viernes, 9 de enero de 2015

Evolución del concepto de Historia


     La tarea del historiador es, sobre todas las cosas, el conocimiento del presente a través del pasado. En la medida que éste evoluciona cambian también las preguntas que el hombre formula a su pasado. Tal es la causa de que casi cada generación necesite hacer su Historia, pues las respuestas dadas por las generaciones que la precedieron ya no satisfacen los nuevos interrogantes que se plantean. El concepto de Historia ha evolucionado enormemente desde los tiempos de Heródoto hasta los nuestros. Veamos con brevedad:
     La Historia comienza con la aparición de la escritura en la antigua Mesopotamia y el antiguo Egipto en los albores del III milenio a. de J.C. Ahora bien, hay que esperar a la civilización griega y más concretamente a la época clásica, para que aparezcan los primeros hombres en preocuparse por registrar acontecimientos que habían vivido ellos,  de los que habían oído hablar, u observado en textos escritos, y que  consideraban de interés para legarlos a la posteridad. El hombre no empezó a tomar conciencia de escribir su propia Historia hasta hace cerca de dos mil quinientos años.
     En Grecia, se comienza elaborando una serie de recuerdos en orden cronológico, por ejemplo, listas de magistrados o reyes. La primera concepción de la Historia la encontramos en los poemas homéricos y en Hexiodo, es enteramente religiosa. La marcha de la humanidad constituye para ellos un proceso de degradación y se toma como punto de partida un tiempo ya pasado, en el que los hombres, habrían vivido en un estado de perfección, una edad de oro. En definitiva, la Historia aparece con un sentido narrativo, escribiendo lo que sucede cada año sin análisis ni crítica. Escriben solo los grandes acontecimientos, pero no como vivía un campesino.
     Podemos considerar a Herodoto como el padre de la Historia. La coyuntura que domina en este momento es la religiosa, la cual, es rebajada por él, así como todo aquello que parezca leyenda. Un gran paso adelante supone Tucídides, pues aspira a conocer las causas de los hechos que se producen y a contarlos con total objetividad.
     Los historiadores romanos son semejantes a los griegos. Para ellos la Historia tiene un valor de ejemplo, de ahí la atención minuciosa que prestan al estudio de los caracteres humanos, como Plutarco,  que aunque era griego de nacimiento, ya escribió en el siglo I bajo el dominio romano sus Vidas paralelas, que eran biografías de griegos y romanos famosos, para comparar sus virtudes y defectos comunes, o Las vidas de los doce césares del historiador romano Suetonio de los siglos I y II. Es necesario señalar, que también se da una tendencia a la acumulación de datos.
     En la Edad Media predomina una concepción cristiana de la Historia. Esta concepción es providencialista, cuyo máximo representante es San Agustín. Por otra parte, continúa el estilo narrativo y la tendencia a anotar las efemérides más interesantes, así como la ausencia de sentido crítico, con lo cual, se daba cabida a leyendas y fantasías.
     En el Renacimiento continúa el providencialismo, pero aparecen nuevas concepciones de la Historia de corte profano. Maquiavelo, por ejemplo, le achaca al hombre los aciertos y fracasos de los hechos históricos, e intenta conocer las causas de los mismos.
     Durante la Ilustración, la teoría de que la Historia siempre progresa y no regresa, es una novedad de este período. Voltaire, dice, que la humanidad progresa por el esfuerzo de los hombres. Ahora, todo se reduce al hombre como centro.
     En el Idealismo, concretamente en la primera mitad del siglo XIX, se desarrolla en Alemania un nuevo espíritu científico aplicado a la Historia. Sus tres puntos fundamentales eran: los pueblos colectivamente considerados son los protagonistas de la Historia; en segundo lugar, la naturaleza humana no es igual e inmutable sino cambiante; y tercero, la creencia en el progreso indefinido del hombre. Para Fichte, la tarea del historiador no es conservar el pasado, sino comprender el presente. Para Hegel, el suceder histórico es tan solo la realización del pensamiento. Las ideas son anteriores a los hechos. Así pues, el motor de la Historia es la razón  del hombre.
     Ya en el Positivismo, la Historia se declara ciencia. Se fija su método basado en el análisis y la crítica, con el cual, se eliminarán fábulas y supercherías en este campo. Para Comte, la Historia se ocuparía únicamente de descubrir y establecer los hechos, mientras que la Sociología sería la encargada de interpretarlos.
     Para el Marxismo, el motor de la Historia es la lucha de clases sociales que se produce en la humanidad como consecuencia de su división, pues según Marx, se encuentra dividida en dos clases: la de los opresores, que identifica con la burguesía en su época, propietarios de los medios de producción; y la de los oprimidos, que identifica con el proletariado desposeído de dichos medios. Toda la sociedad está presidida por esta lucha, que se resolverá en el proceso histórico, en el cual, tras una etapa de transición que denomina Dictadura del proletariado, se abrirá camino una sociedad sin clases.
     Cuando llegamos al siglo XX, nos encontramos con una metodología madura y un arsenal de conocimientos comprobados. Pero entonces, se plantea el problema del progreso o la decadencia dentro de la historia universal, sobre todo cuando se tiene  la experiencia que suponen dos guerras mundiales en un corto período de tiempo. Hay quien niega la necesidad de un progreso, por lo tanto, el carácter más importante de la Historia es su continuidad, pero no, progreso. Otros opinan, posiblemente la mayoría, que ésta progresa. Para el pensamiento de este siglo, la Historia es una ciencia que tiene como, cualquier otra, sus principios propios de estudio e investigación. Hay que destacar la labor de Arnold Toynbee en cuanto al concepto de la materia que nos ocupa, cree, que cada civilización tiene unas características propias, pero siempre relacionada con otras, una civilización decae como resultado de su impotencia para enfrentarse a los desafíos que se le presentan. Dio gran importancia a los factores religiosos en la formulación de las respuestas a los desafíos, negando que éstas deban perecer finalmente. Defendía que podía esperarse, que la moderna civilización Occidental pueda escapar a la norma general de la decadencia de las civilizaciones.

       R.R.C.
NOTA: Foto del autor.

miércoles, 7 de enero de 2015

Einstein: ni tan ateo; ni tan pacifista

     
     ¿Quién duda de que Einstein fue uno de los personajes históricos más relevantes del siglo XX? Su figura, su genio, su compleja personalidad, y no digamos, la trascendencia de su obra, desborda a cualquiera y, por supuesto, a mí el primero. Así que, en esta breve entrada, me limitaré a exponer los dos asuntos que dan título a la misma. El motivo de escribir estas líneas es el hartazgo que me produce el leer constantemente las noticias que circulan por la Red, u otros medios, en las cuales, los ateos, aprovechando la fama de uno de los mayores científicos del siglo XX, lo utilizan como abanderado de su causa. Y, por otra parte, muchos pacifistas, por  el mismo motivo que los anteriores, también hacen uso de su prestigio mundial para apoyar sus movimientos y peticiones.
     Empezando por la primera de las cuestiones planteadas, decir de entrada, que el propio Einstein, siempre se consideró, a sí mismo, como una persona muy espiritual, al igual que otros físicos de su tiempo, y nunca negó expresamente la existencia de Dios, o bien, se declarase ateo. En cierta ocasión, un rabino norteamericano le preguntó directamente si creía en Dios y esta fue su respuesta: “Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía de lo existente regida por leyes, no en un Dios que se ocupe de la suerte y de los actos de los hombres”. Es evidente, de que no cree en una religión moral como la que manifiesta tanto el Antiguo, como el Nuevo Testamento. Ni tampoco en un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, e incluso, en un Dios, que simplemente se ocupe del hombre y de sus necesidades. No cree en el Dios del arte Barroco, el mismo que aparece sobre las nubes rodeado de su corte de ángeles, imagen que tantas veces ha transmitido la Iglesia Católica sobre el Creador a lo largo de la historia.
     En 1931 se publicó en Nueva York el siguiente texto: “¿Qué sentido tiene nuestra vida, y cuál es el de la vida de los vivientes en general? Poder dar una respuesta a esta pregunta significa ser religioso. Tú preguntas si tiene algún sentido tal interrogante. Y yo respondo: quien encuentra carente de sentido su propia vida y la de sus hermanos, no solo es desgraciado, sino que apenas está capacitado para vivir”. Personalmente considero que estas palabras no dejan lugar a albergar la más mínima duda sobre la religiosidad del científico. Pero, ¿cuál es el Dios de Einstein? No es un Dios, evidentemente, antropomórfico, no es el Dios que el gran Miguel Ángel representa en el centro de la Capilla Sixtina: anciano, vigoroso, grueso y con una larga cabellera y barba blanca. Es un Dios cósmico, creador del Universo y sus leyes. Su religiosidad es cósmica, sin iglesias ni doctrinas teológicas; sin jerarquías ni sacerdotes. Su Dios, como vimos anteriormente, se revela todos los días en la armonía de las leyes del Universo y de la naturaleza en general. Por lo tanto, no es el azar, como veremos a continuación, el motor de toda la creación.
     En la década de 1920, la física experimentó un cambio radical con las teorías del alemán Heisenberg y el austríaco Schrödinger, por ejemplo. A partir de ahora, ya no se podrá precisar con absoluta certeza cómo se comportará una partícula (un fotón), como creía Einstein, habrá que conformarse con una probabilidad estadística, lo que rechazaba de plano nuestro protagonista. O sea, el determinismo de Einstein, que no dejaba nada al azar, y era la forma que tenía Dios de manifestarse, se encontraba en las antípodas del “Principio de incertidumbre” de Heisenberg y de otros científicos de su tiempo no deterministas, como es el caso de Max Born, al cual, el 4 de diciembre de 1936 Einstein escribió lo siguiente: “La mecánica cuántica es muy digna de atención. Pero una voz interior me dice que éste no es el verdadero Jacob. La teoría nos proporciona muchas cosas, pero difícilmente nos acerca al misterio del Anciano. En cualquier caso, yo estoy convencido de que Él no juega a los dados”*. En esta carta, Einstein pone de manifiesto su fe en Dios, sin el cual, le sería imposible probar la validez de su concepción del Universo y de las leyes de la naturaleza en general. Por último, para evitar malentendidos, Heisenberg y Schrödinger eran profundamente creyentes, como ellos mismos reiteraron en diversas ocasiones a lo largo de su vida, concretamente, el segundo de ellos se convirtió al catolicismo.
     Me ha parecido interesante la opinión del teólogo suizo Hans Küng, sobre el Dios de la Biblia y el Dios de Einstein, en especial, si solo deben de coexistir estas dos concepciones de la divinidad, o podemos establecer una relación entre ellas. Küng, se muestra partidario de la complementariedad entre ambas, es decir, no tienen por qué oponerse la concepción del Dios moral y el Dios cósmico. De esta manera, el conocimiento que podemos llegar a tener del creador del Universo aumentaría y se enriquecería, la coexistencia entre fe y ciencia no serían dos opciones antagónicas o distantes. Todo lo contrario; la una, se entendería mejor con la otra.
     Por último, merece la pena destacar unas palabras del físico que recoge Walter Isaacson en Einstein: His Life and Universe "No soy ateo y no pienso que pueda decir que soy panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas. La mente humana, no importa cuán altamente capacitada esté, no puede comprender el universo. Estamos en la posición de un niño pequeño, entrando en una enorme biblioteca cuyas paredes están cubiertas hasta el techo de libros en muchos idiomas diferentes. El niño sabe que alguien debió haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los que están escritos. El niño observa un plan definido en la organización de los libros, un orden misterioso, el cual, no se comprende; un orden misterioso que no entiende, pero apenas sospecha sutilmente. Esa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso de la más grande y la más culta, hacia Dios. Vemos un universo maravillosamente organizado, obedeciendo ciertas leyes, pero solo entendemos las leyes vagamente. Nuestras mentes limitadas no pueden escrutar la fuerza misteriosa que balancea las constelaciones" 
     Respecto a la segunda cuestión, no me extenderé mucho. Es cierto que algunos de sus célebres enunciados nos pueden llevar a concluir que simpatizaba con lo que hoy defienden muchos movimientos pacifistas. Su conocida frase: “No sé cómo será la III Guerra Mundial, pero sí la IV... con piedras y palos.” Es una clara advertencia del peligro que supondría para la humanidad una guerra global, especialmente, por el armamento nuclear que las grandes potencias estaban dispuestas a producir y a almacenar.
     Menos aún, debemos concluir que era un defensor de soluciones bélicas para que los países resolvieran sus diferencias. Tampoco es eso. Ahora bien, hace 75 años, concretamente el 9 de agosto de 1939, Albert Einstein redactó una carta en Long Island, ayudado por el judío húngaro Leó Szilárd, que envió a la Casa Blanca cuando su inquilino era Roosevelt. El contenido de dicho escrito, que reproduzco a continuación, no salió de la pluma de lo que actualmente entendemos por un pacifista. También hay que tener presente los tiempos convulsos que corrían, y que todavía hubiera sido peor que el régimen de Hitler se hiciese con la bomba atómica antes que los Aliados. Hay quién piensa que el contenido de esta misiva pudo cambiar el curso de la Historia.  En todo caso, que el posible lector juzgue y valore por sí mismo:

Carta de Einstein a Roosevelt

Albert Einstein
Old Grove Rd.
Nassau Point
Peconic, Long Island

2 de agosto de 1939

F. R. Roosevelt
President of the United States
White House
Washington, D.C.

Señor;
Algunos recientes trabajos de E. Fermi y L. Szilard, los cuales me han sido comunicados mediante manuscritos, me llevan a esperar, que en el futuro inmediato, el elemento uranio puede ser convertido en una nueva e importante fuente de energía.    Algunos aspectos de la situación que se han producido parecen requerir mucha atención y, si fuera necesario, inmediata acción de parte de la Administración.  Por ello creo que es mi deber llevar a su atención los siguientes hechos y recomendaciones.

En el curso de los últimos cuatro meses se ha hecho probable —a través del trabajo de Loiot en Francia así como también de Fermi y Szilard en Estados Unidos— que podría ser posible el iniciar una reacción nuclear en cadena en una gran masa de uranio, por medio de la cual se generarían enormes cantidades de potencia y grandes cantidades de nuevos elementos parecidos al uranio. Ahora parece casi seguro que esto podría ser logrado en el futuro inmediato.

Este nuevo fenómeno podría utilizado para la construcción de bombas, y es concebible —pienso que inevitable— que pueden ser construidas bombas de un nuevo tipo extremadamente poderosas. Una sola bomba de ese tipo, llevada por un barco y explotada en un puerto, podría muy bien destruir el puerto por completo, conjuntamente con el territorio que lo rodea.  Sin embargo, tales bombas podrían ser demasiado pesadas para ser transportadas por aire.

Los Estados Unidos tienen muy pocas minas de uranio, con vetas de poco valor y en cantidades moderadas. Hay muy buenas vetas en Canadá y en la ex-Checoslovaquia, mientras que la fuente más importante de uranio está en el Congo Belga.

En vista de esta situación usted podría considerar que es deseable tener algún tipo de contacto permanente entre la Administración y el grupo de físicos que están trabajando en reacciones en cadena en los Estados Unidos. Una forma posible de lograrlo podría ser comprometer en esta función a una persona de su entera confianza quien podría tal vez servir de manera extra oficial. Sus funciones serían las siguientes:

a) Estar en contacto con el Departamento de Gobierno, manteniéndolos informados de los próximos desarrollos, y hacer recomendaciones para las acciones de Gobierno, poniendo particular atención en los problemas de asegurar el suministro de mineral de uranio para los Estados Unidos.

b) Acelerar el trabajo experimental, que en estos momentos se efectúa con los presupuestos limitados de los laboratorios de las universidades, con el suministro de fondos. Si esos fondos fueran necesarios con contactos con personas privadas que estuvieran dispuestas a hacer contribuciones para esta causa, y tal vez obteniendo cooperación de laboratorios industriales que tuvieran el equipo necesario.

Tengo entendido que Alemania actualmente ha detenido la venta de uranio de las minas de Checoslovaquia, las cuales han sido tomadas.  Puede pensarse que Alemania ha hecho tan claras acciones, porque el hijo del Sub Secretario de Estado Alemán, von Weizacker, está asignado al Instituto Kaiser Wilheln de Berlín, donde algunos de los trabajos estadounidenses están siendo duplicados.

Su Seguro Servidor,
A. Einstein

*A la que Bohr contestó: “Einstein, deja de decirle a Dios lo que debe hacer”.
 
P.D.  La admiración de Einstein por Jesucristo es evidente, como podemos comprobar en este enlace.

2ªP.D. Después de las últimas informaciones que he podido recoger sobre las creencias religiosas del personaje, su dios era la naturaleza y, en consecuencia, ateo.

     R.R.C.

viernes, 2 de enero de 2015

El origen del Roscón de Reyes

                           
      En la Antigua Roma se celebraban unas fiestas que anunciaban el solsticio de invierno en el mes de diciembre, dedicadas al dios de la agricultura Saturno y conocidas como Saturnales, en las que se repartía entre los comensales una especie de tortas redondas con higos, dátiles y miel para endulzarlas; y con un haba seca en su interior. Al afortunado que le salía era nombrado rey de reyes por un día, o lo que se acordara previamente. En esta fiesta participaban también los esclavos, a los que se les recompensaba de esta manera el duro trabajo realizado en el campo hasta el comienzo del invierno. Sin embargo, el haba seca ha pasado de ser un premio a ser un castigo, ya que al desafortunado que le toque debe de pagar el roscón. La expresión insultante “tontolaba”* está directamente relacionada con la persona que ha tenido la mala suerte de encontrarla en su ración y, en otros casos, se ha sustituido por pequeños juguetes que los más jóvenes esperan encontrar en su interior.
    
     Antropólogos de prestigio se han ocupado de cómo ha ido evolucionando esta celebración en España, es el caso de Caro Baroja, que recoge una costumbre del siglo XIV en el Reino de Navarra, en la que se nombraba rey al niño que encontraba el haba seca, práctica que se ha mantenido hasta la actualidad. En Andalucía también se daba una costumbre similar. No obstante, en España, la generalización de celebrar la víspera de Reyes de la manera que lo hacemos, degustando un roscón con chocolate es una fiesta bastante reciente.
    
     Acerca del significado del roscón adornado habitualmente con trozos de fruta azucarada de distintos colores en su parte superior, es evidente que simboliza una corona real con las piedras preciosas que lleva, representadas en dichos trozos de fruta. Respecto al haba seca, en un principio allá por el siglo III, era un símbolo de prosperidad y fertilidad**, así que, el hecho de obtenerla era un indicio de comenzar el nuevo año con buen pie. Cuando desaparecieron estas fiestas paganas y fueron sustituidas por festividades cristianas, en este caso por la celebración del día de Reyes, se mantuvieron algunas tradiciones como la de la torta, que con el paso del tiempo se transformó en roscón, más parecido a una corona de rey.
     
     Bien, llegados a este punto, si nos encontramos en víspera de Reyes, lo mejor que podemos hacer es olvidarnos de todo lo anterior y degustar este famoso dulce, a ser posible, con chocolate espeso.

* Vendría a ser la apócope de “tonto del haba”.
**Aunque no creo que se pueda establecer una relación, precisamente, en la lengua del Antiguo Egipto, la palabra haba se transcribe como iur, que seguida del determinativo de una mujer sentada con el vientre abultado indicaba embarazo, sinónimo de fertilidad. La frase “me he tragado el haba” equivalía a decir: me he quedado embarazada.
Nota. Ya que nos acercamos a al 6 de enero, en el blog hay una entrada titulada: “La historia de los Reyes Magos”. Se puede utilizar el buscador que aparece en la parte derecha de la página.

     R.R.C.

domingo, 28 de diciembre de 2014

La Matanza de los Santos Inocentes


LA MATANZA DE LOS INOCENTES DEL BELÉN DE SALZILLO
     El día 28 de diciembre de cada año la Iglesia católica conmemora el día de Los Santos Inocentes, que tuvo lugar en la pequeña localidad de Belén de Judá en la época que nació Jesucristo, ordenada por el sanguinario rey Herodes el Grande, ante el temor de que allí hubiera nacido alguien que pudiese arrebatarle su trono. No lo consiguió, sin embargo, su hijo el rey Herodes Antipas más de treinta años después fue uno de los partícipes más activos en la crucifixión de Jesús de Nazaret.
     Es el evangelio atribuido a San Mateo, el que nos transmite en muy pocas palabras, concretamente en el capítulo 2, este brutal acontecimiento: “Entonces Herodes, viéndose burlado por los magos, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en sus términos de dos años para abajo, según el tiempo que con diligencia había inquirido de los magos”. Este breve pasaje es todo lo que tenemos dentro del Nuevo Testamento para reconstruir todo lo que ocurrió ese fatídico día. Los otros tres evangelistas guardan silencio, aunque realmente solo San Lucas debería de haber dicho algo, puesto que es el único junto con Mateo que habla de la infancia de Jesús, pues los otros dos comienzan sus Evangelios a partir de la actividad pública del Maestro. El relato aparece ampliado y ofreciendo más detalles en algunos de los evangelios apócrifos. Otros, prácticamente, no añaden nada sustancial, como el Evangelio de Nicodemo, por ejemplo. Además, nos encontramos con unos cincuenta comentarios y sermones de Padres de la Iglesia en los que aparece una breve explicación del pasaje del apóstol a partir del siglo II. En fin, toda esta información extrabíblica es muy tardía, de poca confianza y casi todos los historiadores actuales la omiten.
     Teniendo presente los criterios que sigue la crítica histórica moderna, y una vez descartadas las fuentes no canónicas, solo nos queda el testimonio de San Mateo, por lo que la mayoría de los historiadores no admiten este acontecimiento como un hecho histórico, aplicando el principio: de que una sola fuente no es suficiente para demostrar un hecho histórico, máxime, si se trata de un acontecimiento tan lejano en el tiempo. Podría mencionar numerosos historiadores de prestigio que no aceptan la matanza de niños como algo real, incluso exégetas bíblicos católicos que la cuestionan o simplemente la descartan. Otros, apuntan que el evangelista la confundió con algún suceso dramático llevado a cabo por Herodes, como fue la ejecución de dos de sus hijos, o de tantos otros, temeroso de que le quisieran arrebatar el trono. Hasta el propio Ratzinger que más tarde se convertiría en Benedicto XVI, en su famoso libro La infancia de Jesús, lo más que se atreve a confirmar es que la masacre en cuestión podría haber ocurrido, teniendo en cuenta la crueldad y la falta de escrúpulos que siempre demostró este gobernante. Y el hecho, de que solo contamos con un testimonio, no demuestra que no haya pasado, pero no se atreve a confirmar el episodio como histórico.
     Por supuesto que hay otros pensadores cristianos que no cuestionan el sacrificio de inocentes, y dan toda la credibilidad del mundo al evangelista y hacen una lectura literal del texto. Su argumento principal es, que un evangelio contenido en el Nuevo Testamento no puede mentir, ni equivocarse. Además, está en consonancia con la maldad probada por otras fuentes históricas del personaje, que no hubiese vacilado de ordenar esa masacre de tener el más mínimo indicio de que en la localidad de Belén, podría existir alguien que pusiera en riego su trono, por muy niño que fuera. Por otra parte, el hecho de que el principal historiador judío para este tiempo Flavio Josefo, que describe con todo género de detalles la vida y obra de Herodes al que detestaba, y nos transmita todas sus crueldades y asesinatos en su obra: Antigüedades judaicas, no diga nada de esta matanza de inocentes, no resta credibilidad al relato de Mateo. Ello se podría explicar, porque Josefo no le dio la relevancia suficiente para incluirlo en su texto, con muy despreciable e inadmisible que lo veamos hoy. Hay que tener en cuenta que la masacre, si se llevó a cabo, afectó a unos pocos niños hijos de pastores pobres, que para muchos escritores de entonces, incluido Josefo, no merecía la pena recoger en sus escritos, pues a pesar de que se ha magnificado el hecho por personajes cristianos que han llegado a decir que fueron miles los inocentes sacrificados, la cifra no hubiera pasado de veinte, o menos, si tenemos presente que Belén debía tener entre 500 y 1000 habitantes. Por lo tanto, el suceso, como dice Benedicto XVI y otros estudiosos neotestamentarios, no lo podemos descartar, aunque nos falten pruebas concluyentes.
     Habría que recordar que una matanza de niños no es la primera vez que se produce en el mundo de la Biblia. El Éxodo nos cuenta otra de mayores dimensiones que la que estamos tratando, cuando el faraón egipcio dio la orden de que fueran asesinados todos los niños varones que naciesen de judíos, por temor a que se reprodujeran tanto que pudiesen poner en peligro el poder establecido en Egipto. Este fue el motivo por el que los padres de Moisés decidieron abandonarlo en las aguas del Nilo, para intentar salvarlo, como así ocurrió siguiendo el relato del Antiguo Testamento. Ratzinger, en su libro ya mencionado, aclara, siguiendo las instrucciones de Moisés recogidas por Josefo, que realmente lo que se pretendía era eliminar la posibilidad de que naciese un niño, que una vez llegado a la edad adulta engrandecería a su pueblo y derrotaría a los egipcios. Al igual que José fue advertido en sueños por Dios para que llevase a su hijo a Egipto y liberarlo así de la ira de Herodes; al padre de Moisés también se le habría aparecido en forma de ángel en un sueño para avisarlo de las intenciones del faraón. Bien, en este relato nos encontramos con el mismo problema que ya vimos, solo tenemos la Biblia para corroborarlo, y ya sabemos lo que opina la crítica histórica moderna.
     No resulta extraño que Mateo retome este asunto cuando recoge el texto de Oseas, un profeta del Antiguo Testamento que dice: “De Egipto llamé a mi hijo”, es decir, cuando Jesús es llevado a Egipto por su padre terrenal huyendo de Herodes, dio cumplimiento a la profecía bíblica que anunciaba que ese niño que acababa de nacer era el verdadero hijo de Dios. Para finalizar esta cuestión y remarcar aún más que se estaban cumpliendo profecías anunciadas por profetas del Antiguo Testamento dice: “Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada, porque no existen”  (Jeremías, cap. 31 v. 15). Se refiere a Raquel* esposa de Jacob y madre de José y Benjamín, que está enterrada cerca de Belén, por lo que el evangelista la trae a colación, pues al igual que ella perdió a sus hijos cuando parten al cautiverio, las madres de Belén perdieron a los suyos causándole el mismo dolor que, según Ratzinger, solo Dios puede corregir con la resurrección.
     Para la Iglesia católica estos niños sacrificados en Belén son los primeros cristianos y santos de la historia, al igual que sus madres, que se resistieron con todas sus fuerzas para impedirlo. Pese a no estar bautizados, requisito indispensable para alcanzar la santidad, podríamos decir que recibieron un bautizo de sangre. Ha sido un tema muy recurrente en la Historia del Arte tanto en pintura como en escultura, los niños y sus madres pueden aparecer con nimbo (aureola de santidad).

*Erigida en representante de todas las madres de Israel, cuando éstas ven marchar a sus hijos al cautiverio de Babilonia impuesto por Nabucodonosor, tras la conquista de Jerusalén en el 583 antes de J.C. Su marido Jacob también se le conoce con el nombre de Israel, padre de los doce hijos que dan nombre a las doce tribus israelitas.
Nota. Para que quede claro: con las pruebas que tenemos de la matanza de niños en Belén cuando nació Jesús, un juez de hoy, declararía a Herodes no culpable de estas muertes, lo cual no quiere decir que sea inocente. También sabemos con certeza que no tenía escrúpulos, era un asesino y un canalla. Sin embargo, desde el punto de vista económico, no lo hizo mal.

       R.R.C.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Cuándo nació Jesucristo?

   
     Han sido muchas las críticas e incluso burlas que se han hecho de la religión cristiana por no poder ofrecer una fecha concreta sobre el nacimiento de su fundador. Ni los primeros cristianos lo sabían, ni los actuales tampoco, ya que los documentos de los que disponemos, especialmente los evangelios canónicos, no lo dicen. Además, solo los atribuidos a Mateo y Lucas hablan de su nacimiento e infancia brevemente, mientras que los otros dos guardan silencio. Más que en el año del nacimiento, en esta entrada me centraré en el día de la natividad de Cristo. No obstante, sobre la primera cuestión tampoco sabemos nada, e incluso es contradictorio lo que podemos deducir de los dos evangelios citados, pues mientras Mateo confirma que Herodes estaba vivo cuando se produjo el nacimiento de Jesús, y sabemos que este rey muere el año 4 antes de J.C., podemos deducir que, al menos, nació 4 años antes de lo que se dice. Pero si nos atenemos a lo que escribe Lucas, tendríamos que situar el alumbramiento en el año 7 después de J.C., ya que nos habla de un censo que realizaron los romanos ordenado por  Octavio Augusto, siendo gobernador de Siria Cirino, y que podemos situar en esta fecha según el historiador judío Flavio Josefo. Fue este el motivo, siguiendo a Lucas, por el que la Virgen y San José se trasladaron a Belén para inscribirse. En esta pequeña localidad se le cumplieron los días a María, dando a luz al niño Jesús. El motivo de situar el nacimiento de Cristo en el año 1 de nuestro calendario, se debió a un error cometido en el año 525 por el monje Dionisio el Exiguo, que realizó los cálculos para pasar del calendario romano al cristiano, es decir, comenzar a contar los años desde el nacimiento de Cristo y no desde la fundación de Roma. En otra entrada de este blog, titulada: “El calendario Gregoriano: nuestro calendario” se tratan asuntos relacionados con este tema.
  
     Respecto al día de la natividad, estamos tan perdidos como en el año, aún tenemos menos información si cabe. Lucas habla de que había pastores en el campo durmiendo al raso y que fueron los primeros en ir a adorarle, lo que descartaría una fecha invernal. Por otra parte, los romanos no iban a escoger los días de inviern que eran los más cortos, fríos y desapacibles del año para celebrar un censo, en el que la gente se tenía que desplazar con sus escasos medios para ir a apuntarse. La primavera y el verano parecen fechas más convenientes. Por lo tanto, el 25 de diciembre no tiene una base histórica. No obstante, los primeros cristianos no mostraron una gran preocupación por esta cuestión, pues lo que más les interesaba a ellos eran las enseñanzas de su Maestro y, sobre todo, su muerte, pasión y posterior resurrección.
  
      En los siglos II y III se propusieron diversos momentos para celebrar el nacimiento del Salvador, pero no fue hasta la primera mitad del siglo IV cuando aparece la fecha que celebramos en la actualidad. ¿Qué les llevó a los cristianos a proponer el 25 de diciembre cómo el día del nacimiento de Jesús? También se ha discutido hasta la saciedad esta cuestión. La respuesta más repetida es que tomaron una festividad pagana muy arraigada en el Imperio romano, pues se celebraba el culto al Sol Invicto, o el culto al dios Mitra que era una antigua divinidad irania que se identificaba con el Sol, y sus seguidores lo recordaban en el solsticio de invierno (que los romanos celebraban el 25 de diciembre desde el 45* a. C.), en el que los días empezaban a ganarle terreno a las noches. Por lo tanto, a los cristianos se les ha acusado de apropiarse de una fiesta que no era la suya y de la consiguiente falta de originalidad, ya que se limitaron a dotar de un nuevo significado a una festividad romana perfectamente arraigada.
 
      Sigamos. ¿Podrían ser otros motivos los que llevaron a estos primeros cristianos a escoger este día para el nacimiento de su Señor? Es presumible. Había una creencia generalizada en el mundo judío de esta época que pasó a los cristianos de los siglos II y III que, en esencia, suponían que la concepción de los grandes profetas tuvo lugar el mismo día del año en el que morían, es decir, que si Jesucristo fue crucificado el 25 de marzo, como pensaban los cristianos occidentales, ese fue el día de su concepción, luego nació nueve meses más tarde, lo que nos lleva directamente al 25 de diciembre**. Mientras que en la parte oriental del Imperio sostenían que fue el 6 de abril cuando fue crucificado, lo que les condujo al 6 de enero para celebrar la Navidad. Con el paso del tiempo esta última fecha cayó en desuso y se impuso el 25 de diciembre. A pesar de ello, todavía hoy, los cristianos armenios celebran la natividad el 6 de enero, pero el mundo cristiano en general estableció el 25 de diciembre como el día de Navidad y el 6 de enero lo reservó para la Adoración de los Reyes (el comienzo de la Epifanía).
  
     Hay quién ha propuesto que la fiesta pagana del Sol Invicto que se asociaba al solsticio de invierno no se estableció hasta el 274 por el emperador Aureliano, cuando ya rondaba la idea entre los cristianos expuesta en el párrafo anterior. Sí fue así, la cuestión fue al revés de lo que habitualmente se ha sostenido, o sea, se trató de dar un sentido pagano a una celebración cristiana, en unos momentos en los que se trataba de afianzar al máximo la religión romana. En esta suposición, con bastantes visos de ser cierta, fueron los paganos los que utilizaron una festividad cristiana en su beneficio, y no al contrario, como se creía y se sigue manteniendo hasta hoy. No obstante, no fue hasta el bien entrado el siglo IV (como ya se ha apuntado) cuando el papa Julio I establece la Navidad el 25 de diciembre. Y habrá que esperar hasta la Nochebuena de 1223 para que San Francisco de Asís represente el primer Belén.

     Siguiendo al teólogo suizo Hans Küng, carece de importancia que no sepamos precisar la cronología de Jesús con exactitud, que no podamos saber si su predicación duró tres años, uno, o unos pocos y dramáticos meses en Galilea y solo al final en Jerusalén. Lo sorprendente, es que haya modificado el curso de la historia hasta el punto de comenzar a computar los años a partir de Él. Hoy 24 de diciembre escribo esta entrada en el blog. Ahora, a celebrar Nochebuena y mañana Navidad.

*Impuesto por Julio César.

**Esta tesis fue desarrollada por primera vez en la década de 1920 por Louis Marie Olivier Duchesne, filólogo y gran experto en cristianismo primitivo. Anteriormente, el escritor romano Sexto Julio Africano***, unos 50 años antes que Aureliano proclamase la festividad del Sol Invicto, expuso en su obra Χpοvογραφίαι que la encarnación de Cristo tuvo lugar un 25 de marzo, lo que nos llevaría al 25 de diciembre la Natividad si aplicamos el criterio antes mostrado.

***Nacido alrededor del 165 y fallecido en el 240. 

P.D. (Añadida el 31 de diciembre de 2015). Me ha parecido interesante incluir en esta entrada la opinión del físico de la Universidad de Cambridge, Colin Humphreys, quién afirma en un artículo publicado en 1991 en la revista científica Quarterly Journal of the Royal Astronomical Society, Humphreys, que un cometa observado durante 70 días en el año 5 antes de J.C. pudo ser la estrella a la que se refiere el evangelio de Mateo, basándose en anotaciones astronómicas de las antiguas civilizaciones chinas; y sugiere: que Jesús habría nacido entre el 9 de marzo y el 4 de mayo, lógicamente, del año 5 antes de nuestra era cristiana.
     R.R.C.
NOTA: Foto y Nacimiento del autor

martes, 16 de diciembre de 2014

Estela funeraria de Hegeso

     Mira por última vez las joyas que no se podrá llevar con ella a la otra vida, un collar que sostiene con su mano derecha capta su atención, un profundo sentimiento de melancolía recorre todo su cuerpo, pero no por la alhaja en sí, sino por los recuerdos que ésta le evoca. En esta escena las joyas no tienen un valor material, como en tantas otras ocasiones en la vida de una mujer, son momentos del pasado, rememoraciones, vivencias, sentimientos encontrados en multitud de circunstancias, en fin, la vida misma. En una de las salas, por cierto, no de las más concurridas del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, se encuentra expuesta entre otras muchas estelas funerarias, esta lápida monumental de la bella Hegeso, fechada hacia finales del siglo V antes de J.C. en pleno clasicismo griego. Las otras losas de piedra que le acompañan también muestran relieves de gente joven, bien porque morían a edades tempranas, bien porque preferían la juventud del personaje para que le acompañara en su última morada.
     La escena representa el momento en el que una esclava de pie, en su función de doncella, le muestra el joyero a su dueña que aparece sentada en una elegante silla. El relieve es de tal belleza, que en un primer momento nos pasa casi desapercibida la diferencia de tamaño entre las dos mujeres, piensen por un momento que si la señora se parase, la diferencia de altura entre ellas sería desmesurada, máxime, si tenemos en cuenta que en el arte griego, el hombre aparece representado con los mismos cánones independientemente de su importancia social, e incluso a los dioses se les representa con mediadas humanas, es decir, un rey o un dios no necesita aparecer como un superhombre. La sofrosine, así es como llamaban los griegos a la plasmación de la belleza física y el equilibrio espiritual, aparece muy bien reflejada en ambos personajes, complementada por la unidad psicológica que transmiten las dos. Otra cuestión a tener en cuenta en esta hermosa escena es el tratamiento que el artista concede a las telas y cómo se adhieren a los cuerpos, especialmente al de la señora sentada, que al unirse a su figura dibujan su anatomía, pues el mármol se vuelve transparente y podemos ver sus contornos. Esta técnica se le conoce con el nombre de “paños mojados”, ya que recuerda a un tejido húmedo pegado al cuerpo, desarrollada por el gran escultor Fidias en este mismo siglo.
     De autor desconocido, emplea el mármol para la realización de este bello relieve de  un metro y medio de altura, para representar una escena de la vida cotidiana, con una elegancia y destreza técnica insuperables. El momento lo sitúa dentro de un espacio arquitectónico. También cuida al máximo el detalle, como podemos comprobar en la ya mencionada silla en la que aparece sentada el personaje principal y en el escabel donde reposan sus pies. Hay que recordar, que durante la segunda mitad del siglo V antes de J.C., Atenas se convirtió en el centro de producción de lápidas como la que estamos describiendo, para la gente que tenía el poder adquisitivo suficiente que le permitiese adquirir alguna de ellas.
      R.R.C.
NOTA: FOTO DEL AUTOR

sábado, 13 de diciembre de 2014

El rey Horus Escorpión II


    Perteneciente a la poco conocida Dinastía 0, Horus Escorpión II (hor Serq) vivió hacia el 3200 antes de J.C. Llegó a gobernar parte importante del Antiguo Egipto, y es posible, que se encuentre enterrado en la tumba B50  en la necrópolis de Abidos, 480 km. al sur de El Cairo, más exactamente en Umm el-Qaab, que significa “La madre de las vasijas”, por la enorme cantidad de trozos de cerámica encontrados en este lugar. El arqueólogo alemán Günther Dreyer descubrió en la tumba de este soberano unas 300 vasijas y tablillas de barro, datadas en la segunda mitad del IV milenio antes de Cristo, con signos jeroglíficos grabados, o dibujados con pintura, que podrían ser considerados como el origen de esta bella escritura (la jeroglífica), que se desarrollará en Egipto durante los siguientes casi 4000 años. Estas piezas nos informan de los impuestos que cobraba el rey a su pueblo en especie (aceite, lino, etc.) y la ciudad de donde procedían. La tumba, reproduce su propio palacio, ya que creía que la necesitaría en la otra vida posterior a la muerte, por lo que depositaron en ella todos los bienes materiales necesarios para esta segunda y definitiva existencia.

    El rey Escorpión fue el predecesor del monarca Narmer, fundador de la I dinastía y unificador del Alto y Bajo Egipto, por lo que lo podríamos considerar el primer faraón. El museo Ashmolean de Oxford expone en sus vitrinas una cabeza de maza de piedra caliza de carácter ceremonial hallada tan solo a nueve metros de la famosa paleta de Narmer, de la que ya hay una entrada en este blog. En la maza, del tamaño de un balón de baloncesto y unos 9 kg de peso, aparece una enorme figura del rey portando la corona blanca del Alto Egipto y con rabo de toro (atributo utilizado por los faraones), junto con un escorpión, y sobre él, una flor de siete pétalos como un rosetón. Ambos dibujos, a modo de jeroglífico, en bajo relieve y frente al monarca, los podríamos interpretar como “Rey Escorpión”. En la parte superior, encontramos aves colgando de postes que simbolizan los pueblos sometidos por este monarca.  También aparece con una azada en sus manos, que evidencia una escena alegórica, la cual podría estar relacionada con la apertura de muros como consecuencia de las inundaciones periódicas del Nilo, o bien, con la realización del primer surco en las tierras de labor.
     En definitiva, Escorpión fue el precursor de la unificación del país que culminaría su sucesor Narmer, por lo que tuvo que enfrentarse con fuerzas que pretendían el caos y el desorden. Gobernó en un momento de prosperidad y riqueza en Egipto. Desarrolló la escritura por primera vez en la historia, tan importante para la organización y el progreso. El arte experimentó un gran desarrollo y fue un gran constructor de palacios y templos. Llevó el agua a la tierra, tan necesaria en una zona desértica como ésta. Por último, abrió rutas comerciales nuevas por Asia, llegando incluso, hasta el lejano Afganistán.

NOTA: La conocida película estadounidense titulada “El rey Escorpión” no tiene nada que ver con la verdadera historia de este monarca del Antiguo Egipto. Por otra parte, algo habitual en las películas de Hollywood que tratan sobre temas del pasado.
     R.R.C. 
NOTA II: FOTOS DEL AUTOR.