miércoles, 10 de octubre de 2012

Estatuilla de los amantes de Ain Sakhri

     Esta es la escultura más antigua conocida de una pareja haciendo el amor humano. Ahí está la pareja de amantes, precursores de John Lennon y Yoko Ono, fundidos en un abrazo inequívoco. La forma natural de un adoquín de calcita ha sido utilizada para representar el contorno de las figuras. Presenta una altura de 10,8 cm, una anchura de 6,2 cm y una profundidad de 3,8 cm.  Conservada en el Museo Británico de Londres, fue encontrada en 1933 por un beduino en Cisjordania, no lejos de Belén, procede de la cueva de Ain Sakhri. Este sitio fue ocupado en un período inicial por una aldea de cultura Natufiense, cuando la gente de esta región vivía de la caza. La escultura puede haber tenido un significado especial, quizás representando ideas sobre la fertilidad, o bien lo que refleja es una nueva comprensión del papel que desempeña el hombre en la reproducción. Su antigüedad se remonta al año 9000 a. de J.C.
     La piedra representa a una pareja frente a frente, abrazados el uno al otro, y aunque sus géneros no se reflejan, según se mire, la forma de la figura tiene una forma fálica o vaginal, como si mimetizara en este abrazo ambas sexualidades. Los habitantes de esta aldea Natufiense  se cree que fueron los primeros humanos en domesticar ovejas y cabras, y los iniciadores de la agricultura. Quizás esta habilidad que alcanzaron al seleccionar a los animales y a las plantas les permitió entender la importancia del rol del macho en la reproducción, y esta figura podría representar este creciente interés por la fertilidad. La pregunta es: ¿se trata de un objeto ritual focalizado en la fertilidad, o es un simple reflejo del amor humano? Sea lo que fuere, en esta estatuilla podemos ver que los humanos se habían vuelto emocionalmente sofisticados, redescubriendo y disfrutando del acto reproductivo, un paso antropológicamente muy importante para nuestra especie. Nuestra relación con el mundo natural estaba cambiando al final de la etapa mesolítica, empezábamos a dominar nuestro entorno pero, sobre todo, contábamos con más tiempo libre (de lo que lamentablemente parece que cada vez tenemos menos en el mundo actual) para pensar, para imaginar y para disfrutar. Los autores de esta escultura eran unos de esos primeros humanos que gozaron del ocio para descubrir los placeres del amor, un paso muy importante para nuestro proceso de civilización.
      R.R.C.