ella sabía,
utilizando el asesinato como medio de actuación política. Su marido tuvo un
enfrentamiento con el rey del estado vecino, en cuyo origen estaba, precisamente, la muerte de su antecesora en el cargo, pues bien, ella contrató a dos sicarios
para que lo asesinaran, como así hicieron. La actuación criminal de la reina no
había hecho nada más que empezar.
Hay que recordar que la primera esposa del
rey continúa viva y había tenido tres hijos con él, que serían los legítimos
herederos al puesto paterno, cosa que Fredegunda no estaba dispuesta a
consentir. Decide acabar con la ex reina Audovera y sus tres hijos, para
allanar el camino al trono de un descendiente suyo. Empieza la serie de
asesinatos con el hijo mayor que se llamaba Meroveo, y que fue víctima de una
emboscada provocada por su propia gente, pero una de las hipótesis es que murió
asesinado por hombres contratados por la reina. Poco tiempo después fallecieron
sus dos hermanos menores, y la antigua reina fue asesinada en el convento en el
que se encontraba recluida tras ser repudiada por su marido.
El problema al que tuvo que enfrentarse
ahora Fredegunda es a la muerte prematura de sus propios hijos y, por lo tanto,
aunque el camino para la sucesión real lo tenía despejado, se encontró con este
inconveniente. Incapaz de comprender el problema, pues morían de enfermedades
infecciosas, muy comunes en aquella época, pensó que podía tratarse de un
castigo divino. Motivos desde luego tenía, si tenemos en cuenta como actuaba.
Para tratar de remediarlo, otorgó importantes cantidades de dinero a la iglesia,
con el objetivo de aplacar la ira de Dios contra su descendencia. Tampoco se
olvidó de perseguir la brujería, por si acaso sus hijos estaban siendo víctimas
de algún tipo de maleficio.
Al fin, en el año 584 nace un hijo que le
sobrevivirá, el futuro rey franco Clotario II. Precisamente, ese mismo año su
marido, al que por lo visto ya no necesitaba, muere asesinado a puñaladas al
descender de su caballo cuando venía de una jornada de cacería. ¿Quién era la
más beneficiada por esta nueva muerte violenta? La respuesta es evidente:
Fredegunda. Pues muerto Chilperico ella se convertiría en regente y su hijo se
encontraba allanado el camino de la sucesión. Además, tenía un amante de
Neustria llamado Landry, que lo nombraría su lugarteniente y corría el riesgo
de ser descubierta por su marido. Si a este espinoso asunto añadimos que era
probable que fuese el padre de su hijo, qué más necesitamos saber para suponer
que desearía la desaparición de su esposo. Otra hipótesis, es que la muerte del
rey también era deseada por la reina de Austrasia, hermana de su segunda mujer
que apareció estrangulada, y el asesino que huyó pudo estar al servicio de su
ex cuñada.
Como no estaba claro que el hijo de
Fredegunda lo fuese también del rey, pues había quién se lo atribuía a su
amante, por otra parte, algo perfectamente plausible, hizo llamar a trescientos
obispos y grandes señores para que jurasen que era hijo de Chilperico, como así
hicieron y despejaron la vía sucesoria. ¿Qué resultado hubiese deparado la
prueba de ADN, de haber existido entonces?
Su lista de asesinatos podría haber sido
más larga de no haber tenido algún fracaso en sus maléficos planes. No fue así,
cuando intentó eliminar al obispo de Rouen, Pretextato, hombre afable y de gran corazón, sencillamente porque no
le caía bien, y según ella le había traicionado. Él mismo la responsabilizó de
su asesinato, después de ser apuñalado en el interior de su iglesia por
sicarios suyos. Como no murió en este primer intento, envió a sus médicos con
el pretexto de curarle, para que lo rematasen, y así ocurrió. Como el rey de
Borgoña no aprobó este nuevo asesinato, le entregó al asesino que estaba a su servicio
para que fuese torturado y ejecutado. Así sucedió. Pero la historia no acaba
aquí, pues fue acusada por un noble de estar detrás de la muerte del obispo, ésta
le invita a beber una copa de despedida, ya que tenía que irse, y al instante
cae fulminado por el veneno que ingiere.
Bien, además del hijo ya mencionado, la
reina tenía otra hija, por la que, evidentemente, sentía menos predilección. Se
llamaba Rigonda y las discusiones entre ellas eran el pan de cada día, a su
vez, su hija la acusaba de roñosa. Un día, le pide que la acompañe a una
habitación en donde guardaba un cofre lleno de riquezas, para ofrecerle lo que
ella quisiera. Mientras estaba agachada para ver lo que le gustaba, su madre
dejó caer la tapa sobre su cabeza y la presionó contra ella, al final desistió
y no la mató, pero el escarmiento fue tremendo.
Entre sus asesinatos frustrados hay que
poner en su haber el del rey de Borgoña. Lo consigue con el rey Childeberto II
de Austrasia, que muere envenenado con tan sólo veinte y seis años, se sospecha
de su autoría porque ya lo había intentado otras veces, aunque hay otras
hipótesis. Al fin, la muerte le alcanza a ella en el 597 en su residencia de
París. Muere en su cama y de forma natural a los cincuenta y dos años de edad
por disentería, una enfermedad habitual en aquella época que no tenía
remedio. Queda como heredero al trono su hijo Clotario II con tan solo trece
años. Sueño cumplido. ¿O debería decir pesadilla?
domingo, 1 de septiembre de 2013
El calendario románico agrícola de San Isidoro de León
En agosto de
1996 pasé unos días en León con el objetivo de conocer esta hermosa ciudad y
visitar, especialmente, su bellísima catedral gótica y la iglesia románica de
San Isidoro, levantada sobre otra basílica más antigua de arte asturiano. El
templo actual se remonta al siglo XI y es de planta basilical de tres naves sobre
pilares con medias columnas adosadas, que sostienen arcos peraltados de medio
punto. La nave central se cubre con bóveda de medio cañón, mientras que las
laterales lo hacen con bóvedas de arista, como es habitual en este tipo de construcciones.
Posiblemente, lo más interesante lo encontramos en el Panteón de los Reyes,
construido por doña Sancha entre los años 1056 y 1066 para enterrar a su esposo
Fernando I de Castilla. Consta de tres naves con bóvedas de arista sobre
columnas y pilares con columnas adosadas. Las primeras, cuando son exentas
tienen un grosor enorme, desproporcionado con su altura y descansan sobre una
sólida base con plinto. Cuando me encontré en su interior, recordé, que algunos
lo consideraban la “Capilla Sixtina del arte románico español,” pues los
pintores castellanos decoraron las bóvedas y parte de los muros durante el
reinado de Fernando II, en el último tercio del siglo XII. Aparecen
representados el Pantocrátor rodeado del Tetramorfos, la anunciación a los
pastores, la degollación de los inocentes, entre otras escenas bíblicas. Pero
no fue en una bóveda, sino en el intradós de un arco, en donde observé la
representación que me resultó más curiosa, y la única cuya temática no era
religiosa. Me refiero a las figurillas que aparecían en los doce círculos que
simbolizaban los meses del calendario románico agrícola, aunque hoy día hay
quién lo interpreta como una metáfora del paso del tiempo y no un calendario
propiamente dicho.
Esta pintura llamó mi atención, por la
información que nos transmite de aquella sociedad rural que contaba con lo
justo para subsistir, pues nos informa de una manera gráfica y sencilla, sobre
cuál era la actividad más importante de cada mes de los habitantes leoneses de
ese período. Tarea que no nos llevará mucho tiempo, sólo tenemos que echar un
vistazo al interior del arco para averiguarlo.
Empezando por el mes de enero, nos
encontramos un hombre con cuerpo de frente y doble rostro, que mira a su
derecha y a su izquierda. Mientras cierra una puerta con su mano derecha (el
año que termina), abre otra con su mano izquierda (el año que comienza). Imagen
inspirada en el dios romano Jano Bifronte que miraba simultáneamente a oriente
y occidente. Considerado como el portero que abría y cerraba las puertas o
épocas.
El mes de febrero aparece representado por
un anciano cubierto por una pesada capa de color oscuro, para resguardarse del
frío de los duros inviernos de León, a la vez, que deja al descubierto sus
manos y sus pies, que calienta en una hoguera próxima.
En el mes de marzo, nos encontramos con un
hombre en plena faena agrícola, concretamente se encuentra podando con unas
grandes tijeras una planta de vid. La importancia del vino como complemento de
la alimentación en estos momentos y como bebida reparadora, es conocida por los
historiadores.
El mes de abril se encuentra representado
por un hombre de frente, que nos mira complacido con los brazos extendidos,
portando una planta en cada mano. Podría indicarnos la llegada de la primavera
y la recogida de algunas cosechas.
El mes de mayo es menos pacífico, aquí nos
encontramos con un militar que prepara su caballo y su escudo, para una campaña
bélica que empezaban con el buen tiempo en la Edad Media. La desproporción de
las figuras resulta llamativa. En los meses siguientes dominan las tareas
agrícolas.
El mes de junio aparece representado por
un hombre que trabaja la tierra y, lamentablemente, el paso del tiempo nos ha
privado de ver su rostro y la planta que sujetaba con su mano izquierda, la
cual, trataba de cortar con la hoz que porta en su mano derecha. Es en el
verano cuándo se recogía gran parte de lo que producía la tierra de labor.
En el mes de julio se continúan con las
labores del mes anterior. Aquí no hay dudas de lo que vemos: un hombre segando
un campo de trigo con una hoz.
En el mes de agosto toca la trilla de los
campos, separar el grano de la paja, una vez que se ha realizado la siega. El
mayal es la herramienta que porta el agricultor en esta escena y que servía
para tal fin. Con ella podemos comprobar como golpea el cereal, in situ.
En septiembre nos encontramos con la
recogida de la vid. Actividad importante donde las haya. Recordemos la significación
del vino ya mencionada.
En octubre se hace referencia a la crianza
de los animales. Concretamente aparece un hombre alimentando a dos cerdos con
bellotas, para su posterior sacrificio, como podemos comprobar en el mes
siguiente.
Noviembre era el mes de la matanza del
cerdo, pues lo que se obtenía de él era relevante en el sustento de estas
gentes. El frío del invierno hacía que se conservara durante más tiempo y en
buen estado su carne. Un matachín lo sujeta por las orejas poco antes de
matarlo con una picaza.
En diciembre había que descansar y
resguardarse del duro invierno. Ya se habían realizado las tareas agrícolas y
ganaderas que proporcionaban la comida, e incluso se había ido a la guerra. Este
mes aparece representado por un hombre sentado a la mesa frente al fuego y
sobre ella una copa de vino. Porta un cuenco de comida en su mano izquierda,
mientras lo bendice con tres dedos de su mano derecha (es la forma de bendecir).
Recordemos que nos encontramos en el mes de la Navidad y la sociedad a la que
corresponde este calendario era profundamente cristiana. Por otra parte,
mientras en los meses anteriores nos encontramos con hombres jóvenes, éste ya
es mayor, probablemente, haciendo referencia al año que termina.
Respecto a las características que
presentan estas pinturas, son las típicas del arte románico: silueta realizada
con un contundente trazo negro que resta naturalismo a las figuras, prefieren
el color puro a la presencia de tonalidades, carencia de perspectiva, fondos
neutros, ausencia de luz, esquematismo, etc. Todo lo cual conlleva una forma de
representación antinaturalista.
No sé si de las doce escenas, alguna
tiene más valor artístico que las demás. En mí, como se suele decir, modesta
opinión, el mes de noviembre sería el que destacaría, a la vez, que fue el que
más me impresionó, por la crudeza de la acción de matar al pobre animal. Motivo
por el cual, no compré la reproducción del mismo que te ofrecían a la salida de
la iglesia y preferí llevarme otras dos, las correspondientes a los meses de
septiembre y octubre, más agradables y, sobre todo, pacíficas. Comprar las
reproducciones en cerámica (muy bien hechas, por cierto) de los doce meses
resultaba algo caro, pero comprar un mes o dos, estaba al alcance de cualquier
bolsillo.
Nota: Sobre
el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León hay otra entrada en agosto de
2013.
R.R.C.
viernes, 30 de agosto de 2013
Templete de San Pietro in Montorio
Sufragado por los Reyes
Católicos, el templete se construye para señalar el lugar donde la tradición
indica que fue crucificado San Pedro en Roma. Se comienza a construir en 1502
bajo la dirección de Bramante y tiene unas dimensiones de 4'50 m de diámetro. Está construido con piedra, mármol en la base y capiteles de las
columnas y granito en el fuste.
Sobre
un graderío circular de 10 m .
de diámetro, se levantan 16 columnas de orden dórico-toscano, de basa ática,
con plinto, fuste liso, collarino y capitel con equino y ábaco. Sobre ellas
corre un entablamento circular, con arquitrabe a tres bandas, friso dividido en
triglifos y metopas, decoradas con los símbolos del papado, y cornisa, que
sostiene una balaustrada que configura el segundo piso de dimensiones y ritmo
compositivo iguales al primero. El cilindro que forma el segundo piso parece un
tambor en el que se suceden las ventanas abiertas, las ventanas ciegas y los
nichos en forma de semicúpulas culminadas por conchas. Desde el pórtico se
accede a la cella, espacio
cilíndrico, de 5 m .
de diámetro, coronada por una cúpula nervada de media esfera, cuyos nervios
confluyen en una linterna que remata en una cruz.
De
acuerdo con la concepción neoplatónica, Bramante había planteado un patio
circular para enmarcar el templete. No fue posible llevarlo a cabo y éste
parece atrapado en el interior del claustro rectangular del monasterio de San
Pedro.
MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE
jueves, 29 de agosto de 2013
Teatro romano de Mérida
Es el más importante construido
en España, y uno de los mejor conservados del mundo romano. Es del año 18 a. de
C., mandado construir por el cónsul Marco Agripa, si bien su escena, que es
semejante a la del teatro tunecino de Dugga, y en que aún puede verse buena
parte de sus columnas en pie, es reedificada por Trajano y terminada por
Adriano en el año 135.
La
cávea era colosal para un teatro de
provincias. Mide 86'63 m. de diámetro y podía albergar 5.500 espectadores, lo
que, dada la corta población de las ciudades, hace suponer que asistirían a las
representaciones gran parte de la población campesina. Esta cávea se construye en parte,
aprovechando la ladera de una pequeña colina, por lo que la ochestra queda mucho más baja que la
calle que rodea la cávea. El exterior
es de buena sillería granítica almohadillada, y tiene trece puertas de entrada
que comunican, alternativamente, con uno u otro de los tres pisos de las
gradas; éstas quedan agrupadas en 22 la summa
cávea, 5 la media cávea y otras 5
la cávea prima. A ello hay que añadir
las tres gradas que constituían el pulpitum
o espacio para las autoridades. La organización interna es inteligente y
eficaz; pasillos curvados, adecuados al hemiciclo, comunican una salida o vomitorium con otra; como por otra parte
cada nivel de la cávea tenía sus puertas propias, el desalojo del público podía
hacerse en cuestión de minutos.
A
la orchestra se accede desde el
exterior por otras dos grandes puertas que permitían el paso de carruajes a
través de interesantes espacios abovedados con arcos diagonales de refuerzo en
las esquinas. El proscenio, la orchestra y el pulpitum están pavimentados con mármoles que, en su colocación y
diversidad de tonos, diseñan una elegante decoración geométrica. En el
escenario hay restos de doce agujeros que debían servir para albergar mástiles
que sujetaban el telón y la tramoya.
Lo
más importante desde el punto de vista artístico es el muro que sirve de fondo
a la escena. Bien conservado y mejor reconstruido a partir de las excavaciones
de José Ramón Mélida en 1910 y 1915, puede apreciarse hoy en casi toda su
monumentalidad. Consta de dos órdenes corintios superpuestos y el alzado
frontal queda rítmicamente movido por siete pórticos, tres de ellos más
profundos para las tres puertas rituales. Las columnas son de mármol gris
azulado notoriamente veteado y los capiteles y basas son blancos. Entre las
columnas se encuentran estatuas de Ceres, Venus, Baco, Plutón, Proserpina y
varios emperadores; hoy todas ellas se encuentran en el Museo de la ciudad y en
su lugar se han colocado copias exactas. En el pórtico central se interrumpía
el orden superior y se cubría por un casquete de cuarto de esfera, hoy caído.
La escena se cubría con una gran marquesina de madera, como era habitual en
estos edificios.
MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE
miércoles, 28 de agosto de 2013
Santa Sofía de Constantinopla
Mandada construir por el emperador Justiniano entre los años
532 y 537, dedicada a la Sabiduría Divina, es uno de los monumentos que han
influido de manera perdurable en la historia de la arquitectura religiosa. A
consecuencia de un terremoto acaecido en el 557, la cúpula se derrumbó, siendo
reconstruida al año siguiente y consagrada en el 562.
Sus arquitectos
fueron Artemio de Tralles e Isidoro de Mileto. Se concibe y realiza con planta
central de cruz griega, con dos naves iguales, de 33 metros de anchura, que se
cruzan formando un cuadrado, cubierto por una enorme cúpula de 30 metros de
diámetro y cuya clave se sitúa a 55 metros de altura. Lo original es que esta
cúpula se apoya sobre cuatro pechinas que sirven de enlace con la planta
cuadrada. La cúpula aloja 40 ventanas, que se sitúan en su arranque, y con el
fin de aligerar su peso se utilizaron tejas blancas y esponjosas fabricadas en
Rodas.
El gigantesco
empuje de la cúpula queda contrarrestado por un sistema de medias cúpulas
situadas en la parte este y oeste, sustentadas por pilares dispuestos
octogonalmente y contrarrestados a su vez por tres nichos que se abren en
arcadas entre los pilares. En los costados norte y sur, el contrarresto de la
cúpula se lleva a cabo por las naves laterales, cubiertas por bóvedas de cañón
en unos tramos y de arista en otros. Los contrafuertes exteriores son adiciones
turcas, así como los cuatro minaretes.
En el interior,
la nave central presenta tres niveles: el primero de arcadas sobre
columnas, como separación de las naves
laterales; sobre este nivel, y cubriendo toda la anchura de las naves
laterales, aparece un piso de tribunas, y sobre él, un tercer nivel, el
claristorio que, junto con las ventanas abiertas en la cúpula, ilumina el
templo. Las paredes, que son de ladrillo como los arcos y bóvedas, se hallaban
recubiertas de dorados y maravillosos mosaicos que recibían el impacto de la
luz y producían un efecto y un ambiente sobrenatural. De esta primitiva decoración solo se respetaron los mosaicos de las
pechinas que representan cuatro ángeles.
Santa Sofía
contaba con dos atrios; uno de ellos hoy ha desaparecido y formaba un espacio
cuadrado con una fuente en su centro. El otro, que aún se conserva en el
costado occidental de la planta, es un nártex o antesala que contiene preciosas
puertas de bronce.
MANUAL DE HISTORIA DEL ARTE
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