martes, 28 de agosto de 2012

El discóbolo de Mirón

               Es la obra más característica de Mirón, y también la más lograda, llevada a cabo hacia mediados del siglo V a. de J.C. y posiblemente para ser colocada en una calle de Atenas.  Representa el cuerpo de un atleta en el momento mismo en que, inclinado violentamente hacia adelante, en el límite del equilibrio, eleva el brazo derecho para lanzar el disco, mientras se inclina y contrae el cuerpo, apoyando en el suelo la planta del pie derecho y los dedos del izquierdo. Esta representación tan atrevida despertaba el asombro de los antiguos, que estaban acostumbrados a la fácil postura del atleta erguido, con el disco entre las palmas. Pero, a pesar de su innovadora actitud, la anatomía y la composición del Discóbolo se mantienen aún en el umbral de la escultura clásica: los músculos de su cuerpo son planos; su rostro no refleja para nada el esfuerzo que está realizando, entre sereno e inexpresivo, y el conjunto no alcanza en el espacio profundidad mucho mayor que la de un relieve (en el fondo es un gran relieve). El pelo está tratado con arreglo a los artificiosos patrones de la escultura preclásica. Como escultura de bulto redondo se puede observar desde diversos ángulos, pero su punto de vista principal es lateral
               Mirón dedicó especial atención al estudio de la tensión entre las diversas formas geométricas que configuran el cuerpo. La composición del Discóbolo está pensada a partir de triángulos y curvas: la cabeza, las caderas y los pies forman una media circunferencia que se opone a la otra media circunferencia que dibujan los brazos extendidos: el derecho, hacia atrás, para coger impulso, y el izquierdo, apoyado en la rodilla derecha. También es apreciable una línea dinámica en forma de zigzag que va desde el disco hasta el pie levantado.
               El Discóbolo pertenece a la época del clasicismo inicial y muestra algunas características del periodo arcaico: la cabeza conserva reminiscencias de la inmovilidad del estilo anterior, la sonrisa se parece todavía a la expresión característica de los Kouroi (esculturas griegas arcaicas de los siglos VII y VI a. de J.C.) y los cabellos semejan un casco de pequeños rizos uniformes.
              El original era de bronce y se perdió. De él se conserva una buena cantidad de copias romanas en mármol, una estatuilla de bronce, en Munich, que refleja muy bien el movimiento del original, y varias reproducciones de la escultura en gemas.
         R.R.C.