viernes, 15 de febrero de 2013

Rahotep y Nofret

     Procedentes de la mastaba de Meidum, la tumba de ambos personajes, estas dos estatuas sedentes de bulto redondo, fueron halladas en 1871 en las excavaciones dirigidas por Mariette, aunque en el momento del hallazgo se encontraba ausente y fueron los obreros los que las encontraron, después de un gran susto, cuando los ojos de cristal brillaron en la oscuridad al recibir la luz de los candiles que estaban utilizando. Es interesante destacar, que nos encontramos probablemente, ante el más antiguo retrato femenino localizado hasta ahora, pues la antigüedad de estas esculturas sentadas en sus blancas sillas, se remonta a los comienzos de la IV dinastía faraónica, dos mil seiscientos años antes de J.C. En la actualidad, se encuentran expuestos en una de las salas del Museo de El Cairo.
     Son dos estatuas que nos parecen vivas, sus grandes y almendrados ojos acristalados las llenan de vida. El tono de su piel es diferente, ya que tanto la escultura como la pintura egipcia guardaban ciertos convencionalismos, como el color ocre oscuro para los hombres y otro más pálido y amarillento reservado para las mujeres. El material utilizado en su ejecución es la piedra caliza policromada. Los dos se representan al mismo tamaño, poco más de ciento veinte centímetros de altura, e incluso ella mide uno más, detalle importante si tenemos en cuenta el principio de jerarquía que observaremos en adelante en el arte egipcio, en donde los personajes más relevantes se representaban a mayor tamaño. No olvidemos que Rahotep era sacerdote y general. Por lo tanto, en este caso, el hombre y la mujer se complementan perfectamente y aparecen tratados con la misma dignidad.
     Son característicos del arte de esta época, la actitud hierática que presentan ambos personajes, así como la rigidez, y en consecuencia la falta de movimiento que podemos observar en todo su cuerpo, en detrimento de un mayor naturalismo. La ley de la frontalidad es patente, al artista no le interesan otros puntos de vista. El estudio anatómico es todavía muy escaso, especialmente en la mitad inferior de los cuerpos, sin duda, lo mejor cuidado por el autor son los enigmáticos rostros que presentan, los ojos bien maquillados, el coqueto bigote del general, un cabello partido por la raya y el adorno sobre el mismo que porta la esposa con esa banda floreada. El detalle del collar en el cuello del esposo rompe la monotonía del color uniforme del cuerpo, mientras que impresiona, por su riqueza cromática, tamaño y pedrería la enorme gargantilla, señal de su riqueza,  en el cuello y pecho de la esposa.
     Por último, esta pareja de estatuas tienen una función religioso-funeraria, para sostener el alma del difunto en el más allá, por lo tanto, no estaban concebidas con una finalidad estética, ni para ser contempladas por nadie, de hecho, aparecieron en la tumba de la pareja.
     R.R.C.