miércoles, 19 de abril de 2017

SORTIJA DE TUTMOSIS III

  
    
     Este precioso anillo de oro macizo tipo sello perteneció al poderoso faraón de la XVIII dinastía egipcia Tutmosis III (siglo XV a. de J.C.), y se encuentra expuesto en una de las vitrinas del Museo Británico en Londres. Este tipo de anillos tenía dos caras y se podía girar para poner una u otra, aunque la principal es la que vemos expuesta en la imagen, grabada en huecorrelieve con signos jeroglíficos. Destaca el precioso cartucho que observamos a la derecha, que encierra el Nombre de Trono de este monarca: Heper Men Re, que traducido al español significa: “La estable manifestación de Ra”. Además, comprobamos otros signos de esta antigua lengua en lo que resta de superficie, que podríamos interpretar como: “el amado de Ptah, de bello rostro”. Si tenemos en cuenta que este soberano fue, además de un gran guerrero un gran constructor, entenderemos mejor el porqué se encomienda a este dios (Ptah), inventor de la albañilería y patrón de los arquitectos y artesanos. Por último, deberíamos de considerar la claridad, precisión y contundencia con la que el orfebre egipcio llevó a cabo los grabados, sin olvidar que la equilibrada distribución espacial de los mismos es magnífica.
     R.R.C.
Nota: Foto del autor

Los cartuchos de Osorkon II

     Este faraón de la XXII dinastía reinó en Egipto durante la primera mitad del siglo IX antes de Cristo. Fue un monarca débil que no supo mantener el poder en sus manos. Eso sí, situó a sus hijos en cargos importantes (nada nuevo bajo el Sol), pero de poco le sirvió, ya que su poder seguía debilitándose. En fin, no voy a tratar sobre su labor al frente del país del Nilo, ni sobre la famosa tríada que lleva su nombre y de la que ya he escrito una entrada en este blog. Me limitaré, simplemente, tal y como indica el título que encabeza estas líneas, a explicar sus dos nombres principales escritos en la bella lengua jeroglífica, es decir, sobre el Sa Ra, o Nombre de Nacimiento y su Nesut Bity, o Nombre de Trono.
Nesut Bity del faraón Osorkon II
     En la parte superior aparece un círculo que representa a Ra; el bastón con cabeza de chacal que vemos a continuación se lee user y se traduce por poderoso; la pluma posterior simboliza la justicia y es la que lleva la diosa Maat; los tres signos siguientes: un junco en flor que es una i, un tablero con siete fichas, es decir, men y una línea quebrada que es una n que no se traduce, porque ya está incluida en la palabra anterior, en definitiva, tenemos al dios Imen (Amón); por último, una azuela con taco setepe que se traduce por elegido, y una línea quebrada que en este caso funciona como un indicativo de tiempo pasado y no se lee. Luego, ya tenemos el significado de su nombre: “La poderosa justicia de Ra; Elegido de Amón”.
                                              Sa Ra del faraón Osorkon II
     De los cuatro signos de la parte superior, tres ya aparecen explicados en el Nesut Bity y  significan lo mismo: Amón. El siguiente, un canal de riego - mr-, se traduce como participio del verbo amar, o sea, amado. Un trazo que simboliza un lazo es un signo bilítero que equivale a las vocales ua; no obstante, si tomamos como referencia otros cartuchos, lo podríamos considerar simplemente como una o. El posterior signo de formas geométricas, como fonograma suena sa. A continuación tenemos otros cuatro signos: el junco en flor, la boca entreabierta, la taza y la línea quebrada, es decir, la i-r-k-n. Leemos primero la parte inferior del cartucho: Osairken, en español, Osorkon, ya que la divinidad aparece en la parte superior por respeto, y en este caso es el dios Amón junto al participio amado. Luego, “Osorkon. Amado de Amón”, sería el nombre de cuna de este faraón.
Nota: la parte superior es la parte izquierda del cartucho.
      R.R.C.

El cartucho de Nefertari

      El bonito cartucho que podemos ver en la imagen lleva el nombre de la conocida reina Nefertari,  la esposa preferida del faraón Ramsés II, aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos:
      
     En primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa como un buitre. ¡Increíble! La madre, un buitre ¿no podían haber elegido estos egipcios otro animal más agradable para representar la maternidad?  Bueno, lo que les llevó a esta asimilación fue cuando observaron que esta ave carroñera era, precisamente, la que mejor cuidaba a sus polluelos. Y ¿quién mejor que una madre cuida de los peques indefensos? Sigamos, debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), y significa belleza (ahora se entenderá por qué tantos centros de estética  escogen el nombre de NEFER), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), un canal de agua -MeR- (participio del verbo amar)  y, por último, otro semicírculo que se transcribe como - t - e indica que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mut n mer t. Traducido al castellano: “La bella amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de Mut”.
      R.R.C.

Cartucho de la reina Hatshepsut

      Es sorprendente la perfección, precisión y claridad de líneas del grabado en hueco-relieve sobre granito rosa de este precioso cartucho egipcio, que contiene en su interior el Sa Ra (Nombre de Nacimiento) de la más poderosa de las reinas del Antiguo Egipto: hija de faraón, casada con un faraón, madrastra de faraón y faraón ella misma. Toda una obra de arte “per se”.
    
      La lectura del cartucho la haremos de abajo hacia arriba y prescindiré, para una mayor claridad, de la terminología egipcia, limitándome al significado en español de los distintos signos jeroglíficos que aparecen. En primer lugar, nos encontramos con un personaje sentado con flagelo en mano que hace referencia a la nobleza (¡ay las clases altas! siempre dispuestas a utilizar el látigo), con tres trazos verticales en su espalda que nos indican el plural, y un semicírculo delante que se emplea para el género femenino. A continuación, observamos la parte delantera de un león, que lo podemos traducir por el primero, o el que se encuentra delante. La semiesfera ya sabemos que se utiliza para el femenino, y la jarra con asa de al lado, cuando tiene un valor figurativo se traduce por aceitera, pero el semicírculo que equivale a la letra t nos recuerda que, en este caso, la jarra tiene un valor fonético y la traducimos por junta o unida, en femenino por la letra t. En la parte superior vemos los tres signos referidos al dios Amón: una línea quebrada, un junco en flor y un tablero con fichas. Aunque la divinidad se lee en último lugar, siempre aparece el primero por respeto. Traducido el cartucho al español queda como sigue: “La primera de las nobles. Unida a Amón”.

Nota: tan solo recordar que durante la etapa feudal en la Edad Media, el rey estaba considerado como el primero de los nobles: “Primus inter pares” (el primero entre los iguales).
    R.R.C.

sábado, 9 de julio de 2016

“Convergence” de Pollock


     Es un óleo sobre lienzo de casi dos metros y medio de alto (242 cm) por cuatro de ancho, ejecutado por Pollock en 1952 y expuesto en la Galería de Arte Albright-Knox de Nueva York. Precisamente, a partir de este cuadro comenzó a poner un número a sus obras, al enterarse de que el público que lo contemplaba trataba de buscar una relación entre lo que veían en el lienzo y el título “Convergencia”. En esta tela, como en otras; no hay figuras, no hay tema, no hay referencia alguna a la naturaleza o a la realidad, solo chorros, hilos, gotas y manchas de pintura de diversos colores que no guardan relación entre sí. Es abstracción pura, en palabras del autor, lo que salía de su inconsciente en el momento de realizar la obra; no hay preparación previa, un minuto antes, no sabe lo que va a hacer a continuación. Sin embargo, un estudio de un departamento de matemáticas de una Universidad norteamericana afirma, de qué en las pinturas de este autor, no se deja nada al azar. Con un software informático se han analizado los fractales de un cuadro para determinar su autenticidad, es decir, se han buscado trazos que se repiten a diferentes escalas en sus obras, y se ha descubierto que se podría determinar con certeza, o sea, que pertenecen a Pollock, con una seguridad superior al 90%, ya que encontramos dichos fractales en todas ellas, y que solo él puede realizar, a pesar de lo anárquico que nos pueda resultar su trabajo. Luego la mano de Pollock era mecánica y en cada obra deja su huella irrepetible, aunque a nosotros nos pueda pasar desapercibida, pero no al ordenador. Esta es una característica de todos los grandes artistas de la historia; pese a que realizan obras diferentes, lo sustancial del estilo siempre permanece.
     No utilizaba paleta, brochas, pinceles, espátulas…, su técnica consistía en colocar el lienzo en el suelo y meterse en el físicamente, en el que derramaba pinturas de diferentes colores con un bote que dejaba gotear, técnica que se conoce como dripping, o lanzaba pintura directamente sobre el lienzo, a veces ayudado de una brocha o de cualquier otro utensilio, de manera instantánea. Con esta técnica podía controlar parte del resultado final de la obra, pero no su totalidad, ya que las salpicaduras, chorretes, formas de las manchas… seguían su propio curso. El cuadro que estamos contemplando es una explosión de colorido sin igual, que no deja espacio sin pintura (horror vacui).
     Con los cuadros de Pollock pasó algo parecido a lo que ocurrió con los dólares en el siglo XIX, cuando todavía no los emitía la Reserva Federal Americana. En el tiempo que cada banco producía los suyos por su cuenta, llegó a haber tal cantidad de dólares con formatos diferentes en el mercado, que los ladrones no se molestaron en falsificarlos, sino que emitieron los suyos propios, ya que nadie se daría cuenta del engaño. Pues bien, los falsificadores de arte pensaron lo mismo. Como un cuadro de este artista es irrepetible, incluso por el propio autor, pintaban ellos uno y se lo atribuían a él. Pero ¡ay, los fractales!
     Por último, comprenderemos mejor el éxito de este creador, si tenemos presente que la coyuntura geopolítica del momento le favoreció de manera inequívoca, ya que contó con el apoyo de las autoridades norteamericanas en una situación de “Guerra Fría”, cuando en los países del bloque comunista se imponía el realismo en el arte. En fin, qué duda cabe de que un gran cuadro de arte abstracto como el que nos ocupa, es un buen antioxidante para las neuronas y las conexiones entre ellas. Serotonina pura.

Nota: En este blog hay comentada otra obra del autor titulada Eco nº 25 que puede ayudar a la comprensión de la presente.
     R.R.C.

viernes, 3 de junio de 2016

Cristo en Getsemaní

      
     Es una obra realizada en 1873 de 104x83 cm del gran artista danés del siglo XIX Carl Heinrich Bloch, expuesta en el Museum of National History at Frederiksborg Castle. Fue un pintor de género y uno de los mejores ejecutores de retratos de su época, y sobre todo el autor más grande para representar tanto la vida como la muerte de Jesús. Recibió el encargo por parte de mecenas daneses de enseñar la vida de Cristo a través de sus pinceles, un magno proyecto que le llevó 14 años de trabajo, con un resultado final de veintitrés obras de una bella factura y una calidad artística fuera de toda duda, entre la que se encuentra la expuesta en esta entrada.
     
     El tema del cuadro recoge parte del episodio que Cristo vivió en el huerto de Getsemaní, previo a su detención y próxima pasión ordenada por parte de las autoridades judías y romanas, y que narra el evangelio de Lucas en su capítulo 22, concretamente en los versículos que van del 39 al 44. En este último podemos leer: “Lleno de angustia oraba con más instancia; y sudó como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra”. Ningún otro evangelio nos pinta con tan vivos colores la agonía de Jesús, y ningún otro pintor recoge este momento trágico con la delicadeza e intensidad de Bloch. Dios Padre le envía un ángel para confortarle y darle fuerza para el duro sacrificio de cargar con la cruz, que está próximo y que Jesús ya se ha hecho consciente en la soledad del instante.
     
     Sobre un terreno duro que todavía podemos ver en el interior de la iglesia de Getsemaní, Cristo se derrumba sobre el regazo del luminoso ángel, apoyando su cabeza sobre su hombro mientras su pierna recibe el peso del cuerpo. Cristo gana la fuerza que le falta para afrontar la tarea de cargar con los pecados de la humanidad, en el gesto reconfortante del ángel, cuando este acoge con su mano y su rostro la cabeza del Salvador. Una escena que estremece hasta el propio árbol seco y falto de vida que vemos a su derecha, y que hace hincapié en el dramatismo del trance. En contraste con la blancura inmaculada del ángel tenemos la túnica roja de Jesús, en una clara alusión a la sangre que estaba sudando, y a la pasión que se acercaba de una manera inexorable. El morado de la capa que lo recubre parcialmente es el color litúrgico de la Cuaresma, que finaliza precisamente con este conmovedor episodio.
   
     Es una obra claramente académica, es decir, que se adapta a las normas establecidas por las academias de bellas artes; con un gran realismo que busca la máxima idealización siguiendo los cánones establecidos por ellas; con una calidad técnica admirable; con un dibujo preciso y acicalado. En fin, el virtuosismo técnico que pone el pintor en práctica en este cuadro resulta prodigioso.

       R.R.C.

miércoles, 1 de junio de 2016

¿El padre de Cristo?


     En octubre de 1859 y de una manera fortuita, como ocurre en numerosas ocasiones en la arqueología, durante las obras del ferrocarril de Bingen (Alemania), fueron descubiertos nueve enterramientos romanos con sus correspondientes monumentos y estelas funerarias. La inscripción en una de ellas recogida en el vol. XIII, 7514 del Corpus Inscriptionum Latinarum, que es una recopilación exhaustiva de inscripciones latinas y algunas griegas del mundo romano, rezaba ser de un tal Tiberius Iulius Abdes Pantera portaestandarte de la 1ª Cohorte Auxiliar de Arqueros, que nació en Sidón (Fenicia, actual Líbano) y que sirvió en ella durante 40 años hasta fallecer a los 62. En la columna de la izquierda tenemos dicha inscripción tal como muestra la estela, completada con las letras que aparecen entre paréntesis, y a la derecha su traducción al español:
Tib(erius) Iul(ius) Abdes Pantera
Sidonia ann(orum) LXII
stipen(diorum) XXXX miles exs(ignifer?)
coh(orte) I sagittariorum
h(ic) s(itus) e(st)
Tiberius Iulius Abdes Pantera
de Sidon, de 62 años
sirvió  40 años, portaestandarte oficial(?)
de la primera cohorte de arqueros
yace aquí


     Este nombre también aparece escrito en otras fuentes históricas como Pandira o Pantero. Y es el cognomen (apellido) de un soldado romano, que según James Tabor, arqueólogo y estudioso de la Biblia, doctorado en la Universidad de Chicago y profesor de una Facultad norteamericana, los nombres Tiberius Iulius son nombres adoptados por alguien que ha adquirido la ciudadanía gracias al servicio militar, por ejemplo, probablemente por su reenganche tras los 25 años de servicio obligatorio.  Además, el nombre Abdes significa "servidor de Dios". Otros apuntan a Pantera como un vocablo latino que designa al animal Panthera; mientras hay quien sugiere que es un apodo, o nombre incluso, que se daban entre los legionarios romanos, igual que “Joe” es para los norteamericanos. También se sabe que la unidad militar a la que pertenecía, la Primera Cohorte de Arqueros, estuvo destinada en el norte de Judea en tiempos de Jesucristo y después fue trasladada a la actual ciudad alemana de Bingen. Se preguntará el lector por la importancia de este hallazgo, lógicamente los descubrimientos de tumbas con estatuas, aunque le falte la cabeza, y con inscripciones latinas de hace dos mil años, siempre aportan información valiosa que no hay que desdeñar, pero en este caso nos encontramos con un añadido interesante y controvertido. Veamos:
     Prácticamente desde el principio del cristianismo se planteó una polémica sobre la paternidad de Jesús, primero en los ambientes judíos, como recogen en alguna cita los propios evangelios canónicos. En Juan cap. 8,41 leemos: “Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle ellos: nosotros no somos nacidos de fornicación; tenemos por padre a Dios”, es decir, le están atribuyendo a la Virgen María una relación extramatrimonial y fruto de ella el nacimiento de Jesús. El término fornicación se emplea para los actos sexuales fuera del matrimonio. En el evangelio de Marcos cap. 6,3 la muchedumbre que oía a Jesús se pregunta: "¿No es acaso el carpintero, hijo de María, y el hermano de Santiago, de José y de Judas, y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?; y se escandalizaban de Él”. En la sociedad judía de este momento los hombres eran conocidos por ser hijos de su padre, y éste no aparece aquí por ninguna parte, algo bastante inusual, al menos que fuera hijo ilegítimo. Un poco más adelante en el mismo evangelio de Marcos, en el cap. 7,24 nos encontramos con una frase un tanto enigmática: “Partiendo de allí se fue hacia los confines de Tiro. Entró en una casa, no queriendo ser de nadie conocido; pero no le fue posible ocultarse”. James Tabor sugiere que el padre de Jesús era un soldado romano probablemente de origen judío, de la ciudad de Sidón, muy cerca de Tiro, concretamente el de la tumba aparecida en Bingen, y así se explicaría este pasaje de Marcos, es decir, Cristo fue a realizar una visita familiar.

     Si nos vamos ahora a las fuentes judías dicen muy poco de Jesucristo, a veces producen la sensación que no quieren ni si quiera mencionar su nombre, además de hostiles y contradictorias con Él y sus seguidores. Recogiendo la opinión que el profesor Antonio Piñero, experto en cristianismo primitivo expone en su blog; los textos que en el Talmud y midrás afectan a Jesús son aproximadamente una quincena. De entre ellos sólo tres o cuatro lo nombran de una manera expresa y, únicamente un par de ellos transmiten alguna noticia sustancial. Llaman a Jesús, Ben Stada o Ben Pandera y unos pocos tratan más bien de la madre del Nazareno que de él mismo. La madre de Jesús aparece como una peluquera; o también como maestra de primer grado; o como mujer de Pandera o Pantera, un soldado romano con quien había tenido un hijo adulterino, o según otra fuente, un hijo ilegítimo por haber sido concebido de su marido, el tal Pantera, pero durante el ciclo menstrual, lo que lo hacía rigurosamente impuro. Siguiendo con la opinión del profesor Piñero, el nombre con el que se denomina también a Jesús en éste y en otros pasajes es Ben Stada. De la identificación entre Ben Stada, Ben Pantera y Jesús no cabe duda, pues en algún otro documento aparece el nombre completo, Jesús ben Pandera, y en otros encontramos a "Jesús" como variante de "Pandira" o "Stada". Este último vocablo, "Stada", deriva del hebreo Setahdáh, "aquella que se ha desviado"... de su marido. Todavía hoy día se mantiene esta historia entre los judíos que rechazan a Jesús, como podemos comprobar en la famosa película de humor “La vida de Brian” en donde la madre del protagonista, que todos confunden con Jesús, le confiesa que se acostó con un militar romano, que a la postre sería su padre, escena introducida probablemente por algún guionista judío.
     Así que, desde los primeros siglos del cristianismo, en los ambientes que se iba afianzando esta nueva religión, se abrió paso la sospecha, no ya que su fundador tuviese un padre terrenal, sino que era fruto de una relación adúltera, consentida o forzada, pues algunos textos no descartan esta última posibilidad. Lógicamente los que no creyeron en Jesús no podían admitir la virginidad de María, pues hubieran tenido que aceptar que era el hijo de Dios, y por lo tanto creer en él.
     En contra de todo lo anterior tenemos los escritos del Nuevo Testamento elaborados en la segunda mitad del siglo I, reconocidos, no sólo por la Iglesia, como textos más fiables que aquellos que rechazan a Jesús. Además, contamos con los padres eclesiásticos que fueron intelectuales de una gran altura, como Justino, Ireneo, Tertuliano, Orígenes y otros. Los primeros de ellos son del siglo II, y todos mantienen de forma contundente la concepción virginal de Jesucristo. Hicieron frente con sus escritos a las insidias, y a veces a las burlas, con las que los enemigos del cristianismo abordaron este asunto. Por ejemplo, el filósofo griego del siglo II Celso, basándose en fuentes orales judías (ya que las que he utilizado anteriormente se pusieron por escrito más tarde) atribuye la paternidad de Jesús, al conocido Pantera, con tal de desacreditarle. Orígenes se encarga de dar cumplida respuesta a esta afirmación; y a otras muchas calumnias que hace contra Cristo y los cristianos.
      Bien, ya va siendo hora de decir que ninguna de estas afirmaciones acerca de la paternidad adulterina de Jesús tiene base histórica alguna, son vanos intentos de desacreditarle ante el avance de la nueva religión y el retroceso de los cultos paganos, que tanto interesaban al estatus quo del Imperio y, en definitiva, al Estado romano; ya que los principios e ideas que proponía el cristianismo chocaban frontalmente con las leyes y costumbres de la sociedad de esos momentos, y podía desestabilizar los cimientos y las bases sobre los que se estructuraba la cultura dominante que favorecía a unos pocos, en perjuicio de la mayoría de la población desposeída de bienes, y en muchos casos esclavizada para los que Jesucristo suponía una esperanza.    
     En lo que están de acuerdo todos los documentos históricos, tanto los que están en contra como los que están a favor, es que la concepción de Jesús se realizó de forma extramarital, las mismas fuentes cristianas nos trasmiten que la Virgen acudió embarazada al matrimonio con José. Desde el punto de vista histórico, sólo queda una conclusión razonable: no fue José quien concibió a Jesús. No sabemos nada seguro de otro progenitor terrenal, no tenemos pruebas fiables que podamos contractar, sólo burlas, incomprensiones y acusaciones interesadas. La concepción divina de Jesús es un acto de fe. Para el creyente, Jesús puede ser el enviado del Padre, su vida y sus obras así lo acreditarían.
     El nombre de Pantera era usual entre las tropas auxiliares romanas de aquella época y años posteriores, como ha demostrado más de un experto. Raymond E. Brown, especialista en la Biblia, afirma que la historia de Pantera es una explicación fantasiosa del nacimiento de Jesús, que incluye muy pocos datos históricos que la sostengan. Por otra parte, el hecho de atribuirle a Jesús un padre con ese nombre podría responder, en opinión de Craig A. Evans (catedrático de Nuevo Testamento en Canadá) y otros muchos autores, como el ya citado profesor Piñero, en explotar la afirmación cristiana de que Jesús nació de una virgen: parthenos en griego, y sería un juego de palabras. Pantera era el nombre de sonido más parecido, y era un nombre de soldado, sugiriendo que Jesús no fue concebido por una parthenos  sino engendrado por un soldado  Panteros. Por lo tanto, lo único que tenemos aquí es una calumnia y no una prueba histórica que podamos relacionar con  Jesucristo. Hay que tener presente que el evangelio de Mateo, que habla de una virgen, se escribió en griego.
     Respecto a la tumba con la que iniciaba estas líneas, es verdad que James Tabor la atribuye al padre de Jesucristo, y en cierto modo da por cerrada la cuestión sobre dicha paternidad. Pero cabe preguntarse por la edad que tenía ese hombre llamado Pantera en el momento del embarazo de María. Ya sabemos que su unidad militar se encontraba en torno a Séforis, muy cerca de Nazaret, y que la Virgen, probablemente, vivía aquí con sus padres Joaquín y Ana antes de casarse e irse a vivir con su esposo José. Para Tabor, tenía la edad suficiente para conocer y dejar embarazada a María, pero otros eruditos, después de estudiar la inscripción latina de la lápida y datarla, afirman que el tal Pantera nació como muy tarde el año 12 antes de Cristo, y la Virgen se quedó embarazada en torno al 7, 6, o, 5 antes de J.C. Por lo tanto, el posible candidato quedaría descartado por falta de edad necesaria para la paternidad.
     Ben Witherington es profesor de Nuevo Testamento, con multitud de investigaciones publicadas, premios académicos y distinciones en su haber y ha escrito más de cuarenta libros sobre temas neotestamentarios. Para él, Pantera sí tenía la edad necesaria para concebir un hijo cuando la Virgen estaba embarazada de Jesús, el problema es que no se encontraba en Nazaret, donde la Virgen vivía en esos momentos ya que, basándose en la inscripción, concluye que se hizo soldado romano a los 22 años. En definitiva, en la fecha del embarazo de María, no era soldado romano ni aquero, él estaba en Sidón, su ciudad natal a unos 70 kilómetros de distancia de donde se encontraba la madre de Jesús, un trecho más que considerable para esa época. Concluyendo, no hay prueba alguna que el personaje que tratamos aquí sea el Pantera citado por Celso, o bien, el mencionado en los textos de los rabinos judíos que recogen tradiciones orales anteriores.
     Por último, la hipótesis de Tabor se considera muy poco probable por los estudiosos del tema, como Maurice Casey, gran experto británico de Nuevo Testamento y principios del cristianismo, ya que no hay pruebas que la apoyen.
     En este caso, la arqueología (el descubrimiento de la tumba) se ha tratado de forzar al máximo para corroborar una acusación sin fundamento histórico y convertirla en un hecho real.

      R.R.C.

NOTA: Ya existe otra entrada en el blog con el título: La tumba de Bingen que trata sobre la misma cuestión. Esta es una nueva entrada que amplía la anterior.