Salvador Dalí es uno de los artistas más geniales del siglo XX. Lo podríamos considerar como un auténtico hombre del Renacimiento, IV siglos después del mismo; ya que no solo destacó en pintura, sino que abarcó otras artes con gran maestría como escultura, cine, poesía, teatro o joyería, por ejemplo. Todo ello para expresar sus ideas no siempre bien comprendidas. En total diseñó 39 obras de joyería durante 30 años, desde principios de los 40 hasta 1970 del siglo pasado, entre las que cuenta este extraordinario broche pensado como un regalo para su mujer Gala. Concebido en 1949, unos 10 años antes de que se llevara a cabo.
No resulta extraño a cualquier estudioso
de la obra del Genio de Figueras, de su preocupación por los relojes y los
ojos. Una prueba de ello es el caso que nos ocupa, en donde vemos el contorno
del ojo realizado en platino, incrustado de pequeños diamantes en dos tallas
diferentes: brillante (redondos) y baguette (alargados), del que pende una
lágrima. Un único rubí rojo lo reserva para su esquina derecha. Impresiona la esfera
del ojo (pupila, iris y esclerótica) coloreada de tres tonos diferentes de esmalte
azul zafiro, la cual guarda un reloj del que podemos ver sus agujas, las horas
y la firma del propio artista.
El ojo que observa el imparable paso del
tiempo, que no se puede detener. “El tiempo que consume todo”, una meditación
sobre la brevedad de la vida, nos ofrece la clave de la lectura más sencilla de
la capilla de los Médici, recordado al gran Miguel Ángel. El broche presenta
una longitud de unos 7 cm, y mandó a elaborar a grandes maestros sus piezas de
joyería, entre la que destaca la que estamos viendo a aquí, con un número muy
limitado de obras. En total hay tres ejemplos conocidos de “El ojo del tiempo”
R.R.C.