viernes, 15 de agosto de 2014

La casa de la Virgen en Éfeso

     Hoy 15 de agosto, tanto  la Iglesia católica como la ortodoxa celebran la Asunción de la Virgen. Me gustaría recordar que cerca de la antigua ciudad romana de Éfeso, en la actual Turquía, rodeada de un entorno natural maravilloso, se encuentra una pequeña construcción realizada en piedra y con tan sólo dos habitáculos, conocida como la Casa de la Virgen María, que según algunas tradiciones* la habitó desde la muerte de su hijo en la cruz en Jerusalén, hasta el momento de la suya propia, y desde allí, tuvo lugar su Asunción al Cielo (para la Iglesia ortodoxa). En la actualidad es un lugar de peregrinación tanto para católicos como para musulmanes, según nos informó la guía que nos la mostró en las dos ocasiones que la he visitado, con detalladas explicaciones.
     Juan el Evangelista fue quien recibió el encargo del propio Jesús, cuando se encontraba al pie de la cruz de cuidar de su madre la Virgen María. A ella la dejó en una pequeña vivienda en las afueras de la ciudad romana, al cuidado de algunas personas de confianza para garantizar su seguridad y evitar  agresiones, que ya desde los primeros momentos tuvieron que sufrir los cristianos. Él abandonó Éfeso y se trasladó a la cercana isla de Patmos, para poder visitarla en alguna ocasión, y fue precisamente aquí, donde escribió el Apocalipsis.
     Pero lo más sorprendente de esta historia, es como se llegó al descubrimiento de este lugar como residencia de la Virgen. Fue una monja alemana que jamás había visitado esta zona, llamada Ana Catalina Emmerick (1774-1824) que confesaba tener visiones, entre ellas, la existencia de este lugar con una construcción de plano rectangular, que presentaba una parte semicircular en uno de sus lados, cercano a un arroyo con vistas al mar y a la ciudad de Éfeso, aunque en la actualidad no tiene estas vistas. Fueron los sacerdotes Joulin y Jung del colegio francés de Esmirna, los que descubrieron a finales del  XIX los restos que había, después de leer a la mística. La pequeña estructura que encontraron era bastante posterior a la época de la Virgen, probablemente de los siglos IV al VII, y podrían corresponderse con una antigua iglesia, pero también se observaron vestigios que pertenecían al siglo I de nuestra era.
     Lo que actualmente vemos en este sitio es una reconstrucción en piedra con forma de L, llevada a cabo hace unos sesenta y cinco años. Una línea roja nos indica la parte encontrada del edificio y la parte restaurada. Ni que decir tiene, que prácticamente toda la casita está recompuesta. Además, son varios los papas que la han visitado y ha sido declarada por la Iglesia católica lugar de culto y peregrinación. No obstante, oficialmente no se ha pronunciado sobre la veracidad de la construcción.
*Otras prolongan la vida de la Virgen en Jerusalén, donde también podemos ver el lugar en el que yacieron sus restos mortales antes de la Asunción al Cielo.
     R.R.C.

Nota: Fotos del autor.        

jueves, 14 de agosto de 2014

La Gioconda

     De 63 kilos de peso, 1.68 cm de altura y 24 años de edad, Lisa Gherardini esposa del comerciante Francesco del Giocondo, nació el 15 de junio de 1479  y murió el 15 de julio de 1542 a los 63 años en un convento de Florencia, en el que ingresó 4 años después de quedar viuda. Aunque no hay pruebas, se ha escrito que el retrato pudo ser un regalo de este señor a su mujer por su segundo embarazo.
     Es el retrato femenino más famoso del Mundo, conocido por “La Gioconda”, se conserva en el Museo del Louvre en París. Es un óleo sobre tabla (de 77X53 cm)  pintado en Florencia entre 1503 y 1506 por Leonardo da Vinci en pleno Renacimiento italiano. En un primer momento fue colocado en el cuarto de baño de Francisco I de Francia, amigo personal del autor.
     A pesar de lo expuesto, hay muchas hipótesis sobre la identidad del personaje que aparece en la pintura, desde que es una mujer imaginaria, y por lo tanto no se trataría de un retrato, a que es la versión femenina del propio Leonardo travestido. Freud padre del psicoanálisis sugirió que la Gioconda reflejaba una preocupante masculinidad. De los innumerables estudios a los que ha sido sometida, se han llegado a conclusiones de todo tipo, por ejemplo, un doctor de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que la modelo tenía bruxismo (rechinar de dientes), alopecia y principios de Parkinson. Un software especializado en medición de emociones reveló que Mona Lisa está en un 83% feliz, un 9% disgustada, un 6% temerosa y un 2% enfadada.
     Centrándonos en el cuadro, las manos sobre el vientre han hecho pensar que se encontraba embarazada, otros investigadores como el profesor de la Universidad de Londres Donald Sassoon no lo cree así. El velo de gasa fina y transparente enganchado al cuello de la blusa, era una prenda típica de las mujeres en dicho estado, también lleva un bonete que apenas se aprecia. Aparece sentada en un sillón frente a una galería de arquillos y columnillas. Si nos fijamos bien en su rostro pronto observamos que carece de cejas y pestañas, no obstante, Vasari, célebre personaje italiano del siglo XVI, dice que tenía cejas, pero las pudo perder en una restauración posterior; a este respecto, si tenemos en cuenta el reciente descubrimiento de que, la copia de la Gioconda que se conservaba en los fondos del Museo de Prado, se realizó a la misma vez y en el mismo estudio que la original, por un discípulo de Leonardo y ésta si tiene cejas, podemos suponer que Vasari tenía razón. La luz destaca las manos y el rostro y acentúa las calidades táctiles de las telas, mientras que el paisaje serpenteante y acuoso aleja la mirada del espectador creando un gran sentido de la profundidad (perspectiva aérea, que es uno de los grandes logros del Renacimiento). El fondo pueden ser los Alpes vistos desde las proximidades de Milán.
     En adelante seguiré las opiniones  que Ernst Gombrich, uno de los más destacados historiadores del arte expone en una de sus obras más representativas. Lo que primero nos sorprende es que Mona Lisa parece vivir. Parece que nos observa y piensa por ella misma, da la sensación que cambia cada vez que nos volvemos a mirarla. Unas veces parece reírse de nosotros, otras, nos sugiere cierta amargura en su sonrisa, (para Donald Sassoon está claro que sonríe, pero no sabemos de qué). El autor pensó como conseguir este aire de misterio que envuelve todo el cuadro y qué medios emplear. Para lo cual, el pintor debía de dejar al espectador algo que adivinar. Si los contornos no estaban claramente delimitados, si las formas se dejaban con cierta vaguedad desapareciendo en la penumbra, los colores suavizados, unas sombras se funden con otras... Todo ello deja libre nuestra imaginación.
      Cualquier pintor sabe que a la hora de dibujar un rostro, lo que llamamos expresión, radica sobre todo en las comisuras de los labios y en las puntas de los ojos, justo lo que Leonardo deja en lo incierto. Además, si nos fijamos  bien en el espléndido paisaje que aparece en el fondo del cuadro, los dos lados no coinciden entre sí. La parte izquierda se encuentra más alta que la derecha. Si miramos sobre el lado izquierdo, Mona Lisa nos parece más erguida que si tomamos como referencia el otro lado. Su rostro no es ajeno a este cambio de posición, que dicho sea de paso, las dos partes de su cara no se corresponden con exactitud. Todos estos recursos, magistralmente empleados, contribuyen al aire de misterio de ésta y otras obras del autor.

      R.R.C.    

jueves, 7 de agosto de 2014

CARTUCHOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS

      En esta ocasión trato de juntar en un único apartado escritos anteriores y añadir algunas cuestiones nuevas: 

El marcado como nº 1 es el cartucho que recoge el nombre de nacimiento de Tutankamón. En la parte central aparece un polluelo de codorniz entre dos pequeños semicírculos que fonéticamente se leen como una “t”, mientras que el ave suena como una “u”, luego leeríamos “tut” que podríamos traducir como: símbolo. En la parte inferior nos encontramos con tres signos: el primero de ellos representa tres sonidos, por lo tanto, trilítero, me refiero a la famosa cruz ansada egipcia que suena “anj” y hace alusión a la vida, acompañada en este caso por los signos unilíteros de la línea quebrada que suena como “n” y el que debería ser un círculo con bandas horizontales equivalente a nuestra “j”. Es evidente que ambos actúan como redundancia de la cruz egipcia, así pues, los tres juntos los leemos: “anj”. En la parte superior vemos el junco en flor: i; el ya explicado semicírculo y línea quebrada, que leeríamos como: iten, es decir, Atón. Además, del disco solar vuelve a incidir en ello, o sea, Atón. En definitiva, en jeroglífico se transcribe como: Tutanjatón, que podríamos traducir como “El símbolo vivo de Atón”.

     Es necesario tener en cuenta, que este fue el primer nombre de cuna de este faraón, ya que cuando nació estaba institucionalizado en Egipto el dios Atón (el culto al Sol), por su padre Akenatón, pero al morir, se vuelve al antiguo politeísmo oficial que tanto beneficiaba y añoraba el poderoso clero de tebano. El culto al único dios Atón, sería sustituido por el culto a Amón y demás dioses. No obstante, como vemos en objetos de su tumba, se mantuvo este primer cartucho, pero pronto fue sustituido por otro que, como diríamos ahora, fuera más políticamente correcto: Tutankatón se convirtió Tutankamón, como veremos a continuación.

El marcado como nº 2 es el cartucho que recoge el Nombre de Trono de Tutankamón, en el cual, destaca el escarabajo típico egipcio que podemos traducir como “manifestación”, heper en jeroglífico. Debajo de él aparecen tres pequeños trazos que indican que el término anterior hay que leerlo en plural. A continuación, vemos una especie de cuenco o cesta que traducimos como: señor, neb en su idioma. Y en la parte superior, el disco solar que asociaban al dios Ra. Por lo tanto, la traducción es: “El señor de las manifestaciones es Ra”. En el egipcio medio clásico el artículo no se utiliza. En este idioma, dependiendo del contexto, hay que presuponer palabras en muchas ocasiones para dotarlo de sentido. Por ejemplo, el verbo ser no aparece, pero ateniéndonos al entorno hay que incluirlo en la traducción.       
Los marcados como nº 3 y 4 me parece interesante fijarnos en el bonito cartucho real que lleva el nombre de la esposa preferida de Ramsés II que aparece dibujado en las paredes de su tumba. Sobre su frente, y a la altura de las dos plumas largas que la propia Nefertari porta sobre su cabeza, con el disco solar incluido en la base de las mismas, podemos observar los siguientes signos: en primer lugar y en la parte superior un buitre, que podemos identificar con la diosa Mut “La Madre”, que en jeroglífico se la representa con un buitre que se transcribe -Mwt- seguido de una semiesfera  -t- (que en este caso actúa como redundante). La diosa aparece en primer lugar, por respeto, aunque luego se lea la última. Debajo y de izquierda a derecha vemos una especie de instrumento musical, aunque en realidad es una tráquea, que es un signo trilítero y se lee – NeFeR- (la letra e minúscula se añade por convención, para poder leer tres consonantes juntas), seguida de una caña en flor que podemos transcribir como i latina. A continuación aparecen tres signos que habría que leer de arriba abajo: un semicírculo  -t- , una especie de boca medio abierta  -r- y  dos trazos verticales que vendrían a ser una i larga  -ii- , o -y-. En la parte inferior del cartucho observamos una línea quebrada que se transcribe como - n - (se pronunciaría en), una especie de rectángulo -mr- (1) y por último, otro semicírculo, que ya sabemos que se transcribe como - t - e indica el género femenino, que la inscripción se refiere a una mujer. Juntando todo lo anterior podría quedar como sigue: Nefritry Mwt n mr t. Traducido al castellano: “La bellísima amada de Mut”, o bien “Nefertari amada de (en) Mut.
      En otros cartuchos, como podemos observar en la otra imagen, en lugar de ese rectángulo que se transcribe como  -mr- aparece un signo con forma de azada o arado, que tiene el mismo significado: amar y se transcribe igual.
El marcado como nº 5 podemos leer el nombre de Senebkay, precedido por el disco solar (Ra) y la figura del famoso pato egipcio (que se lee sa) y se traduce como hijo. Luego el faraón, es el hijo de Ra (el Sol). Seneb, significa saludable en español y el Ka para los egipcios, era el espíritu. Los dos juncos en flor que aparecen al final (se leen como y), los  podríamos interpretar como él de… Si unimos todo lo anterior, concluimos que el nombre de Senebkay  significa: “El de espíritu saludable” el Hijo de Ra.
El marcado como nº 6 El nombre de trono (Nesut Bity) de este faraón, ahí va: Aajeperra setepenamon, que se podría traducir como: Grande es la manifestación de Ra, elegido de Amón. Más conocido por su nombre griego Psusennes I. En el cartucho real que se inscribe el verbo ser no aparece, o sea, ateniéndonos al contexto hay que incluirlo en la traducción. Advertimos el disco solar (Ra); seguido de un signo que representa una columna (aa), que en este caso debemos descifrar como grande; el famoso escarabajo egipcio (jeper) que significa: manifestación; después observamos la divinidad con dos plumas altas, cetro y barba (Amón) y una línea quebrada (n) que actúa como genitivo indirecto e interpretamos como de; y termina con la representación de una azuela con taco de madera (setepe), abreviatura de: elegido. Para concluir, tan solo señalar que el término faraón procede del griego, por lo tanto, no es así como llamaban a sus reyes en Egipto. En jeroglífico, se escribía con un rectángulo abierto por la parte inferior que podríamos transcribir como per; más el signo que representaba una columna: aa, es decir, la palabra faraón en jeroglífico sería: Per-aa.
El marcado como nº 7 Debemos empezar a leer por esa gran figura central que consiste en un pato volando con cola larga. Aunque en otras ocasiones hace referencia a volar, cuando tiene un valor figurativo, en este caso se emplea como artículo definido y lo podríamos traducir por: la y sonaría Pa. En este caso, la estrella de cinco puntas que aparece a su izquierda sí tiene un valor figurativo y representa al mismo astro con sonido seba. El pequeño montículo con Sol naciente significa aparece y suena ja. La línea quebrada inferior la podríamos pronunciar y traducir por en. El círculo con la equis en su interior significa ciudad y suena niut. A la derecha y en la parte superior del cartucho, nos encontramos con el nombre de la divinidad Amón, representado por el junco en flor (que recuerda una pluma), el tablero con siete fichas y la línea quebrada, obtendríamos el sonido imen. Por último, la azada inferior es el verbo amar, que leeríamos mer y traducimos por: amado. Luego, ya tenemos concluido, tanto su pronunciación jeroglífica: Pasebajaenniut merimen ¡vaya con el nombrecito! Como su traducción al español: “La estrella que aparece en la ciudad, amado de Amón”. Este sería el nombre de cuna del soberano, conocido como Sa Ra. Además, contaba con otros cuatro nombres, entre ellos el Nombre de Horus (no lo hemos tratado aquí), que hace alusión a la ciudad egipcia de Tebas y que en jeroglífico se pronuncia: Uaset. En consecuencia, podemos suponer que la ciudad a la que se refiere su nombre de cuna es a la capital del Alto Egipto y que hoy día se conoce como Luxor. Ah, se me olvidaba, su nombre griego por el que se conoce a este faraón, ya mencionado, es Psusennes I, o el faraón de plata, por preferir este material en la elaboración de su sarcófago.
Los marcados como nº 8 y 9 su Nombre de Trono (Nesut Bity) lo vemos en el jeroglífico vertical de la izquierda: Rey del Alto -junco- y Bajo Egipto -abeja- y traducido como: "El señor de las manifestaciones es Ra", ya aclarado cuando abordé el segundo cartucho. Luego el faraón era el Rey del Alto y Bajo Egipto, según nos indican los signos superiores que acompañan al cartucho.
      Tutankamón (Hijo -pato- de Ra -círculo- “El símbolo vivo de Amón, gobernante de Heliópolis del Sur”, es decir, la antigua Tebas, tal y como aparece en el cartucho de la derecha). El signo que recuerda al báculo de los obispos se lee “Heqa” y se traduce por gobernar, mientras que los dos que le siguen hacen referencia a la ciudad mencionada: el signo con forma de pilar se lee “iunus”, y es así como llamaban a la ciudad de Heliópolis en el Bajo Egipto, pero como aparece seguida del junco del desierto que hace referencia al Alto Egipto y suena “hema”, juntando los tres signos se pronunciarían en jeroglífico: “Heqaiunushema” , que traducido sería: gobernante de Heliópolis del Sur, localidad próxima a la ciudad de Tebas y por extensión, a ella misma. La parte intermedia del cartucho ya está explicada en el primero que he comentado. En cuanto a la parte superior, aparece el junco en flor (i), un tablero con fichas, que es un signo bilítero y se transcribe “mn” y la línea quebrada que es redundante “n”. Se lee “imen” y se traduce por: Amón. Éste era, lo que podríamos llamar, su Nombre de Nacimiento (Sa Ra).
El marcado como nº 10 es otro bonito cartucho que contiene el nombre de un faraón. En lo alto del mismo aparece el disco solar en referencia al dios RA, con el borde de oro y con una cornalina redonda incrustada. A continuación muestra un signo jeroglífico bilítero, o sea, que equivale a dos sonidos: JA, y consiste en el disco solar asomando tras una colina. En este caso se podría traducir como: “aparece”. Cornalina y turquesa principalmente ocupan el espacio interior que deja el bisel de oro. Por último, nos encontramos con el famoso escarabajo pelotero egipcio, con su precisa silueta áurea y colmada con una magnífica pieza de lapislázuli elaborada al efecto. Como signo trilítero sonaría JePeR (JPR, introducimos la vocal e para su pronunciación) y se traduce por: “manifestación”. Luego, el cartucho en su conjunto lo leeríamos: Jajeperra (aunque el nombre del dios aparece en primer lugar, por respeto, por ser una divinidad, se lee el último). “Aparece la manifestación de Ra” sería su traducción al español y el nombre griego por el que se le conoce a este faraón es: Sesostris II.
El marcado con el nº 11 es el Nombre de Trono, ya explicado anteriormente, o Nesut Bitty del faraón más conocido como Sesostris I. En la parte inferior vemos dos brazos alzados que los egipcios identificaban con el “Ka”, es decir, el alma, o el espíritu, que diríamos nosotros. En el centro, el famoso e inconfundible Scarabaeus sacer, que ya sabemos cómo se lee y qué significa. Y en la parte superior el disco solar que llamamos “Ra”. Luego su nombre en jeroglífico sería: Jeperkara y traducido: “El espíritu de Ra se manifiesta”.
El marcado con el nº 12 es el Nombre de trono de Tutmosis II. En la base tenemos la conocida línea quebrada que suena como: “n” y que actúa como un genitivo indirecto,  por lo tanto, lo interpretamos como una preposición (de), y el ya consabido escarabajo. Una columna horizontal que pronunciamos como: “aa” y en este caso significa grande. Por último, el disco solar: Re, o Ra. En jeroglífico se escribe: Aajeperenra, y traducido: “La manifestación de Ra es grande”.
     Para acabar, una cuestión importante. Los soberanos egipcios, dependiendo de la época en que reinaban, recibían hasta cinco nombres, los más usados eran los mencionados más arriba: el Sa Ra (nombre que le ponían al nacer) y el Nesut Bity (el nombre con el que alcanzaba el trono), pero además, recibían los siguientes: el nombre de Horus, el nombre de Horus de oro y el Nebty, o “Las dos Damas” que representaban un buitre y una cobra, símbolos del Alto y Bajo Egipto. 
NOTA I: Para no repetirme demasiado y cansar al posible lector, evito plantear algunas cuestiones y, por supuesto, mencionar excesivos detalles. Para un conocimiento mayor, aconsejo echar mano de manuales que tratan esta lengua y que hay en el mercado. Yo he tenido siempre dispuesta la GRAMÁTICA EGIPCIA de F.J. Martín Valentín y algún otro experto en este tema.
NOTA II: Selección y composición de imágenes del autor.
NOTA III: SI LO DESEAS PUEDES ESCRIBIR TU NOMBRE CON CARACTERES JEROGLÍFICOS EN UN CARTUCHO Pincha aquí

      R.R.C.

miércoles, 23 de julio de 2014

Tríada de Osorkon II

     Bellísima pieza en miniatura de la orfebrería egipcia conservada desde 1872 en el Museo del Louvre de París. Presenta unas medidas de tan solo 9 cm de altura por 6 cm de anchura, y los materiales empleados en su elaboración son poco variados: oro, lapislázuli y cristal. Esta pequeña obra de arte se remonta al siglo IX antes de J.C. y lleva grabado en el pilar central el nombre del faraón de la XXII dinastía Osorkon II, descubierta precisamente en su tumba en la necrópolis de Tanis, situada en el delta del Nilo. Las figuras que observamos realizadas en oro, representan tres importantes dioses del panteón del Antiguo Egipto: el propio faraón Osorkon II, de 4 cm de alto y en el papel  del dios Osiris, sentado en el centro sobre un pilar cuadrangular de lapislázuli; Horus, ubicado a la izquierda con la típica cabeza de halcón; y por último, la diosa femenina Isis, con los habituales cuernos de vaca.
     Llama la atención el gesto protector de extender su mano, de las dos divinidades laterales sobre la estatuilla sedente de Osiris. Por otra parte, como es propio de la escultura egipcia, adelantan un pie a las imágenes para dar movimiento a la obra, pero que no evita la rigidez tradicional que siempre vemos en este arte. La representación de Osiris es la peculiar estatua cubo que reduce al máximo el estudio anatómico, ya de por sí escaso en general, como podemos comprobar en sus dos acompañantes.

         R.R.C.
APÉNDICE (12-2-2021):

                               BASE DE LA TRÍADA DE OSORKON II

     Como podemos observar en la imagen, la base ha sido reparada en su parte derecha, motivo por el que faltan dos columnas de signos jeroglíficos que se han perdido para siempre. Así que, nos quedan cinco columnas, la primera de ellas el doble de ancha que las restantes, ya que se muestran grabados dos de los nombres que ostentaba el monarca: su Nombre de Nacimiento y su Nombre de Trono. Respecto al primero leemos: El hijo de Ra, Señor de las apariciones [Osorkon, amado de Amón]*. En cuanto al segundo advertimos: Rey del Alto y Bajo Egipto, Señor de las Dos Tierras [Poderosa es la justicia, elegido de Amón]. Considero que las cuatro columnas restantes se deben leer de derecha a izquierda (aunque la orientación de los signos indican lo contrario), en donde Unenefer** Osiris da a este faraón la celebración de multitud de fiestas Heb Sed (que consistían en una ceremonia en donde el soberano renovaba su poder. Normalmente se celebraba a los 30 años de reinado la primera de ellas; mientras las siguientes cada tercer año en el poder). A continuación el dios le daba toda la fuerza necesaria para alcanzar la victoria. Y, por último, dar al monarca una larga vida, es decir, que viviera tantos años como Ra. En fin, eso supongo.

*Entre corchetes la traducción de ambos cartuchos.

**Es uno de los epítetos de Osiris "El que continúa siendo perfecto", que hace referencia a su espectacular energía después de muerto.     

     R.R.C.

NOTA: IMÁGENES BAJADAS DE INTERNET

miércoles, 16 de julio de 2014

EL FARAÓN DE PLATA

     Me refiero a Psusennes I, faraón de la XXI dinastía egipcia que aconteció entre los siglos XI y X a. de J.C., y con ella dio comienzo el Tercer período intermedio de Egipto, que se prolongará hasta mediados del siglo VII anterior a Cristo, quedando el país del Nilo dividido en dos zonas políticas: una al norte dirigida desde Tanis y otra al sur con capital en la vieja Tebas. Además, no sólo eran independientes entre sí, pues en muchas ocasiones también fueron rivales. Por otra parte, mientras que el gobernador del norte ostentaba el título de faraón, el máximo representante del poder tebano era el Sumo Sacerdote de Amón, pero en la práctica era el rey del Alto Egipto, de hecho, fue durante esta dinastía cuando más poder acumuló, llegando a poseer hasta dos tercios de las tierras de los templos de todo Egipto, entre otros muchos bienes. Así que, era tan poderoso como el faraón que gobernaba los territorios del norte, si no más. Prueba de ello es, que Psusennes I era hijo del Sacerdote de Amón Pinedyem I, mientras que otro de sus hijos heredó su cargo, con lo cual los dos gobernantes que coincidieron en Egipto en esta época eran descendientes suyos: el faraón Psusennes I en el norte y su hermano el Sacerdote de Amón Menjeperra en el sur. Como vemos, al final, como ocurre ahora entre la casta política española, todo quedaba en familia.
      Respecto a la duración de su reinado, depende la fuente histórica que consultemos, pero las diferencias entre ellas no son significativas. Como ya he escrito sobre este faraón en otras entradas de este blog, mantendré las fechas de reinado que en ellas indiqué: entre el 1039 y el 991 a. de J.C., por lo tanto, gobernó durante un largo período de entre cuarenta y cincuenta años la zona norte  del país sobre la que extendió su dominio, pues, tampoco en este asunto hay acuerdo. No obstante, el tiempo real en el que efectivamente ejerció el poder, se tuvo que ver necesariamente reducido, debido a una artritis que sufrió los últimos años de su vida, con fuertes dolores de espalda, que lo inhabilitaría para ejercer las funciones propias de su cargo, según revelan los análisis forenses a los que han sido sometidos sus restos hallados en un sarcófago de plata.
     El descubrimiento de su tumba se llevó a cabo por el arqueólogo francés Pierre Montet  en 1939, en la necrópolis de Tanis, capital del Bajo Egipto en este convulso período. Se encontró intacta, aunque muy cerca de ella se habían producido saqueos, pero la de este faraón no se vio afectada, convirtiéndose en una de las pocas tumbas reales descubiertas hasta hoy que se han mantenido libres de asaltos y pillajes, lo que aumenta considerablemente el valor de este descubrimiento. Si este hecho no ha sido tan conocido, y no digamos si lo comparamos con la tumba de Tutankamón, es porque el hallazgo se realizó justo el año que comenzó la Segunda Guerra Mundial. En septiembre de 1939, las tropas de Hitler invadieron Polonia y los acontecimientos bélicos se desarrollaron muy rápidamente. El mundo estaba en otra cosa, los descubrimientos arqueológicos, por importantes que fueran, tendrían que esperar mejores tiempos.
     En su enterramiento se reutilizaron dos sarcófagos de granito: uno exterior de color rojo y otro interior de color negro, dentro del mismo se introdujo un tercer féretro de plata, que contenía sus restos momificados y ricamente engalanados con objetos de oro y piedras de adorno; su impresionante máscara funeraria, sortijas, pulseras, pectorales, etc. Prefirió la plata al oro para el ataúd que debía de conservar su cuerpo para la eternidad, de aquí el nombre con el que se le suele llamar a este faraón. Tenemos que saber que este metal precioso se tenía que importar desde muy lejos, con lo cual se encarecía muchísimo en Egipto, y el trabajo artesanal de la plata planteaba más dificultades que el oro. Todo ello indica que fue un hombre con un gran poder, que supo mantenerlo durante muchos años y falleció probablemente de muerte natural.
     El nombre de trono (Nesut Bity) de este faraón, ahí va: Aajeperra setepenamon, que se podría traducir como: Grande es la manifestación de Ra, elegido de Amón. En el cartucho real que se inscribe, el verbo ser no aparece, o sea, ateniéndonos al contexto hay que incluirlo en la traducción. Advertimos el disco solar (Ra); seguido de un signo que representa una columna (aa), que en este caso debemos descifrar como grande; el famoso escarabajo egipcio (jeper) que significa: manifestación; después observamos la divinidad con dos plumas altas, cetro y barba (Amón) y una línea quebrada (n) que actúa como genitivo indirecto e interpretamos como: de; y termina con la representación de una azuela con taco de madera (setepe), abreviatura de: elegido. Para concluir, tan solo señalar, que el término faraón procede del griego, por lo tanto, no es así como llamaban a sus reyes en Egipto. En jeroglífico, se escribía con un rectángulo abierto por la parte inferior que podríamos transcribir como: per; más el signo que representaba una columna: aa, es decir, la palabra faraón en jeroglífico sería: Per-aa.
Breve comentario al final de la entrada*
Nota: para una mayor comprensión en lo que se refiere a este último párrafo, en el que trato de explicar el nombre egipcio del faraón, remito al lector a otras entradas del blog sobre este mismo soberano, o Tutankamón, escribiendo el nombre de uno u otro en el buscador que hay en la derecha. En la imagen superior aparece el Nesut Bity en el cartucho de la izquierda (el expuesto anteriormente) y el Sa Ra en el de la derecha.
Nota II: como una mera cuestión anecdótica, recordar que en la famosa película “En busca del arca perdida” de Indiana Jones, el Arca de la Alianza se busca y al final se encuentra precisamente en la ciudad de Tanis.


APÉNDICE FARAÓN DE PLATA

     Hay que tener presente que Psusennes I además de faraón ostentaba el cargo de Sumo Sacerdote de Amón en el norte del país, tal como nos indica la inscripción jeroglífica de una patena hallada en su tumba, en donde podemos leer: “Larga vida al buen dios, Señor de las Dos Tierras, Sumo Sacerdote de Amón, rey de dioses, elegido de Amón. Psusennes” Lo cual suponía que recibía los impuestos del templo que este cargo conlleva, igual que hacía el representante de Amón en el sur, es decir, en Tebas. Ambas fuentes de riqueza le permitieron trasladar la ciudad próxima de Pi-Ramsés piedra a piedra a Tanis, una de las localidades más grandes de Egipto. Precisamente, Pierre Montet pensó que estas dos ciudades eran la misma, por la cantidad de elementos de la primera que encontró en la segunda. Además de la tumba de Psusennes, descubrió en Tanis las sepulturas intactas de Amenemope y Sheshonq II.
        R.R.C.
                                         *Breve comentario de la última imagen (26-7-2018):

     Formaba parte de la colección de brazaletes de oro del conocido, precisamente, como El Faraón de Plata. Es una de las 22 pulseras que llevaba en sus brazos, cuando fue descubierta su tumba intacta por el arqueólogo francés P. Montet en Tanis, en la excavación de la temporada 1939-40. Una maravillosa obra de los orfebres egipcios de hace más 3000 años, elaborada con oro y piedras de adorno incrustadas como: feldespato verde, cornalina y lapislázuli, que dotan a la pieza de un gran atractivo merced al colorido y al contraste con el dorado metal. Expuesta en las vitrinas del Museo de El Cairo, aún mantiene su elegancia gracias a su excelente estado de preservación.

     Cabe destacar que impresionan los dos cartuchos coronados por ostentosos discos solares hechos en oro, que contienen el Nombre de Trono a la izquierda y el Nombre de Nacimiento a la derecha de este faraón (conocido por su denominación griega: Psusennes I). Dos planchas de este valioso material elaboradas en forma oval, y divididas en bandas paralelas contienen las celdillas para introducir las piedras talladas ya mencionadas. No podía faltar el enorme escarabajo egipcio de lapislázuli que todos conocemos, y que podemos divisar por los dos lados de la fotografía; representante del Sol naciente y símbolo de la resurrección en la religión egipcia.
      R.R.C.

sábado, 5 de julio de 2014

Diferencia entre turista o viajero

     Evidentemente no es lo mismo ser turista que ser viajero. El primero es el que viaja para divertirse, para descansar (aunque dudo que lo consiga de viaje), para entretenerse, porque está de vacaciones y a algún sitio tiene que ir para romper con la rutina del trabajo, en fin, los motivos pueden ser varios. El segundo, viaja para aprender, observar, comprobar, en definitiva, comprender mejor y tener una visión más amplia del mundo en el que vive. Todo lo anterior, no tiene, necesariamente, que estar reñido con la diversión y el entretenimiento. Ya dijo un importante escritor: “Que el mundo es como un precioso libro y el que no ha viajado nunca sólo ha visto la primera página”. El viajar también es muy bueno para evitar los prejuicios y la estrechez de miras, nos hace más dialogantes y comprensivos, no cabe duda, de que es muy saludable y rejuvenecedor. Por otra parte, los conocimientos que adquirimos en la escuela, o en la universidad, se completan y complementan con una actividad viajera, cuanto más, mejor, cada uno lo que pueda permitirse, o le apetezca. El historiador romano Plinio el Joven ya nos dejó por escrito que: “Por naturaleza, los hombres gustan de ver cosas nuevas y de viajar”.

     Como julio es un mes vacacional, durante el cual mucha gente puede aprovechar para viajar, creo que es oportuno escribir sobre este asunto, a riesgo de parecer jactancioso, por mencionar más adelante los lugares que he visitado. El no hacerlo, tampoco me convertiría en más humilde. Sólo pretendo hacer una llamada de atención sobre la importancia que tiene para formarnos como personas, el hecho de conocer otros sitios diferentes al lugar donde hemos nacido y crecido. Además, sin pretender ofender ni minusvalorar a nadie, la gente más inteligente que yo he conocido no ha sido en la Universidad, ni en círculos pretenciosamente intelectuales con los que he tenido algún contacto. Todo lo contrario, en los lugares más humildes y sencillos de España y otros países del mundo, en los rincones más inesperados, me he tropezado, sin buscarlo, con las personas más sabias, interesantes y encantadoras que he visto en mi vida.
     Mark Twain, por ejemplo, fue un entusiasta viajero, como podemos comprobar en su maravilloso libro traducido al español como Guía para viajeros inocentes (su título original es Inocentes en el extranjero). Afirmó en una ocasión “Que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él”. Otros personajes relevantes también fueron incansables viajeros y aventureros. Muchos de ellos publicaron sus experiencias de las que nos podemos aprovechar todos nosotros, en la aventura que todo viaje conlleva.
     Personalmente, me hubiese gustado viajar mucho más de lo que lo he hecho hasta ahora. Pero sí he viajado, al menos, todo lo que he podido. Evidentemente, el país que mejor conozco es España, ya que he visitado sus quince comunidades autónomas peninsulares, las dos insulares, es decir, los archipiélagos de Baleares y Canarias, más las ciudades norteafricanas de Ceuta y Melilla. Muchas de ellas varias veces (es bueno repetir, pues cuando uno vuelve a un lugar ya visitado siempre se descubren cosas nuevas, no entiendo a aquellas personas que dicen que no volverían a un sitio en el que ya han estado). España es como un pequeño continente, por la variedad que ofrece su medio millón de km cuadrados, su riqueza cultural, sus diversos paisajes y diferentes climas. Aunque uno sólo viajase por ella, no estaría nada mal, pues ofrece todo un mundo de posibilidades para aprender, conocer y disfrutar. No hay viaje, por corto o pequeño que nos parezca, que no sea importante. Y recuerden, como dice un viejo proverbio atribuido a Lao Tse: "Un viaje de mil leguas empieza por el primer paso".
     Al extranjero también he salido en numerosas ocasiones, y al igual que he hecho en España, he repetido países, otros sólo los he visitado en una ocasión. Por supuesto, no los he recorrido como España, he visitado alguna ciudad, u otros lugares de interés en cada uno de ellos. Unos los he visto mejor que otros. En todos ellos, he pretendido ser un viajero, antes que un turista, contra el que no tengo nada, evidentemente. Lo importante, no es el número de lugares que hemos visitado, sino, como hemos aprovechado nuestra estancia allí. ¿Qué hemos obtenido de ellos? Esta es la pregunta que nos tenemos que hacer y a la que tenemos que dar respuesta.
     Los viajes también tienen sus enemigos, aunque no son muchos. Sirva de ejemplo lo que dijo el intelectual catalán nacido en el siglo XIX y fallecido en el XX Santiago Rusiñol: “Si fuera cierto que el viajar enseña, los revisores de billetes serían los hombres más sabios del mundo”, o la novelista francesa Gabrielle Colette: “Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas”. Opiniones que no puedo compartir, por ser contrarias a la postura defendida en esta entrada. Pero lo más absurdo que he tenido que escuchar al respecto, lo dijo una conocida mía cuando afirmó que: “viajar era tirar el dinero, pues cuando volvías no tenías nada”. Creo que no necesita comentario. Felices vacaciones a todos los afortunados que las tengan. En todo caso, pásenlo bien.  
     Para finalizar, aquí os dejo este bello poema de Antonio Machado:
                                  Caminante, son tus huellas
                                  el camino y nada más;
                                  Caminante, no hay camino,
                                  se hace camino al andar.
                                  Al andar se hace el camino,
                                  y al volver la vista atrás
                                  se ve la senda que nunca
                                  se ha de volver a pisar.
                                  Caminante no hay camino
                                  sino estelas en la mar.
        R.R.C.

NOTA: La foto superior la tomé desde la popa de un barco, en ella podemos ver la estela que deja en su avance por el mar. La foto siguiente la saqué en una preciosa y relajante bahía de Costa Rica.
NOTA II: Me preguntan unos amigos que cuál ha sido mi mejor y mi peor viaje. La respuesta la tengo clara: mi mejor viaje ha sido desde el primero al último realizado, desde el más cercano al más lejano; mi peor viaje ha sido aquel que pudiéndolo haber hecho no lo hice.

       R.R.C. 

miércoles, 2 de julio de 2014

La copa Warren

     Fue adquirida por un coleccionista estadounidense llamado Warren a principios del siglo XX en Jerusalén, y de ahí el nombre, por el que esta bella copa de plata es conocida en la actualidad. En 1999 fue adquirida por el Museo Británico por una enorme cantidad de dinero, exactamente 1 800 000 libras inglesas, en donde la podemos contemplar en una de sus vitrinas. A pesar de tener algunos desperfectos, inevitables con el transcurso de los siglos, su estado de conservación es excelente.

    Lo que más nos llama la atención de este objeto es la representación de dos escenas de alto contenido homosexual explícito, lo que le acarreó diversos problemas de rechazo en otros momentos pasados, felizmente superados hoy en día. La gran calidad artística de los relieves es evidente, las figuras están esculpidas en bajo relieve, probablemente por un artesano griego con altos conocimientos técnicos de la segunda mitad del siglo I d.C. Con la intención de utilizarla en sus fiestas y banquetes privados para beber vino, es posible que un cliente adinerado romano que residía en Palestina hiciese el encargo, ya que la copa apareció en las proximidades de Belén. La base está realizada en plata maciza y se encuentra soldada al pie hueco que sostiene el recipiente que, previsiblemente disponía de dos asas que no se han hallado.
     En cuanto a las escenas que podemos ver en la copa, ambas nos presentan una pareja masculina, en la que el personaje de mayor edad sodomiza al más joven. En uno de sus lados, un hombre adulto y barbudo que aparece tumbado en un canapé, con un personaje más joven sentado sobre él, agarrado a una soga o cinta para mantener la posición necesaria, y así poder realizar el acto sexual. Mientras tanto, al fondo y detrás de una puerta entreabierta, otro personaje aún más joven observa la escena sin ser visto por los protagonistas, con lo cual nos encontramos con la circunstancia añadida de un acto de voyerismo. En el otro lado de la copa descubrimos una representación similar, en la que un personaje todavía imberbe practica sexo anal con otro que aún no ha llegado a la adolescencia. Lógicamente, visto el hecho con una mentalidad actual, nos encontraríamos ante un caso claro de pederastia. Junto a estas dos escenas principales se incluyen telas dobladas y algún instrumento musical.
     
     No son raras las escenas de contenido sexual en las representaciones romanas, no hay más que recordar todas las imágenes que nos han llegado de Pompeya, ciudad sepultada por el Vesubio y en la que había un gran número de burdeles, más que panaderías, según algunos textos que he leído por ahí. Los contenidos de carácter homosexual, aunque los hay, son menos frecuentes que los heterosexuales, lo que hace aumentar la singularidad de la copa.
      R.R.C. 
NOTA: Esta copa hay que verla en el contexto de su tiempo, al igual que cualquier otro objeto histórico, ya que en la antigua Roma no se planteaban la homosexualidad, la bisexualidad, e incluso la pederastia como hoy en día. Sencillamente se hablaba y se practicaba el sexo, sin más. Por supuesto, también tenía sus limitaciones y actos indecorosos, pero siempre que se mantuviesen en privado y no trascendieran eso era lo importante, más que la acción en sí misma. Las personas ricas podían tener esclavos jóvenes y hacer lo que consideraran oportuno con ellos para obtener placer sexual, lo cual no estaba mal visto por la sociedad en general. En fin...

     R.R.C.