Alfred Guillou fue un pintor realista francés que vivió desde 1844 hasta 1926 procurando permanecer cerca del mar, que fue siempre su inspiración, como podemos comprobar en este óleo sobre lienzo de un tamaño mediano (170X245 cm) de finales del siglo XIX.
Aquí, asistimos a una escena muy emotiva,
cargada de un gran dramatismo cuando vemos a un padre despedirse de su hijo con
un beso, mientras lo sujeta con sus manos por última vez, ante esa vorágine del
mar enfurecido, en el que las fuerzas humanas nada pueden hacer. El hijo ya es
un cadáver al que su padre entrega al mar. Algunos, todavía tienen la esperanza
de que el padre hace a su hijo el boca-boca, pero no tiene sentido si atendemos
a como titula el cuadro: ¡Adiós! La
barca en la que iban ya está medio hundida, y el padre no tiene salida, no hay
salida, ya que el mar lo abarca todo y ni siquiera nos deja ver el horizonte.
Son los últimos momentos de ambos personajes, ante la fuerza del agua espumosa
de la mar, pintada con gran maestría, al igual que el movimiento de sus enormes
olas. Lo podemos ver en el Museo de Bellas Artes de Quimper, Francia.
R.R.C.