domingo, 15 de julio de 2012

Petra: El Tesoro


   
     La antigua ciudad nabatea de Petra es, sin duda, la atracción turística más importante del actual reino de Jordania. Situada al sur del país, en una zona desértica de gran belleza natural y montañas de color rojizo, impresiona al viajero al observar una enorme urbe de más de dos mil años excavada gran parte de ella en la roca. Llevaba siglos abandona, hasta que un aventurero belga disfrazado de beduino la descubrió en el siglo XIX.
     Cuando llegamos a Petra, lo primero que tenemos que recorrer, a pie, o en carro, es un estrecho y zigzagueante corredor, de más de un kilómetro de largo, entre montañas que pueden alcanzar unos 200 metros de altura. Sólo el hecho de pasar por este cañón que denominan Siq, crea en el viajero una expectación, que se verá sobradamente compensada al final del mismo, en el momento de empezar a vislumbrar, todavía desde este angosto pasillo, la fachada excavada plenamente en la roca, de la primera y más impresionante construcción que nos encontramos en la ciudad: El Tesoro, de más de cuarenta metros de altura y casi treinta de anchura.

      Fue mandado a construir por un rey Nabateo en época de Cristo (s.I a. C, o d. de C.). Su nombre, no tiene relación alguna con ningún tesoro, pero los beduinos de la zona pensaban que algún faraón egipcio mandó esconder un enorme tesoro en este lugar y de ahí su denominación. La fachada cuenta con dos niveles, el inferior de doce metros de altura y seis enormes columnas. La parte superior se encuentra coronada con un águila que simboliza una deidad nabatea.

     Esta impactante construcción pudo ser un templo, o lo más probable, una tumba real. Es de estilo helenístico, aunque tiene influencias  asiria y romana. Su interior, que se encuentra totalmente vacío, presenta una planta cruciforme. Pero lo que más interesa es el exterior, la monumentalidad y belleza de su fachada, con sus tonos rosáceos que presenta por la tarde y color terroso matinal.

     Sus seis magníficas columnas exentas son de orden corintio, soportan un entablamento en donde avanza un tímpano con relieves, después del arquitrabe nos encontramos un friso con decoración en bajo relieve, como corresponde a este orden arquitectónico. Entre las columnas de los extremos también podemos observar grandes relieves. En el segundo piso nos encontramos un pronunciado tímpano partido, que es aprovechado para rematar la fachada con una construcción tipo tholos, coronada por una urna circular, todo ello acompañado de columnas exentas o adosadas, con relieves entre ellas, que decoran y complementan esta parte superior.

     Frente a esta construcción, se ha descubierto recientemente y en un nivel inferior, una serie de tumbas visibles desde el suelo.
       R.R.C.
Nota: fotos del autor